27/05/2011

La Masa

Lo quería decir yo y lo ha dicho el amigo Javier Maján. Aquí sus palabras:
Cuando las cosas van bien, hay que tener unidad porque para eso van las cosas bien. Cuando las cosas van regular hay que tener unidad para que las cosas no vayan peor. Cuando las cosas van mal hay que tener unidad porque el no estar unido es peor. 
¿Alguien tiene la amabilidad de decirme en qué momento es bueno y justo que alguien diga que no se están haciendo las cosas bien?
Y lo más importante: ¿a qué llaman en el PSOE unidad? ¿Es unidad que una candidata a las primarias que reconoce públicamente que quiere serlo dé un paso atrás soltando sopapos a su partido con las televisiones y radios en directo y una lamentable lagrimita en los ojos? ¿Es unidad que varios dirigentes regionales del partido desautoricen día sí y día también al presidente del gobierno a la par que secretario general? ¿Llaman unidad a las portadas de los periódicos diestros y siniestros (bueno, siniestros son casi todos) anunciando la enésima conspiración de Rubalcaba para hacerse con el poder?

El PSOE ha vuelto a optar por la solución de La Masa. Todos juntos, poniendo cara sonriente y feliz como si aquí no pasara nada. Una cara que nadie se cree porque, vaya, no es real. La Masa es de esas de plastilina, que se va moldeando, que tiene demasiadas manos empujando, haciendo figuritas y llevándose trocitos a una parcela insular. Hipocresía absurda y carcajada general en el encantado adversario, que si antes estaba tumbado en el sillón de espera ahora, además, ha encendido el puro y se ha servido un copazo.

"Señores, acabamos de darnos el batacazo electoral de nuestra vida y os vamos a decir que nuestra respuesta es comprensiva con ese electorado que ya no nos quiere: no hacer nada". Ése es el mensaje. ¿Programa? ¿Qué tiene eso que ver? Llega Rubalcaba, el Chuck Norris de la socialdemocracia, y lo arregla todo. Quizá, incluso, mejor: "como el golpe ha sido tan grande vamos a renunciar a que todos hablen, os diremos que la democracia interna ya no nos gusta tanto como ayer y que vamos a impulsar la renovación con un señor que lleva haciendo política desde que pusieron los leones del Congreso mientras toda una jauría carga sus armas dispuesto a degollarle".

Guau. Wow, en anglosajón.

Hay quien piensa que la retirada de Chacón es una oda a la unidad que los ciudadanos van a recibir con entusiasmo. En realidad no. ¿En qué punto dañan más unas primarias y un debate político que una guerra de conspiraciones, agarres al sillón y elementos oscuros que, claramente, no se acabarán ni en una votación ni con la llegada de una campaña electoral? ¿Interesa al PSOE enquistar su problema de liderazgo y tener a una manada de cargos ansiosos babeando con rabia ante la segura e inminente pérdida de su cómoda madriguera?

El problema de esto no es Chacón (ella, por cierto, ha dado un gran paso en favor de sus intereses). No sabemos tampoco qué quería hacer o proponer, ni con qué precio. Tampoco Rubalcaba. Ni Fernández Vara. Ni Patxi López. Ni Tomás Gómez. El problema no es si se opta por unas primarias, por un Congreso o por designar al candidato en el Comité Federal con cuatro tipos haciéndose carantoñas en la oreja. Al ciudadano eso le da absolutamente igual, sobre todo porque ni siquiera sabe qué son esos saraos ni qué se hace allí. ¿Señores con corbata que se reúnen para apuñalarse a puerta cerrada y aplaudirse con las puertas abiertas? ¿A mí qué?

El problema es que el Partido Socialista ha optado por no cambiar nada, centrarse en sí mismo y suicidarse en las urnas haciendo oídos sordos a todo lo que ocurre a su alrededor. Además, lo hace de la peor manera posible: con mucho espectáculo. Con todos los fuegos artificiales que sea posible. Con muchas cámaras. Y, como siempre, mediante decisiones en varios y contados despachos. Una imagen de unidad y seguridad como para quitarse el sombrero. Los ciudadanos que se quedaron en casa el domingo están ya haciendo cola para ir a votar por lo que diantres sea que el gran y eterno PSOE les presente en una papeleta que va a llegar mojada.

Ni el gobierno ni el partido que lo sustenta tienen credibilidad ni despiertan interés alguno en una sociedad que observa como un nutrido grupo de dinosaurios discuten sobre el aire. Sobre Su aire. Eso era lo que tocaba solucionar. Pues no.

Los manifestantes de Sol dirían "lo llaman unidad y no lo es". En Ferraz son más "de unidad en unidad, hasta la derrota final".

25/05/2011

Dudas

Dudas son las que asaltan al PSOE. El partido está nervioso, inquieto. Acaba de sufrir una gran debacle electoral y sus dirigentes no saben cuál es la mejor salida para salvar los muebles en las inminentes (en esta situación incluso el mejor escenario, de casi un año, es inminente) elecciones generales.

Zapatero prometió primarias para elegir al próximo candidato a la presidencia. José Blanco afirma que cualquier otra cosa serían "pactos entre bambalinas". José Bono pide ahora que el Comité Federal (que se celebra el próximo fin de semana) sea quien apruebe ya un candidato por la vía rápida. Patxi López parece liderar a quienes van más allá y solicitan que se celebre un Congreso en el que lo que se decida no sea un nombre sino un nuevo proyecto político y, claro, la dirección del partido. Es decir, mover a Zapatero de la secretaría general antes de la cita electoral y llegar a ella con nuevos órganos ejecutivos y programa.

¿Y cuál es en realidad la mejor opción? El principal problema que tiene ahora el PSOE se llama paro. Y, como madre de este, la señora economía. No hay más. El principal problema del PSOE es el principal problema de España. Y así debe ser. Pero sí es cierto que el resultado electoral que este partido coseche en un año puede depender en gran medida de cómo afronte los próximos meses.

Zapatero entró distinguiéndose de su predecesor en Moncloa y quiere salir igual. Lo que en este caso le distingue de Aznar son las primarias frente al dedazo. ¿Pueden suponer un problema? ¿Se volcará el partido en sí mismo en lugar de hacerlo en la ciudadanía? El caso es que eso es lo que ya está ocurriendo hoy. Destacados dirigentes se tiran muebles planteando su sistema en lugar de acatar la hoja de ruta marcada por el aún secretario general, si bien es verdad que a día de hoy contradecir a Zapatero no es muy impopular. Frente a ello, la otra opción sería darle salida de la forma más elegante posible. Porque, de hecho, que las primarias sean o no elegantes o perjudiquen o no a la imagen del partido, depende exclusivamente de sus candidatos y militantes. Es decir: parte del PSOE nos está diciendo que no se fía de los suyos y que hay que apadrinarlos. ¿No es una interesante lectura?

Si ahora los socialistas decidiesen dar un paso atrás y decir que no a las primarias su imagen no mejoraría. En absoluto. Tanto si las elecciones se celebran en marzo como si se celebran en otoño, el daño que puedan hacer habrá muerto entonces. Las primarias de Madrid, con una federación regional enloquecida, no fueron tema de conversación general en mayo. Sin embargo, que finalmente se suspendan sí va a ser un arma arrojadiza contra el PSOE y, seguramente, algo que muchos ciudadanos de izquierdas, convencidos de la bondad de las primarias como sistema y no como excepción, no van a aceptar.

En todo caso, ¿es lo más importante? Tampoco. Con comité, con primarias o con congreso, lo importante para el gran problema del PSOE (aparejado al gran problema de España) es su credibilidad. Los ciudadanos no saben qué va a hacer el PSOE ni cuáles son sus ideas para salir de la crisis. Si es que las tiene. Ya nadie confía en Zapatero. El reto de aquí a marzo, o de aquí a octubre o noviembre, es que alguien convenza al electorado que se quedó en casa el domingo de que sí hay alguien que sabe qué hacer; ya sea con el fin de ganar las elecciones o al menos con el de que el PP no obtenga la mayoría absoluta (que a día 25 de mayo es el único reto posible para Ferraz).

Este no es el tiempo político de poner una cara sonriente y decir "somos maravillosos" o repetir insistentemente en mítines golpeadores de pecho "vamos a ganar las elecciones y a arreglar el paro". Daría grima, de hecho. ¿Alguien recuerda cuántas veces ha dicho Zapatero que ya no subirá más? ¿Alguien sabe qué pasa cada vez que lo dice y cuántos votos pierden las candidaturas de su formación? Hace pocos días el secretario de Estado de economía del gobierno que a un año vista no supo predecir la crisis afirmó que los jóvenes podían estar tranquilos, que en 30 años las cosas les irán bien. No han aprendido la lección. ¿Tampoco lo harán cuando el Partido Popular está a punto de asumir el gobierno en la mayor parte de ayuntamientos y comunidades de España? Enternecedor.

Eso se puede solventar en unas primarias (¿en qué principios se distinguirá un candidato de otro?) o en un congreso, que es el órgano del partido que precisamente se dedica a establecer planteamientos. Si alguien cree que un PSOE haciendo piña, diciendo que todo es feliz y que lo más importante es llegar a las elecciones sonriendo va a mover al electorado no se ha enterado del mensaje que las urnas acaban de transmitir.

Si el PSOE sólo contempla llegar a unas elecciones con una falsa postura o llegar a unas elecciones roto, es verdad que ambas cosas van a recibir un sustancioso repaso electoral. Lo llamativo es que nadie contemple la tercera opción: tener la madurez suficiente para establecer un debate interno sano, lo suficientemente rápido como para ponerse a trabajar en la calle con margen para que el nuevo discurso cale, extraer conclusiones, explicar a los ciudadanos que se asume el mensaje de descontento traducido en las urnas, que se encauza en decisiones concretas y que se intentará explicar con coherencia.

Ah, ya, ¿que esto va de un buen puñado de gente peleándose por lo suyo y que por tanto es imposible? En ese caso, queridos socialistas, da igual que decida un comité, un congreso o unas primarias. Dejad de discutir: el PSOE perderá las elecciones. De forma escandalosa, contundente y humillante. No hay más.

24/05/2011

El PSM, ese partido que se creía un mundo

Voy a hablar del PSM. Sí, del Partido Socialista de Madrid. ¡Qué sorpresa! Efectivamente, voy a hablar del partido que lleva 30 años hablando de sí mismo. Es fácil. Lo pone fácil.

La catástrofe electoral del domingo se cebó con los socialistas en toda España. Hubo un voto de castigo innegable del que todo el partido es responsable; entendiendo "todo el partido" como sus dirigentes, que son quienes fijan las políticas y las propuestas y aciertan o se equivocan en sus declaraciones públicas.

Pero el problema del PSOE en Madrid no es de ayer, ni tiene que ver sólo con la crisis, ni sólo con Zapatero, ni sólo con que "tocaba no votar" por esa opción. El problema del PSM es de hace dos décadas. Por no decir más. Es estructural y está enquistado.

Tomás Gómez no era un buen candidato; algo probado y sabido hace meses. Existe una sustancial diferencia entre las encuestas con ficha técnica (como la del CIS, que lo ha clavado en casi todas partes) y las encuestas que ciertos hechiceros dicen tener para servir a intereses particulares. Pensando bien, hay mucho incompetente en ese equipo. Pensando mal, hay mucho mentiroso (que no lo era por estrategia electoral, sino por otras razones).

Sí, era evidente que se trataba de un mal candidato con estudios sociológicos en la mano, pero no eran necesarios. Era un mal candidato porque jamás ha sido el candidato. No es la tarea a la que se ha dedicado. La labor de Tomás Gómez al frente del PSM se ha limitado a la acumulación de poder orgánico y territorial dentro del partido para blindar su puesto. Esa ha sido, sin más, toda su función: el gobierno de la oposición. Entró planteando discursos liberales y salió enarbolando la bandera de la izquierda revolucionaria. ¿Por qué? Porque era lo que servía a su interés: sostener el poder en el Partido Socialista de Madrid. La guerra es la paz. La ignorancia es la fuerza. Y, por supuesto, la libertad es la esclavitud.

Pero Tomás Gómez no es el único problema. De hecho no es un problema, es una consecuencia. Una consecuencia de unas dinámicas y estructuras enfermas y podridas.

Es posible que a nadie llame la atención que la Comunidad más cosmopolita de España, con más variedad y diversidad social, sea prácticamente monocolor en cuanto a su representación política. A lo mejor hay que estudiar mucho para darse cuenta de que algo falla. Por no hablar del ridículo 26% cosechado en las elecciones.

Los militantes del PSOE y del PP, pero especialmente los del PSOE por su larga trayectoria histórica, pueden llegar a pensar que sus organizaciones son eternas. ¿Ha sobrevivido el PSOE 132 años por mantenerse fiel a no sé qué mantras? No. El PSOE ha sobrevivido (y liderado España más que nadie en democracia) por saber adaptarse a las circunstancias para reconocer los problemas de la ciudadanía y ofrecer una solución a ellos desde posiciones socialistas o socialdemócratas. Por eso Iglesias, Largo Caballero, González y Zapatero son cosas diferentes entre sí con una base común. El día que el socialismo español deje de estar en contacto con la realidad será comido por un nuevo movimiento. Eso, por cierto, es lo que hemos visto este fin de semana; pero puede ir a más. "El suelo y el techo electoral no existen, es una falacia". Lo entrecomillo porque la frase no es mía. Gigantes más grandes han caído. Y desaparecido.

La realidad es que el PSM va camino de convertirse en una fuerza residual. ¿Por qué? Probablemente porque sigue siendo el mismo de 1978, con un pequeño cambio de nombre y cartelería. Es un partido anclado en guerras, en esencias y en mundos abstractos que ya no existen más que en su imaginario.

Por ahí circula un señor llamado Joaquín Leguina (que por cierto dice cosas muy sensatas) que se jacta de haber ganado elecciones, aunque olvida haberlas perdido ante Gallardón entregándole el gobierno. Fuera mejor o peor su gestión, hasta hoy los madrileños no han querido repetir. Alguna conclusión habrá que sacar de ello. Y exactamente igual que ayer muchos candidatos del PP ganaron elecciones por inercia y sin merecerlas, encabezar una candidatura victoriosa del PSOE en el tramo final de la década de los 80 tiene mucho menos mérito que hacerlo hoy. Pero el socialismo madrileño sigue pendiente de él, de Juan Barranco y de su eterno y merecido héroe Tierno Galván, a pesar de que ese Madrid de Tierno no es más (tampoco menos) que un bonito cuadro de nostalgia que admirar.

Es verdad que la izquierda tuvo otra oportunidad en Madrid. Año 2003: Rafael Simancas iba a alcanzar la presidencia tras un acuerdo con Izquierda Unida. Y dos diputados desaparecieron. Dos diputados del PSM. Desde entonces recorre una fiebre de lamento que habla de conspiraciones empresariales y del Partido Popular. La justicia pasó de puntillas por este asunto, pero algo es indudable: los diputados corruptos, los que se vendieron por no sabemos qué, iban en la lista del Partido Socialista.

Un partido encerrado en salas oscuras, pendiente del pasado y de sí mismo, conspirando y con corruptos que entregan el gobierno a la derecha. Eso es todo lo que saben del PSM los madrileños mientras Esperanza Aguirre corta cintas inagurando hospitales de Playmobil y esplendorosas líneas de metro.

Ruido, mucho ruido; y siempre hacia dentro de unos y otros, que dicen pertenecer a nobles causas que acaban haciendo aguas siempre por el mismo sitio. Existen agrupaciones -¿alguien sabe qué son y dónde está la de su barrio o su municipio?- donde nada se mueve, donde inmensas telas de araña lo cubren todo mientras señores con costra en la mano se acarician el lomo y hacen desaparecer misteriosamente fichas de afiliación de chavalotes ilusionados que no saben lo que les espera. Ingenuos ellos, deberían entrar diciendo algo así como "hola, quiero afiliarme pero no ser concejal, ni alcalde, ni ministro". Para que nadie tema. Y si no tiene estudios ni formación, tanto mejor. La gente que estudia y que incluso ¡piensa! es peligrosísima. La gente que razona y llega a conclusiones propias pone en riesgo los vestigios políticos de quienes presumen de grandes logros que nadie vivo recuerda haber visto.

Tomás Gómez debería dimitir mañana. Y toda su Ejecutiva. Por decencia. Pero él no es el único problema, es la consecuencia de haber permitido que los partidos políticos se llenen de psicópatas que reproducen sus fobias allá donde van. Entre los que critican a Gómez sobran también candidatos con este perfil. Tiburones gigantes que luchan por su puesto, por su cargo público, por una poltrona desde la que seguir viviendo, utilizándola como escudo de una manifiesta mediocridad e ineptitud. Gente que vive en busca de un asociacionismo muerto, planteando ideas también muertas y arrastrándose entre el sopor y la apatía. Aquellos que cenan, comen y se reúnen con sus compañeros de siempre y miran a otros por encima del hombro, bajo sospecha. Los que celebran actos de manera insistente y reiterada a los que van ellos mismos y no conocen cómo es la ciudad y la región en la que viven. Tienen tanta capacidad de observación y análisis que algunos llegaron a creerse que era posible una victoria electoral el 22 de mayo de 2011. Politólogos incluídos. Quod natura non dat, Salmantica non praestat.

Basta con echar un vistazo a los diarios de sesiones de la Asamblea de Madrid y el Ayuntamiento de la capital. Si el 26% de los ciudadanos que confiaron en el PSM supieran lo que éste se ha dedicado a trabajar por ellos ya sería una formación extraparlamentaria. Pocas excepciones se salvan, y quienes llegan sólo pueden tragar, luchar hasta enloquecer o huir espantados. Ellos no están preparados para escuchar. Ellos no quieren la verdad. Ellos no quieren contestación. Ellos han venido a hablar, a orar (como saben). Ellos son Ellos. Y nada más. Lo saben todo. El debate interno está muerto, lo que hay es sangre y lágrimas y muy poco esfuerzo y sudor.

Por supuesto, y como es natural, la culpa es del votante inculto que no sabe dónde está lo bueno. "Aquí hay quien aspira a que la sociedad se parezca al PSM, y no el PSM a la sociedad". Esta frase tampoco es mía. Son manada los que consideran una traición a sus ideas las advertencias para que se ofrezcan propuestas a los madrileños del siglo XXI. La realidad es que no se trata de renunciar a la socialdemocracia para gobernar, sino de aplicar la socialdemocracia a los problemas del siglo XXI. El PSM vive en mayo del 68. Ellos no conocen la realidad.

Mañana en los diarios volverá a hablarse de lo mismo: los tomasistas, los simanquistas, los renovadores, los señores del maletín... Quién sabe, quizá surja algo novedoso para animar el gallinero. Mañana, los zombis dormidos volverán a salir, unos y otros, para enfrentarse en una plaza atestada de cadáveres. Entre tanto el Partido Popular se dedicará a gobernar con la absoluta tranquilidad de saber que, una vez más, el Partido Socialista de Madrid seguirá su particular estrategia de autodestrucción para repartirse la ya única y segura aspiración que posee: el gobierno de la oposición. Mientras pueda optar a él.

23/05/2011

Azul nacional

La crisis que pagaron los alcaldes

El Partido Socialista ha perdido las elecciones municipales y autonómicas, y lo ha hecho por una razón sencilla: una crisis económica con un 21% de paro. No hay más. Esa es la causa. El resto (bandazos del PSOE y del Gobierno, acampadas, protestas...) son consecuencias paralelas a la derrota definitiva, que es la que marcan las urnas.

Suponiendo que no se han conjurado todos los alcaldes y presidentes autonómicos socialistas de España para gestionar mal sus haciendas y provocar una catástrofe, lo que tendrá que hacer el PSOE para poder recomponerse de cara a las próximas elecciones generales es reformar, y mucho, su programa político nacional, que es el que ahora han condenado los ciudadanos. Por delante se presentan unas "apasionantes" elecciones primarias en las que deberíamos ver algo más que guerrillas internas y golpes de ego y caciquismo. Es decir, lo contrario a lo que se dio en la experiencia previa madrileña. Zapatero ya no es el problema, ya ha dicho que se va. Los que quieren venir tendrán que decir para qué.

Izquierda y derecha, bases diferentes

De estas elecciones extraemos otras dos lecciones. La primera es que el mito "la abstención favorece a la derecha" no siempre es cierto. Hay alcaldes y presidentes autonómicos del PP que siguen llamando a los suyos a las urnas con un nivel de participación muy aceptable. Lo que no ha cambiado es que es el partido con mayor fidelidad de voto y menor fluctuación (arriba o abajo). Es decir, que es posible que se esté llevando a los nuevos votantes, hecho que debiera preocupar a la izquierda. La "generación perdida" puede no ser suya.

La segunda, a la inversa, sí es la confirmación de una vieja idea: la izquierda castiga más a sus corruptos. Basta enfrentar a Sevilla y Baleares con la Comunidad Valenciana y el oeste madrileño.

Madrid y Valencia, sitio distinto

En estos dos últimos lugares es evidente que la crisis no lo es todo. Jorge Alarte y Tomás Gómez, dos jóvenes alcaldes de éxito llamados a salvar a sus partidos regionales, los han hundido aún más. Mientras Simancas, en el que parecía el suelo electoral del socialismo madrileño, quedó por encima del millón de votos, Gómez sólo ha podido superar los 782.000. En su propia ciudad, Parla, donde el 75% de los ciudadanos le votaron como alcalde, sólo un 43% le ha apoyado ahora como posible presidente autonómico. El PP, castigado por la corrupción (unos días después de que Camps sufriese otro "disgusto" judicial), pierde apoyos en ambas comunidades de manera muy sensible. Imperceptible, vaya. El PSM y el PSPV tendrán que decidir si seguir jugando a repartir cargos de oposición (que cada vez menguan más) o empezar a hacer algo más interesante. Algo, incluso.

Las comarcas del sur y el este de Madrid también arrojan un resultado brutal. En este área metropolitana con una importante cantidad de población el cinturón rojo ya no existe; es un bonito recuerdo para nostálgicos de la izquierda. Ciudades como Alcorcón, Leganés, Getafe o Pinto dicen adiós a su color, y lo dicen con saña. Móstoles ya lo había dicho anteriormente, y ahora lo reitera con fuerza. Sólo el alcalde de Fuenlabrada ha conseguido ganar, pero necesitará el pacto con IU. En Parla también, donde ahora PSOE y PP empatan a concejales. Al otro lado del mapa los socialistas pierden Collado Villalba, su símbolo numantino en el oeste.

Una de las regiones económicamente más potentes de España y con mayor densidad de población se entrega al Partido Popular. Quizá la izquierda llegó a pensar que era invencible en aquellos que, de manera identitaria, se conocieron como "barrios obreros". Ese era su sitio natural y daba igual lo que hiciera. He ahí el problema.

En la capital, mientras Gallardón ha perdido apoyos contra la tónica general de su partido, el socialismo madrileño los ha perdido aún en mayor medida y hasta en sus distritos afines. ¿Reflexión? ¿Es hora de ver nacer a la Agrupación Socialista de Madrid? ¿Es hora de que alguien se trabaje cuatro años la oposición y dejar de pensar que el idiota ciudadano apoyará a cualquier enviado especial, cual observador de la ONU?

Tonos del pasado

Hablando de Getafe, su regidor y actual presidente de la FEMP Pedro Castro parece tener difícil repetir, en tanto que su continuidad depende de UPyD y el PP ha sido el partido más votado. En Cantabria el regionalista Revilla, famoso por las anchoas, también ha sufrido un correctivo y el PP recupera su mayoría. Dos tipos que han dado tantos titulares y que estaban anclados en un cierto populismo de los ochenta se despiden. Vaya, que igual hay que dejar de hacer populismo de los ochenta.

La otra izquierda, la otra y los otros

Izquierda Unida rezuma alegría. Bien. El caso es que han subido algo más de un punto y pierden Córdoba, la única capital de provincia que gobernaban. En estas elecciones habían añadido a su marca el distintivo "Los Verdes", para sumar posibles voluntades. Ayer su líder Cayo Lara decía estar contento porque es "la izquierda que sube", "la izquierda que pretende parar a la derecha". Es una forma de verlo.

UPyD consigue acceder a varios parlamentos y multitud de ayuntamientos. Rosa Díez sí ha vencido a las encuestas, especialmente en Madrid, aglutinando el voto desencantado de populares y socialistas. Puede estar contenta; quizá sirva para consolidar su proyecto más allá de su presencia o no en él.

El voto en blanco y el voto nulo también aumentan. Es decir, el voto protesta. Algunos, como titular, planteaban que serían la cuarta fuerza política de España. Es destacable que mientras el PSOE pierde un millón y medio de votos el PP sólo aumenta medio. Hay por ahí un millón de personas huérfanas.

Sí, la derecha barre

El resto del mapa gira en el mismo sentido. El PP se lleva su caramelo castellano-manchego, junto con Baleares y Aragón, y acaricia el sueño extremeño, única comunidad que logran salvar los socialistas. En Asturias, con Cascos obligado a pactar con el PP (o más bien a la inversa) nace un bonito circo post-electoral.

Las Comunidades que ya apoyaron al PP lo vuelven a hacer. La izquierda gallega pierde sus plazas en Coruña, Santiago y Ferrol pero se sostiene en el resto de provincias. Gran fallo de las encuestas, que previeron la situación inversa. La derecha catalana logra su ansiada Barcelona mientras en Tarragona la victoria del PSC no le permite gobernar. Sí, el famoso Alejandro, el del famoso vídeo con la famosa canción podría ser alcalde. Sus vecinos socialistas de Lleida sí consiguieron una importante mayoría absoluta.

En Navarra UPN, ya escindido del PP, seguirá gobernando, a buen seguro con el apoyo del PSN. Allí las cosas no son ideológicas. O no exactamente. Y un poco más arriba, Bildu arrasa: segunda fuerza.

Euskadi: la vía del diálogo

Ayer, cuando Rajoy salió al balcón sus bases gritaban, desde la base, "Bildu fuera". Bueno, y "Zapatero dimisión", claro. Pero lo cierto es que seguir pretendiendo que un alto porcentaje de la sociedad vasca es terrorista o apoya a terroristas se antoja complicado. La coalición a la que el Constitucional dio finalmente luz verde se ha convertido en la segunda fuerza de la Comunidad, la primera en lugares tan poco importantes como Donostia (San Sebastián para la gente de mi calle). Ahora más que nunca el mensaje ha llegado claro: hay que aprovechar esta oportunidad. Y parece que en la "nueva España" que nació ayer el liderazgo de Rajoy tendrá mucho que decir al respecto.

Bueno es saberlo, ahora que el líder de la oposición acaba de anunciar que se va a poner a trabajar. Que ya era hora.

[Hace unos días Filipe S. Henriques me pidió que escribiera una explicación a los portugueses de la situación que se estaba viviendo en España en torno a las protestas del 15M, lo que nos había traído a ellas, sus posibles consecuencias electorales y la actualidad inmediata que se vivía en Sol. El artículo se publicó el sábado y se puede leer aquí. En portugués, porque si no difícilmente podría ser una explicación para portugueses].

22/05/2011

Las reacciones de mañana, hoy

Si usted no quiere esperar a saber qué van a decir los diferentes candidatos en estas elecciones después de conocerse los resultados, aquí acercamos una aproximación. Las fuentes de información son mi vecina de arriba y la perra de mi hermana (o sea, una perra que tiene mi hermana, que por cierto es seguidora de Intereconomía).

Caso 1: El Partido Popular arrasa en las elecciones. Cospedal será Presidenta. Hundimiento del PSOE.
  • El PSOE mete la cabeza debajo de una almohada. O de varias. Los diferentes candidatos hablan con cara de pena de la crisis. Más de uno, de dos y de tres, y sobre todo una gran masa de militantes enfadados en la red, responsabilizarán también al movimiento 15M acampado en Sol. Lo harán, sí, como si no hubiese encuestas anteriores a esa fecha, CIS incluído, que vaticinasen esa misma situación.
  • El PP pide la dimisión de Zapatero (otra vez) y anuncia la venida de un nuevo tiempo maravilloso (otra vez). Florecen los campos (otra vez). En realidad es como si todo pasara otra vez. Cielos.
  • Izquierda Unida y UPyD anuncian que ellos son los verdaderos ganadores.

Caso 2: El PSOE consigue resistir. El golpe no es demasiado grande. Se mantienen Extremadura, Aragón e incluso, por qué no, Castilla-La Mancha. Incluso, por qué no, Aguirre pierde la mayoría en Madrid. Incluso, por qué no, llueve café en el campo.
  • El PSOE ha ganado las elecciones. El PP está muerto. La gente grita "Rubalcaba Presidente". La gente grita "Chacón Presidenta". La gente grita, en general. Y no es para menos.
  • Rajoy pone esa cara tan suya. Esa, esa cara. Anuncia que ha ganado las elecciones. ¿Ya? Ya. El PP pide la dimisión de Zapatero (otra vez) y anuncia la venida de un nuevo tiempo maravilloso (otra vez). Florecen los campos (otra vez). En realidad es como si todo pasara otra vez. Cielos.
  • Izquierda Unida y UPyD anuncian que ellos son los verdaderos ganadores.

Caso 3: Izquierda Unida y UPyD ganan las elecciones. De verdad.
  • Silencio en la sala. (¿Que el burro va a hablar?)
  • Zapatero no dimite, pero coge un avión. Vuela lejos.
  • Rajoy... ¿Rajoy? ¿Quién es Rajoy?
  • El rey abdica. Froilán le mete una patada a su padre. Se van todos de vacaciones a Palma de Mallorca. Algo había que hacer.
  • Ignacio Escolar proclama la V República. Podría ser la tercera, pero es por acojonar.
  • El Mundo se disuelve. El mundo también.

Caso 4: Ninguno de los anteriores es correcto. Se produce un empate técnico entre PP y PSOE, Los Verdes, en cualquiera de sus formas, obtienen representación parlamentaria en varios lugares. 
  • Todo el mundo ha ganado las elecciones menos Izquierda Unida y UPyD.
  • Jorge Barraza cierra su blog y lo compra un fondo de inversión americano que instala en él un tablao flamenco. Más o menos lo que ya había.

Los resultados reales, y las reacciones, en una hora y media. El seguimiento en directo: en Twitter, dónde si no.

18/05/2011

La acampada y el día después: las reacciones

Mucho se ha hablado sobre la acampada de Sol y las protestas que se han ido desarrollando desde el 15 de mayo. Sobre todo en el sentido de "vamos a ver qué pasa". En este blog hay algo de eso. Simples acumulaciones de valoraciones y opiniones personales. Hay también cosas serias, como el análisis de Jorge Galindo, que merece la pena leer. Las preguntas "¿de dónde viene esto?" o "¿qué puede significar?" ya parecen contestadas. Ahora falta esperar, seguir el asunto con atención y ver si se diluye o toma algún tipo de trascendencia. Pues eso: "vamos a ver qué pasa".

¿Seguro? Hoy escuchar ciertas cosas genera sonrojo. Esta protesta ha pillado a todos por sorpresa y eso, claro, ha derivado en nerviosismo e improvisación. Ya se sabe que hay gente que vive de emitir verdades absolutas y sentencias firmes, y el manual de 'todología' no decía nada sobre acampadas. Observar, analizar, profundizar, esperar, preguntar; todo eso es un rollo. Lo divertido es ir a una tertulia y tener preparada la soflama del día. ¿Consecuencia? Tenemos varias teorías de la conspiración, a cuál más variopinta.

Antes de hablar de quienes están fuera, es bueno recordar a manifestantes y acampados que su heroicidad es limitada. Ningún demócrata con cierta dignidad se compararía con los manifestantes que en Egipto o Túnez tomaron las calles a principios de este año para exigir derechos fundamentales, libertad (en su sentido estricto) y la salida de un dictador. Creerse al mismo nivel es una prepotencia infame y una falta de respeto inaceptable. Y sí, vivimos en una democracia. Perfectible, pero democracia. Ese toquecito hipócrita de luchador del 68 no anima a confiar en la protesta, aunque su espíritu nos encante y motive. Por otro lado, los manifestantes de esa "primavera árabe" estaban deseando dejar entrar a los medios de comunicación y facilitar su trabajo para que el mundo conociese sus propuestas. Ayer Telemadrid e Intereconomía, con dos líneas editoriales que no serán defendidas aquí, tuvieron que salir escoltadas de la plaza del Sol. La libertad de prensa es también un principio democrático. Y por encima, el derecho a la información. Y no, no existe ninguna "revolución de las redes sociales"; lo que existe es un hartazgo del carajo y una fórmula rápida para canalizarlo. Está claro que los radicales que se apuntan a todo se han sumado también a esto, y también está claro que son una minoría que la mayoría pacífica tendrá que controlar y apaciguar.

La militancia del PSOE parece enfadada. La dirección, preocupada. Tal y como se expresan en la red (o como lo ha hecho algún dirigente en público) dan la impresión de estar diciendo: "eh, parad con esto que no nos viene bien. Habéis venido a quitarnos lo nuestro". Se ha generado en esta línea la primera de las teorías de la conspiración que comentaremos: ¿por qué lo hacen al pie de unas elecciones? A veces las respuestas más simples son las más adecuadas: seguramente porque en estos momentos de tensión política es más fácil alcanzar relevancia, salir en los medios y, por tanto, que se te escuche.

Discurso fallido, sin duda. Despegado. Justo ahora tendrían que elevar su capacidad de interacción social, de sensibilidad. Es lo que esa gente ha salido a pedir ahí fuera, y su importancia para el PSOE radica en que es, efectivamente, un movimiento de izquierdas: justo el electorado que se va a quedar en casa el próximo domingo convirtiendo la victoria del PP en un paseo. La acampada y el "movimiento 15M" no va a ser una causa, sino una consecuencia anticipada. El lehendakari Patxi López ha afirmado querer hablar con los "indignados". No está claro cómo será recibido, pero es una actitud más inteligente que la rabieta de otros muchos.

También existe constancia de que algún militante, a título personal, ha participado y participa en esta protesta. Por tanto hay división de criterio a unos días de que se inicie una catarsis en forma de primarias para elegir al próximo candidato a las elecciones de... ¿2012? Va a ser aún más divertido de lo que pensábamos, puesto que es posible que cierto porcentaje de esa militancia descontenta (que existe) reaccione a su vez en forma de corriente interna que se haga notar y pida cosas del estilo "volver a los valores tradicionales de la izquierda". Vaya, lo que suele hacer el PSOE cuando deja de gobernar o cuando le meten un buen bofetón en las urnas. O no, ante el miedo de que una convulsión interna perjudique al partido con unas expectativas ya suficientemente pobres de cara a esas generales, su última esperanza y su último bastión de resistencia.

El PP sigue a lo suyo, que es disfrutar de su ascenso imparable al poder sin hacer absolutamente nada. Ayer Rajoy se paseó con el imputado Camps por una plaza de toros afirmando que "lo fácil es criticar a los políticos" y que él los defiende (se defiende) frente a quienes "no nos representan" (que es verdad, oye). Ante tal sucesión de hechos, esta mañana el director del programa radiofónico más escuchado de España le preguntó si uno, rodeado de tanta gente aplaudiendo, se siente como Bruce Springsteen o como el papa. Así, como suena. Todo muy bonito. Y mañana el próximo candidato seguirá paseando, y así hasta que sitúe su culo bien cómodo sobre el sillón de Moncloa. Poco más.

Aguirre, en su tradicional afán de protagonismo, se ha preguntado que por qué estos tipos (les llama antisistema, además de invitarles a presentarse a las elecciones) acampan en Sol y no en Moncloa. Sí, la presidenta regional percibe intenciones poco honestas en todo esto. Van a por ella. Son malos y la plaza, al parecer, suya. No la han elegido por ser un símbolo reconocido en todas partes, por estar bien situada, perfectamente comunicada, ser el punto de encuentro de cientos de protestas al año o tener espacio suficiente para albergar a un buen puñado de gente sin cortar el tráfico. No, todo es porque la señora presidenta de la Comunidad de Madrid tiene un despacho ahí. Encantador. Pero sus amigos son aún mejores.

Sus amigos mediáticos. La portada de La Gaceta de esta mañana era más épica que de costumbre: "El PSOE se apropia de la protesta de los indignados", era su titular principal. Debajo, una fotografía de la plaza y, tachán, la clave: "Esto huele a Rubalcaba". En otros lugares, que no citaré, se habla de "un nuevo 11-M para ganar las elecciones". Claro, cualquier politólogo o sociólogo sabe perfectamente que esto beneficia electoralmente al PSOE. Sí, hombre, sí. Claro. Los argumentos: la cercanía de la sede de la presidencia de la Comunidad (ver párrafo anterior), que no se protesta contra Zapatero, el "causante de la crisis" (falso, como sabe cualquier persona que al menos haya pasado por allí) y que ayer la web del PSOE mostró el manifiesto de "Democracia real ya" (hecho cierto, pero para completar esa información hay que decir también que la sección de la web que lo alojaba pertenece a una corriente interna, Izquierda Socialista, a menudo crítica con la dirección). El Mundo o La Razón se han sumado con alegría a cuestiones conspirativas parecidas. No podía ser de otra manera.

Y así, volvemos al principio: miles de personas han salido a la calle y todo el mundo sigue mirándose el ombligo o trabajando laboriosamente para el que le paga sin poner siquiera medio gramo de cordura en todo esto. Todo se reduce a generalidades, ironías, dosis altas de cinismo y poco interés: son unos 'perroflautas', son unos antisistema, son unos fascistas, son tapados del PSOE, son... son... son; y lo cuento desde mi sofá. Pero lo que ayer se vio era bien distinto: gente de toda edad y condición llenando una plaza en pleno centro de la capital de España, gritando. Enfadada. Gente que hablaba de paro, de desempleo, de precariedad. Maldita sea, ¡ése era el fin de la izquierda española! O de la izquierda a secas. No eran cuatro niñatos; eran en su mayoría licenciados, mileuristas y hombres y mujeres con hipotecas. Yo estaba allí. Yo lo vi. Y aunque no se comparta la línea ideológica de muchos que creían estar dando el primer paso para quemar el palacio de invierno, e incluso aunque no se comparta gran parte de su análisis de la realidad o su valoración de ciertas medidas que se han ido adoptando, o aunque uno piense que decir que el PP y el PSOE son lo mismo es una simpleza insoportable... sí es fácil sentirse identificado con una clase media española cabreada con el circo político que le rodea, con un gobierno casi ausente y perdido y una oposición que ensalza imputados. Una porción de clase media que sale a la calle rompiendo mitos, aunque sean pocos y aunque no tengan ni puñetera idea de qué hacer con prácticamente nada (o prácticamente todo).

En Sol no sólo hay antisistema (es posible incluso afirmar, sin datos estadísticos en la mano, que son los menos); también, o sobre todo, hay gente que cree o sabe que compartiéndolo y defendiéndolo éste se ha ido pudriendo sin que nadie hiciera nada, hasta que el estallido inevitable nos ha dejado tuertos. Gente que sabe que quienes hoy dirigen "el sistema" están aún más tuertos que los propios ciudadanos.

Ayer, en mitad de la protesta, donde estuve para poder tener una impresión no sesgada de lo que ocurre, una vecina de la zona que pasaba por allí me comentaba que está "harta" de "tanta manifestación por nada". "Nunca hemos estado tan bien como ahora". "Yo vivo muy bien", remató. "Yo vivo muy bien". Esto resume muchas cosas. Todavía hay quien piensa que una generación perdida ni es un problema nacional ni un drama. Muchos están convencidos de que el ladrillazo, que montó el PP y aceptó el PSOE (y no, no es necesario renegar de nada, han hecho cosas bien. Muy bien), era un lago de felicidad que ha acabado por un presidente incompetente; cuando en realidad el único error de Zapatero fue creerse que lo que había heredado era de verdad sostenible y no saber reaccionar ante el golpe de los hechos. Esa señora cree que cuando vuelva el PP se arreglará el problema; que todo esto es una mágica cuestión de partidos y de alternancias. "Yo vivo muy bien". "Esos jóvenes protestan por nada". En realidad ha equivocado la preposición: "protestan para nada". El año 2012 y los cuatro siguientes lo demostrarán; cuando ni siquiera germine ese "milagro económico" posible. Imposible.

Justo en este momento se anuncia que la Junta Electoral de Madrid ha prohibido la concentración prevista para esta tarde por "afectar a la libertad de voto". Incomprensible contorsión jurídica, sí. Mientras decenas de partidos políticos celebran actos públicos unos ciudadanos anónimos van a ver cercenado su derecho de reunión por situarse en el curso de una campaña electoral.

Dentro de una hora estaré votando (por correo). La jornada de reflexión (como la prohibición de hacer encuestas días antes de las elecciones) son probablemente las dos figuras más absurdas de nuestra ley electoral. Quizá algún ciudadano en esta misma situación piense ahora mismo en pedir a la Junta Electoral que paralice la campaña para que nada nos influya y podamos llegar libres y sanos hasta la oficina postal de nuestro barrio.

La sartén se ha puesto ya a cien grados. Seguiremos informando. Y opinando, claro.

17/05/2011

El argumento y el voto: democracia real

El pasado domingo día 15 miles de personas se manifestaron en defensa de lo que llaman "democracia real". Afirman luchar contra "políticos y banqueros" que utilizan a las personas como "mercancía". Tras ella, se han generado en diversas ciudades españolas acampadas de protesta, siendo la más significativa la que anoche desalojó la policía en la Puerta del Sol de Madrid por no estar legalmente convocada. Y hasta aquí los hechos.

Ahora, varias consideraciones. ¿Tiene fundamento la protesta? Con uno de los paros juveniles más altos de Europa (y de más allá) y casi cinco millones de parados totales (según los datos de la EPA) lo raro, lo extraño, lo sorprendente es que nada se mueva. En esto coinciden tanto la izquierda ciudadana como la derecha mediática, esa que anima a los españoles a protestar para desestabilizar al gobierno y luego ridiculiza cualquier acción en ese sentido.

¿Quiénes son los acampados y a quién deben preocupar? Hay algo en lo que coinciden grupos tan dispares como Intereconomía o gran parte de la militancia del PSOE: quienes han acampado en Sol no son más que un grupo de "perroflautas". Los de siempre. Los que irían a gritar a cualquier sitio contra casi cualquier cosa. 'Antisistema', decía Esperanza Aguirre. Y probablemente lleven razón y sea ese el perfil de los organizadores. Pero con un matiz: ahora sí tienen apoyo social. Ayer en Sol se paraban a firmar su manifiesto jóvenes de todo tipo, señoras que afirmaban ser amas de casa con hijos licenciados en paro o funcionarios (por ejemplo) que decían haber votado al PSOE y estar arrepentidos. Ese es el problema, no los acampados. Así que hay motivos para que alguien en Ferraz se preocupe, porque si bien quedan pocos españoles dispuestos a pasar una noche al raso, sí hay muchos que el domingo 22 darán la espalda a su voto tradicional. Esto servirá para que el PP barra en las elecciones, pero de poco vale ya que Zapatero patalee por ese voto del miedo. Nunca ese voto ha servido tres legislaturas consecutivas. Nunca el voto de la izquierda ha sido barato de conseguir. Y lo más básico: en política y en democracia la culpa nunca es del votante, que parece ser el patético mensaje que ahora se quiere lanzar. Quizá los socialistas hayan entrado en una fase de alejamiento de la calle, indicativo claro de cualquier fin de etapa. Lo inteligente por su parte sería ser sensibles a este tipo de acciones, por poca importancia que quieran darle o que puedan llegar a tener. Sus votantes potenciales no admitirán chulería en este punto por muy tirados que parezcan los chicos con rastas.

¿Han sido estas convocatorias un éxito? Como comentaba Escolar, montar en tres meses una movilización sin el apoyo de ningún aparato existente y sacar a unas 130.000 personas a la calle en toda España es sin duda un éxito. Ni sindicatos, ni asociaciones de víctimas, ni partidos políticos han acariciado esa cifra últimamente.

Esto que en el PP llaman perroflautismo (que les encanta porque efectivamente sirve a sus intereses) y que en el PSOE dicen, en palabras de Barranco, que "le hace el juego al PP" (como si al ciudadano le importase demasiado esa disyuntiva partidaria en torno al sillón del citado señor, o la vieja teoría dual de la pinza que pretende que no haya vida ideológica fuera de los dos polos conocidos) no es más que la demostración de que hay una gran masa desencantada. Precisamente la razón más básica para abrir la reflexión en el seno de los partidos (no sólo el PSOE) es que, si esto está ocurriendo, y si ocurre al pie de unas elecciones (conspiraciones aparte), es porque ellos no están canalizando las aspiraciones sociales.

El asunto es que la movilización es apática y no plantea nada tangible; ya sea por falta de referentes o porque han llegado a la inevitable fase (incorrecta, pero inevitable en este contexto) de "todos son iguales" y "el mundo es una mierda". Hecho que nos lleva al siguiente punto.

¿Qué pretende lograr la protesta? Pues esta es la gran pregunta y también el gran defecto de la misma: es aire. Si uno lee el manifiesto puede estar de acuerdo en muchas cosas. ¡Cómo no estarlo!: "las prioridades de toda sociedad avanzada han de ser la igualdad, el progreso, la solidaridad, el libre acceso a la cultura, la sostenibilidad ecológica y el desarrollo, el bienestar y la felicidad de las personas". Casi cualquiera puede compartir una máxima tan bonita. Pero no llega más allá. Esa crítica, que ayer planteaba Roger Senserrich o ahora Javier Maján, es la más importante: nadie lucha contra el infinito vacío. ¿No queremos paro? Naturalmente. Pero el paro no es un señor contra el que manifestarse. ¿Queremos nueva ley electoral? Para estar de acuerdo en modificar la actual hay que saber exactamente en qué consistiría esa reforma. No, nadie apoya a un grupo organizado a ciegas. Se necesita un objetivo y que sea realizable.

Ayer en Sol algunos de los acampados insistían en que no les ampara ningún partido u organización, que son gentes de izquierda y de derechas, anarquistas o apolíticos, creyentes o ateos, ecologistas o liberales. Pero entonces, ¿qué hacen ahí?

Más preguntas organizativas: ¿han cometido errores? Básicamente, dos. El primero es enfrentarse directamente a los medios de comunicación (ayer profesionales de Antena 3 y Telecinco fueron abucheados, o se acusaba a Ana Pastor, que la pobre es muy recurrente en estos casos, de censurar las protestas). Aunque hay quien sigue pensando que una reivindicación puede basarse únicamente en la acción en la red, esto es absurdo. Una absurda moda. Bautizar a las revoluciones en Egipto o Túnez como "revoluciones de Facebook" denota una ignorancia de amplio calibre (como lo es comparar la situación de ambos países, la "heroicidad" de los que protestan o la plaza Tarhir de El Cairo con la del Sol de Madrid). Pero ni siquiera en España, donde la tasa de conectividad es mayor, se puede cambiar nada en Twitter. Este es un lugar estupendo para organizarse, pero la acción real necesita gente en la calle, con sus cuerpos enteros y (de nuevo, insisto) razones para estar enfadados y objetivos contra los que centrar ese enfado. Los medios de comunicación tradicionales (que lo son también del presente) son imprescindibles para llegar a todas las capas sociales, y nunca un enemigo. Hay pluralidad suficiente. Cosa distinta es que algunos piensen que un periodista es independiente e imparcial cuando cuenta lo que ellos quieren durante el tiempo que quieren; un concepto curioso de independencia.

El otro error es dejar que personajes que no son anónimos tengan algún tipo de protagonismo. Y sí, me refiero al famoso Willy Toledo. Esto entra dentro de lo anterior: la batalla de la comunicación. Algunos van a estar encantados de resaltar cualquier ápice de violencia o símbolo negativo. Cuando 15.000 personas se manifiestan pacíficamente y la noticia son 30 tarados destrozando el mobiliario urbano hay que desvincularse inmediatamente de ellos (como de hecho hizo la plataforma). Cuando dices que no estás casado con nadie pero permites que un famosete con una clara vinculación ideológica suelte un discurso megáfono en mano has muerto en la batalla. Ya estás etiquetado, y la etiqueta, en España, es el fin de casi todo. Por muy abierta que fuese la asamblea allí montada y por mucho que el actor de marras sea también un ciudadano con derechos, alguien debería haber sido lo bastante hábil como para pedirle previa y educadamente que se mantuviese en un segundo plano para no dañar al conjunto.

La protesta seguirá. No sabemos dónde y cuándo va a acabar, ni si tendrá o no incidencia electoral (en realidad no pide el voto para nadie), pero existen fundamentos objetivos para que el ritmo, una vez iniciado, no decaiga. Ahí fuera hay demasiada gente perdida, y estos pueden ser los dogmas de fe que les saquen del letargo siempre que alguien los acabe canalizando políticamente (ése sería el éxito), con vías democráticas y (sí, lo diré otra vez) propuestas y argumentos concretos que queden plasmados en un papel real.

Precisamente por ello, y a raíz de esta corriente, nos encontramos en un buen momento para que entren en juego los choques de ideas. Desde el inicio de la crisis se están enfrentando varios grupúsculos con simplezas tan básicas que asustan. Véase: el PP dice que el PSOE tiene la culpa de todo y que ellos lo arreglarán con magia, el PSOE que la magia del PP es en realidad negra y que cuando se haga con el poder acabará con el mundo conocido, IU que ellos son los buenos, que parece mentira que nadie se haya dado cuenta y que subiendo un par de impuestos y aprobando un par de leyes que nos obliguen a ser buenos esto será maravilloso, UPyD que son distintos, Los Ellos que han venido a romper el feo bipartidismo que seca los campos y manantiales haciendo, en todo, todo lo contrario a los tres anteriores. Y al margen, y a veces mezcladas, van creciendo ideas también genéricas en pack integrado contra aquello que se mueve, vaya en la dirección que vaya.

Hemos llegado a un punto en el que el hueco para la argumentación muere poco a poco. Los representantes políticos o de movimientos políticos dan órdenes a los ciudadanos: "vota PSOE", "vota PP", "no les votes", "no votes"... pero pocas veces se ofrecen razones para decantarse por una u otra opción. Y no, una exposición de motivos no sirve de nada: ojos en la cara tenemos todos. Que sepas de la existencia de 5 millones de parados y repitas que te da mucha pena no anima a votarte ni a seguirte a ninguna parte.

Lo más dramático es que existe un denodado interés en matar la política, convertirla en un enemigo y ceder todo el espacio al populismo vacuo, cuando la política nunca ha sido el problema, sino el medio democrático por el que debemos cambiar aquello que objetivamente no funciona o es injusto mediante la participación de la mayoría y la integración de las minorías. Si no van a ser nuestros referentes sociales y parlamentarios los que den el paso y renieguen del estilo que está empujando a la sociedad al desencanto, serán los radicalismos ahora semidormidos los que pidan la entrada. La ultraderecha xenófoba y populista ya es decisiva para las decisiones gubernamentales en países tan ejemplares como Finlandia o Dinamarca, y una líder del mismo corte está entre las favoritas de los franceses para pasar a una segunda vuelta de sus elecciones presidenciales. ¿Qué hace pensar que el comportamiento electoral y social en España no acabará siendo igual? ¿Nuestra historia? ¡Cielos!

Cuando los ciudadanos necesitan respuestas hay que dar respuestas. Cuando los ciudadanos exigen cambios hay que cambiar. Abramos la veda: ¿cuáles son los verdaderos problemas sociales, económicos, administrativos y políticos de España? ¿Qué soluciones vamos a aportar? ¿Qué ley electoral conviene al interés general? ¿Qué competencias debería tener cada institución? ¿Monarquía o República? ¿Federalismo o centralismo? ¿Es el contrato único una vía para acabar con el paro? ¿Por qué municipio de España debería pasar un tren? ¿Nucleares sí o no? ¿Qué asfixiaría a los corruptos? Todo es discutible, por supuesto. Y lo más importante: ¿seríamos capaces de debatir estas cuestiones sin llamar idiota al oponente, sin etiquetarlo, sin creernos en posesión de la verdad absoluta y sin citar el nombre de un sólo político (por no hablar de Godwin) como argumento de debate?

La democracia debería preocuparnos. Enriquecerla, fortalecerla. La vía es esa: la del voto, no la del "no voto". La de las instituciones, la del debate, la de la formulación legítima de mayorías. Dignificar la acción pública y no bombardearla. Lo intentaremos. ¿O no? Depende de aquellos a los que se ha cedido esa responsabilidad: quienes están en los parlamentos. Y también, claro, de los que estamos en la calle.

16/05/2011

Tres reflexiones sobre DSK

El director del Fondo Monetario Internacional ha sido detenido por una presunta agresión sexual. Hasta aquí, el tema no tiene trascendencia política o institucional en sí mismo, pero sí por sus consecuencias: deberá ser relevado en sus funciones y eso implicará un cambio de nombre y, con ello, quién sabe si de modelo a seguir en la toma de decisiones de este organismo, en plena fiebre económica mundial y con varios países tiritando.

Es habitual que este tipo de sucesos tengan una descomunal relevancia mediática, que es lógica dada la trascendencia pública del implicado. Sin embargo, los hechos de que los que se le acusa son igual de graves en él que en cualquier otro ciudadano. Ocurren diariamente de forma anónima. Si sirve para que nos concienciemos sobre ello o se tomen medidas especiales y específicas, bienvenida sea la agitación. Si es únicamente morbo en la búsqueda de una historia sucia y con caché que llevar al cine... de poco servirá a las mujeres víctimas de abusos, que se encuentran en cualquier parte del mundo, junto a grandes magnates y junto a miserables en cualquiera de sus acepciones. No parece sorprendente: la condición humana es inherente al mismo humano, no a la ocupación o posición social de éste. Aunque a veces se nos olvide. Lo demás, es justicia. Ella se encarga.

Aquí acabaría todo el asunto si no fuese por un detalle tonto que ha congelado a los socialistas franceses: Strauss-Kahn era el favorito en su partido para aspirar a la presidencia de la República. Era. Un escándalo sexual elimina (casi) cualquier opción de ser elegido por la ciudadanía para dirigir un país, salvo que se llame Italia y el candidato se apellide Berlusconi.

¿En qué lugar deja esto al PS y en general a la política francesa? Tenemos un presidente de capa caída, con la convicción mayoritaria de que su sillón debe ser ocupado por otro, y... ¿la alternativa política depende de un único nombre?

Un sondeo de marzo situaba a la ultraderechista Marine Le Pen, del Frente Nacional, empatada en valoración con los demás líderes, desde el actual presidente Sarkozy hasta Martine Aubry, primera secretaria socialista. De la mayoría de estudios se desprendía que el único capaz de pasar con tranquilidad la primera vuelta y ganar la segunda era el ahora detenido Dominique Strauss-Kahn. Acabe el asunto como acabe es evidente que el mapa se ha movido y que la vida privada del conocido como DSK va a ser el foco de atención sobre él, muy por detrás de sus aspiraciones políticas y a pesar de que su gestión al frente del FMI estaba positivamente reconocida (algo que en principio no debería cambiar).

LA UMP ahora en el poder sufre, como todos los gobiernos europeos, el resultado de la crisis financiera. Entre tanto, los socialistas han caminado durante años entre la apatía, la ausencia pública y la lucha interna, mientras la ultraderecha se abría camino como respuesta a las aspiraciones de buena parte de la sociedad francesa. Si los dos partidos mayoritarios no se conducen a una catarsis que solucione a tiempo esta orfandad de liderazgo, la ya anunciada muerte de esta bonita etapa de Europa podría tener un inquietante inicio funerario entre Alemania y los Pirineos.

Esta historia también sirve como lección en España, donde ante un gobierno de salida su "alternativa natural" no despierta emociones; más bien lo contrario. El populismo y la radicalidad no surgen de un vacío abstracto: hay contextos que los alimentan con energía.

07/05/2011

Histerismo nacional

El martes, es decir, después de conocerse la sentencia del Supremo y antes de conocerse la del Constitucional, fijé en un artículo mi posición política sobre la legalización o no de Bildu. Política, no jurídica. La mantengo: sería social y políticamente positivo abrir una nueva etapa en Euskadi. En todo caso, los argumentos jurídicos para no hacerlo parecían cada vez más forzados y en ellos cabía debate, como demuestra la elevada discrepancia que se ha producido en las deliberaciones de los tribunales competentes.

Finalmente la coalición podrá presentarse. La decisión del Constitucional ha tenido como consecuencia una ola de reacciones histéricas: desde las ya tradicionales disertaciones sobre conspiraciones gubernamentales hasta acusaciones de colaboración con ETA a magistrados del Supremo y el Constitucional (hacer esto es un delito, sí). Este hecho anima a repetir, insistentemente, una reflexión tan básica que avergüenza tener que hacerla: estar a favor de ilegalizar Bildu no te hace de ultraderecha. Estar en contra no te hace proetarra.

Pedir responsabilidad a ciertos partidos y ciertos medios es predicar en el desierto; pero la gran aceptación popular de los discursos radicales y antisistema es preocupante. El debate político (que no jurídico) de este país da mucho miedo. Cuando algunos pierden las elecciones no valen, están contaminadas. Cuando los tribunales no fallan como gustaría a esos mismos tampoco valen, están contaminados. Todo está o no contaminado en función de intereses y opiniones particulares, de si me dan mi caramelo o no me lo dan, de si mis obsesiones son atendidas o no. Sigamos por esta vía. Expliquemos a los ciudadanos que nada vale. O que vale todo. Rebelión. Alegría.

Un debate jurídico sobre un asunto complejo en dos instituciones distintas con configuraciones distintas y que acaba con un alto nivel de desacuerdo y resultados apretados (9-6 en el TS y 5-6 en el TC) llevan, al parecer, a la desintegración de España. Pues vale. Haced la maleta. Mirad como es la justicia en otros países. Mirad de dónde salen los jueces. Volved. Deshaced la maleta. Mirad de dónde salen los nuestros. Luego mirad qué votaron los señores del Constitucional a cada cosa que les fue llegando en los últimos treinta años y quién había propuesto a cada uno. Mirad si existe un patrón de voto de manera continuada. ¿No? Ah, ¿no? Vaya. Ah, ¿que incluso un "elegido del PSOE" ha votado a favor de impedir a Bildu presentarse? Un héroe de la independencia. Él sí. Podemos seguir haciendo demagogia indocumentada y cargándonos las instituciones del Estado. No pasa nada.

Los jueces tienen ideología. Sí. Los del Supremo, los del Constitucional y el de primera instancia de Albacete. Y los periodistas. Y los médicos. Hasta se rumorea que los políticos tienen ideología. El ser humano en general tiene ideología (a veces de manera fundamentada, a veces no tanto) y la aplica en sus acciones. Menudo sorpresón. Lo importante es si el trabajo del periodista, del médico y del juez se ajusta a sus principios profesionales. En el caso a tratar, si el argumento jurídico es tal y además se sostiene.

He leído la sentencia del Supremo y también los votos discrepantes. Leeré la del Constitucional cuando se publique. Como lo que tengo es una posición política y no jurídica ésta no va a cambiar; pero para hablar del apocalipsis partidista que entrega dinero a ETA y le abre las puertas a seguir matándonos impunemente sí habría que hacer ese esfuerzo. Digo yo, vaya. Aunque sea por disimular y tener argumentos medianamente sólidos y trabajados que vayan más allá de insultar con desparpajo al prójimo.

Hablando de partidos, llama la atención que el PP expresara hace unos días su sincera felicitación al Gobierno por el trabajo de la abogacía del Estado llevando a Bildu al Supremo (es bueno recordar cómo empezó todo) y ahora le acuse y critique por una decisión que ya no le compete. De nuevo, como antes, queda de manifiesto la concepción que de las instituciones del Estado tienen algunos.

Ya que tan de moda está avergonzarse de la pertenencia patria y ese rollo insustancial que nos lleva a concluir que el gran problema de España es que está llena de españoles y su código genético, y que eso se soluciona sacándonos de aquí y llevándonos a Suecia, sería bueno hacer de nuevo las maletas y mirar en qué país de esos con los que nos gusta compararnos se montan chiringuitos políticos a costa de las víctimas de cualquier cosa y se pone bajo sospecha a la mitad de la población; o en cuál se obviaría que no todas las víctimas llevaban el mismo carné de militante y se les ajustaría el tratamiento público en función de su pensamiento.

Puestos a viajar, ciertos españoles que no son, además, vascos, podrían hacer el esfuerzo de pasarse por allí con la mente abierta para preguntarse a qué es debida la diferencia de opinión entre las mayorías sociales vasca y española. Podrían preguntarse algunos si es que todos los vascos se han vuelto locos o si quizá es esa una tierra plagada de terroristas. Seguramente descubran que no.

Para terminar volvemos a lo realmente importante: Bildu estará en las elecciones. Una oportunidad para empezar a hablar en serio de libertad y soluciones. Esperemos que todos los actores estén a la altura de este momento. Todos. Como espero, por cierto, que Bildu obtenga la menor representación posible (ninguna, si de mí dependiese) en las instituciones en las que presente candidatura; pero que sea por imperativo ciudadano en ejercicio de un derecho fundamental, no por torsión y contorsión de la interpretación legal y el pensamiento político.

03/05/2011

Bildu significa reunir

Es cada vez más habitual escuchar valoraciones sobre la eficacia, la podredumbre, la dignidad o la parcialidad de la justicia en España en función de a quién o quiénes den la razón sus resoluciones. La consigna es sencilla: un juez es un gran profesional si dice lo que quiero que diga y todo lo contrario cuando sus dictados no coinciden con mis planes. Es un lloriqueo esperable en un antisistema, en un grupo terrorista o en políticos condenados por corrupción que señalan desesperados inquietantes manos negras del color contrario; pero es una actitud realmente difícil de justificar en el resto de la población, que dice haber asumido las reglas. Lo es más aún en periodistas que se entregan encantados a una herramienta del activismo político, utilizándola en sus medios para presionar ante la toma de decisiones trascendentales.

El caso anterior es un clásico de la política vasca (o de la política española en relación a todo lo que ocurre en Euskadi). Como también lo son las guerras morales. Varios bandos que pretenden ser por una u otra razón los grandes adalides y representantes no sólo de la esencia de la democracia sino además de la verdad más absoluta sobre todo aquello que ocurre dentro (y fuera) de ella. Vale para todos, de aquí y de allí, de la izquierda y de la derecha, de dentro y también de fuera.

Esto es especialmente lamentable entre quienes debería existir un objetivo común: acabar con la violencia de ETA. Donde puede existir una diferencia legítima en cómo lograrlo, ya sea en lo jurídico, ya sea en lo político, lo que se acaba produciendo siempre es una guerra casi religiosa que pretende dilucidar quiénes son los buenos y más buenos y los malos y más malos. Una batalla 'ombliguera' y de fe que ya sabemos a dónde conduce, o qué tiene como fin: la caza del voto fácil y la venta de portadas; a menudo utilizando a las víctimas de los verdaderos e indiscutibles malos.

Es triste tener que recordarlo, pero ni quienes están a favor de ilegalizar Bildu representan a la extrema derecha ni los partidarios de que se presenten son proetarras. Matando de antemano este cansino tira y afloja de bar (ahora de Twitter), y también la Ley de Godwin, quizá podamos hablar de algo constructivo. En democracia (casi) todo es discutible.

La noticia: Bildu no se podrá presentar a las elecciones por decisión del Tribunal Supremo y todo el sistema anteriormente descrito se ha puesto en marcha. El PNV anuncia que no pactará ni colaborará más con el Gobierno por considerarlo responsable de la decisión judicial. El PP habría montado una buena gresca, también al Gobierno, si el resultado hubiera sido el inverso. Los afectados por la decisión afirman que se trata de un fallo político y que la separación de poderes no existe. El citado Gobierno, con evidentes muestras de alivio, guarda un relativo y distanciado silencio, como si no tuviera que tener opinión (o peor, como si no supiésemos que la tiene y que, además, está limitada al cálculo electoral que le permite la presión de la oposición y de sus aliados parlamentarios). Mientras, los vascos no parecen mayoritariamente muy contentos. Tampoco el lehendakari López, quien piensa que puede pagar electoralmente lo ocurrido. Más abajo de esas provincias los ciudadanos opinan lo contrario.

A pesar de la polarización y la simplificación absurda a la que nos conduce el debate partidista, de la que valen como ejemplos todos los casos anteriores, estamos ante una circunstancia muy compleja. Esa complejidad también se ha trasladado a los jueces, que ni con Sortu ni con Bildu han encontrado la unanimidad de tiempos pasados. Un resultado de 10 a 6 muestra que el debate existe, suponiendo de antemano que tampoco hay 6 peligrosos terroristas entre la judicatura española.

En todo caso la decisión del Supremo se encuadra dentro de lo esperado: existen pruebas policiales que avalan la relación de algunos candidatos con Batasuna. Y Batasuna es ETA, hecho probado; y además todo lo que sea Batasuna y pretenda ser su herencia política es ilegal. Evitar que se apoye a una banda terrorista desde las instituciones es lo que perseguía la legislación actual, y hasta hoy lo ha conseguido.

Pero los tribunales se dedican básicamente a interpretar las leyes y a tomar decisiones en base a ellas. Lo que ahora se puede abrir es un debate ciudadano (vaya, político) sobre la conveniencia o no de sostener en el tiempo la Ley de Partidos que ha fundamentado estas decisiones.

No nos engañemos: el problema real que conlleva que las formaciones políticas ilegalizadas puedan presentarse a unas elecciones es que, de hacerlo, obtendrían representación. Obviar que lo que tenemos aquí no es sólo un grupo de militantes políticos con ambiciones y oscuras pretensiones sino también una base social que lo apoya es distorsionar el debate y la realidad.

Con Sortu muchos lo tenían muy claro: era un nuevo partido, todo parecía feo y la ley era y es clara al respecto. ¿Y Bildu? Ahí también es clara, pero... ¿de verdad alguien cree que no tiene consecuencias sociales impedir a Eusko Alkartasuna y a una escisión de Izquierda Unida presentarse a las elecciones? Hasta ahora el Tribunal de Estrasburgo ha ratificado la opinión de los jueces españoles: ¿ocurrirá lo mismo en este caso?

Más preguntas: si había candidatos contaminados en esas listas, y ése era el problema, ¿por qué no se les aparta en lugar de hacerlo con toda una candidatura en bloque? O más aún: ¿alguno podría ser acusado de algún delito, como por ejemplo colaboración con banda armada o enaltecimiento del terrorismo? Si es así, ¿por qué no son procesados? Y en caso contrario, ¿por qué no les cedemos la oportunidad de demostrar que efectivamente quieren incorporarse a la vía institucional, pacífica y democrática? Sobre esto último, ¿hemos olvidado que existen mecanismos legales a posteriori que permitirían actuar si la candidatura fuese en efecto una tapadera de ETA? ¿Los informes policiales en los que se basan las decisiones son algo más que sospechas? ¿Pueden limitarse los derechos fundamentales de alguien por una sospecha? Si estamos requiriendo al mundo que algún día fue violento a que lo abandone pero se lo impedimos porque algún día fue violento, ¿estamos diciendo que nunca habrá solución; que nunca lo aceptaremos entre nosotros? Y si es así, ¿de qué sirve nuestro hipócrita mensaje y qué solución proponemos?

Preguntas demasiado complejas como para emitir sentencias y resumirlo todo en frases efectistas de 'opinólogo' con tono de partido. Casi nada es blanco o negro. Sería adecuado abrir una reflexión sobre por qué la sociedad vasca opina en este asunto de manera tan distinta a la española en general, y sobre lo adecuado de que las normas jurídicas den la espalda a una convicción pública. A menos que pensemos que todos los vascos son ETA y que todo lo vasco es ETA, o a menos que queramos construir nuestra vida institucional en base a las conspiraciones de unos pocos o al dictado de quienes no quieren participar de ella.

En junio del año 2002 se crea Aralar, un grupo escindido de Euskal Herritarrok, tras el proceso interno de debate que también daría lugar a Batasuna. El movimiento liderado por Patxi Zabaleta pasa a defender, desde fuera, vías dialogadas para la consecución de su objetivo de la independencia. Curiosamente ese mismo mes se aprobó la Ley de Partidos. ¿Por qué les creímos? ¿Por qué a día de hoy estos tipos, que también cuentan con un pasado, tienen representación en todas las instituciones vascas y navarras? En tanto que el pasado es imborrable, ¿renunciaremos a un futuro? Por entrar en un concepto demagógico (pero real): ¿qué hay del pasado de otros políticos españoles? ¿Podríamos haber formalizado una transición democrática sin incorporar a ella a quienes venían de la dictadura? De la misma manera: ¿podremos dar salida a la política vasca sin incorporar a la misma democracia a quienes formaron parte del execrable mundo terrorista, con los mismos nombres y los mismos apellidos? ¿Es realista pensar que algo distinto es viable?

Es posible que estemos forzando demasiado la cuerda. Bildu significa reunir; algo que quizá sirva para recordar que la única manera de acabar con esto es que todos acabemos reunidos, o al menos reuniéndonos. Es inevitable aunque la presión mediática y la corrección política sigan obligando a creer lo contrario, o al menos a afirmarlo. La Ley de Partidos ha sido buena en tanto que ha conseguido los objetivos que se había fijado; pero... ¿está ahora siendo un bloqueo a la futura solución? ¿Impide a ese espectro ilegalizado dar el siguiente paso que le estamos pidiendo?