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| Fotografía de Claudio Álvarez y Uly Martín en El País. |
Mucho se ha hablado sobre el proceso de primarias que vive el
Partido Socialista de Madrid, pero me sorprende la ausencia de opiniones realistas al respecto.
Me explico. Queda muy bien que analicemos seriamente las posibilidades reales de Tomás Gómez o Trinidad Jiménez para batirse en duelo con la Presidenta Aguirre, pero sin embargo es completamente absurdo no
distinguir la política interna de la externa, y la militancia -que será quien decida cuál de los dos está, a su juicio, más capacitado- se verá más influida por la primera que por la segunda.
Antes de que Trinidad Jiménez anunciase formalmente su intención de concurrir a las necesarias primarias muchos militantes del PSM se revolvían públicamente asegurando que los medios de PRISA, El País y la Cadena SER, mentían inventándose las informaciones que afirmaban que Chaves se había reunido con Tomás Gómez para pedirle su retirada, que existía la posibilidad de que la ejecutiva federal -artífice seguramente de las filtraciones- enviase una alternativa y
todas aquellas cuestiones que, finalmente, resultaron ser ciertas. Sí, eran ciertas, no respondían a esa obsesiva paranoia política -o vieja excusa de las malas- que observa conspiraciones constantes de los medios contra los nobles representantes públicos o, peor, al pensamiento de que estos
sólo son imparciales cuando cuentan lo que interesa escuchar al protagonista de las quejas -esto se da mucho-. El caso es que cuando la especulación se transformó en oficial, esa pretendida y aparente balsa de aceite que, decían ellos, era el PSM, se empezó a mover a uno y otro lado, ya con algo más de honestidad y sin negar lo evidente. ¿Pero esos movimientos representaban sólo la inquietud por ganar las elecciones en Madrid? Obviamente no. ¿Son una enorme
operación de imagen mediática? No, lógicamente tampoco; aunque sea aprovechable en ese sentido -y ambos candidatos, si demuestran una mínima inteligencia, lo harán-.
En realidad,
tocará explicarle a la ciudadanía el proyecto que cada cual tenga para ganarse su favor; pero serán las disensiones y afectos intestinos los que jugarán una baza importante en buena parte de la militancia; y eso algunos medios y opinadores parecen querer obviarlo, como si viviéramos en el país de la piruleta. En el PSOE siguen conviviendo 'familias' y hasta posturas ideológicas divergentes que harán valer su fuerza, mayor o menor, y es verdad que el actual secretario general de los socialistas madrileños no está falto de enemigos -ya sean personales o intelectuales- que le tienen ganas. Bueno, esto es evidente: sin enemigos, no hay líder. En el seno de la organización comparten espacio diferentes sensibilidades que ahora van a aflorar, como tantas otras veces. Plantear esto como "la elección del mejor" -siendo también cierto- es pecar de ingenuo cuando aquí se juegan más partidas, como el control del PSM y hasta del PSOE; teniendo en cuenta el aprovechamiento mediático que podría hacer el Partido Popular de una derrota de la candidata de Zapatero. Con todo esto tienen que ver los pronunciamientos de miembros de la CEF en favor de Jiménez o el manifiesto que han firmado la mayor parte de secretarios generales de las agrupaciones de la federación en apoyo a Gómez. Que sí, que la política es maravillosa; pero aquí también se reparten
listas, favores y futuros particulares. La federación regional de un partido tiene mucho de pueblo grande, donde casi todos los habituales de la plaza se conocen y cuchichean sobre el prójimo; aunque, como también en los pueblos, se lleven aparentemente bien y vayan de la mano en las fiestas grandes. Si por otro lado sabemos que hay que contar con la palabra de los militantes menos implicados en el día a día -que son mayoría- y que seguramente se dejarán llevar por sus contactos internos; podríamos concluir que los determinantes serán esos mil o dos mil militantes -hay más de 17.000 censados- que más se dejan ver; un porcentaje muy pequeño pero que es el verdadero engranaje de la formación, entre las cúpulas, el grueso de la militancia y la propia calle.
Es necesario que tengamos presente que la política -como cualquier cosa en esta vida-
no se ve igual desde dentro que desde fuera, y ahora les toca decidir a los de dentro... ante la atenta mirada de los de fuera. Por eso, lo mejor es no conjeturar y dejarles hacer. Gane quien gane, a los ciudadanos les pesará mucho la limpieza pública del proceso; y hasta ahora poco hemos escuchado de proyectos y mucho de ataque al adversario entre militantes afines a las partes. Será la costumbre por el debate habitual con el PP, pero el asunto va camino de convertirse en una tragedia griega con todos sus componentes. Vaya, que se les ha olvidado lo obvio: que su cuestión interna debe tener una finalidad externa, y que el 4 de octubre tendrán que jugar todos -los que quieran- en el mismo equipo. Las formas que se están derrochando a la vista de todos no parecen estar cuidándose mucho estos días.
Lo anterior no significa que el PSM esté dividido horrorosamente y sea un partido en quien no se pudiese confiar un gobierno. Hipócrita estupidez, a menos que Aguirre y Gallardón sean el ejemplo perfecto de responsabilidad institucional y convivencia partidaria. Todas las casas son iguales, y además he de decir que es así ¡por suerte! Miedo dan los grupos donde miles de personas piensan igual sin discusión.
Lo que más sorprende de la convocatoria de estas primarias es la
falta de madurez política y democrática de los españoles. Si alguien elige candidatos a dedo, se le critica por autoritario y antidemocrático; y si las bases de un partido pueden elegir a sus representantes, resulta que el partido en cuestión está roto, fracturado y abocado a la derrota. Aquello decían de la entonces calificada como "excesiva" batalla de Obama y Clinton por la candidatura demócrata -salvando las distancias entre lo uno y lo otro-. Hoy él es Presidente de los Estados Unidos y ella Secretaria de Estado. Los tics del pasado español empiezan a resultar un tanto lamentables:
las primarias y la capacidad de elección deberían ser la norma, nunca la excepción. Aún así, es más lamentable que estas consignas contra la voz del militante vengan directamente de políticos con responsabilidades, como el siempre curioso e... ¿impetuoso? Pedro Castro, alcalde de Getafe, que donde un día
escribía en su blog -municipal, por cierto, no personal ni de partido- su apoyo incondicional a Tomás Gómez, al siguiente mostraba una intolerable alergia a las primarias, como el coco que acabaría con todo. Valiente insensatez; aunque tal vez sea lo esperable en quien está ya acostumbrado a la ostentación del mando y acaba creyéndose infalible o superior. Precisamente por eso
resulta idiota la abnegación de los españoles con impedir los debates internos, que favorecen la movilidad, la transparencia y la calidad argumental e intelectual de la política -que hoy está por los suelos-. Ya no pido utopías, como las listas abiertas, pero al menos una dosis de sensatez no iría mal.
En fin, lo dicho: decidirán los militantes en base a su criterio. Pero, atendamos de nuevo a lo externo: ¿Qué criterios pueden usar para el asunto estrella: "la elección del mejor para ganar"? En
Geografía Subjetiva lo explican perfectamente. Si las primaras hubieran sido de otra forma, en otro tiempo o, si sencillamente no hubiesen sido, la comparación entre ambos no resistiría: por conocimiento público y capacidad mediática Jiménez tendría las de ganar. Sin embargo,
el hecho mismo de que haya primarias y Gómez se haya erigido en héroe de la resistencia son una baza en una Comunidad donde el antizapaterismo es creciente. Además, el impulso mediático ha sido importante para un líder desconocido y de nulo carisma. La cuestión es ¿podría Gómez mantener ese impulso hasta mayo de 2011? Probablemente la respuesta sea negativa. Tras de sí tiene también, en contraposición a la ministra, un buen historial de victorias electorales, si bien es cierto que en esta contienda, tan diferente, no le van a servir ni como ejemplo, ni como experiencia, ni como currículum.
Contra Jiménez juega ser la enviada de Moncloa -y más aún el haber cometido el estúpido error de negar lo evidente-. Por otro lado,
no haber abandonado el Ministerio de Sanidad no sólo la convierte en un blanco fácil para las críticas del PP, sino que además no evidencia el necesario compromiso con Madrid. Entre la ciudadanía existe la convicción de que el PSOE y Zapatero sólo se acuerdan de esta Comunidad cuando llega la hora de elegir al enviado a las urnas, y la actitud de Jiménez no ayuda demasiado.
Debería aclarar inmediatamente si piensa seguir en la oposición hasta 2015 en caso de derrota electoral. Muchos tenemos la sensación de que el peor activo de la campaña de Trinidad Jiménez es su puesta en escena y el dantesco espectáculo previo a su anuncio. Las formas, horrorosas, y un fondo discutible han restado credibilidad a su opción. A pesar de todo, el presente episodio no será el motivo fundamental de portada de aquí a mayo, y el candidato ganador tendrá tiempo suficiente para venderse al público, siempre que las primarias sirvan de algo y al PSM le queden clientes tras ellas.
En cómputo global parece que el viento ciudadano soplaría a favor de la actual Ministra de Sanidad, que aunque no de manera tan exagerada como la ya célebre
encuesta quiere dejar ver, podría tener más posibilidades de enfrentarse al enorme poder de Aguirre por una mera cuestión de conocimiento y carisma -para que te voten, es condición indispensable que te conozcan-. En todo caso, sí, decidirán los militantes, muchas veces alejados de las 'lógicas' de las portadas. Algunos aún no se han repuesto y permanecen con la misma cara de tontos que se les quedó el día que el desconocido Zapatero sumó los votos suficientes que más adelante le llevarían hasta La Moncloa. A saber.
Los que no votaremos en octubre pero sí en mayo vamos a estar atentos. Y esto deberían tenerlo en cuenta ambas partes; máxime sabiendo que, como ya
dijimos, esta eliminatoria sólo sirve para pasar a unas semifinales en las que juegan demasiados.