Mucho se ha hablado sobre la
acampada de Sol y las protestas que se han ido desarrollando desde el 15 de mayo. Sobre todo en el sentido de "vamos a ver qué pasa". En este blog
hay algo de eso. Simples acumulaciones de valoraciones y opiniones personales. Hay también cosas serias, como
el análisis de Jorge Galindo, que merece la pena leer. Las preguntas "¿de dónde viene esto?" o "¿qué puede significar?" ya parecen contestadas. Ahora falta esperar, seguir el asunto con atención y ver si se diluye o toma algún tipo de trascendencia. Pues eso: "vamos a ver qué pasa".
¿Seguro? Hoy escuchar ciertas cosas genera sonrojo. Esta protesta ha pillado a todos por sorpresa y eso, claro, ha derivado en nerviosismo e improvisación. Ya se sabe que hay gente que vive de emitir verdades absolutas y sentencias firmes, y el manual de 'todología' no decía nada sobre acampadas. Observar, analizar, profundizar, esperar, preguntar; todo eso es un rollo. Lo divertido es ir a una tertulia y tener preparada la soflama del día. ¿Consecuencia? Tenemos varias teorías de la conspiración, a cuál más variopinta.
Antes de hablar de quienes están fuera, es bueno recordar a manifestantes y acampados que su heroicidad es limitada. Ningún demócrata con cierta dignidad se compararía con los manifestantes que en Egipto o Túnez tomaron las calles a principios de este año para exigir derechos fundamentales, libertad (en su sentido estricto) y la salida de un dictador. Creerse al mismo nivel es una prepotencia infame y una falta de respeto inaceptable. Y sí, vivimos en una democracia. Perfectible, pero democracia. Ese toquecito hipócrita de luchador del 68 no anima a confiar en la protesta, aunque su espíritu nos encante y motive. Por otro lado, los manifestantes de esa
"primavera árabe" estaban deseando dejar entrar a los medios de comunicación y facilitar su trabajo para que el mundo conociese sus propuestas. Ayer Telemadrid e Intereconomía, con dos líneas editoriales que no serán defendidas aquí, tuvieron que salir escoltadas de la plaza del Sol. La libertad de prensa es también un principio democrático. Y por encima, el derecho a la información. Y no, no existe ninguna "revolución de las redes sociales"; lo que existe es un hartazgo del carajo y una fórmula rápida para canalizarlo. Está claro que los radicales que se apuntan a todo se han sumado también a esto, y también está claro que son una minoría que la mayoría pacífica tendrá que controlar y apaciguar.
La militancia del PSOE parece enfadada. La dirección, preocupada. Tal y como se expresan en la red (o como lo ha hecho algún dirigente en público) dan la impresión de estar diciendo: "eh, parad con esto que no nos viene bien. Habéis venido a quitarnos lo nuestro". Se ha generado en esta línea la primera de las teorías de la conspiración que comentaremos: ¿por qué lo hacen al pie de unas elecciones? A veces las respuestas más simples son las más adecuadas: seguramente porque en estos momentos de tensión política es más fácil alcanzar relevancia, salir en los medios y, por tanto, que
se te escuche.
Discurso fallido, sin duda. Despegado. Justo ahora tendrían que elevar su capacidad de interacción social, de sensibilidad. Es lo que esa gente ha salido a pedir ahí fuera, y su importancia para el PSOE radica en que es, efectivamente, un movimiento de
izquierdas: justo el electorado que se va a quedar en casa el próximo domingo convirtiendo la victoria del PP en un paseo. La acampada y el "
movimiento 15M" no va a ser una causa, sino una consecuencia anticipada. El lehendakari Patxi López ha afirmado
querer hablar con los "indignados". No está claro cómo será recibido, pero es una actitud más inteligente que la rabieta de otros muchos.
También existe constancia de que algún militante, a título personal, ha participado y participa en esta protesta. Por tanto hay división de criterio a unos días de que se inicie una catarsis en forma de primarias para elegir al próximo candidato a las elecciones de... ¿2012? Va a ser aún más divertido de lo que pensábamos, puesto que es posible que cierto porcentaje de esa militancia descontenta (que existe)
reaccione a su vez en forma de corriente interna que se haga notar y pida cosas del estilo "volver a los valores tradicionales de la izquierda". Vaya, lo que suele hacer el PSOE cuando deja de gobernar o cuando le meten un buen bofetón en las urnas.
O no, ante el miedo de que una convulsión interna perjudique al partido con unas expectativas ya suficientemente pobres de cara a esas generales, su última esperanza y su último bastión de resistencia.
El PP sigue a lo suyo, que es disfrutar de su ascenso imparable al poder sin hacer absolutamente nada. Ayer Rajoy
se paseó con el imputado Camps por una plaza de toros afirmando que "lo fácil es criticar a los políticos" y que él los defiende (se defiende) frente a quienes "no nos representan" (que es verdad, oye). Ante tal sucesión de hechos, esta mañana el director del programa radiofónico más escuchado de España le
preguntó si uno, rodeado de tanta gente aplaudiendo, se siente como Bruce Springsteen o como el papa. Así, como suena. Todo muy bonito. Y mañana el próximo candidato seguirá paseando, y así hasta que sitúe su culo bien cómodo sobre el sillón de Moncloa. Poco más.
Aguirre, en su tradicional afán de protagonismo, se ha preguntado que por qué estos tipos (les llama antisistema, además de invitarles a presentarse a las elecciones)
acampan en Sol y no en Moncloa. Sí, la presidenta regional percibe intenciones poco honestas en todo esto. Van a por ella. Son malos y la plaza, al parecer, suya. No la han elegido por ser un símbolo reconocido en todas partes, por estar bien situada, perfectamente comunicada, ser el punto de encuentro de cientos de protestas al año o tener espacio suficiente para albergar a un buen puñado de gente sin cortar el tráfico. No, todo es porque la señora presidenta de la Comunidad de Madrid tiene un despacho ahí. Encantador. Pero sus amigos son aún mejores.
Sus amigos mediáticos. La
portada de La Gaceta de esta mañana era más épica que de costumbre: "El PSOE se apropia de la protesta de los indignados", era su titular principal. Debajo, una fotografía de la plaza y, tachán, la clave: "Esto huele a Rubalcaba". En otros lugares, que no citaré, se habla de "un nuevo 11-M para ganar las elecciones". Claro, cualquier politólogo o sociólogo sabe perfectamente que esto beneficia electoralmente al PSOE. Sí, hombre, sí. Claro. Los argumentos: la cercanía de la sede de la presidencia de la Comunidad (ver párrafo anterior), que no se protesta contra Zapatero, el "causante de la crisis" (falso, como sabe cualquier persona que al menos haya pasado por allí) y que ayer la web del PSOE mostró el
manifiesto de "Democracia real ya" (hecho cierto, pero para completar esa información hay que decir también que la sección de la web que lo alojaba pertenece a una corriente interna,
Izquierda Socialista, a menudo crítica con la dirección). El Mundo o La Razón se han sumado con alegría a cuestiones conspirativas parecidas. No podía ser de otra manera.
Y así, volvemos al principio: miles de personas han salido a la calle y todo el mundo sigue mirándose el ombligo o trabajando laboriosamente para el que le paga sin poner siquiera medio gramo de cordura en todo esto. Todo se reduce a generalidades, ironías, dosis altas de cinismo y poco interés: son unos '
perroflautas', son unos antisistema, son unos fascistas, son tapados del PSOE, son... son... son; y lo cuento desde mi sofá. Pero lo que ayer se vio era bien distinto: gente de toda edad y condición llenando una plaza en pleno centro de la capital de España, gritando. Enfadada. Gente que hablaba de paro, de desempleo, de precariedad. Maldita sea, ¡ése era el fin de la izquierda española! O de la izquierda a secas. No eran cuatro niñatos; eran en su mayoría licenciados, mileuristas y hombres y mujeres con hipotecas. Yo estaba allí. Yo lo vi. Y aunque no se comparta la línea ideológica de muchos que creían estar dando el primer paso para quemar el palacio de invierno, e incluso aunque no se comparta gran parte de su análisis de la realidad o su valoración de ciertas medidas que se han ido adoptando, o aunque uno piense que decir que el PP y el PSOE son lo mismo es una simpleza insoportable... sí es fácil sentirse identificado con una clase media española cabreada con el circo político que le rodea, con un gobierno casi ausente y perdido y una oposición que
ensalza imputados. Una porción de clase media que sale a la calle
rompiendo mitos, aunque sean pocos y aunque no tengan ni puñetera idea de qué hacer con prácticamente nada (o prácticamente todo).
En Sol no sólo hay antisistema (es posible incluso afirmar, sin datos estadísticos en la mano, que son los menos); también, o sobre todo, hay gente que cree o sabe que compartiéndolo y defendiéndolo éste se ha ido pudriendo sin que nadie hiciera nada, hasta que el estallido inevitable nos ha dejado tuertos. Gente que sabe que quienes hoy dirigen "el sistema" están aún más tuertos que los propios ciudadanos.
Ayer, en mitad de la protesta, donde estuve para poder tener una impresión no sesgada de lo que ocurre, una vecina de la zona que pasaba por allí me comentaba que está "harta" de "tanta manifestación por nada". "Nunca hemos estado tan bien como ahora". "Yo vivo muy bien", remató. "Yo vivo muy bien". Esto resume muchas cosas. Todavía hay quien piensa que una generación perdida ni es un problema nacional ni un drama. Muchos están convencidos de que el ladrillazo, que montó el PP y aceptó el PSOE (y no, no es necesario renegar de nada, han hecho cosas bien. Muy bien), era un lago de felicidad que ha acabado por un presidente incompetente; cuando en realidad el único error de Zapatero fue creerse que lo que había heredado era de verdad sostenible y no saber reaccionar ante el golpe de los hechos. Esa señora cree que cuando vuelva el PP se arreglará el problema; que todo esto es una mágica cuestión de partidos y de alternancias. "Yo vivo muy bien". "Esos jóvenes protestan por nada". En realidad ha equivocado la preposición: "protestan para nada". El año 2012 y los cuatro siguientes lo demostrarán; cuando ni siquiera germine ese "milagro económico" posible. Imposible.
Justo en este momento se anuncia que la Junta Electoral de Madrid
ha prohibido la concentración prevista para esta tarde por "afectar a la libertad de voto". Incomprensible contorsión jurídica, sí. Mientras decenas de partidos políticos celebran actos públicos unos ciudadanos anónimos van a ver cercenado su derecho de reunión por situarse en el curso de una campaña electoral.
Dentro de una hora estaré votando (por correo). La jornada de reflexión (como la prohibición de hacer encuestas días antes de las elecciones) son probablemente las dos figuras más absurdas de nuestra ley electoral. Quizá algún ciudadano en esta misma situación piense ahora mismo en pedir a la Junta Electoral que paralice la campaña para que nada nos influya y podamos llegar libres y sanos hasta la oficina postal de nuestro barrio.
La sartén se ha puesto ya a cien grados. Seguiremos informando. Y opinando, claro.