10/06/2011

¿Dónde está la gracia?

El panorama mediático es desolador. Los grandes periodistas ya no son transmisores y analistas de la realidad, sino meros agentes de partido que repiten consignas impropias de un profesional. El cuarto poder es, en realidad, una pata más del resto de abstractos poderes que nos gobiernan. Salvo gloriosas excepciones el viejo periodismo ha muerto en favor de un espectáculo paupérrimo y degradante.

Esto ya lo sabemos. Pero donde se hace especialmente patente es en la televisión; ese medio, ahora digital, que penetra en nuestras conciencias dejándolas vacías de crítica y responsabilidad. Los grandes problemas sociales no existen en esa pantalla y, cuando son manifestados, pretenden únicamente reflejar un pequeño y sangriento teatro.

Los medios audiovisuales no son sólo periodismo y contenidos periodísticos, también (o sobre todo) son entretenimiento y espectáculo en su estricto sentido, aunque sean muchos los espectadores que no los distingan (porque no es fácil).

Ni unos ni otros contenidos están separados de la línea editorial que dicen tener (y tienen) las cadenas. Hay medios de izquierdas y otros de derechas, y sabemos cuál es cuál sin necesidad de presentación. Pero unos y otros actúan de manera muy distinta en este mundo de periódicos digitales y TDT. Son conocidos los que, desde posiciones extremas de la derecha, se han dedicado a la propaganda, la manipulación y la invención conspirativa. Frente a ellos están los medios replicantes.

Intereconomía, uno de los jóvenes pero ya clásicos en esto de la agitación catódica, pide dinero desde hace unos días a lectores y espectadores para sostener su actividad. Nadie dijo que producir y emitir humor durante 24 horas fuese barato. Hablan de contribuir a la ciencia, las artes... (en serio) y de sostener su independencia frente al terrible acoso del gobierno socialista (terrorista y todo lo demás).

Frente a ellos, La Sexta ha lanzado su propia contracampaña en clave de humor. Es decir, de más humor. Un "save the fachas", dicen ellos, que consiste en coger una hucha para, micrófono en mano, recaudar fondos en favor de sus "colegas".

Este ejemplo sirve para una reflexión más profunda. Se habla mucho de la carencia de ideas en la izquierda. El modelo neoliberal se acaba de estrellar y los partidos de derechas que lo pregonaban son los que barren en las elecciones. Existe una evidente incapacidad de la socialdemocracia (y amigos) para responder con ideas serias y solventes a los problemas y retos del mundo. Vaya, de los ciudadanos. Pero es que los medios afines no están mucho mejor. ¿Intelectuales de la izquierda? ¡¡Dónde!!

Mientras unos lanzan sus soflamas, agitan a sus masas (unas más pequeñas, otras menos), montan manifestaciones, difunden bulos, llaman a la violencia verbal o física contra determinados sectores de la población o pretenden conculcar derechos fundamentales, los medios equivalentes de la izquierda se dedican a darles coba y reír sus gracias. Es decir: a difundir su mensaje.

Con ese fin nació, por ejemplo, El Plural. Todo el mundo sabe qué es Libertad Digital y quién lo edita. Todo el mundo sabe quién fecundó a su hermana radiofónica, esRadio. Y la Cope, predecesora de aquel engendro. Pero, ¿qué sabemos de El Plural? Nada. ¿Y si decimos Sopena? Entonces sí. Es conocido un tipo que los sábados se enfada mucho y da gritos calificando de facha a media España en una televisión... en una televisión. Otra televisión. Muy bien. Pues sí, ese señor fundó un medio para enlazar otros medios y decir que son malos. Aún peor: se trata de periodistas hablando de periodistas y elevándolos a la categoría de noticia, justo lo contrario de lo que indican los más básicos fundamentos de ese noble trabajo.

La Sexta sigue el mismo modelo, quizá porque nadie ha pensado que para saber lo que opinan César Vidal o Cuca García de Vinuesa cualquier espectador o lector sensato prefiere escuchar o ver al original. A esto hay que añadir que son muchas las veces en que las bromas acaban en dramas.

La gran lección de Iñaki Gabilondo, aún no aprendida, está recogida en su libro 'El fin de una época' (un gran y recomendable manual de periodismo para futuros periodistas): Losantos se convirtió en "alguien" cuando el entonces referente de la SER cayó en sus provocaciones y respondió en antena. Ahora eso no importa, porque la legión nacional ya tiene nombre propio.

La izquierda sigue empeñada en que eso es lo importante, en lugar de construir una alternativa, un discurso propio y, por cierto, un modelo periodístico y mediático de calidad, independiente, coherente (¡cielos!) y comprometido. Comprometido con algo más que hacer chistes insulsos sobre unos tarados a los que les falta el tanque y la mantilla. Comprometido también más allá de las noticias, a menos que los reportajes sobre mujeres ricas y grandes casas sean el impulso social esperado de una cadena acusada de ser el tenderete de Zapatero.

Hay que señalar una gloriosa excepción: su hermanito escrito, Público, lo hace bastante mejor. Su contribución a la carcajada es de cosecha propia.

Esas personas de las que las actuales izquierdas mediáticas se ríen y a las que citan constantemente han montado medios de comunicación que están en proceso de crecimiento, a los que miles de personas acuden en actitud de misa diaria. Personas apoyadas por tipos que controlan multinacionales, tienen colegios y universidades privadas (y una buena dosis de presencia en las públicas) y editan libros infundiendo odio (¡curemos a los enfermos homosexuales!) y difundiendo mentiras (¡Rubalcaba es un asesino que organizó el 11M!). Esa gente es, en definitiva, la derecha. La derecha que en muchos lugares acaba de doblar en votos a sus oponentes. La de Anglada, el héroe homólogo en tierras catalanas que arribará mañana a los ayuntamientos. La de Albiol, también. La derecha que en Santoña gobernará con unos simpáticos que se hacen llamar Movimiento Falangista, mientras en la tercera ciudad de la Comunidad de Madrid, Alcalá de Henares, un concejal responderá a las siglas de la ultraderechista España 2000. La derecha, sí.

La derecha a la que muchos creen y escuchan.

Caben dos preguntas: ¿dónde están las ideas y las alternativas de la izquierda en los medios? Y, sobre todo: ¿qué es tan gracioso? ¿Dónde está la gracia?

Es posible que la izquierda política pierda elecciones por estar más obsesionada con la derecha que con la realidad de los ciudadanos que confiaron en ella. Es posible que a la izquierda mediática le ocurra lo mismo.

2 comentarios:

  1. Quizás peco de excesiva ingenuidad, pero quiero pensar que esa derecha que describen y ridiculizan algunos medios (en ocasiones también exageradamente sesgados) de la izquierda, es más minoritaria de lo que parece, aunque sea mediáticamente muy visible.

    Si Losantos, Vidal, schlichting o de Prada se pueden considerar un fiel reflejo del partido que gobernará el país dentro de unos meses y que hoy ya gobierna en la mayoría de comunidades, pues es como para salir corriendo. Pero no lo son.

    Los medios de la izquierda tiene bastante responsabilidad en esto, han jugado mucho a dar visibilidad a estos tarados minoritarios por aquéllo de que "nos interesa cierta tensión", y si se trataba de descalificar al PP, eran un blanco fácil, aunque también es cierto que los medios de la derecha no hacían precisamente mucho por quitarse esa capa de caspa.

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  2. Estoy de acuerdo contigo: es evidente que el PP no es lo que aparece en Intereconomía (aunque lo que aparece en Intereconomía sí esté en el PP). Pero la incapacidad de los medios de la izquierda para crear algo propio, tener una identidad y dejar de publicitar psicópatas es ya desesperante.

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