17/05/2011

El argumento y el voto: democracia real

El pasado domingo día 15 miles de personas se manifestaron en defensa de lo que llaman "democracia real". Afirman luchar contra "políticos y banqueros" que utilizan a las personas como "mercancía". Tras ella, se han generado en diversas ciudades españolas acampadas de protesta, siendo la más significativa la que anoche desalojó la policía en la Puerta del Sol de Madrid por no estar legalmente convocada. Y hasta aquí los hechos.

Ahora, varias consideraciones. ¿Tiene fundamento la protesta? Con uno de los paros juveniles más altos de Europa (y de más allá) y casi cinco millones de parados totales (según los datos de la EPA) lo raro, lo extraño, lo sorprendente es que nada se mueva. En esto coinciden tanto la izquierda ciudadana como la derecha mediática, esa que anima a los españoles a protestar para desestabilizar al gobierno y luego ridiculiza cualquier acción en ese sentido.

¿Quiénes son los acampados y a quién deben preocupar? Hay algo en lo que coinciden grupos tan dispares como Intereconomía o gran parte de la militancia del PSOE: quienes han acampado en Sol no son más que un grupo de "perroflautas". Los de siempre. Los que irían a gritar a cualquier sitio contra casi cualquier cosa. 'Antisistema', decía Esperanza Aguirre. Y probablemente lleven razón y sea ese el perfil de los organizadores. Pero con un matiz: ahora sí tienen apoyo social. Ayer en Sol se paraban a firmar su manifiesto jóvenes de todo tipo, señoras que afirmaban ser amas de casa con hijos licenciados en paro o funcionarios (por ejemplo) que decían haber votado al PSOE y estar arrepentidos. Ese es el problema, no los acampados. Así que hay motivos para que alguien en Ferraz se preocupe, porque si bien quedan pocos españoles dispuestos a pasar una noche al raso, sí hay muchos que el domingo 22 darán la espalda a su voto tradicional. Esto servirá para que el PP barra en las elecciones, pero de poco vale ya que Zapatero patalee por ese voto del miedo. Nunca ese voto ha servido tres legislaturas consecutivas. Nunca el voto de la izquierda ha sido barato de conseguir. Y lo más básico: en política y en democracia la culpa nunca es del votante, que parece ser el patético mensaje que ahora se quiere lanzar. Quizá los socialistas hayan entrado en una fase de alejamiento de la calle, indicativo claro de cualquier fin de etapa. Lo inteligente por su parte sería ser sensibles a este tipo de acciones, por poca importancia que quieran darle o que puedan llegar a tener. Sus votantes potenciales no admitirán chulería en este punto por muy tirados que parezcan los chicos con rastas.

¿Han sido estas convocatorias un éxito? Como comentaba Escolar, montar en tres meses una movilización sin el apoyo de ningún aparato existente y sacar a unas 130.000 personas a la calle en toda España es sin duda un éxito. Ni sindicatos, ni asociaciones de víctimas, ni partidos políticos han acariciado esa cifra últimamente.

Esto que en el PP llaman perroflautismo (que les encanta porque efectivamente sirve a sus intereses) y que en el PSOE dicen, en palabras de Barranco, que "le hace el juego al PP" (como si al ciudadano le importase demasiado esa disyuntiva partidaria en torno al sillón del citado señor, o la vieja teoría dual de la pinza que pretende que no haya vida ideológica fuera de los dos polos conocidos) no es más que la demostración de que hay una gran masa desencantada. Precisamente la razón más básica para abrir la reflexión en el seno de los partidos (no sólo el PSOE) es que, si esto está ocurriendo, y si ocurre al pie de unas elecciones (conspiraciones aparte), es porque ellos no están canalizando las aspiraciones sociales.

El asunto es que la movilización es apática y no plantea nada tangible; ya sea por falta de referentes o porque han llegado a la inevitable fase (incorrecta, pero inevitable en este contexto) de "todos son iguales" y "el mundo es una mierda". Hecho que nos lleva al siguiente punto.

¿Qué pretende lograr la protesta? Pues esta es la gran pregunta y también el gran defecto de la misma: es aire. Si uno lee el manifiesto puede estar de acuerdo en muchas cosas. ¡Cómo no estarlo!: "las prioridades de toda sociedad avanzada han de ser la igualdad, el progreso, la solidaridad, el libre acceso a la cultura, la sostenibilidad ecológica y el desarrollo, el bienestar y la felicidad de las personas". Casi cualquiera puede compartir una máxima tan bonita. Pero no llega más allá. Esa crítica, que ayer planteaba Roger Senserrich o ahora Javier Maján, es la más importante: nadie lucha contra el infinito vacío. ¿No queremos paro? Naturalmente. Pero el paro no es un señor contra el que manifestarse. ¿Queremos nueva ley electoral? Para estar de acuerdo en modificar la actual hay que saber exactamente en qué consistiría esa reforma. No, nadie apoya a un grupo organizado a ciegas. Se necesita un objetivo y que sea realizable.

Ayer en Sol algunos de los acampados insistían en que no les ampara ningún partido u organización, que son gentes de izquierda y de derechas, anarquistas o apolíticos, creyentes o ateos, ecologistas o liberales. Pero entonces, ¿qué hacen ahí?

Más preguntas organizativas: ¿han cometido errores? Básicamente, dos. El primero es enfrentarse directamente a los medios de comunicación (ayer profesionales de Antena 3 y Telecinco fueron abucheados, o se acusaba a Ana Pastor, que la pobre es muy recurrente en estos casos, de censurar las protestas). Aunque hay quien sigue pensando que una reivindicación puede basarse únicamente en la acción en la red, esto es absurdo. Una absurda moda. Bautizar a las revoluciones en Egipto o Túnez como "revoluciones de Facebook" denota una ignorancia de amplio calibre (como lo es comparar la situación de ambos países, la "heroicidad" de los que protestan o la plaza Tarhir de El Cairo con la del Sol de Madrid). Pero ni siquiera en España, donde la tasa de conectividad es mayor, se puede cambiar nada en Twitter. Este es un lugar estupendo para organizarse, pero la acción real necesita gente en la calle, con sus cuerpos enteros y (de nuevo, insisto) razones para estar enfadados y objetivos contra los que centrar ese enfado. Los medios de comunicación tradicionales (que lo son también del presente) son imprescindibles para llegar a todas las capas sociales, y nunca un enemigo. Hay pluralidad suficiente. Cosa distinta es que algunos piensen que un periodista es independiente e imparcial cuando cuenta lo que ellos quieren durante el tiempo que quieren; un concepto curioso de independencia.

El otro error es dejar que personajes que no son anónimos tengan algún tipo de protagonismo. Y sí, me refiero al famoso Willy Toledo. Esto entra dentro de lo anterior: la batalla de la comunicación. Algunos van a estar encantados de resaltar cualquier ápice de violencia o símbolo negativo. Cuando 15.000 personas se manifiestan pacíficamente y la noticia son 30 tarados destrozando el mobiliario urbano hay que desvincularse inmediatamente de ellos (como de hecho hizo la plataforma). Cuando dices que no estás casado con nadie pero permites que un famosete con una clara vinculación ideológica suelte un discurso megáfono en mano has muerto en la batalla. Ya estás etiquetado, y la etiqueta, en España, es el fin de casi todo. Por muy abierta que fuese la asamblea allí montada y por mucho que el actor de marras sea también un ciudadano con derechos, alguien debería haber sido lo bastante hábil como para pedirle previa y educadamente que se mantuviese en un segundo plano para no dañar al conjunto.

La protesta seguirá. No sabemos dónde y cuándo va a acabar, ni si tendrá o no incidencia electoral (en realidad no pide el voto para nadie), pero existen fundamentos objetivos para que el ritmo, una vez iniciado, no decaiga. Ahí fuera hay demasiada gente perdida, y estos pueden ser los dogmas de fe que les saquen del letargo siempre que alguien los acabe canalizando políticamente (ése sería el éxito), con vías democráticas y (sí, lo diré otra vez) propuestas y argumentos concretos que queden plasmados en un papel real.

Precisamente por ello, y a raíz de esta corriente, nos encontramos en un buen momento para que entren en juego los choques de ideas. Desde el inicio de la crisis se están enfrentando varios grupúsculos con simplezas tan básicas que asustan. Véase: el PP dice que el PSOE tiene la culpa de todo y que ellos lo arreglarán con magia, el PSOE que la magia del PP es en realidad negra y que cuando se haga con el poder acabará con el mundo conocido, IU que ellos son los buenos, que parece mentira que nadie se haya dado cuenta y que subiendo un par de impuestos y aprobando un par de leyes que nos obliguen a ser buenos esto será maravilloso, UPyD que son distintos, Los Ellos que han venido a romper el feo bipartidismo que seca los campos y manantiales haciendo, en todo, todo lo contrario a los tres anteriores. Y al margen, y a veces mezcladas, van creciendo ideas también genéricas en pack integrado contra aquello que se mueve, vaya en la dirección que vaya.

Hemos llegado a un punto en el que el hueco para la argumentación muere poco a poco. Los representantes políticos o de movimientos políticos dan órdenes a los ciudadanos: "vota PSOE", "vota PP", "no les votes", "no votes"... pero pocas veces se ofrecen razones para decantarse por una u otra opción. Y no, una exposición de motivos no sirve de nada: ojos en la cara tenemos todos. Que sepas de la existencia de 5 millones de parados y repitas que te da mucha pena no anima a votarte ni a seguirte a ninguna parte.

Lo más dramático es que existe un denodado interés en matar la política, convertirla en un enemigo y ceder todo el espacio al populismo vacuo, cuando la política nunca ha sido el problema, sino el medio democrático por el que debemos cambiar aquello que objetivamente no funciona o es injusto mediante la participación de la mayoría y la integración de las minorías. Si no van a ser nuestros referentes sociales y parlamentarios los que den el paso y renieguen del estilo que está empujando a la sociedad al desencanto, serán los radicalismos ahora semidormidos los que pidan la entrada. La ultraderecha xenófoba y populista ya es decisiva para las decisiones gubernamentales en países tan ejemplares como Finlandia o Dinamarca, y una líder del mismo corte está entre las favoritas de los franceses para pasar a una segunda vuelta de sus elecciones presidenciales. ¿Qué hace pensar que el comportamiento electoral y social en España no acabará siendo igual? ¿Nuestra historia? ¡Cielos!

Cuando los ciudadanos necesitan respuestas hay que dar respuestas. Cuando los ciudadanos exigen cambios hay que cambiar. Abramos la veda: ¿cuáles son los verdaderos problemas sociales, económicos, administrativos y políticos de España? ¿Qué soluciones vamos a aportar? ¿Qué ley electoral conviene al interés general? ¿Qué competencias debería tener cada institución? ¿Monarquía o República? ¿Federalismo o centralismo? ¿Es el contrato único una vía para acabar con el paro? ¿Por qué municipio de España debería pasar un tren? ¿Nucleares sí o no? ¿Qué asfixiaría a los corruptos? Todo es discutible, por supuesto. Y lo más importante: ¿seríamos capaces de debatir estas cuestiones sin llamar idiota al oponente, sin etiquetarlo, sin creernos en posesión de la verdad absoluta y sin citar el nombre de un sólo político (por no hablar de Godwin) como argumento de debate?

La democracia debería preocuparnos. Enriquecerla, fortalecerla. La vía es esa: la del voto, no la del "no voto". La de las instituciones, la del debate, la de la formulación legítima de mayorías. Dignificar la acción pública y no bombardearla. Lo intentaremos. ¿O no? Depende de aquellos a los que se ha cedido esa responsabilidad: quienes están en los parlamentos. Y también, claro, de los que estamos en la calle.

9 comentarios:

  1. En el artículo dices muchas cosas, y espero haberlas interpretado todas bien.

    Supongo que cuando dices que la política nunca ha sido el problema te refieres a la política que nunca ha habido. Con lo cual si dices que la política nunca ha sido el problema supongo que podría sustituirse por "la clase política actual ha sido una de las principales responsables de la situación actual".

    Si se afirma que la calidad democrática de España es mejorable, y acto seguido se dice que la política nunca ha sido la responsable, supongo que cuando hablamos de la calidad democrática hablamos de la calidad democrática de nuestro sistema político.

    Luego está el tradicional tema del perroflautismo, Willy Toledo, y Roger Senserrich asustado por los hippies piojosos.

    Atarle un candado al cuello de Pastor Alemán me parece de muy poco gusto, Willy Toledo está pasado de vueltas desde tiempos que ya nadie recuerda, y a Roger Senserrich me gustaría invitarle a un café, pero como me dijo una vez alguien a quien aprecio mucho, lo importante en esta vida es ser coherente con uno mismo, y que no hay nada más triste que estar en política para lamerle el culo a los demás (es una reflexión genérica que, sobra decirlo, no va por ti).

    Que quiero decir con esto?, lo que quiero decir es que me preocupa que se use el perroflautismo como biombo para esconder lo que, más que preocupación antisistémica, debería ser más bien preocupación básica para cualquier pro-sistema ver como el mismo sistema se está corrompiendo hasta niveles dificilmente sostenibles.

    Me preocupa, evidentemente, que solo cuatro chicos con rastas se reunan en una plaza a cagarse en Emilio Botín, y no lo haga el padre de familia de 55 años, padre de dos hijos metido en colegios públicos, con una hipoteca y un coche pagado mediante renting y un puñado de acciones en Endesa.

    Alguien podría pensar que la voluminosa clase media española debería buscar soluciones inmediatas a su solución personal, y que lo que hagan las instituciones con su dinero, como se compongan las listas electorales o el cumplimiento o no de los programas de los partidos, debería basicamente resbalarle por todo su fisonomía.

    Desde mi punto de vista me parece alucinante que solo nos fijemos en cuatro rastafaris, y que ningún padre de familia, tendero de la esquina, pequeño autónomo dedicado a la arquitectura o incluso pequeño empresario responsable de 50 empleados, no considere la oportunidad de reunirse con sus conciudadanos y decir basta ya ante tanto despropósito.

    ¿Es exigible solo una basta concentración humana cuando existen motivaciones absolutamente precisas?, yo diría que no.

    Existen múltiples razones por las cuales este tipo de manifestaciones públicas pueden no congregar a más gente. La poca concrección de la reclamación puede ser una, pero yo veo otras importantes, como que el populismo ramplón e insustancial también ha prendido en parte del electorado, y que efectivamente este tipo de manifestaciones sufren carencias organizativas, como bien mencionas, con respecto a su relación con los medios de comunicación o la poca porosidad de su convocatoria.

    (...)

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  2. Pero todas me parecen importantes, y la tradicional pasividad de una clase media española, yo diría que completamente inconsciente de lo que se nos viene encima (y solo así se explican ciertos resultados electorales) es una razón fundamental.

    A mi no me preocupan especialmente lo que digan los llamados "perroflautas", a mi lo que me preocupa es que el resto de los ciudadanos no se escandalicen ante los constantes abusos de poder que se están cometiendo, completas ilegalidades, reformas antisociales con poca o ninguna base (como ya se ha explicado en alguna ocasión) y que afectan directamente a los ciudadanos, y precisamente más a los que pagan religiosamente sus impuestos, y no particularmente a los que tocan la guitarra en el metro por unas monedas.

    La desarticulación de la capacidad de movilización reivindicativa en los países más desarrollados se da en todas partes, y se ha escrito largo y tendido sobre ello, y eso no signifca que las cosas no estén circulando ya por derroteros peligrosos y por lo tanto tampoco significa que precisamente el poco o mucho poder de convocatoria de las manifestaciones de estos días sirva de baremo para constatar que las cosas vayan mejor o peor en nuestro país.

    Creo que hay pocas personas más pro-sistémicas que yo, pero creo que también debe haber una clara hilación entre las instituciones y la legitimidad política que se le supone, así como la búsqueda del bien general que entiendo intrínseco a la actividad política.

    Entiendo que estas condiciones en España se están diluyendo como un azucarillo en un vaso de agua, y si estuviera en Madrid, yo me acercaría a la Plaza del Sol y me manifestaría, en mi pequeña porción de asfalto, libre y pacíficamente, sobre lo que considero un insulto constante a la dignidad y el respeto que se le debe a los ciudadanos de este país, con el miserable trato que se le da a las instituciones nos hemos dado entre todos y la falta de sinceridad y transparencia que yo exigiría a mis representantes públicos, a los cuales se les remunera con el dinero que en parte pago con mis impuestos.

    Que con el dinero de los impuestos de todos algún Ayuntamiento pretendiera construir una copia de la Puerta de Brandemburgo con el dinero del Plan E es razón más que suficiente para que esta noche decidiera darme un paseo por la Puerta del Sol.

    Desde mi punto de vista el sistema político español es profundamente mejorable, y el eslogan que reclama una "democracia real", no me parece, al fin del acabo, tan desencaminado.

    Un saludo.

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  3. PD: Perdón por la patada de algún tiempo verbal mal utilizado, algún artículo que me he cepillado alegremente, y alguna barbaridad más.

    No he cuidado el redactado del rollazo este en absoluto. Soy un desastre.

    Un saludo.

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  4. No te ha quedado tan mal. ;)

    Estoy de acuerdo en muchas cosas: cuando digo que "la política nunca ha sido el problema" quería decir, quizá mal expresado, que "el sistema nunca ha sido el problema". A lo que hay que añadir, claro, que sí lo ha sido el modo de desarrollarlo y, por extensión, quienes se han encargado de ello.

    Hecho el matiz, no tengo mucho más que añadir.

    Un saludo.

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  5. Querido Jorge:
    ¿para cuándo un periódico al que pueda suscribirme?
    Probablemente, como en aquella serie de cortos, "nos sobran los motivos"; a unos y a otros. A los que estén en Sol y a los que estemos en la Luna. Lo triste es que pasado el día 22 nos quedará un Madrid con más Gallardón y más Esperanza.

    Curioso que esta llamarada del anti voto se haya producido a una semana de las votaciones, en completa coincidencia con la estrategia del partido que lleva toda una legislatura "trabajando en ellu", en el alejamiento de las urnas del voto contrario, ya que conoce que su electorado es totalmente fiel y votan como maquinitas.

    Como hombre que soy -y según se dice de nosotros, somos incapaces de hacer a la vez dos cosas- procuro separar ambas por completo: de ahí que mis muchas cavilaciones, reflexiones, críticas y enfados las hago casi a diario; pero el día de la votación no hay quien me pare: ese día me pongo de fiesta y voy a votar; ese día sólo elijo.

    No tengo bola de cristal, pero me da que pasado el 22 habrá pasado el furor reivindicativo, que el movimiento de la indignación habrá cubierto su primera andadura; como en los versos de Cervantes,
    “Y luego, incontinente,
    caló el chapeo, requirió la espada,
    miró al soslayo, fuese, y no hubo nada”.

    Habrá acabado, digo, su primera andadura. Porque más adelante, cuando de nuevo se empiece a quitarles el polvo a las urnas, “volverán las oscuras golondrinas”. Y no estoy de acuerdo con este “movimiento espontáneo” sólo porque piense que hace el juego en este momento clarísimamente a la derecha; es que estoy en total desacuerdo con el punto inicial que subyace al movimiento: que todos los partidos son iguales. Y por ahí es que no paso, que no. Yo también sé indignarme.

    Un abrazo grande.

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  6. Buenas Ángel.

    Sobre el periódico: estamos trabajando en ello. ;)

    Y ahora publicaré una segunda parte en la que contestaré algunas de las cosas que planteas.

    ¡Un saludo!

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  7. Cuando Joaquín Almunia se presentó por el PSOE, en la época del repollo, y Aznar hablaba catalán en la intimidad y España crecía al 5% (sembrando la crisis que sufrimos ahora construyendo urbanizaciones a pie de playa), hubo una abstención aproximada de casi 3 millones de votantes socialistas que sí consideraron que, al menos, los dos grandes partidos políticos en España, se parecían lo suficiente como para quedarse el día de las elecciones en casa durmiendo.

    No es una conclusión tan extraña, y no hace falta irse a la Puerta del Sol para compartirla. De hecho esto ya pasó cierto día el año 2000.

    Hoy, algo más de diez años después, es muy posible que vuelva a suceder algo similar.

    Un saludo.

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  8. Parece que se esta exigiendo a esta movilización un papel que no es el que esta buscando. Y desde luego que no tiene que aceptar ninguna exigencia de ninguna clase sobre cuales han de ser sus objetivos.

    Como metáfora expondré que si yo me estoy desangrando, voy a un medico y este me dice que me cura pero veo que sigo perdiendo sangre, tengo todo el derecho del mundo a reprocharle que no esta haciendo bien su trabajo. Desde luego que puedo ir a otro medico y lo haré. Pero si me encuentro que los siguientes médicos que visito dicen curarme igualmente pero yo me sigo desangrando desde luego que tendré el derecho de ir al colegio de médicos y decirles que no encuentro un solo medico que haga bien su trabajo, que he perdido la fe en los médicos y que me estoy muriendo. Yo no se de medicina, no se como parar la hemorragia pero desde luego que puedo saber que el medico debería de saberlo, que es su cometido, que no lo esta cumpliendo y que por ello estoy sufriendo.

    Igualmente estamos saltando de un partido político a otro esperando que resuelvan los problemas en los que se encuentra España. Es para ello que los elegimos. Una y otra vez dicen que están arreglando los problemas para los que se le elige y una y otra vez vemos que fallan miserablemente. Hasta el punto que hemos perdido toda la fe en que realmente ninguno sea capaz de solucionar los problemas para los que son elegidos.

    ¿Que lo que piden son ovbiedades? Por supuesto. Es obvio que si me desangro le pida a un medico que me cure. Si ninguno lo hace puedo quejarme de que los médicos no detienen las hemorragias. Si alguien me dice que es una obviedad, que los médicos claro que están para detener las hemorragias no podré por menos que mirar el charco de sangre y preguntarme ¿Y porque no lo hacen?
    ¿Que lo fácil es culpar a los políticos? Claro. Si alguien lo hace mal es muy fácil culparle.
    ¿Que la política o el sistema actual no es el problema? He intentado resumirlo pero ha sido imposible. Pero no puedo estar de acuerdo con ninguna de estas afirmaciones. Solo como resumen diré que el sistema actual usa como método para seleccionar a los candidatos gente que es muy competente en como bregar dentro de un partido, pero para nada esas aptitudes le cualifica para dirigir una nación o cualquiera de los otros órganos de gobiernos. Y dado que los partidos políticos son los que se presentan a las elecciones y que no hay ningún criterio sobre quien se presenta excepto los definidos dentro de cada partido esto también es parte del sistema y de la política.
    Y desde luego que si no vemos que el sistema sea capaz de solucionar los problemas para los que fue ideado, tenemos todo el derecho del mundo, como mínimo, a plantearnos a cambiar de sistema.

    No tiene porque decir como arreglar esto. No tienen ni saber como. No es su trabajo. Pero si que pueden expresar su queja sobre como lo están haciendo y sobre todo expresar que no les gusta como lo esta haciendo NINGUNO. No hay ninguna forma de votar y expresar que no te gusta ninguna de las opciones.

    En realidad, que parece que es tan difícil de entender, están, estamos, expresando nuestra disconformidad. No estamos de acuerdos con la idea de que se puede expresar esta disconformidad a través de las urnas. Decenas de miles de personas están expresando su disconformidad de la forma que han podido. Y no ruego que se nos deje expresarnos. El derecho a expresarse no es algo que se ruega. Se exige. Y tenemos todo el derecho del mundo a hacerlo.

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  9. Pedro, en realidad mis posiciones las he expresado tanto en este artículo como (sobre todo) en el siguiente que hay publicado, y bastarían para responderte.

    Has respondido a cosas que yo no he dicho jamás, especialmente teniendo en cuenta que los tres días de protestas he estado viéndolos allí, en vivo. Yo no estoy en contra de que se (os, nos) manifiesten. Nunca he dicho eso.

    Por citarme a mí mismo en este mismo blog: "es fácil sentirse identificado con una clase media española cabreada con el circo político que le rodea, con un gobierno casi ausente y perdido y una oposición que ensalza imputados. Una porción de clase media que sale a la calle rompiendo mitos, aunque sean pocos y aunque no tengan ni puñetera idea de qué hacer con prácticamente nada (o prácticamente todo)".

    No sé qué has entendido, pero no lo que yo pienso.

    Un saludo y gracias por comentar.

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