29/04/2011

La habitual estafa de las promesas municipales

Es seguro que prácticamente ningún ciudadano lee los programas electorales de los partidos políticos antes de votar; y es seguro de hecho que el voto poco tiene que ver, para gran parte de la población, con propuestas concretas o contextos políticos, sociales o económicos, sino que está más relacionado con adscripciones ideológicas. Es difícil que el voto fluctúe del PP al PSOE, o a la inversa.

Sin embargo las elecciones municipales (y más aún cuanto más pequeño sea el municipio) tienen sus propios comportamientos. La gestión de un alcalde puede ser mucho más visible, sobre todo por lo que se refiere a las infraestructuras. Por ello, las propuestas, al formar parte de la vida diaria y tangible, pueden tener más impacto a la hora de decidir un apoyo.

Los partidos lo saben y lo aprovechan. Como también saben y aprovechan que, además de obviar los detalles programáticos, existe un amplio desconocimiento de los ciudadanos sobre la correspondencia administrativa de cada nivel competencial, hecho agudizado en una caótica España en la que es perfectamente posible encontrarse a tres o cuatro administraciones dedicándose a lo mismo.

Por ello no sería un mal ejercicio leer qué propuestas dejan por escrito determinados candidatos, puesto que cuando se conviertan en alcaldes no las podrán cumplir... y lo saben de antemano. Casi todos los programas municipales de casi todos los partidos políticos en España incluyen esas pequeñas trampas.

Un ejemplo paradigmático: durante las últimas dos décadas los tres partidos políticos con representación en el consistorio de Móstoles (Madrid) prometían en cada programa electoral municipal soterrar la vía férrea que la conecta con la capital partiendo la ciudad por la mitad. En realidad sería una decisión que habría de tomar el ministerio de Fomento, que es a quien pertenece la vía y quien tiene la competencia. Naturalmente en mayo de 2011 todos los partidos vuelven a incluir dicha promesa (que ahora sí está más cerca de cumplirse, pero no por inspiración divina de un alcalde concreto sino por un acuerdo de tres administraciones y varios municipios). Como ésta, cientos más: conexiones con autovías, construcción de hospitales o centros educativos...

Trampas para captar el voto que es difícil ver en otro tipo de elección (nadie imagina a un candidato a la presidencia del gobierno prometiendo aceras nuevas, aunque de hecho esta legislatura haya ocurrido) que son un modo de estafa y engaño a los ciudadanos, generalmente poco informados y más predispuestos a ser crédulos con su administración más cercana y, en según que casos, familiar.

26/04/2011

¿Es rentable la manipulación de los medios públicos?

De nuevo hay que comentar lo más comentado. Y hoy, entre otras cosas, han tenido cierto eco las palabras de la Secretaria General del PP, María Dolores de Cospedal, hablando de la objetividad de la radio y la televisión pública.

Ante la pregunta de uno de los participantes en el debate de Los Desayunos de TVE sobre los continuos ataques que su partido viene lanzando a la Corporación, dice Cospedal que "una televisión pública imparcial debería presumir de tener unos servicios informativos y unos instrumentos que sean de una objetividad meridiana", considerando que la española no los tiene. Se queja además la dirigente popular de la escasa repercusión que sus protestas han tenido en ningún otro medio.

Es muy sencillo responder a Cospedal y demostrar que sus palabras son una falacia insostenible en la que sólo pueden creer personajes radicalmente ideologizados, esos que consideran buen periodismo aquel que les cuenta lo que quieren escuchar. Me refiero, naturalmente, a ese modelo de periodismo que realiza una función social similar a las homilías eclesiales, útiles para que quien las escucha se encuentre consigo mismo, con su fe y su tranquilidad espiritual.

Lo sencillo, sí, sería realizar un viaje a la época en que el PP gobernaba y controlaba TVE. Pero más allá de eso interesa detenerse a pensar por qué una mujer inteligente como Cospedal, que a priori lo parece, se mete en semejante jardín sin necesidad alguna.

Todos los estratos del periodismo nacional en los medios privados, tanto aquellos afines a la izquierda como los cercanos a la derecha, coinciden en que tenemos la mejor radiotelevisión pública de la historia. Sin matices. El insoportable control político que ejercieron los gobiernos de Felipe González y José María Aznar sobre los profesionales del ente público, y el que hoy se ejerce en comunidades como la madrileña, la valenciana o la andaluza, ha muerto desde 2004 en RTVE. Baste señalar que quien hoy ha defendido frente a Cospedal a la cadena en la que estaba siendo entrevistada era Esther L. Palomera, adjunta a la dirección del diario La Razón, que no es precisamente famoso por tener gran estima al actual gobierno, o que uno de los mejores artículos críticos con las palabras de Cospedal que se han podido leer lo firmaba Lucía Méndez en El Mundo, del que se puede decir lo mismo.

La mayoría de los ciudadanos están conformes con esa opinión de los profesionales. Así lo responden en las encuestas y así lo demuestran las estadísticas de audiencia, en las que los Telediarios de TVE siguen siendo los favoritos de los españoles para saber qué ha pasado durante la jornada, mientras ciertas televisiones autonómicas se hunden en porcentajes ridículos.

Por tanto, ¿a qué viene esta pataleta preelectoral del PP atacando a la dirección de una cadena que ellos mismos han elegido en el Congreso y que por vez primera no depende directamente de Moncloa? Lo lógico sería que el PP, ante la evidencia y la corriente general, guardara silencio. Es natural que la oposición no quiera reconocer una buena acción de un gobierno, y ante ella lo inteligente en la estrategia política es ocultarla o minimizarla. ¿Cómo? Ignorándola. El problema es que los dirigentes del PP parecen creerse el sistema que aplican sobre los medios públicos en las autonomías que gobiernan. Vaya, que no son tan inteligentes como pudieran parecer.

Cuando se habla del caso concreto de Telemadrid, el más paradigmático de todos, salen a colación dos teorías: que la Comunidad controla la televisión autonómica para utilizarla como difusora de su ideario, como un medio de propaganda; o que la intención del equipo de Aguirre es hundirla para después poder justificar su privatización. ¿Realmente alguna de estas dos acciones tiene sentido desde el punto de vista político?

En el primer caso es evidente que de una televisión de pandereta va a rehuir la mayor parte de la audiencia; tanto la que no comparte esa ideología como la "transversal" que está a medio camino y sólo quiere informarse sin recibir un mítin demasiado escandaloso. De ese modo quedará, como de hecho ocurre en Telemadrid, un porcentaje muy pobre de espectadores: los que ya están convencidos. ¿Votantes ganados? Cero. En el segundo caso: ¿quién va a querer comprar una televisión de ámbito regional, hundida en las audiencias, deficitaria, ideologizada y con demasiada competencia en ese espectro, como Intereconomía o Libertad Digital TV? Probablemente nadie, por lo que la única solución sería echar el cierre y ceder el espacio a "esos otros"; un negocio bastante limitado en el recién llegado mundo de la TDT donde todo está por ver.

¿Conclusión? El Partido Popular se cree su propio discurso, cree que su sistema es eficaz y, lo que es peor, tiene el rostro suficiente como para defenderlo abiertamente. Durante años tanto el PSOE como el PP han creído que la mejor manera de controlar una televisión pública era la propaganda y la asfixia militante. Así, hemos visto (y vemos hoy) televisiones que parecen heredadas de la dictadura: rancias, casposas e insultantes. Una estrategia de comunicación ideada por tipos que seguramente no saben demasiado de este ámbito y que provoca sonrojo, además de ser una forma muy clara de corrupción por lo que significa el uso de dinero público para emitir propaganda. Cutre, muy cutre. Y muy poco eficaz cuando la información fluye por muchas vías de muy difícil control para un ministro, un secretario de Estado o un consejero. Ya quisieran muchos, pero esos tiempos pasaron.

Frente a este modelo, la Corporación de Radio y Televisión Española (o también la Corporació Catalana de Mitjans Audiovisuals) se ha convertido en ejemplo de para qué sirve y debe servir un medio público. En muy pocos años la televisión estatal, a la que aún le queda mucho camino que recorrer, ha pasado de ser la televisión del gobierno a ser un referente de información, periodismo serio e independencia. Se puede matizar si es necesario sostener tantos canales, la política comercial, la contratación de productoras externas o lo adecuado de ciertos programas que aún perduran, como los referentes a la extrañamente conocida como "crónica social". Pero no cabe duda de que, más allá de lo empresarial, en lo periodístico ésta era la televisión que querían los españoles.

Cospedal hablaba de la opinión que pudieran tener los trabajadores de La Casa. Pues bien, hace no demasiado uno de ellos me comentaba que jamás nadie le ha borrado una coma, un punto o una palabra de aquello que su criterio periodístico ha considerado que había que emitir, y mostraba sus dudas sobre si todo eso seguirá ocurriendo tras las próximas elecciones generales. La secretaria general de uno de los partidos que puede ganarlas ya le ha respondido: su intención es volver atrás. Y hoy, cuando en un programa en directo se atrevía a oponerse directamente a un modelo que le molesta únicamente porque escapa a su control y dirección, Cospedal estaba haciendo recordar a Urdaci, "los aplausos a la ministra" y los sábados de chicas en bikini y circo para todos.

Por eso sorprende el jardín en el que se ha metido la inteligente Cospedal. Primero, porque hay que ser muy burro para no darse cuenta de que la manipulación y el control político de los medios públicos ya no sirve de nada, el presente y el futuro es otro. Pero sobre todo, porque hay que ser muy burro para creer que tras esta etapa de luz la mayoría de españoles tolerará una televisión pública antigua, en todos los sentidos de la palabra. RTVE o es independiente, o no será nunca más. No hay posibilidad de marcha atrás.

25/04/2011

Otra absurda polémica

Twitter se vuelve a poner de actualidad, esta vez tras publicar El Mundo un decálogo dirigido a los responsables de los perfiles del PSOE con el que este partido intenta guiar a sus trabajadores o activistas para el mejor desempeño de sus funciones en la red.

Como ya es habitual los diez puntos se han convertido en tema de debate, discusión y polémica, pero lo cierto es que no aparece nada extraño ni escandaloso, ni siquiera interesante. Es una colección de obviedades que nadie que se dedique profesionalmente a la comunicación necesita por escrito. Tampoco nadie con sentido común.

Es importante señalar que el decálogo está dirigido a quienes gestionan las cuentas oficiales del PSOE, no a los militantes con perfiles personales. Es quizá esta confusión la que está llevando a la crítica. Por ejemplo, en el punto 5 se dice que "hay que expresarse de modo personal, pero jamás deslizar opiniones personales". ¿A alguien sorprende que quien es responsable de administrar la comunicación pública de un partido político, una empresa, una ONG, una universidad o una asociación cultural de barrio no pueda ni deba publicar allí sus opiniones personales? ¿Qué valor tienen las opiniones de Margarita Pérez en el Twitter oficial del PSOE, si Margarita Pérez puede tener una cuenta personal con su nombre y su foto en la que expresar lo que desee? Y además, ¿no es el PSOE, con esas siglas, quien está hablando? ¿No se abre una cuenta de un partido para que los ciudadanos conozcan las opiniones de un partido? ¿Cómo distinguiríamos lo que nos dice el PSOE, que es quien nos habla, de lo que nos dice quien pulsa las teclas para transmitirlo, de quien no conocemos ni el nombre? ¿Acaso sigue el PP una política distinta? ¿No es esta sucesión de preguntas algo absurda? Y por último: ¿no es preocupante que la actualidad informativa esté copada por preguntas que no necesitan respuesta?

Lo evidente y lógico es que quien se acerca a lo que el PSOE dice en Twitter quiera conocer la opinión y la postura del PSOE; un partido que, recordemos, gobierna España, varias autonomías y muchos ayuntamientos, lo que haría ilógico que quienes son la voz de la organización ante los ciudadanos planteasen irresponsablemente opiniones que nunca se fuesen a materializar en hechos. Si esto ocurriese estaríamos ante una mentira oficial, con lo que esta crítica al dichoso decálogo nos llevaría a una situación ciertamente kafkiana.

Sorprende más la polémica teniendo en cuenta el punto 7: "responde a todas las menciones posibles y reconoce el desconocimiento en su caso". Es decir, que el PSOE anima a quienes gestionan los perfiles orgánicos -corporativos- a que participen, sean atentos y den la cara. Todo un escándalo intolerable, sí. Como este otro punto en el que de facto se anima a enriquecer la línea ideológica del partido -no la del contrario, claro-: "poner fotos y enlaces externos de nuestros militantes y simpatizantes. A la gente le encanta que citemos a blogs o noticias en lugar de a nuestros argumentarios y notas de prensa. A veces, los demás se expresan mejor que el aparato".

Llama la atención que sobre este consejo nadie haya comentado nada: "respeto fanático a la ortografía: aunque sólo se disponga de 140 caracteres, escribir como en un SMS equipara a los 'hoygan', los analfabetos en internet". Ya que muchos periodistas, directores de diarios incluidos, han olvidado el sentido estético y de difusión cultural que también tiene su profesión, no está mal que un partido político se acuerde de esos pequeños detalles para alegría de todos y necesario sonrojo de muchos.

Por resumir, lo único que sería censurable es que el PSOE o cualquier otra organización política vetasen la presencia de sus militantes en la red o persiguieran su libertad para opinar, cosa que de momento nadie ha denunciado ni puede demostrar; así que estamos ante otra absurda polémica para amenizar el regreso vacacional. Y las que nos quedan.

16/04/2011

Una red de prisas, egos y banalidades

En sus inicios Twitter era mucho menos popular que hoy. Por eso hay algo que ha cambiado desde entonces (y se nota): lo que se comenta allí es más parecido a la realidad social, a lo que piensa la gente; aunque lo que piense la gente a veces desilusione.

De ser una red un tanto elitista (y quizá por ello más útil para según qué cosas) ha pasado a tener representadas a todas las capas sociales, con independencia de su formación o de la temática que deseen tratar. Es esto lo que la convierte en una posible buena experiencia para los políticos, a quienes se les presupone interés por pulsar el ánimo general. Twitter permite encontrarse con lo que preocupa a un ciudadano normal y con preguntas que, tal vez, no nos habríamos hecho solos; y sobre todo facilita que partidos, organizaciones e instituciones coloquen fácilmente su mensaje ante los medios tradicionales, los que siguen teniendo mayor penetración e impacto social.

Muchas ventajas, sí. Una utopía aparentemente democrática con la que no cambiaremos el mundo (a pesar de los mitos) pero que nos acerca buenas posibilidades para jugar con él. ¿Inconvenientes? Han sido muchos los políticos o artistas que han entrado en la red como elefante en cacharrería, con mejores o peores estrategias. Pero es mucho peor la incidencia que puede tener en el futuro del periodismo. ¿Twitter acabará con él? ¿Ya no son necesarios los intermediarios? No, tampoco ese mito absurdo (o deseo interesado de algunos) es correcto. La realidad es más triste: algunos periodistas parecen empeñados en tumbar su trabajo a palazos utilizando Twitter para mostrar, en directo y sin filtros, sus profundas carencias.

Tres ejemplos en un mismo día. El Norte de Castilla anuncia por la mañana la muerte del periodista Manu Leguineche, todo un símbolo de la profesión. Ningún medio reproduce la noticia. Tampoco El Mundo. Sin embargo, su director Pedro J. Ramírez muestra, al "enterarse" en Twitter su pesar por la noticia. El Norte de Castilla la retira, y Enrique Meneses publica a través del mismo medio que ha hablado con la persona que lo cuida y puede confirmar que Leguineche está bien. Es decir: ha contrastado. Es decir: ha hecho su trabajo. Curiosamente, minutos más tarde, y tras rectificar y pedir disculpas, el fundador del segundo diario nacional se hace esta pregunta: "más allá de este caso concreto, ¿creéis que Twitter debe ser una conversación abierta o que sólo debemos difundir noticias comprobadas?" Qué respuesta tan fácil, en tres preguntas: ¿y desde cuándo un periodista puede difundir noticias sin comprobar (o, en su defecto, sin citar fuentes)? ¿Y desde cuando un nuevo medio, llámese telégrafo, llámese radio, llámese televisión, llámese internet, ha cambiado las reglas de la profesión? ¿Y desde cuando comprobar noticias es incompatible con conversar?

El segundo ejemplo surge en la misma redacción. Por la noche, y ante los despidos que pretende realizar Telefónica en España, Pedro J. Ramírez afirma, en un alarde de modernidad, que va a llevar el ipad a la reunión de portada para fijar postura editorial sabiendo lo que se dice en Twitter. Vaya, más moderno no se puede ser en una sola frase. Y esto genera más preguntas: ¿la opinión de El Mundo ante lo que sucede es la opinión que resulte ser mayoritaria entre el porcentaje de la sociedad que está en Twitter? ¿Y ya está? ¿Y entonces de qué sirve comprar un periódico? ¿Ése es todo el rigor y el trabajo que se realiza para defender una postura, como el político que obvia a sus técnicos y prefiere consultar con las encuestas? ¿No sale más barato leer un blog donde hay una persona contando lo que realmente piensa con argumentos sólidos, me parezcan estos buenos o malos? ¿El fin es dar a la gente lo que quiere leer?

El tercer ejemplo lo tenemos en un medio de la competencia. Alguien que tenga en buena estima a Carlos Carnicero debería advertirle: está hundiendo su reputación, él solo y sin ayuda. Ha decidido entrar a Twitter para no aportar nada, insultar a quienes le critican y desbordar prepotencia en cada palabra. Y poco más. Ah, bueno, sí:  presume de hablar sólo de aquello que sabe y, a su vez, de ser "multitarea". O "multitasking", que dirían los modernos como Ramírez. Un mito que tampoco existe.

El caso es que ya ha protagonizado alguna polémica. La primera, cuando anoche en la tertulia de Hora 25 de la Cadena SER se dedicaba, como el niño malo de la clase, a "pasar notitas" en Twitter para descalificar a su contertulio Fernando Berlín mientras ambos compartían micrófono. Berlín respondió en antena y la escena final quedó tan infantil que provocaba vergüenza ajena. La segunda, cuando ha respondido a José Luis Prieto, quien le llamaba requeté, haciendo referencia a "el hijo de puta de tu padre". Formas que parecen poco apropiadas para un profesional y que van construyendo su imagen digital, que suele estar separada de la analógica. Mientras otros compañeros se dedican a comentar la actualidad, él tiene una estupenda cuenta en la que habla de sí mismo y responde a cuestiones... sobre sí mismo. ¿Es culpa suya? Probablemente sí. En la red se recibe lo que se genera, y en cualquier caso no es muy inteligente bajar a la arena con aquellos que impulsan a convertir la presencia en ella en contenido potencial de una mala cadena de televisión.

El buen periodista es aquel que nunca es noticia. Quizá por eso los buenos periodistas entienden que en Twitter no se está porque sea moderno, ni porque sea lo que toca, ni tampoco para venir a imponer viejos egos que aquí se topan con una realidad sin filtros. El buen periodista nunca dudaría si en un nuevo medio hay que romper todo lo que la profesión siempre ha sido. Pedro José Ramírez y Carlos Carnicero son, probablemente, buenos periodistas (qué raro es colocar juntos a dos tipos que no se tienen gran estima), pero quizá no hayan entendido que la red no tiene nada que ver con lo que han conocido hasta ahora. Sin embargo, sí les permite seguir siendo periodistas, si es que es ese perfil personal el que desean desarrollar en Twitter. Y las normas del periodismo, como las del buen gusto, no han cambiado.

Tampoco, por cierto, en cuanto a la importancia de la estética lingüística y la difusión educativa y cultural. La gramática y la ortografía, sí; que parece que sólo se cuida donde hay correctores.

07/04/2011

¿Qué es actualidad?

Está claro que lo más importante que está ocurriendo en estos momentos en España no tiene que ver con el asiento de avión que usan los europarlamentarios. Pero son los ciudadanos conectados -que ni son todos ni son la mayoría, pero son- quienes deciden qué es actualidad. A veces.

Hace un año escribí sobre el gasto de los coches oficiales -u otros medios-, siendo verdad que en muchas ocasiones removemos asuntos aplicando una demagogia extrema: la seguridad y efectividad en los desplazamientos de nuestros dirigentes públicos no es precisamente lo que vacía las arcas. Dicho esto, ni es necesario que Zapatero vuele a mítines en un Falcon del ejército ni es tampoco necesario que los diputados viajen en primera clase. Por ahí van los límites de mi rectificación o aclaración a lo que entonces dije.

Este caso es más llano, más simple, más vulgar: cuando uno no llega a fin de mes para pagar el alquiler del cubo en el que vive y hay representantes públicos que se niegan a congelarse un salario que dobla la "media" y a renunciar al periódico en el avión, puede ocurrir que a alguien se le hinchen los huevos; con perdón. Hay muchos que piensan que la reacción que ayer se produjo en Twitter es populista y desmesurada, que los españoles somos infantiles. Sólo nos preocupa lo estético, nadie profundiza. Es cierto. Pero asusta que podamos deshumanizar tanto el discurso, que nos estemos despegando tanto de la realidad como para no darnos cuenta de que si al común de los mortales se la traen al pairo los mercados financieros y la caída de Portugal es porque nadie habla de ellos. Ellos, los ciudadanos. Pocas veces se leen artículos técnicos en los que nuestros gurús de referencia nos aclaren el impacto real que sobre las personas tiene la actualidad económica internacional. Y visto así, ¿por qué iba a querer el vecino del cuarto ser un experto en estas lides, si mientras otros votan sobre cómo viajar y hablan de conceptos que se le escapan, él está de mierda hasta las cejas?

Los ciudadanos somos culpables activos de nuestros grandes problemas: el padre que animaba a su hijo a dejar los estudios para inflar sus bolsillos en la falsamente eterna gloria de la construcción, o la pareja con niños en carritos que firmaba hipotecas a ochenta años, son todos símbolos de una sociedad que eligió los coches aparentes sobre las facultades, en una fiebre inadmisible de la que algunos, tristemente, se sienten orgullosos. Tanto es así que van a presentarla como programa para las próximas elecciones y las van a ganar. La alternancia se fuerza como sistema cuando no hay alternativa. La alternativa a aquello no existió. Somos un país de tercera a fuerza de convencernos, y de hacer lo imposible por evitar lo contrario. Puede que sí. Pero estamos generando, a raíz de ello, una élite que nos señala con el dedo y nos advierte y recuerda el enorme error por el que hemos de pagar; enorme error que sufren también quienes no participaron de la locura y fueron responsables.

El paro, la factura de la luz y el colegio de los niños son las principales motivaciones de los españoles, pero en neolengua decir esto es demagógico y rojeras, un ejemplo de progresismo trasnochado. Es de tontos indignarse al observar cómo las becas Erasmus -que por cierto tanto han contribuido a la idea, que ya sólo es eso, de Europa- podrían recortarse por falta de recursos mientras otros señores vuelan, fichan, votan y cobran. Y vuelven a volar. En primera. Es de tontos indignarse cuando un grupúsculo de mediocres, bajo las siglas de cualquiera de los principales partidos en España, se dedica a abonar la maltrecha patria con aeropuertos peatonales mientras en voz baja cantan una vieja canción: que no tenemos dinero para la sanidad. Que gastamos mucho. Que somos unos plastas. De primera. Lo dice hasta algún presidente de diputación provincial, esa institución útil, transparente y garante del futuro y la unidad de los españoles.

Sabemos que los Erasmus no se pueden financiar restando comidas a cuatro parlamentarios, y que proponer eso sería idiota. Sabemos que los políticos españoles -no los europeos- suelen estar mal pagados a nivel de Estado, aunque los señores feudales locales, que pueden generar mejores redes de clientelismo y opacidad, no le preocupen a casi nadie y se estén llevando una pasta muerta. Y sobre todo: sabíamos que al ciudadano medio la macroeconomía le quedaba muy lejos, y que no alcanzaba a entenderla; pero el citado vecino del cuarto empieza a preguntarse qué es lo que hay que salvar, si mientras tanto su vida no cambia.

Lo que ahora se conoce como progresismo casposo sólo pretende ahondar en lo que se suponía hace no mucho como fin último de la política democrática: las personas, nos decían. La libertad. Hemos cambiado tanto que nos quieren quitar hasta la del pataleo. Molesta. Quizá, precisamente, porque la actualidad de la mayoría es distinta a la actualidad de ciertos iluminados.

04/04/2011

Primarias en el PSOE: ¿sí o no?

Zapatero cierra una etapa en el Partido Socialista tras dos legislaturas presidiendo el gobierno de España y más de una década al frente de la propia formación: no será candidato en las próximas elecciones generales de 2012. Su decisión lleva aparejada otra: el sistema para elegir a su sucesor serán las elecciones primarias. Así lo ha decidido el todavía Secretario General. ¿Es el mejor de los posibles?

Antonio Cartier ha expresado su postura contraria en un artículo en su blog en el que explica sus argumentos. El principal: la democracia representativa, o indirecta, sirve también para este caso. La Comisión Ejecutiva Federal estaría capacitada -lo está, de hecho- para tomar la decisión y, así, evitar fracturas internas.

He aquí mi respuesta y mi explicación de por qué sí me parece correcta la decisión del aún líder socialista pensando, precisamente, en el bien del partido que dirige.

Siempre he defendido el sistema de primarias, pero regulado y normalizado como procedimiento habitual para la elección de los representantes políticos. Unas primarias fallan cuando se usan para resolver conflictos (es decir, para dar salida a una división previa, como las recientes primarias del Partido Socialista de Madrid), pero por sí mismas no tienen por qué ser la causa del problema. Si unas primarias manifiestan un gran conflicto interno es porque de hecho existe, no porque éstas lo provoquen. Por eso precisamente no sirven para resolverlo (es altamente probable que dos partes enfrentadas antes lo sigan después), sino que se trata únicamente de un método eficaz y limpio para tomar decisiones con independencia de que las cosas vayan bien o vayan mal.

¿Es éste un caso de conflicto? No. Es un hecho natural en el que hay un señor que se va y que tiene que ser sustituido. ¿Qué ofrecen las primarias? Legitimación del nuevo líder (ante la militancia, ante la ciudadanía y ante sus adversarios) o cobertura mediática, por citar dos ejemplos.

Antes de valorar los pros y los contras es importante que los militantes recuerden que la mayoría de los ciudadanos no piensan como un militante. Para ellos, que la CEF decida sería, seguramente, el equivalente a un dedazo. No hay diferencia de percepción entre que el nombramiento corresponda personalmente a Zapatero o que recaiga esa responsabilidad sobre el grupo reducido de personas que forman el liderazgo con él. ¿Democracia indirecta? Sí, es legítima; pero... ¿y si intentamos explicárselo a un votante ajeno a la vida política? Quizá nos sorprenda cómo piensa. La diferencia entre Aznar y Zapatero, o entre Rajoy y su futuro adversario, son las primarias, no que decida la Ejecutiva que ha liderado durante tantos años quien va a ser sustituido (y en la que están algunos nombres de los que suenan para encabezar el nuevo cartel). Socialmente ambos casos resultarían idénticos (y en la práctica, teniendo en cuenta la verticalidad de las estructuras partidistas en España, no le faltaría razón a quien comparase al Aznar de 2003 con ese supuesto Zapatero de 2011).

¿Podría surgir un conflicto en este proceso de primarias por la rivalidad entre dos candidatos y sus seguidores? Sí; pero estamos a un año de las elecciones, así que la proyección de esa rivalidad no llegaría muy lejos Ahora. En el PSOE, militantes, simpatizantes y pontenciales votantes deben ya asumir un pequeño detalle, para que luego no haya infartos por la emoción y la sorpresa: va a haber divisiones y disensiones. Y van a ser muy graves. Son inevitables, con primarias o sin ellas. Hay que partir de esa base. Cuando se va un líder (y más cuando es uno con tanta fortaleza de unidad y consenso; el primero que ha conseguido hacer del PSOE un bloque) se generan tensiones. Este fin de semana se abrió una nueva etapa en la que hay que decidir el rumbo del partido, y eso no son sólo caras, también matices de proyecto: matices ideológicos. Es incluso probable que surjan muchos dinosaurios dormidos a hablar de sus cosas de dinosaurios mientras el resto se ve obligado a escuchar.

Esta división se va a experimentar con toda su intensidad en el posterior Congreso que elegirá Secretario General (para casi nadie debe ser plato de gusto suicidarse en marzo ante toda España, lo que hace pensar que será después de ese mes cuando empezará la chicha), pero está claro que quien gane las primarias tendrá mucho que decir en él incluso aunque hubiese perdido las elecciones. Tal y como están las encuestas el marrón podría ser más o menos colectivo... o de Zapatero, que va a ser el verdadero mártir de la causa.

Pensando en ese agitado Congreso, el proceso de primarias podría tener un efecto positivo: va a generar de origen una nueva corriente amparada por datos numéricos, y eso podría evitar muchos quebraderos de cabeza futuros. ¿Seguro que dan peor imagen unas primarias claramente democráticas que los habituales espectáculos congresuales que los medios desmenuzan con tanto desparpajo? Esto por no contar con el peor de los casos: ¿qué pasaría si decidiera la CEF y, como consecuencia, se produjera un amplio rechazo del elegido, una cuadrilla de militantes se organizara ante la resolución, montara en cólera y empezara a exigir primarias a viva voz, incluso comandada por un líder emergente que asumiera y pretendiera capitalizar ese descontento? Que Zapatero cuente con la máxima aprobación del PSOE no quiere decir que cualquiera de sus cercanos la vaya a tener una vez que se ha abierto la veda, digan lo que digan las encuestas. ¿No sería mucho peor ese escenario que buscar la solución desde la raíz?

Hay quien se atreve a pedir primarias abiertas. Desconozco si el PSOE estaría preparado internamente para enfrentarse a un proceso de esas características (seguramente no), pero no cabe duda de lo adecuadas que parecieron las primarias del PSM, como también lo parecen éstas. Es bueno que la militancia participe, que se ilusione, que note que cuenta; y que la sociedad vea en ella actividad y no un rebaño alineado. Las expectativas de voto de Tomás Gómez no son hoy mejores que antes de octubre, pero tampoco son peores, y ambos datos son relevantes. Un proceso interno no hace a un líder; pero sí puede ayudar a su liderazgo.

Como ya se ha comentado, la percepción de los políticos nunca es igual desde fuera que desde dentro. Hay ciertos datos que demuestran que el hecho de que un partido (sobre todo si es de izquierdas) esté dividido no es malo en su posterior capacidad electoral. Sin ir más lejos, González obtuvo mayorías más amplias que Zapatero con el partido mucho más entretenido y divertido; y por mucho peso que tenga que fuesen "otros tiempos", si la división fuera tan importante hubiese dejado de gobernar desde 1986. A la gente de izquierdas no le suele gustar el mensaje único para lerdos, le gusta el debate y el razonamiento; y, por caer en el tópico (amparado por los resultados históricos) a la de derechas le suele dar igual, sosteniendo una fidelidad de voto casi absoluta, pase lo que pase.

En todo caso, la idea que afirma que los partidos divididos (es decir, aquellos en los que hay debate) pierden puntos ciudadanos empieza a resultar sospechosa. Quizá la enunció alguien con oscuras intenciones. Derribemos el mito: ¿lo que hay es miedo al debate?, ¿miedo a que nos digan lo que no queremos escuchar? Es cierto que en estos tiempos las redes sociales provocan que la parte menos amable de esa lucha intestina quede al descubierto ante cualquiera. Para arreglar eso sólo cabría apelar a la responsabilidad de los militantes, en tanto que uno o dos excéntricos en solitario, por mucho ruido que armasen, no llegarían más lejos de convertirse en anécdota. Aún así, la fuerza de internet es imparable, y con primarias, con congresos o con decisiones ejecutivas los pequeños polluelos se manifestarán. Por suerte, claro.

Por último, uno de los argumentos contrarios a las primarias que nos ofrece Cartier sí me genera cierto pánico: "ellos [quienes forman parte de las ejecutivas] saben más que nosotros, tienen más datos". Esto es una obviedad, claro; y es cierta. Pero ocurre una cosa: utilizando ese argumento podría invalidarse cualquier crítica a cualquier ámbito de poder, porque cualquier líder político sabe más que nosotros, siempre, y no sólo en el fuero interno (orgánico) de los partidos. Alguien podría decir en su momento que Aznar sabía algo que nosotros no para justificar la intervención de Irak; y que había que fiarse de su buen criterio porque para eso lo eligió una mayoría contundente de españoles: para ver armas de destrucción masiva que nunca supimos dónde estaban. Porque no estaban. "Puede usted tener la completa seguridad de que les estoy diciendo la verdad...", afirmaba airado. Así, tantas cosas más. Algún líder regional afirma ahora tener encuestas que le presentan una aplastante victoria electoral en las elecciones de mayo, pero tampoco nadie las ha visto, ni parecen muy creíbles.

En los grandes momentos (y éste lo debería ser para el PSOE) es mejor que todos tengan su pequeña voz, no sea que acabemos confundiendo la democracia representativa con el sufragio censitario. La elección interna de un candidato a las elecciones no resulta comparable a esa otra elección por la que unos diputados determinados eligen a un presidente del Gobierno por algo bastante básico: cuando todos los españoles elegimos a los diputados del Congreso sabemos a quién votarán después como presidente durante el proceso de investidura (la elección más importante de cada legislatura que, previamente, es adornada con carteles en las calles); pero cuando los militantes del PSOE eligen a sus representantes en sus órganos estatutarios no tienen esas cosas tan claras. Lo que eligen es otra cosa, en realidad. Es una posible laguna de "perfección democrática" que a nadie se le debe pasar por alto.

Por terminar, hay que recordar que muchos de los problemas que existen se han generado porque ha habido líderes sin capacidad alguna para leer e interpretar datos (tanto en el gobierno como en la oposición, tanto ahora como en tiempos precedentes); o peor: por no escuchar e ignorar, bien por desinterés, bien por pretendido interés, lo que se les estaba diciendo. Ellos saben mucho, pero un militante de base de cualquier partido... ¿puede estar más cerca de la realidad?, ¿se parece más a un ciudadano? Más fácil: ¿no tienen estadísticamente más probabilidades de acertar varios miles de personas que unas decenas?

En suma: ambos sistemas serían legítimos y democráticos; pero el de las primarias, siéndolo aún más, podría, bien administrado, tener también mayores ventajas estratégicas para el futuro del PSOE.