Hoy el gobierno está haciendo una demostración práctica de como inventarse un conflicto para mejorar el ya sencillo panorama que le ha tocado gestionar. Con la prima de riesgo en casi 400 puntos básicos, el ministro del Interior no ha tenido mejor idea que lanzar al mundo un mensaje de calma sacando a miles de manifestantes a las calles de Madrid. Su jefe, a su vez, ha optado por la opción inversa: esconderse marchándose de vacaciones. Que se note que todo está bajo control. En España sabemos lo que se hace.
![]() |
| Fotografía de Kiko Huesca para EFE. Publicada en ElPaís.com |
Esos son los dos titulares que ahora copan los medios. Ejemplo, a las once de la noche, de la web de El País: "El cierre de Sol extiende la protesta del 15M por el centro de Madrid" y "Zapatero inicia sus vacaciones en pleno ataque de los mercados". Si el Ejecutivo pretende que el partido al que representa obtenga dentro de unos meses el peor resultado de su historia va, desde luego, por muy buen camino.
En la plaza del Sol de Madrid quedaban ya unas decenas de personas en una minúscula acampada. La vida se desarrollaba con normalidad, los comercios realizaban su labor y los turistas podían contemplar el entorno sin que un pequeño chiringuito con cuatro palés amontonados hiciese mayor estrago. Hoy Camacho ha acordado con el alcalde Gallardón desalojarlos y limpiar la plaza, hecho que al parecer está relacionado con la próxima visita papal que tan conmocionada tiene a la ciudad y que tan barata va a salir.
Con o sin intervención divina, el asunto tiene sentido: nadie tenía derecho a estar acampado allí. Dicho esto, regresamos al inicio: es política. En primer lugar, hay que saber elegir los momentos. Esto es algo que aprendió (esperemos) María Dolores de Cospedal después de alcanzar la gloria en el Wall Street Journal. Hoy no era ese momento. En segundo lugar, desalojar un minicampamento no es lo mismo que blindar una plaza y jugar al divertido "el perro y el gato" por las calles de Madrid; porque no se puede sostener mucho tiempo y porque convierte la anécdota en conflicto.
El gobierno ha decidido, con una crisis financiera sin precedentes históricos, volver a sacar a la gente a la calle para, después, cerrar las vías que les permitan concentrarse pacíficamente y marchase a su casa por donde vinieron. Como remate ha enviado a su presunto líder de vacaciones; por calmar los ánimos. Cumbre.
Para explicar todo esto alguien se molestará en redactar discursos con reducciones legales absurdas. Nos explicarán por qué es jurídicamente intachable desalojar a ciudadanos acampados y lo legítimo que resulta que un señor se vaya a Doñana con su familia; aunque el próximo invierno pueda tomarse un descanso permanente y aunque el país que dirige se halle en un impasse crítico. Por desgracia el mundo es más complejo. Es política, también.
Para explicar todo esto alguien se molestará en redactar discursos con reducciones legales absurdas. Nos explicarán por qué es jurídicamente intachable desalojar a ciudadanos acampados y lo legítimo que resulta que un señor se vaya a Doñana con su familia; aunque el próximo invierno pueda tomarse un descanso permanente y aunque el país que dirige se halle en un impasse crítico. Por desgracia el mundo es más complejo. Es política, también.
Dentro de ella, es de suponer que el siguiente paso sea que el candidato socialista a las próximas elecciones, Alfredo Pérez Rubalcaba, afirme que tiene propuestas para simpatizar con los indignados y que, de hecho, él está indignadísimo. Lo complicado será que a lo largo de la próxima década alguien tenga a bien tomar en serio cualquier cosa que tenga que ver con su partido. Al menos parece difícil.
Y lo que viene es Mariano Rajoy, en efecto. Lloremos ahora, que todavía es gratis.

Te van a dar una explicación estupenda y muy preparada, pero efectivamente no servirá de nada.
ResponderSuprimirMás allá del submundo en el que han penetrado los políticos de este país la realidad sigue su lenta evolución, esa larga cadena de hechos consumados en donde una buena explicación no modifica la realidad empírica.
Cuando uno empieza a vivir en su discurso y no en el mundo real está muerto, porque no vive, interpreta un papel.
Un saludo.
Vientos de fronda me llevan, vientos de fronda me arrastran.
ResponderSuprimirEso cantaba el pueblo parisino (la "Fronda", más conocida como honda, sí, la de tirar piedras, aunque también fue el nombre de aquella revuelta ciudadana) varias décadas antes de que empezaran a cortar las cabezas de los nobles.
Así es la vida. Y la Historia.