30/09/2010

Apuntes sobre la huelga general

Fotografía: Paul Hanna, de Reuters, en rtve.es

Para que un trabajador decida secundar una convocatoria de huelga deben pasar dos cosas: que esté formalmente de acuerdo en que el motivo que provoca dicha convocatoria es digno de respuesta y, además, que comparta los objetivos que con ella se persigan y, por tanto, las propuestas de las organizaciones convocantes.

Una iniciativa de este tipo no es abstracta ni huérfana. Más allá de la palabrería habitual y respetable sobre el capital, el Gobierno, la crisis o la clase obrera -es decir, lo de siempre, amistades y enemistades abstractas-, el hecho es que el Gobierno ha aprobado una reforma laboral y anuncia otra en torno a las pensiones -éstas sí son concretas- que empuja a determinadas organizaciones sindicales -nos centramos en las mayoritarias UGT y Comisiones Obreras- a tomar la decisión de llamar a la ciudadanía a una huelga general, algo que se hace bajo unos argumentos también concretos, con un ideario y un punto final que no está en la nubes sino redactado en papel.

Por todo lo anterior es absurdo reducir el análisis de los datos a la respuesta de los partidarios del Gobierno y sus detractores, o de los partidarios de los sindicatos y sus detractores, o de los votantes de una determinada formación política y sus detractores. El simplismo -estás conmigo o contra mí- ya es aburrido. Se puede estar contra la decisión del gobierno y, al tiempo, contra lo que proponen los sindicatos. Cada trabajador habrá tomado una decisión que responderá a millones de factores distintos, tantos como población activa hay.

Dice Cándido Méndez que "quienes han acudido a trabajar lo han hecho coaccionados" y alguien en su sindicato ha comentado que -agárrense- "no existe el derecho a no hacer una huelga". Pues efectivamente, la desgracia es que hay muchos trabajadores coaccionados en sus puestos de trabajo; pero esos, amigo Cándido, también lo están cuando no hay banderas en la calle que coaccionan a quien tiene pensamiento contrario -coacción esta última, poniéndonos demagógicos, por la que los trabajadores a veces no cobran en dinero sino en puñetazos-. Esa coacción, la diaria, es la que debiera preocupar a un representante de los trabajadores, no si su existencia permite que estos acudan a aplaudir a sus líderes. De su lado, no son pocos los transportistas a los que ha escuchado este mileurista que escribe afirmar "el miércoles no salgo porque, aunque no quiero hacer huelga, me interesa más que quedarme sin mi medio de vida" -esta encuesta no es científica y responde a las respuestas voluntarias de ciertos trabajadores-. En fin. En cuanto a lo otro, un sindicalista despreciando uno de los más fundamentales derechos constitucionales, que tendría que tener grabado a fuego, ha sido la escena más bochornosa, ridícula y lamentable de la jornada, sin duda.

Pero todo esto es anecdótico. Cualquiera tiene derecho a trabajar o a secundar el paro en esta jornada. Si treinta años después los empresarios siguen repartiendo prepotencia y los sindicatos se creen con autoridad para montar brigadas de represión es que no hemos evolucionado nada, que es la conclusión a la que se puede llegar escuchando a unos y otros con sus discursos y retórica del XIX.

Todo el debate está contaminado. Criticar a los sindicatos no es ser un fascista. Se ataca también el funcionamiento democrático interno de los partidos políticos y seguramente muchos ciudadanos compartan que éste es manifiestamente mejorable: pues bien, si alguien utiliza esa posición para atacar la existencia misma de los partidos y de la democracia el argumento inicial no se anula; cada cual dice lo que dice, con independencia de cómo lo quieran aprovechar cuatro desequilibrados. Constatar lo arcaico del funcionamiento sindical presente no es abogar por su desaparición, es ejercer la libertad de expresión para advertir responsablemente a quien corresponde de que se está cubriendo de gloria oscura. Los representantes de los trabajadores son imprescindibles y un componente irrenunciable en cualquier sociedad democrática, pero ello no excusa que el modelo de sindical español -y se ha terminado de demostrar- esté muerto. Sus responsables deberían escuchar a quienes hacen crítica constructiva para evitar que, cuando sea tarde, sean más fuertes quienes aprovechan ese flanco para arribar a un puesto diferente: mientras unos pretenden modificar un concepto para devolver su utilidad y cercanía a la sociedad, otros pretenden destruir el concepto en sí. La culpa no será de los críticos; será de quienes se creen dioses y, blandiendo la bandera de la historia o de la importancia teórica del sindicalismo, van camino de hundir su capacidad práctica a la nada. Esto pasa siempre que uno mira desde arriba y no desde la altura que le corresponde. Los sindicatos recuerdan a Hugo Chávez cuando decía aquello de "yo soy el pueblo". Llegó a creérselo, pero la realidad es que las urnas muestran abanicos más amplios. Los sindicatos españoles ya sólo representan a sus afiliados -cada vez menos, por cierto-, y son legión los miles de trabajadores sin ataduras militantes que no se sienten identificados en sus acciones o discursos.

Sin duda, es difícil sentirse identificado con organizaciones que amenazan a ciudadanos libres que quieren ejercer sus derechos, boicotean comercios y empresas o ponen en peligro la integridad física de otros compañeros trabajadores. ¿No son todos? Claro que no. ¿Generalizar está muy feo? Claro que sí. Tampoco todas las empresas con El Corte Inglés. Esto se llama "probar tu medicina". Atropellar personas es indignante y lamentable, sí; como amenazar a trabajadores, pero es igual de indignante si lo hace el dueño de una fábrica o un representante sindical -cuando no hay doble moral y se tiene un mínimo respeto por la Ley-. Dicho esto, no he visto que Méndez y Toxo animasen a la calma y la participación democrática y pacífica, sino más bien lo contrario. Ellos sabrán si es más importante su futuro a medio plazo o salir del paso en una huelga fracasada.

Pero lo anterior es, insisto, anecdótico. Ahora vamos a la sustancia del asunto. Sindicatos, empresarios y Ejecutivo tuvieron en sus manos sacar adelante una reforma laboral consensuada. El Gobierno decidió que en ese tiempo iba a pasar del tema, como si no representase a nadie y esto no fuese con él. Delegó al completo en los 'agentes sociales' esta enorme responsabilidad y, llegado el momento del ahogo, puso un plazo. El resultado final es conocido: la reforma viene por decreto y sin acuerdo.

Sindicatos y representantes empresariales han mostrado, a partes iguales, un dogmatismo y una incapacidad digna de estudio. Los empresarios no tienen intención de proponer nada nuevo sobre su visión rural a la que ya nos tienen acostumbrados y los sindicatos, de manera vergonzosa, han lanzado el mensaje externo de estar defendiendo la legislación actual, ésa que crea un paro del 20%, una temporalidad desorbitada y una precariedad insostenible. Es lo cómodo para quienes ocupan las cuotas de representación y poder en ambas partes: no moverse, convertirse ante los suyos en defensores de la nada que tanto gusta.

Muchos se preguntarán dónde estaban los sindicatos cuando teníamos un sistema laboral de precariedad y temporalidad pero una tasa de paro del 8%. ¿Por qué no se hizo entonces una huelga general para acabar con un sistema claramente injusto y desequilibrado? Tal vez porque en ese entonces los 'hijos de la clase obrera' dejaban sus estudios sin acabar para cobrar tres mil euros en la construcción, y no había mucho que hacer. Ya tenemos una generación muerta, maravilloso. Ahora que un gobierno da un primer paso para modificar el sistema -y ya podremos comprobar con el tiempo si resulta o no eficaz- estos sindicatos tienen poca autoridad para pedir una movilización que busca mantener los privilegios de unos, muy pocos, y la basura en la que nada la mayoría -también, por cierto, los autónomos, esos trabajadores a los que no afecta esta reforma pero de los que tampoco se suelen acordar los defensores del obrero. Cualquiera diría que no hay obrero sin patrón al que enfrentar, ¿no?-. Menos autoridad tienen aún esos líderes de los trabajadores que se levantaron de la mesa y dejaron en manos de Zapatero y los suyos toda la carga del nuevo texto para después tener algo que reprochar y, tal vez así, justificar su existencia planteando huelgas a toro pasado. Hubo tres años de reuniones vacías. Vestirse de víctima tras hacer dejación de funciones en aquel lugar donde se podía ser influyente carece de sentido.

A lo anterior le añado una nota al margen: es probable que algunos trabajadores piensen -pensemos- que crea una cierta desconfianza un discurso sindical más preocupado por el despido que por la contratación. Lo que quiere un trabajador -normalmente, digo- es trabajar, no indemnizaciones puntuales de carácter estupendo que, con suerte, podremos recibir una vez en la vida -y mucha suerte tendría que ser ésa-. Firmar contratos decentes que permitan el desarrollo laboral y personal con planes de vida algo diferentes a los del presente y sin estar atados, como ahora, a un modelo arbitrario y precario debe ser un objetivo más urgente del defensor del obrero. Digo yo, vamos.

Resultado: la huelga ha fracasado. Ha fracasado porque el fracaso de toda actividad se mide en el cumplimiento de su objetivo, y el Gobierno no va a mover un punto de su reforma laboral. Pero ha fracasado, además, porque la inmensa mayoría de los trabajadores no compartían ese objetivo, y lo demostraron acudiendo a sus puestos. Quienes querían que algo cambiase pueden estar contentos; es decir, la inmensa mayoría que ayer no secundó una movilización con gestos del pasado en defensa de modelos ya probados injustos y desiguales.

Veremos qué nos trae el futuro, y a éste le queda un rato. Es verdad que ya no se escucha a los sindicatos, pero lo malo es que esa masa tampoco se fía demasiado de este Gobierno. Queda tela que cortar.

28/09/2010

Las dos cuestiones pendientes


Las primarias del Partido Socialista de Madrid y los resultados electorales en Venezuela nos presentan, en primer plano, dos de las grandes debilidades de un sistema democrático.

La primera tiene especial sentido en estas tierras. ¿Cuántas veces hemos escuchado hablar de líderes paracaidistas en las candidaturas a la Comunidad de Madrid y, especialmente, al Ayuntamiento? Ahora el PSM tiene que vivir una curiosa situación en la que busca líder electoral en base a "quién puede ganar las elecciones"; es decir, en base a percepciones, cuyos únicos soportes tangibles son las encuestas favorables a la ministra Trinidad Jiménez. Una estupidez, en el fondo. Esto es así.

Muchos reclaman, tal vez con razón, que haya un debate entre Tomás Gómez y Trinidad Jiménez, pero ¿tendrían algo que debatir? La militancia ya ha sido convocada para redactar las bases del programa electoral: ¿hay que dar el mensaje de que los programas -y más aún, insisto, los programas "redactados por militantes"- no valen para nada? Los ciudadanos hace tiempo que lo creen de manera contundente. Los más benevolentes piensan, como mínimo, que todos esos 'tochos' tan bien estructurados no son más que un principio orientativo; ahora, que si una formación política lo demostrase tan claramente el ridículo no sería pequeño. Vamos, que ya que es todo un teatro, por lo menos que disimulen.

Por otro lado, la batalla entre los partidarios de Gómez y Jiménez ha dejado elementos curiosos, y este caso particular tiene un condicionante especial. Cuando él dice que "ha trabajado mucho" estos tres años, desde el bando de ella asumen que "el proyecto es de todos y cada uno de los militantes", y recuerdan que en todo caso la también ministra forma parte de la ejecutiva regional que dirige Gómez. Ellos replican que eso no convierte a Jiménez en parte activa; que es el secretario general quien se ha trabajado Madrid. Por contra, cuando los partidarios de Jiménez reprochan un rumbo político o una decisión concreta al equipo de Gómez, la contestación es la esperada: Jiménez forma parte de la comisión ejecutiva y por tanto formó parte de lo criticado. La pescadilla que se muerde la cola.

Por eso los ciudadanos podrían acabar percibiendo que, en caso de debate, estaríamos no ante una discrepancia sino ante una fractura. Eso, o directamente articulando una enorme mentira propagandística, como de hecho algunos medios insinúan.

Cuando digo todo esto no busco la matanza del debate y la argumentación política, sino justo al contrario. El problema es que este modelo no sirve, debe ser el inverso por norma. Los militantes del PSM elegirán el domingo en base a su convicción o proximidad, o al criterio que estimen oportuno. En realidad saben, como sabemos nosotros, que no sólo hay una diferencia de cartel, que Gómez y Jiménez no gobernarían igual porque nunca dos personas, por próximas que fueran, gobernarían igual. Y de hecho ellos mismos saben también que esto es importante; de ahí que Gómez, quien hizo estallar la indignación en casa con su propuesta del 14% de privatización sanitaria se muestre ahora reconvertido en la gran representación de la izquierda de más a la izquierda, citando a Pablo Iglesias más que a sí mismo. Antes no contaba con pasar por esta criba, ya se autoproclamaba candidato él solo; ahora tiene en cuenta que en el PSM la banda izquierda permite marcar más goles internos. Pero a pesar de que conocemos la realidad, es sencillo coincidir con quienes ven éste como un proceso artificial.

¿Debería ser esto de otra manera? Por supuesto. En realidad una democracia sana no sólo elegiría abiertamente a quienes van a ocupar cargos sino también a quienes van a ocupar las candidaturas a esos cargos. ¿Y por qué es más sano? De entrada, porque permite una mayor renovación. En la actualidad, los dirigentes de los partidos políticos dependen casi exclusivamente de sí mismos y sus juegos internos, y la militancia está desmotivada con una ridícula participación interna que favorece el clientelismo y el crecimiento y promoción no de los más capacitados por formación o aptitud, sino de los más y mejor posicionados en amistades, contactos o méritos de cuota. Si la militancia tuviese más control real y capacidad de decisión sobre los partidos, la conexión de estos con la ciudadanía sería mayor. ¿No estamos todos convencidos de que es más fácil que el PSM gane las elecciones con miles de militantes volcándose por sus líderes o posibles líderes que con actos grises rodeados de "los de siempre"? La primera vez en mucho tiempo que los madrileños han visto mítines a pie de calle, no en salas cerradas, ha sido este mes. Pero claro, este sistema de primarias por norma -que debiera ir acompañado de una limitación temporal para la ocupación de determinados puestos- pondría en riesgo a los que en lugar de vivir para la política -y hacerlo temporalmente aportando trabajo y recibiendo una remuneración por ello- quieren convertirla en profesión de dedicación vitalicia y exclusiva.

El sistema de elección actual es legítimo y democrático, indirectamente; pero un sistema de primarias permanentes sería aún más legítimo y, huelga decirlo, mucho más democrático. Y siempre, esté el partido en el gobierno o en la oposición. Existen en los reglamentos del PSOE excepciones curiosas a la celebración de primarias: por ejemplo, ciudades de más de 50.000 habitantes en las que se gobierna. ¿Acaso el PSOE nunca ha perdido gobiernos? ¿Cuando uno llega al poder tiene derecho de pernada interna hasta que los ciudadanos expulsen al partido del poder, o incluso después? ¿Si los militantes perciben que el partido está cometiendo disparates continuados, que además no comparten y que les llevarán al fracaso, esto da igual? Imaginemos que el PSM gobernase Madrid -que ya es imaginar- con un hipotético presidente cualquiera; y que la militancia recogiese ocho mil firmas -futuros avales- en las agrupaciones del partido para apoyar a un candidato alternativo y la dirección federal lo paralizase todo porque "el partido gobierna". Un disparate, ¿verdad?

¿Afectan más a un partido político los cambios o la inacción? ¿Es en realidad tan malo que exista debate y se llegue a conclusiones? ¿La ambigüedad, el conformismo o la falsa estabilidad suman puntos sociales? No es necesario que conteste.

Esto, claro, sería más fácil si todos los partidos asumieran este modelo; si no sólo serviría para que los que defienden el calor de su despacho se agarren al argumento peregrino de "no dar imagen de división". Si las primarias fueran norma para elegir candidatos, con un tiempo reglamentado para ello, podríamos ver, sin excusas, debates entre Gómez o Jiménez -o entre Aguirre y Gallardón-. Tampoco nos preguntaríamos si Zapatero se va a volver a presentar o no, sino si de querer hacerlo lo elegirá de nuevo, en su representación, la militancia socialista. Tampoco habría dudas sobre el liderazgo, ahora claramente falso, de Rajoy al frente del PP. Y así, viendo debates y sabiendo cómo transcurren las cosas en su debido momento, tendríamos una política más pura, más real y más representativa del interés de la sociedad española. ¿Ocurrirá esto? No, claro; el modelo anterior está tan asentado que los trepas ya sólo pueden defender su cortijo; y no veo yo a la sociedad española o a la militancia de PSOE o PP iniciando una revolución callejera por la purificación política. Bueno, ni por eso ni por otra cosa. Desde abajo hace tiempo que nadie inicia nada; sólo se recoge.

Ahora el PSM va a tener un candidato elegido por las bases porque las alturas han decidido que puedan elegir entre dos. Ni más ni menos, asumamos cómo funciona el mundo. Ha llegado mucho más lejos que los demás partidos -incluso que la falsamente vestida Izquierda Unida, qué decir del PP digital-, pero la cosa aún está lejos de parecerse a un proceso ejemplar. Sería bonito que algún día pudiésemos estar seguros de que todos los partidos elegirán a sus candidatos a todas las elecciones por procesos en los que, como mínimo, voten los militantes. Y, por qué no, establecer sistemas de inscripción oficial para que los simpatizantes también puedan votar en los procesos del partido que elijan. Pero esto, claro, ya sabemos a quién da miedo. No lo veremos.

Viajemos a Venezuela para conocer el segundo déficit de cualquier democracia. La diferencia de votos entre el PSUV, partido del Presidente Chávez, y la oposición, unida en su combate, ha sido de un 1% según los datos del propio gobierno. Sin embargo, la diferencia en escaños suma 33 a favor del grupo en el poder. Algo sabemos en España de esta falta de coincidencia entre el voto popular y la realidad de las instituciones. La reflexión de partida es sencilla: cuando los votos no acompañan las configuraciones parlamentarias es que la Ley, sencillamente, no es correcta. La revisión en nuestro país, con dos cámaras estrictamente territoriales, grupos sobrerrepresentados y otros que deben hacer milagros por un escaño debería ser casi una urgencia. Esto tampoco lo veremos. ¿La razón? Estrictamente la misma que en el caso de las primarias. De listas abiertas mejor no hablamos. ¿La razón? Pues eso, sí. Pues eso.

Hemos alimentado un monstruo que ahora nos está comiendo, y el primer valiente que se apunte a matarlo se va a encontrar en absoluta soledad.

27/09/2010

Gómez, Jiménez y un futuro ganador de las bases


Desde que se abrió el proceso de primarias en el Partido Socialista de Madrid, e incluso ya desde que empezaron los rumores, he seguido con intensidad lo que iba sucediendo y los movimientos de ambos candidatos, aunque sin hablar demasiado. Escribí al comienzo lo que parecía que podía pasar y ahora vuelvo a hacerlo en un sentido diferente: el utópico. Esta mañana me he levantado flower power y he pensado: ¿y si el PSM, en realidad, fuese otra cosa, o pudiese serla?

Desde que hace tres años empecé a escribir este blog, y desde que hace seis, siendo un enano, empecé con el primero, he opinado sobre casi todo lo que tenía delante. No lo hago porque crea que mi opinión vale para algo ni porque algún día quiera cobrar por acudir a programas de dudoso corte intelectual entre cafés y comilonas. Lo hago porque me gusta y me da la gana, y sobre todo porque aprendo. No a escribir -os aseguro que sería muy diferente si tuviese una columna en un diario, y fuese ésta mi profesión-, sino a entender lo que me rodea, compartir lo que me inquieta y modelarlo con ayuda de los demás. Desde mi primer blog he cambiado tanto que entonces me llamaban rojo radical y ahora me dicen que bebo de la derecha y el liberalismo -se supone que aquello, según la tradición, debería ocurrir a los cuarenta, pero uno es así de precoz-. He cambiado mucho, sí; y lo bonito de este medio es que tu aprendizaje queda ahí, escrito para siempre, y puedes tirar de archivo y reírte de ti mismo comprobando que te pondrías de vuelta y media. La cosa tiene su punto tierno. Cuando yo mismo me crea lo que digo, pretenda que me lean dos mil personas o quiera iniciar una fulgurante carrera periodística o política desde aquí, cambiaré el nombre del blog y dejaré de escribir veinte párrafos por artículo. Si tonto del todo no soy, pero esto se me hace más divertido.

Ayer por la noche comenté en facebook lo extraño que me parecía ver al entorno de Tomás Gómez defendiendo a Leguina y Barranco como "aquellos que ganaban elecciones". En realidad ambos tienen en su haber la derrota de los socialistas en las instituciones madrileñas y la salida de los gobiernos autonómico y municipal, sin regreso conocido a día de hoy; y cuando consiguieron ganar, el PSOE era una marca electoral que funcionaba muy por encima de sus candidatos y gozaba de buena imagen social: eran los ochenta y los principios de los noventa, era otra época. En todo caso, insisto: perdieron. Es decir, que lo honesto sería que Gómez dijese que, a pesar de los resultados, se siente identificado o inspirado en el modo de gobernar de Leguina, o comparte sus ideas y argumentos políticos presentes. Eso, así expresado, sería más que respetable.

Estaba yo en este pensamiento, y en otros muchos, cuando me puse a ojear los blogs de algunas de las personas más activas en la defensa de Tomás Gómez y Trinidad Jiménez, encontrando escenas maravillosas comparables a la visión de Isabel San Sebastián defendiendo a Zapatero entre pancartas y de Enric Sopena dando su vida por la de Aznar -y pongo estos ejemplos porque el debate no está dando para mucho más-. Incluso aquí, en mi propia casa, he recordado una crítica con sustancia al ex Presidente Leguina escrita por un defensor a ultranza de su figura y lo que ella representa en el socialismo.

Lo expresado en el segundo párrafo tiene un problema: somos presos de nuestras propias palabras, que permanecerán inalterables a cuantos meteoritos bombardeen este espacio abstracto; por ello, se nota demasiado cuándo los cambios se producen por convicción, aprendizaje, evolución o rectificación, y cuándo se producen por una mera cuestión de interés. Y claro, uno piensa que no es lo mismo evolucionar que nacer de nuevo: ¡somos personas, no muñecos pokemon! Cuando observas a un tipo que se acerca y te dice: "¡eh, mira ese idiota!", y un par de meses después lo descubres abrazado al presunto idiota sonriente en una foto, piensas que es posible que estés ante un hipócrita. Si se da el caso de que dos amiguísimos que salían de copas se retiren el saludo por carecer de madurez suficiente para defender posiciones políticas propias sin alterar sus relaciones personales, acabas convencido de que están todos locos. El PSM está lleno de romanos. Y de ruido.

No pasa nada por defender a Leguina o hacer lo contrario. No pasa nada, incluso, por creer que ha llegado el momento de sustituir al líder de un partido y afirmar que se apuesta por ello, sea en Madrid o en el conjunto de España, sea Gómez o sea Zapatero. No pasa nada por pensar que Trinidad Jiménez es una buena candidata o todo lo contrario, o si es o no buena ministra. No pasa nada por creer que Gómez es el mejor o que haber sido alcalde de Parla con gran éxito en las urnas no lo es todo en esta vida. No pasa nada si un militante de un partido dice públicamente que ambos candidatos le parecen detestables. No pasa nada. Lo dice un firme defensor de la libertad de expresión que cree que la lealtad es un concepto no aplicable a ciegas, que ante todo van los principios propios y que siempre son los amigos de su sillón los que animan el silencio ajeno como clave del sostenimiento gratuito de su incompetencia. No pasa nada por nada: el dramatismo es para los actores. En realidad no pasa nada, ése es el asunto; porque los ciudadanos pensarán que todos en el PSM tendrían que estar convencidos de que su partido es mejor que el Partido Popular; con él, o con ella. Los personalismos, los egoísmos y la mitomanía no sirven en la política de verdad. La gente no quiere que los socialistas defiendan a Zapatero, o a Gómez, o a Jiménez o a Leguina. La gente, que es así de rara, quiere que los socialistas les defiendan a ellos, a los ciudadanos. Qué paradoja: lo primero que necesitarán para conseguirlo es defenderse a sí mismos.

En medio de todo este ruido, con cuchillos sobrevolando la vía pública, voy a lanzar un humilde consejo a la militancia socialista madrileña: que se aleje de los destinos individuales y se acerque a los comunes. Los ciudadanos esperan que para los 18.000 militantes socialistas ambos candidatos sean buenos para encabezar la lista a la Asamblea, o uno de ellos, o incluso ninguno; pero sí que lo sea el proyecto que este partido tiene ya aprobado para afrontar ese reto: y ya se ha dicho alto y claro que ahí no hay discrepancia, que el proyecto es el mismo, porque se ha construido entre todos, y que la discrepancia es de forma y cartel: quién es el mejor preparado para ganar.

Pues vale, qué rollo, ¿no? Pero España es así: Gómez y Jiménez no son Obama y Clinton, el sistema es otro. Si aceptamos esa premisa y reconocemos que lo que estamos buscando es solamente un candidato; gane el que gane, no habrá vencido ningún aparato ni habrán triunfado los pucherazos. No habrá maldades regionales ni federales: será un ganador que encabezará la lista porque así lo habrán decidido los militantes. Tomás Gómez o Trinidad Jiménez serán, cualquiera de ellos, el candidato de las bases; con independencia de dónde vengan. Uno era un tipo que estuvo más de un año autoproclamándose candidato y al que le generaba urticaria el concepto "primarias" hasta que hubo una alternativa. Esa alternativa viene abrazada por el calor del Gobierno e importantes dirigentes federales, vale. Pero el elegido será -sólo entonces- el elegido de las bases. Eso es lo que da la democracia. Y de la misma manera que los parlamentarios y ministros socialistas le piden al PP opositor que arrime el hombro, sea leal y trabaje por el conjunto; los ciudadanos estarán atentos para saber si el PSOE aplica en casa esa curiosa idea. ¿Todos apoyarán al vencedor? Porque si el proyecto es el mismo, y lo es porque es de todos -que no de nadie en particular-, ese proyecto estará por encima de un apellido, ¿verdad? Los que apoyaron al candidato perdedor, uno u otro, porque creían que era el mejor, apoyarán al vencedor porque pensarán que ya que ha ganado el que lo tiene difícil es necesario darle un empujón en favor del proyecto colectivo, ¿no?

Si no es así, el socialismo madrileño habrá perdido su mejor oportunidad: tiene atención mediática, tendrá a un candidato elegido democráticamente, sin sospechas de cargo digital o de herencia debida, y una sociedad expectante que desconfía sustancialmente del gobierno regional pero que ha desconfiado más de la triste oposición ejercida hasta este mes. Es probable que, con el nuevo impulso de las primarias, cualquiera de los dos candidatos esté en buenas condiciones de buscar un resultado aceptable con algo de inteligencia y estrategia. Unos piensan que Gómez es un buen candidato, otros piensan -pensamos- que Trinidad Jiménez sería mejor. Y no, no pasa nada. ¿Pero estarán todos los militantes juntos el día 4 de octubre? De no ser así, el Partido Socialista de Madrid demostraría no tener el más mínimo interés por gobernar la Comunidad. Y no lo hará. Si los que triunfan son los ociosos que -no sabemos a cuenta de quién- tienen tiempo a enturbiar la imagen del proceso, de los candidatos y de la propia formación durante casi 24 horas al día, quedará claro por qué la cosa está así. Luego, cuando llegue la estrepitosa derrota, los de siempre podrán culpar a la conversión liberal de la sociedad madrileña, el maléfico control mediático de la derecha y todas esas excusas de vividor de oposición. Que esperen sentados; ya nunca gobernarán nada. Pero yo, hoy, en esta mañana otoñal, tengo la curiosa sensación de que el PSM ha aprendido algo de sí mismo.

23/09/2010

La iniciativa de la coherencia


"No hacemos debates identitarios, defendemos nuestras tradiciones". Ésta es la frase con la que Esquerra Republicana de Catalunya ha resumido su posición con respecto al blindaje de los 'correbous' escasas semanas después de haber aprobado una prohibición, la de las corridas en las plazas, desde el argumento inverso. Y así es como este partido independentista ha pasado de ser animalista y ecologista a ser tradicionalista. En realidad todo se resume a que siempre fue un partido independentista y solamente eso, así que no se le puede tachar de incoherente.

Más amarga e inconsistente es la postura de CiU, el mismo grupo capaz de ofrecer a sus diputados libertad de voto en una cuestión y ser a la vez proponente, a filas prietas, de nueva legislación en sentido perfectamente opuesto al anterior; en el mismo tiempo, en el mismo escenario y con los mismos protagonistas. El PSC, por su parte, prefiere seguir pasando de puntillas y sin hacer demasiado ruido en asuntos que enfaden al personal, que parece otra tradición -la del nuevo socialismo ambiguo, en este caso-. Al menos dos diputados -escaso porcentaje, tristemente- han tenido el detalle de obviar la disciplina de voto para repetir su actuación anterior.

El concepto tradición es, efectivamente, el más importante en este debate. No es lo mismo una tradición que mate que una que sólo maltrate. Al parecer, el límite al sufrimiento animal está ahora en su ejecución. Tomamos nota. "Yo no lo quería matar, sólo pegarle un rato". Y además hemos fijado el "rato": quince minutos. Como concepto ético es genial. ¿Vale también para los gatos? ¿Podremos extrapolarlo algún día a las personas? ¿Para cuándo una figura legal que me permita darle a mi jefe una tunda de hostias en intervalos diarios de quince minutos? Ya, ya sé que esto es demagogia; que nadie me lo diga; porque si alguien me lo dice tengo varias tradiciones estupendas que defender, alguna tristemente prohibida.

Esta semana, el que a la luz de las encuestas será próximo President de la Generalitat, Artur Mas, se dirigía a varios grandes empresarios -es decir, señores que dirigen empresas grandes- durante un encuentro en Madrid preguntándose qué va a hacer España para seducir a Cataluña, porque a juicio del líder de CiU "no estamos cómodos, no nos protegen, no nos aceptan como lo que somos". Dice Mas que "España ha cerrado la puerta a Cataluña". ¿A quién se la abren los políticos catalanes, su incoherencia y su obsesión enfermiza con buscar enfrentamientos artificiales e inexistentes frente a la sencillez y naturalidad con que se desarrollan las sociedades libres, democráticas y heterogéneas?

Dicen las encuestas del CIS, de manera insistente y persistente, que los políticos son uno de los problemas que más preocupan al conjunto de los españoles. No es para menos. En el caso particular de Cataluña son ellos los que insisten en dar una mala imagen de su pueblo y alimentar odios externos. Y no dan mala imagen por ser nacionalistas, que es muy respetable; ni por ser independentistas, que es muy respetable; ni por querer defender la que consideran su propia identidad, que es también muy respetable porque, en democracia, todo planteamiento idiota o inteligente es muy respetable. El problema es otro. El problema es dejar de defender ideas u objetivos para defender exclusivamente eslóganes huecos que permiten que unos sigan en la poltrona mientras otros atacan al conjunto. ¿Alguien alimenta más el rancio anticatalanismo que la estrategia de los políticos catalanes ahora en activo? Probablemente no.

El Partido Popular defiende la fiesta de los toros porque, les guste o no la cosa -y les gusta, les encanta-, su política se basa en defender aquello que creen que les convierte en más y mejores españoles, lo asbtracto. ERC o CiU hacen ahora lo propio con los 'correbous' porque piensan también que ello les convierte en más y mejores catalanes. Es la misma mierda vestida con distintos colores. Bueno, en este caso concreto, una vestida con más líneas que otras, porque los colores son compartidos.

En medio de este panorama unos cuantos diputados -son pocos, los pobres- de Iniciativa per Catalunya-Verds demostraron que a veces hay gente que, buenas o malas, tiene ideas; y que éstas son más importantes que una orgía heráldica y unos cuantos votos cargados de hormonas políticas preadolescentes. Esto tiene incluso más valor sabiendo que estos tipos también andan preocupados por aquello de la identidad y la nación, pero manteniendo la decencia del discurso coherente con argumentos sólidos e ideas concretas que van más allá y pasan por encima de la vacuidad de los mástiles orgullosos. A dos meses de las elecciones, aquellos catalanes que representan la sensibilidad ideológica del catalanismo deberían preguntarse si CiU, en la derecha, o ERC, en la izquierda, tienen un proyecto político más allá del pataleo y el lamento ante la crueldad española; una excusa estupenda que, durante décadas, ha sido utilizada para no responder de la propia ineptitud.

Yo, como cargo a la izquierda, en ese supuesto -que no se da-, tendría claro mi voto.

13/09/2010

El deseo informativo

Fotografía: Juventudes Socialistas de Móstoles.

Son muchas, muchísimas, las veces que observamos burradas periodísticas que responden a la pereza de ciertos redactores para documentarse y evitar hacer el ridículo. Los mejores ejemplos siempre se dan en política internacional, cuando un tipo se sienta en una redacción a ampliar una noticia de agencia sobre, supongamos, un golpe de Estado en la República Moldava Pridnestroviana -sí, esa cosa existe- y la lía pardísima sumando sandeces tras ojear la Wikipedia entre líneas, comentando con pretendida erudición los recovecos de un lugar que no pisará jamás.

Pero existen casos más aberrantes, que son aquellos en los que la desgana se mezcla con manipulación absolutamente intencionada. Acabo de llegar a uno de esos, en los que no hay ni ocasión ni intención de documentarse porque, ya se sabe, siempre es más sencillo e interesante dejarse llevar por los deseos propios que por la observación empírica. Así trabajan en cierto periódico que, desde su fundación, ha preferido ejercer el activismo militante por una determinada formación política que alguna actividad informativa más o menos seria. Lo hacen muchos, ya lo sé.

Soy mostoleño, esa ciudad que estos días está en las portadas a cuenta de las elecciones primarias del PSM y que ahora celebra sus fiestas patronales. Pues bien, uno de los concejales de Gobierno del Partido Popular, David Sánchez del Rey, ha recomendado la lectura de este artículo de opinión de La Razón -perdón por la perogrullada-, titulado "cubata de primarias", en el que nos hablan de la puesta en escena de los socialistas mostoleños en las tradicionales casetas que partidos, peñas y asociaciones montan en un parque municipal.
A falta de casetas separadas, el PSOE de Móstoles y las Juventudes Socialistas optaron por correr una cortina que dividiese la que, hasta ahora, compartían todas las fiestas.
Mentira. El Partido Socialista de Móstoles y Juventudes Socialistas de Móstoles siempre han tenido casetas diferentes, en alguna ocasión ni siquiera colindantes entre sí. En todo caso, en las últimas fiestas locales -las del mes de mayo- la distribución de ambas casetas era exactamente la misma que la que ahora ha podido ver la señora Platón, que escribe esas líneas. En aquel entonces no había primarias a la vista.
En el lado «juvenil», los 2X1 en cerveza estaban acompañados de carteles con el lema «Trini Puede», mientras que la pared contraria de los de la agrupación estaba forrada con carteles con la foto del secretario general del PSM, Tomás Gómez.
En realidad, los años anteriores la caseta del Partido también estaba forrada con carteles de Tomás Gómez, puesto que es el secretario general del Partido Socialista de Madrid, y a día de hoy lo sigue siendo. A diferencia de lo que ocurre en otros partidos políticos, Juventudes Socialistas es una organización autónoma del PSOE, con sus propias estructuras organizativas e identidad propia, por lo que Tomás Gómez -o cualquier otro que venga- no es su líder en el sentido estricto del concepto. Y en todo caso, la militancia del PSOE de Móstoles no puede tener opinión expresada como tal en el seno del Partido puesto que, actualmente, no existe la posibilidad de ejercer ese derecho tras la disolución de la agrupación.
La caseta que la recientemente recuperada agrupación socialista mostoleña suele colocar en el recinto ferial en la Finca Liana del municipio, fue el escenario ayer de un capítulo más de la guerra de la «democracia interna».
Hablando del rey de Roma... Estupendo. Resulta que escribimos periódicos pero no los leemos. La agrupación socialista mostoleña no está recuperada de absolutamente nada. Si lo que esta señora quiere decir es que ya no está disuelta, me temo que a día de hoy ningún militante de la formación tiene constancia de tal noticia.
En lugar de tener una barra única, había dos cajas para recaudar dinero por separado para cada uno. [...] Por un lado, los de Trini, mostraron con orgullo su preferencia por la ministra de Sanidad mientras invitaban a los suyos a consumir a favor de la renovación en el PSM. [...] Y, cómo no, cada facción tenía su barra, sus precios y su caja, cuyo destino era inequívoco para cualquiera que se atreviese a cruzar el campo de batalla para tomarse un cubata, por la causa.
Esto es lo mejor. Durante todo el artículo se da por sentado que la recaudación de la caja de Juventudes Socialistas de Móstoles y la del PSOE de Móstoles será para financiar la campaña de Trinidad Jiménez o Tomás Gómez, respectivamente. Lo que no sé es si nuestra compañera periodista se habrá dado cuenta de que estaría acusando a ambas partes de la utilización ilegítima de fondos de sus organizaciones -no sé, incluso, si de la comisión de un delito-; puesto que ni el partido ni la organización juvenil pueden decantarse, como tal, por un candidato, mucho menos aportar dinero: ésa es tarea particular de los militantes.

En realidad, es seguro que a muy poca gente le importará si los socialistas mostoleños tienen dos, tres o veinte casetas, lo bien o mal que se llevan entre ellos o los precios a los que venden los bocadillos de panceta. Lo triste es que, cuando le hablan a uno de lo que tiene a tres minutos andando de su propia casa, descubre la podredumbre profesional a la que estamos expuestos a diario. Pienso, por tanto, si éste es el estilo con el que queremos que los ciudadanos recuperen la confianza en el periodismo y el interés por esta profesión. En este caso, yo mismo podía contrastar la información que se facilitaba, la tengo delante de mis ojos; pero, ¿qué haré cuando me hablen de la la República Moldava Pridnestroviana? Desconfiar. A eso nos obligan los intrusos pandilleros y panfleteros de una noble profesión que ni quieren ejercer ni quieren respetar, situándola detrás de su filiación o afiliación política.

10/09/2010

El medio y el fin

Fotografía de AFP en El Mundo. Un voluntario llena vasos de leche en Lahore.

Advertencia previa: este artículo, que se publica por un error el 10 de septiembre, es en realidad del 23 de agosto; lo que hace que la atención mediática sobre lo que se expone sea ya prácticamente inexistente.

El pasado fin de semana varios periodistas y dos miembros de organizaciones de cooperación debatían en CNN+ sobre los motivos que estarían provocando que en un momento tan delicado como el que vive Pakistán las sociedades de países como el nuestro no se estén volcando al mismo nivel que en ocasiones anteriores -véase la respuesta ante los terremotos de Haití este mismo año- para hacer llegar ayuda económica o material.

Como conclusión, parecían tener claro que hay una suma de condicionantes negativos: la época del año en la que nos encontramos, con mayor desconexión informativa; el hecho de que, a pesar de la gravedad, las imágenes sean en este caso mucho menos impactantes; los recelos que provoca Pakistán por los conflictos sociales, políticos o militares que se dan en esa región del mundo y, por tanto, el crecimiento del miedo a que esa ayuda acabe en manos de estamentos corruptos o, mucho más llanamente, la hostilidad que genera el "concepto Pakistán" al ser mencionado. Los cooperantes aclaraban que sobre esto último se puede producir una paradoja, y es que al existir menor presencia internacional sean precisamente esas organizaciones enemigas las que aprovechen la ocasión para legitimarse ante la población civil.

Al margen de lo anterior, pero en relación con ello, cabe recordar la enorme respuesta que se vivió en las redes sociales ante las necesidades de Haití; especialmente en twitter o facebook, redes en las que millones de personas del mundo están conectadas entre sí. Los mensajes y súplicas para hacer donaciones se reproducían uno tras otro y fueron muchas las personas que difundieron informaciones, números de cuenta y fotografías estremecedoras para buscar la sensibilidad ajena. Fuera de la red, aún hoy el humorista gráfico Antonio Fraguas "Forges" mantiene diariamente un "pero no te olvides de Haití", frase con la que desde entonces firma sus viñetas. Pero, ¿de qué sirve conocer y no olvidarse?

No tenemos datos que cuantifiquen los enlaces abiertos que se transformaron en un donativo económico o en una acción que tuviese repercusión más allá de la red, pero me aventuro a decir que no fueron mayoritarios. Sin embargo, sí fueron muchos los que difundieron esa misma vía que jamás utilizaron.

Estos días vivimos otra campaña completamente diferente: la de las elecciones primarias en el Partido Socialista de Madrid. Desde que ambos candidatos anunciaron sus intenciones son muchos los militantes que tratan de difundir los mensajes propios o atacar los contrarios, un nuevo método que sustituye al que se habría producido hace una década: más lento, más tedioso, pisando calle, buscando cada sede del partido y hablando a la cara con los militantes.

¿Es mejor o es peor la nueva realidad? En realidad ninguna de las dos cosas: es sencillamente diferente. Pero sí es posible que esté facilitando que lo superficial lo sea ahora mucho más. Internet es un medio, y un medio fabuloso, pero algunos quieren convertirlo en el "fin", una confusión que nos llevará, a pesar de lo aparente, a una pasividad, tanto social como intelectual, mucho mayor a la que conocíamos en los tiempos previos a su llegada. Toca dar el siguiente paso, porque al final las personas son algo físico y tangible; y lo que aquí hagamos debería ponerse a su servicio, no al revés.

05/09/2010

La BBC y los "separatistas vascos armados"

Esta mañana la BBC, televisión pública británica, anunciaba un "alto el fuego" de ETA que la banda terrorista les ha comunicado, como viene siendo habitual, en forma de vídeo friki que ha sido distribuido también por Gara, con la estética folklórica a la que ya nos tienen acostumbrados y que no ha variado nada. Ni la estética ni, suponemos, la intención.

Sí, fondo y forma siguen imperturbables.

A esta hora, la noticia permanece en la web de la cadena con este titular: Basque separatist group Eta 'declares ceasefire'. Desde la primera frase, el redactor no duda en cómo debe llamar a ETA, e insiste: Armed Basque separatist group Eta says it will not "carry out armed actions" in its campaign for independence. Es decir, para la televisión pública británica ETA es un "grupo separatista armado".

Inmediatamente, y como ya ha sucedido en otras ocasiones, han llovido las críticas desde España. Lectores ofendidos han comentado indignados lo inadecuado de esta denominación, mucho más 'condescendiente' que nuestro habitual "banda terrorista", y han coordinado acciones de protesta desde las redes sociales para exigir a los medios internacionales que llamen a este grupo de asesinos lo que son: terroristas. Así los reconoce la Unión Europea.

Pero resulta molesto que ninguna de estas personas que ha protestado, y que protestará, se haya preguntado por qué la BBC no utiliza la denominación habitual de los medios españoles. Pues bien, la propia cadena recomienda a sus periodistas no utilizar el concepto terrorista, en ningún caso -no, no es algo pensado para España-. Así lo recoge su propio "libro de estilo" -no sé si se le puede llamar así-, considerando que el empleo de dicho adjetivo supondría excederse en la información, que se limita a hechos concretos: una bomba, muertos, víctimas, un anuncio de tregua; lo que sea. ¿Es necesario que el periodista lo defina, o más allá, que lo condene? Pues no, en realidad no es necesario; el lector sabrá hacerlo solo. Y, en todo caso, para tal fin hemos inventado los editoriales y las columnas de opinión.

Este criterio periodístico es, por supuesto, discutible. Lo que no es discutible es que la BBC, como cualquier otro medio europeo, sabe perfectamente de lo que está hablando: grupos terroristas, sí. Desalmados que asesinan a ciudadanos de manera cruel y sin razón fundamentada, por supuesto. Se le puede poner la retórica preferida por medios y lectores. Pero, tal vez, algunos sí consideren adulta a su audiencia y no crean que hay que darle todo mascado; que basta con contar hechos. A muchos, sin duda, nos gustaría tener una BBC en España -incluso a pesar de sus muchos errores-.

Es legítimo protestar porque consideremos inadecuada la definición de algo que nos toca de cerca y que nos duele, vale; pero nadie debería obviar que por aquellas islas no han sido ajenos al terrorismo; y a mí, personalmente, estos dos párrafos me parecen intachables:
We must report acts of terror quickly, accurately, fully and responsibly. Our credibility is undermined by the careless use of words which carry emotional or value judgements. The word "terrorist" itself can be a barrier rather than an aid to understanding. We should try to avoid the term without attribution. We should let other people characterise while we report the facts as we know them.
We should not adopt other people's language as our own. It is also usually inappropriate to use words like "liberate", "court martial" or "execute" in the absence of a clear judicial process. We should convey to our audience the full consequences of the act by describing what happened. We should use words which specifically describe the perpetrator such as "bomber", "attacker", "gunman", "kidnapper", "insurgent, and "militant". Our responsibility is to remain objective and report in ways that enable our audiences to make their own assessments about who is doing what to whom.
Que alguien crea que la BBC quiere ser benevolente en su tratamiento a ETA es una opinión subjetiva. Otras cosas no lo son: "terrorista" es un adjetivo, que muere gente o se declara una tregua es el hecho. Y sí: ETA es una banda terrorista, claro; pero una banda terrorista que persigue la separación de un territorio de otro; es decir; separatista. Y armada, evidentemente. ¿No es lógico que un medio internacional lo contextualice para explicárselo a su público potencial? Porque, ¿somos los españoles el público potencial al que se dirige la BBC? Lo dicho: que no somos niños. O sí.

* Este artículo está inspirado en uno similar escrito por Íñigo Sáenz de Ugarte cuando hace un año, en agosto de 2009, ciudadanos británicos sufrían el cierre del aeropuerto de Mallorca ante la amenaza de atentado y la BBC calificaba a ETA, también entonces, como "grupo armado separatista".