15/02/2011

Aguirre y Gómez, a lo suyo

En política hay dos maneras de estar "a lo tuyo"; y los medios de comunicación lo reflejan facilitando que los lectores -ciudadanos- tengan unas u otras motivaciones electorales. Dos casos especialmente paradigmáticos se han unido en la Comunidad de Madrid: Esperanza Aguirre y Tomás Gómez.

"Lo suyo" de Aguirre es conocido: el populismo. Este año la presidenta -y con ella todos sus homólogos- tendrá algo más complicado iniciar una escalada de primeras piedras, inauguraciones, cortes de cintas y besuqueos varios ante la entrada en vigor de la reforma de la Ley Orgánica de Régimen Electoral General, que prohíbe este tipo de actos institucionales desde la convocatoria de las elecciones -el 28 de marzo- hasta el día de la celebración de los comicios en mayo. Lo que la ley no impide es estar cerca de la foto que interesa y adoptar las medidas y posicionamientos que caminan en esa dirección.

Aguirre se ha forjado una imagen de "dama de hierro" y, al tiempo, mujer honesta entre un amplio sector social. Esta imagen no deja de ser curiosa cuando el PP de Madrid está salpicado de imputados por corrupción entre personajes no precisamente anónimos: alcaldes, concejales o diputados forman una lista más larga de lo que nadie podría soportar. ¿Nadie? A la luz de las encuestas podríamos decir que en esas circunstancias la presidenta ha salido fortalecida, con un mérito nada desdeñable. ¿Dónde está la clave? Las apariencias importan: y Aguirre sabe dominar la cámara y colocar su discurso como y cuando quiere. Es "lo suyo". Lo más suyo.

De entrada, todos aquellos que son llamados por la justicia tienen que marcharse con la cabeza baja. Es verdad que esto no ocurre en la sección valenciana del mismo partido, pero estamos hablando de Madrid. Y es verdad que este comportamiento público de los populares madrileños parece una medida estética frente a lo que se escucha cuando se apagan los focos; pero incluso siendo así es difícil que la oposición pueda reprochárselo en un debate.

Hay más: la comunicación es todo un arte. Esta semana alguien filtró a la prensa que 10 directivos de Caja Madrid iban a cobrar 25 millones de euros en el marco de un plan de incentivos aprobado en 2007 por el ex presidente Miguel Blesa. Quizá en aquellos tiempos esto fuese poco popular, pero pasaba de puntillas y no se escuchaban toses de fondo. Por si acaso, vaya. Hoy a nadie se le escapa que ver a unos tipos metiéndose al bolsillo semejante cantidad cuando la Caja acaba de recibir 4.465 millones de ayuda a través del FROB es... ¿poco elegante? Aún así, con fondo o sin él no están las cosas para fiestas de este tipo, por lo que cualquiera que se levante y coja la bandera en contra de ese disparate se ganará un aplauso en los bares.

Vista la situación, el PP madrileño ha salido en tromba a formar esa marea crítica, forzando al consejo de administración a anular los millonarios incentivos -decisión que los afectados piensan recurrir-. Primer punto para el gobierno y su líder. Pero naturalmente la cosa no ha quedado ahí: los madrileños saben que las cajas han creado problemas. ¿Cómo los arreglamos? En la Puerta del Sol tienen la respuesta: "despolitizándolas". Teniendo en cuenta que todo lo que sea quitarse políticos de encima siempre vende mucho, y más aún cuando lo dice uno de ellos, la cosa pinta bien para que los ciudadanos acepten, ávidos de sangre que vengue la maldita crisis. Falta una última pregunta: ¿cómo se despolitiza una caja? Mediante su privatización, claro. Y eso es precisamente lo que reclama el Partido Popular de Madrid, que se privatice Caja Madrid. No parece complicado que la nueva base sociológica de Madrid que se ha desarrollado en la última década se oponga fervientemente a privatizar lo que sea; pero menos aún con esta sucesión de hechos tan bien estructurados y contados. Ni Cervantes, oiga.

Y así, con una serie encadenada de gloriosas hazañas el PP madrileño, con Aguirre a la cabeza, ha posicionado su discurso ideológico y ha sumado puntos ante sus propios votantes. Para quienes compartan sus propuestas la lectura podría ser más sencilla: que han hecho lo que tenían que hacer. Es otra opción.

El caso es que Aguirre y los suyos no tienen todo el mérito. El contexto económico y la imagen del gobierno de España ha provocado que su partido, oposición en Madrid, no sea precisamente el primer punto en el que un desencantado del PP quiera recalar; ni anima demasiado a que el socialista abstencionista salga de su casa en un bonito domingo primaveral cargado de ilusión. Pero no crean, resulta que Tomás Gómez tiene una opinión sobre esto de las cajas que quizá a alguien interese: quiere gobernar para garantizar que sigan siendo públicas. Está radicalmente en contra de la propuesta de Aguirre. La pregunta es: ¿cómo anda el PSM de posicionamiento mediático? ¿Es ése el titular que hoy hemos leído; la defensa de "lo público" de su secretario general y candidato?

Pues no, tenemos otros dos titulares estupendos: conflictos sobre la conformación de las listas que llevan a que opositores internos de Tomás Gómez (algunos medios prefieren llamarlos "partidarios de Jiménez", esto queda a gusto del lector) hayan organizado un acto para decir que están ahí.  Por otro lado, dos alcaldes discuten por ver quién la tiene más grande. Uno de ellos apoyó a Jiménez en las primarias, el otro a Gómez. A este último las encuestas lo sitúan con cristalina claridad fuera de su actual sillón, pero su líder ha encontrado hueco para él en la Asamblea de Madrid. No sufre. En cuanto al otro regidor, no está demasiado claro si podrá o no revalidar. Parece que la cosa le pinta mejor que a otros, pero aún así está realmente enfadado con Gómez. Visto esto, ¿qué es para Tomás Gómez o para el PSM "lo suyo"? Parece claro.

Ah, entre tanto la número dos de esta federación del PSOE sigue siendo una ex alcaldesa condenada -que es más que imputada, sí- por prevaricación. Un delito pequeñito, dicen -un nuevo concepto apasionante-; pero delito en todo caso... y en el ejercicio de cargo público; uno de esos que ya no podrá ocupar si se ratifica la sentencia.

Hay dos cosas estupendas que le pueden ocurrir a un gobernante: tener suerte -y Aguirre parece tenerla- y no tener enemigos a la vista. Desde luego, no parece que el PSM vaya a ser un enemigo feroz; y a sus monstruos internos del PP ya los tiene pensando en La Moncloa. Un camino libre para privatizar, si la presidenta quisiera, hasta el aire, que ahora que tiene sustancia seguro que puede colocarse a buen precio.

14/02/2011

¡Qué vuelva Urdaci!

"Todos los políticos son iguales". Una de las mayores falacias de la historia fue convertida un buen día en verdad científica universal. Gracias a ella nuestros representantes menos limpios -que efectivamente los hay de todos los colores- ya no tienen que molestarse en negar que son así; basta con señalar "él también" o "él más" para que sus partidarios aplaudan a rabiar y el resto de los incrédulos ciudadanos no podamos hacer nada más allá de levantar la ceja con gesto de "ay madre mía por favor lo que tiene uno que aguantar"; así muy rápido y todo seguido.

Camps es un buen ejemplo. El molt honorable senyor recibió unos trajes a cambio de contratos públicos y los suyos no lo niegan, sino que lo justifican con un triste "¡si son cuatro trajes!, ¡cuatro corbatas!". ¿Importa demasiado la cuantía por la que alguien decide corromperse? Es verdad que teniendo en cuenta lo pagado a la trama corrupta del bolsillo de los valencianos el presidente se ha puesto a sí mismo un precio muy bajo, pero no está mal tener claro lo poco que uno vale cuando traiciona a quienes lo eligieron.

Hay otro caso en el que algunos buscan desesperadamente la comparación. Desde 2004 el Partido Popular tiene una espinita clavada: la televisión pública. Este gobierno podrá ser el peor del mundo desde que enfadamos a un dios y nos cerraron los cielos, vale; pero la radiotelevisión pública es decente por primera vez en democracia. Lo que no ocurrió con González ni con Aznar está pasando ahora, y por no reconocerlo y justificar así las basuras propias algunos están dispuestos a manchar el nombre de unos profesionales que están actuando como deben, mostrando día a día su independencia del poder.

Ayer unos señores disfrazados -¿es necesario en España?- se manifestaron en la gala de los Goya contra la disposición de la Ley de Economía Sostenible conocida como 'Ley Sinde'. Eran trescientos. La televisión pública lo contó en directo. En su web se podía seguir la llegada de las autoridades, con sonido ambiente y sin narración. Todos escuchamos los gritos de los trecientos. La segunda edición del telediario mencionó la presencia de los trescientos, abucheos incluídos. El Twitter oficial de la casa también narraba esta situación y cómo los trescientos increparon a la ministra que da nombre a toda una ley. Para remate, Carlos del Amor realizó una función que no le correspondía -no estaba haciendo un informativo sino presentando unos premios cinematográficos- y, a su llegada, preguntó a la aludida Sinde por esta polémica.

¿Resultado? Ruido, mucho ruido de quienes gritaban "¡RTVE censura!" ¿Censura qué? Podría explicarlo Esteban González Pons; ese portavoz de un partido llamado a ser gobierno con cuajo suficiente para intentar capitalizar la oposición a una ley que él mismo, con sus deditos, ha votado a favor. No es el único caso, bien lo saben los fumadores. La televisión pública es la espinita, sí. Sin embargo, a pesar de las obsesiones de algunos, ayer donde había abucheos -de, objetivamente, poca gente- se contaba estrictamente eso. Es necesario recordar otros tiempos -¡qué vuelvan!- en los que todos podíamos escuchar, también con meridiana claridad, aplausos a ministras algo raros y antipáticos.

Nunca trescientos tipos manifestándose tuvieron tanta cobertura. Siendo éste el objetivo de cualquier protesta cabe felicitar el éxito; pero mentir y manipular para vestirse con mayor legitimidad o buscar nuevas empatías y simpatías es feo, y no añade demasiado crédito a quien así lo hace. Claro, que ayer algunos denunciaban desde el sofá o mientras paseaban por la Castellana -entiendo que estos últimos sin estar viendo nada remotamente parecido a una emisión televisiva-. ¡Es tan genial la neoprotesta del retuiteo! Y salvaremos el mundo, y cambiaremos Egipto. Ah, no.

Entre tanto, otro señor que criticó la legislación a la que se oponían los trescientos porque le parecía blandita dio un discurso impecable; y los trescientos lo aplaudieron a rabiar. No está mal, porque ese señor tristemente dimitido de su puesto como presidente de la Academia de Cine, Álex de la Iglesia -a quien por cierto esta mañana Radio Nacional de España ha elogiado... y entrevistado-, es el perfecto ejemplo de que no es incompatible defender a los creadores y a los mal llamados internautas, que como él mismo dijo no son otra cosa que ciudadanos. Esperemos que ambas partes tomen nota; porque parece evidente que tienen aún mucho que anotar.

02/02/2011

Cuando la comunicación eres tú

En el mundo del periodismo se presta tanta atención a las formas como al fondo, al continente como al contenido. Todo el conjunto es importante en la política y en la transmisión de ideas de sus protagonistas a los ciudadanos. Bien lo saben los partidos políticos, que invierten cientos de millones en sus campañas; y bien lo sabe también la -genial- compañera Ángela Martín, que hoy habla de un asunto patético.

Ayer Mariano Rajoy fue entrevistado en el canal Veo7 por el director de El Mundo, Pedro José Ramírez. El líder del Partido Popular tiene desde hace meses localizado -con gran acierto- el problema fundamental de este país: el desempleo. Además, afirma tener también la solución para revertir la situación económica que nos conduce a él: que se vaya Zapatero. Vaya, Rajoy dice que la solución es Rajoy. Lo que nunca aclara el mismo Rajoy es qué medidas tomará para la consecución de su objetivo. Dando por hecho que el buen hombre no se dedica a la magia y que su presencia en Moncloa no bastará, existe cierta curiosidad -que se va tornando en inquietud- por conocer sus intenciones como posible gobernante.

Pues bien, en la citada entrevista el futuro candidato tuvo una oportunidad de oro: una espectadora del público le preguntó por el paro entre los jóvenes, con cifras verdaderamente preocupantes, y las medidas que adoptaría el presidente del PP para ayudar a los emprendedores en caso de salir victorioso. ¿Su respuesta? La transcribe el diario Público: "Vamos a ver, eeeh, uuum..." "¿Medidas para crear empleo? Bueno, la verdad es que me ha pasado una cosa verdaderamente notable, que lo he escrito aquí y no entiendo mi letra".

Es notable, sí. Y merece también una notable calificación. Volviendo al primer párrafo: la comunicación es importante, pero más importante es tener algo que comunicar. Lo que más preocupa de la bochornosa escena no es que Rajoy parezca cualquier cosa menos un artista enlazando palabras o eligiendo gestos; sino que ante esa ausencia de maquillaje y oratoria se muestra él mismo, tal como es: descuidado, desordenado, sin ideas, bobo.

Un tipo que quiere ser presidente y es capaz de contestar a alguien que no tiene respuestas a sus propias propuestas sobre el principal problema de España, que no las recuerda y que, además de tener que apuntarlas, no sabe leerlas… ni merece ser presidente, ni merece siquiera estar en política. No es un error, es un desprecio a los ciudadanos y una muestra de incapacidad. Con este equipo el PP debería estar más preocupado y menos confiado de lo que parece mostrar. Y lo que es más importante: todos los partidos deberían asumir que, para salir a la arena, hace falta algo más que una frase hueca que repetir y un par de eslóganes de fondo. Tal vez por eso se haya desarrollado un miedo generalizado a las ruedas de prensa con preguntas. A las ruedas de prensa, vaya.