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| Fotografía: Marcelino Camacho en 1978. elmundo.es |
Ha fallecido Marcelino Camacho, primer secretario general de Comisiones Obreras y, a decir de muchos, líder fundador del sindicalismo moderno en España. Hoy todos los medios glosan su vida, con especial atención a la transición democrática en la década de los setenta. Camacho pasó algunos años en prisión y trece en el exilio. A los que nacimos en la siguiente década, con el sistema encarrilado y los ánimos más tranquilos, nos queda escuchar la historia en boca de nuestros mayores, analizarla, desmitificarla desde la distancia -como así a sus protagonistas- y aprender de ella. Hoy, que para algunos es jornada de emoción, vamos a dejar que sean ellos los que hablen.
Pero sí se pueden comentar otras cosas, enlazando con las implicaciones políticas presentes. El fallecimiento de Camacho se produce un mes después de la última huelga general que el dirigente comunista ha tenido ocasión de observar -esta vez desde su domicilio a causa de su enfermedad- y en pleno debate sobre el papel social que sindicatos e izquierda deben desempeñar y, sobre todo, cómo deben desempeñarlo.
Y coincide, también, con la marcha de Reyes Montiel de la Asamblea de Madrid, donde es diputada, y de Izquierda Unida, la formación a la que hasta hoy ha representado.
Toda la izquierda está recordando a Camacho con simpatía, sin excepción de partido o sindicato. Parece que nadie duda que haya hecho una gran aportación a la democracia, las libertades o los derechos de los trabajadores. Sin embargo, se puede hacer una reflexión aprovechando cierto aspecto de su carácter y pensamiento. Camacho pertenecía a ese "lado duro" de la izquierda, y lo manifestó hasta el último momento apostando por Toxo al frente del sindicato en contraposición a Fidalgo, del que llegó a decir que "no es de izquierdas". Un lado duro que se arroga la izquierda "pura" y que es quien, parece, está ahora al frente de la coalición Izquierda Unida tras la etapa de leve apertura ideológica que se vivió con Gaspar Llamazares. Reyes Montiel era de estos últimos, de los que querían convertir IU en algo más que una reproducción del PCE.
Sabiendo pues lo que pudo empujar hace años, ¿está hoy conectada esa ideología tradicional, anclada en lo que se vivió varias décadas atrás, con la sociedad y los trabajadores de hoy? Probablemente no. Cuando un país evoluciona lo hace la sociedad, y con ella sus inquietudes y sus problemas. Si los políticos no evolucionan a la par es que algo está fallando. El PSOE sí supo y sabe entenderlo, y a la vista está el resultado electoral y de gestión. Algo ha cambiado España desde ese día de 1982 del que ayer se cumplieron 28 años.
Montiel se va porque no siente que represente a IU, ni IU representa las siglas para las que fue elegida. Son sus propias palabras. No espera al final de la legislatura, se retira honestamente a tiempo de ser coherente con lo que ha defendido; por esa lucha interna -ideológica, y también de poder- en la que ahora han ganado otros. Lo negativo es que en esta ocasión cierto sector de la sociedad madrileña que se siente de izquierdas pierde dos referentes -con ella, Inés Sabanés- que han simbolizado la cercanía a los madrileños. Sabanés es, probablemente, una de las pocas representantes de la política en Madrid a la que muchos ciudadanos hemos tenido ocasión de ver personalmente y sin un séquito detrás. Montiel ha peleado durante estos años en soledad -la ajena y la propia- para informar acerca de lo que ocurría con las 'oscuras' contrataciones de la Comunidad de Madrid a empresas relacionadas con la trama Gürtel.
Si a lo anterior sumamos que son muchos los que tampoco se ven identificados con el perfil del candidato del PSM, Tomás Gómez, se puede afirmar que un gran porcentaje del electorado de izquierdas en nuestra Comunidad se ha quedado huérfano, hecho que facilita la repetición de la mayoría absoluta del Partido Popular y de su candidata Esperanza Aguirre. Tomás Gómez, probablemente por ambiguo y gris -y por lo que pesa sobre la marca de su partido la crisis económica-; Izquierda Unida... por demasiadas cosas. ¿Quién quiere a ese PCE que ama dictaduras ajenas, se revuelca en las propias y se expresa desde una realidad ya superada hace dos siglos? Y aún más: ¿quién quiere a esa IU-PCE que niega que haya que combatir al PP por la corrupción porque esto "distrae", y prescinde de sus mejores valores humanos, de los que más han trabajado?
Las elecciones generales de 2012 serán algo distintas, puesto que sí contarán con una opción 'intermedia' entre la conocida IU y el PSOE. Se trata de Equo, la iniciativa que lidera el ex director de Greenpeace España, Juan López de Uralde, a la que ya ha mostrado su apoyo la ex diputada Montiel y por la que también ha dejado ver simpatía o respeto -sin llegar más allá- algún otro dirigente desencantado -o no- de IU y PSOE, como la que fue Ministra de Medio Ambiente durante la primera legislatura de Zapatero, Cristina Narbona. Equo habría nacido para aglutinar el voto verde, ecologista, en uno de los pocos países de Europa donde no tiene representación parlamentaria -salvando la excepción con tintes nacionalistas de ICV en Cataluña, con un escaño en el Congreso-. Sería por tanto el primer nacimiento estatal de un partido ecologista que defendería a su vez los valores de la izquierda social y económica, y que parece que puede contar con apoyos de personajes ya reconocidos en la vida pública y procedentes de sectores diversos. En época de crisis y de confusión: ¿hasta dónde podrá llegar este proyecto? Puede ser un fracaso más o puede ser la nueva tercera vía de la izquierda que muchos venían reclamando. Tiene a su favor que no parece adolecer de los personalismos que han minado la credibilidad de casi todas las creaciones recientes de partidos en España, como UPyD, ya conocido socialmente como "el partido de Rosa Díez"; un grupo que a pesar de todo repetirá con crecimiento y podría asentarse como la opción favorita para un sector liberal algo amplio.
En fin, parece que vienen tiempos interesantes donde, frente a la diversidad concentrada en pocos partidos -o dicho de otra manera, partidos enormes con gran diversidad interna- a la que nos hemos acostumbrado, se van definiendo alternativas minoritarias con identidad propia. Veremos si la sociedad votante está dispuesta a confiar en esos nuevos caminos frente a los ya conocidos.






