07/06/2011

La acampada no es la noticia

Las noticias no son como la materia: ellas sí se crean y se destruyen. Gadafi pasó sus días de gloria y ahora espera en un segundo plano a que alguien mañana, dentro de un mes o dentro de un año anuncie desde la Casa Blanca su derrota. Pasó también el interés en sus hermanas revoluciones árabes, y poco sabemos por los medios de nuestro país de lo que ocurre en la central japonesa de Fukushima, a pesar de haber sido tema de conversación único durante varios días. Vivimos en la era de la información novedosa, la información de las modas, donde todo sube y baja tan rápido como la espuma.

La acampada en Sol está ahora sufriendo esa consecuencia de la velocidad y la superficialidad tan propias del siglo XXI. Pero a diferencia de Libia, Egipto o el debate nuclear, lo que ocurre en este momento en Sol sí es objetivamente irrelevante y por tanto no merece atención periodística.

Fotografía: J.J. Guillén (EFE), vista en 'La mesa de luz' junto a otras imágenes de las concentraciones en la Puerta del Sol de Madrid. 17/05/2011.

El llamado "movimiento 15M" se fraguó entre ese día de mayo y el 22, cuando se celebraron las elecciones municipales. Miles de personas salieron a la calle no porque tuvieran un camino común (ser de izquierdas, ser de derechas, ser ecologistas, ser liberales...) o un objetivo común (la proclamación de la República, decapitar a Zapatero, invadir Marruecos...) sino porque tenían un origen común: estaban indignados. Y de allí fueron saliendo otros movimientos paralelos que, frente a las visibles lonas de la céntrica plaza madrileña, eran (y son) lo realmente interesante de este fenómeno.

Interesante, especialmente, para que tomen nota los actores de la presente política institucional. Cosechará un notable éxito quien tenga la capacidad de asumir las propuestas positivas dándoles una salida racional y, al tiempo, de rechazar los disparates explicando con habilidad por qué lo son. Ambas cosas, a su vez, sirven para tapar los aprovechamientos populistas que pretenden capitalizar un descontento popular que existe, ya sea en una plaza o en un sofá, y que finalmente se acaba expresando en la legítima voz de las urnas.

No es el fin del mundo, ni la razón para que ningún partido se refunde y queme sus sedes como si todo lo que ha hecho hasta ahora no fuese válido; es solamente una oportunidad para corregir elementos a todas luces negativos que no deberían desaprovechar quienes acaban de sufrir un severo correctivo electoral o, por qué no, quienes pueden convertirse en un referente político victorioso para la mayoría de los españoles en este nuevo cliclo. A unos, eso sí, les corre más prisa que a otros ser receptivos, sensibles y empáticos.

Es muy simple, basta con ojear el reparto de concejalías que surgirá este sábado cuando se formen las nuevas corporaciones o lo que decían y dicen las encuestas sobre asuntos muy concretos. La indignación poco tiene que ver con comisiones para discutir sobre el aire; la indignación recorre España, especialmente entre quienes votan a una determinada opción política, y necesita respuestas y quien las canalice. Algunos se sorprenden ante ciertos estudios sociológicos que afirman que los votos de PxC proceden, principalmente, de antiguos votantes del PSC. ¿Se han vuelto locos? No exactamente. Ése es el problema.

Las plazas, efectivamente, ya no son noticia. Cuando se habla del "futuro de la acampada" se tiende a afirmar que éste es el "futuro del movimiento", cuando lo uno nunca fue lo otro. Era un error decir que las 20.000 personas concentradas en Sol aquel fin de semana "de reflexión" eran unos 'perroflautas' que habían salido a la calle a decidir elecciones, pero son estos últimos los que siguen ahí, debatiendo sobre cómo debatir, pretendiendo arreglar el mundo por unanimidad y jugando durante unos días a ser revolucionarios. No importa, y está claro que deberían irse. Lo preocupante es que ésa es la fotografía que algunos pretenden colocar en las portadas para difuminar el paisaje de algo más profundo, conduciendo a pensar que el estallido finalizará con la limpieza de baldosas y paredes y la vuelta al silencio. Una distorsión interesada de la realidad, porque Gadafi sigue ahí aunque no se hable de él, la 'primavera árabe' no ha llegado a su invierno y el uso de energía nuclear es una polémica sin resolver.

El ruido se está ya gestando en otras partes, y los que dormían y duermen al raso nunca fueron el foco. Ni siquiera la rosca de la bombilla.

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