27/04/2010

Justicia, gritos, razón y respeto


Puede ocurrir, ante un debate enconado, que ninguna de las partes represente el absoluto pensamiento de muchos ciudadanos; y es más posible aún que esto suceda cuando se abordan con esa connotación y puesta en escena tan dramática que pertenece ya a la idiosincrasia de los españoles. Son muchos los que se ven obligados a permanecer como espectadores entre dos tierras que rezuman odios a menudo primarios y enraizados más allá de lo aparente.

Se han planteado dudas legítimas sobre la conveniencia o no de mantener -o de que se aprobase en su momento- una ley de Amnistía que si bien protege, así se entiende, los crímenes cometidos durante la dictadura, buscaba también la protección, es verdad, de quienes la padecieron en forma de represión política. Que la Ley de Amnistía fuese o no la mejor fórmula para caminar en la transición democrática puede generar un interesante debate político o histórico que en todo caso no parece imprescindible subir a los altares de lo irrenunciable. Ya está hecho, y así lo estudiarán los nietos del 78. Que a muchos no guste la Ley -y algunos ya nos hemos pronunciado- no parece ser ahora, hoy, la clave para clarificar el futuro de España. El análisis sobre lo que viene, sea desde un punto de vista político o jurídico, debiera ir encaminado a resolver el único problema que sigue presente en torno a esto, que es la vergonzosa circunstancia de que aún cientos de españoles yazcan en fosas comunes -o viendo desde su casa como se apaga la luz- en espera de un tratamiento digno.

Éste último punto fue el centro del debate -y de la justificación para abordarlo- que desembocó en la aprobación en el Congreso de la llamada Ley de Memoria Histórica, apuesta personal del Presidente Zapatero y orgullo de todos los socialistas. A los comunes mortales, nada doctos en derecho, se nos ha explicado que la competencia para exhumar cadáveres corresponde a los Tribunales Superiores de Justicia de las Comunidades Autónomas; y así nos lo hemos creído. O no. Porque no es en ellos en quien ahora estamos poniendo el acento de las críticas. No son ellos los que mueven a miles de personas a salir a la calle, sino el Tribunal Supremo. No atendemos tampoco a la importancia de quienes legislan, que son quienes por tanto pueden modificar aquello que no compartimos y que, interesadamente, se unen a una de las partes, sea cual sea, obviando su condición como poder del Estado.

Personalizarlo todo sobre la figura de Garzón desdibuja el paisaje y nos lleva al mundo de la política abstracta. Dice la parte interesada que sale a la calle a defender al magistrado de la Audiencia Nacional entendiendo que es él quien puede hacer realidad su único y mayor deseo: encontrar a sus muertos y despedirlos con los merecidos honores; pero ya parece haber quedado claro que el asunto no va -sólo- de eso. Ahora no vamos a decidir sobre si queremos o no abrir fosas -hecho que debería ser a todas luces satisfecho en aplicación de la Ley de Memoria histórica- sino sobre si un juez, con independencia de su simpatía -y de la nuestra hacia él- pudo o no prevaricar; sobre si pudo o no excederse en sus competencias de manera consciente. Dicho de otra forma: si el final de esta historia fuese una sentencia que encontrase delito en la actuación de Baltasar Garzón, no significaría que la batalla legítima que tantos españoles han librado en pro de la dignidad y la memoria haya sido derrotada, entre otras cosas porque Garzón no se quedaba en los muertos, quería ir mucho más allá. También pudiera ser que no estén los cadáveres en el centro de la pública inquietud de quienes se manifiestan, sino ver a Fraga -es un ejemplo- sentado en el banquillo de los acusados. El deseo es respetable, pero la justicia actúa de conformidad con la Ley, que habrá que ver hasta dónde llega. Sea como sea, y mirando a simple vista, España ya no está necesitada de héroes; y la dignidad humana camina muy por encima de cualquier nombre propio, sea éste Garzón, Varela, Zapatero o Rajoy. Ninguno de ellos hará más grandes ni más pequeños a los muertos puesto que esa capacidad pertenece al conjunto de la sociedad, a su conciencia colectiva.

Vayamos a lo estético. Cuentan que es moralmente reprobable y 'feo' en el ámbito internacional que una organización fascista como Falange siente a un juez en el banquillo. Pues es verdad. Resulta repugnante. Patético. Sin embargo, hasta donde sabemos, nadie hasta hoy había propuesto la ilegalización de este partido ni había dado argumentos urgentes para ello. Por tanto se le presupone perfecta legitimidad para demandar a quien le plazca. Que un juez desestimase no el qué, sino el quién, ¿cómo se llamaría? Eso piden algunos que haga el señor Varela, quien por otro lado ha descubierto la novedad del profesor que, en pleno examen, guía al alumno por el camino correcto a la matrícula de honor. Esto también es 'estéticamente feo', ¿no? Pero al parecer todos tenemos ahora prisas de última hora, prisas de mal estudiante.

A pesar de todo, nadie es tan malo ni tan bueno como se quiere presuponer. Y al final, en efecto, nos pasamos el día discutiendo cuestiones estéticas. Si alguien critica al Tribunal Supremo no se cae el mundo. Si alguien critica al Tribunal Constitucional, tampoco. Hágase desde un blog o con una pancarta. Dejad que los ciudadanos griten; porque además de una Ley de Amnistía la democracia nos ha dado eso, capacidad para gritar. ¿Hay 'peros'? Claro. Pero están más arriba en la línea jerárquica. Cuando se busca deslegitimar permanentemente a los poderes del Estado, sean estos cuales sean, existe un problema. La vieja idea de "me vale si es de los míos". Ayer en la portada de El Mundo se podía leer una frase demoledora de Artur Más: "hay que renovar el Constitucional porque así el Estatut quedaría impoluto". Si el Estatut queda impoluto me vale este Tribunal. De otra forma, no. Es más, ¡quiero reformar el Tribunal para que ocurra lo que deseo que ocurra! Apasionante. No se pensó estos últimos tres años en si gustaba o no que algunos magistrados tuviesen aspecto de anchoa caducada, pero hoy en unión con el President se propone acabar con tamaña barbaridad. Barbaridad ahora que las cosas pintan mal. Nadie se ha ruborizado. Tampoco Rajoy, que arrastra lo suyo. Afirmó el pasado fin de semana que las manifestaciones a favor de Garzón atentaban contra la independencia del poder judicial -¡cuán débiles son nuestros jueces!- y sentó las bases para el futuro: si el Supremo decide que Garzón no erró, o mejor, no delinquió... será porque dicho Tribunal ha cedido. De lo contrario, habrán hecho lo correcto. Porque lo correcto es lo que yo digo y pienso. Si están conmigo, son independientes. Si no, algo falla. De nuevo y como verán, ambos nacionalismos se entrelazan argumentalmente.

Muchos ciudadanos podrán sentirse identificados con los bajos pensamientos que avivan estas llamas o las viejas peleas entre rojos y fachas. Lo de siempre. Para otros muchos, el asunto se reduce al deseo de avance de toda una sociedad, representado en más de treinta años de sana convivencia democrática. El deseo de vivir en un país donde todo el mundo, venga de donde venga, haya sido convenientemente honrado y reparada la injusticia; en vida, si fuera posible, o ya muerto si no queda otra solución. El deseo de vivir en un país donde todos sus ciudadanos acepten la legalidad que nos hemos dado y las decisiones de nuestros legítimos tribunales, convengan o no a nuestros intereses políticos o particulares. En este paso final no hay ideologías, hay sentido de Estado. De sociedad, más bien. De la misma manera que ser republicano no es sinónimo de un sueño socialista, el respeto a los tribunales no es de derechas ni de izquierdas; es una cuestión de sentido común. Entiéndase común por necesariamente habitual. Y de la misma manera que no alcanzaremos esa -para muchos- soñada república convirtiéndola en la reivindicación de un modelo ideológico, jamás conseguiremos una democracia plena y una conciencia colectiva armoniosamente unida sin hacer los esfuerzos necesarios para que así sea; que pasan irremisiblemente por aceptar nuestra historia, nuestro pasado y muy especialmente nuestro presente juntos. Que juntos estamos, guste más o menos.

Hoy se ha filtrado que el paro vuelve a subir; pero la herida que sigue supurando en España es una guerra librada hace más de siete décadas. Una cosa es cierta: algo hemos hecho mal. Hoy, también.

22/04/2010

Evo Morales y el pollo (II)

No me gustan las profecías cumplidas pero es interesante comprobar que la capacidad propia de observación y análisis no es tan mala como pudiera parecer. Ayer mismo completé un artículo en el que a mi manera criticaba la penosa, lamentable y ridícula actuación circense que en nombre de su país protagonizó el presidente boliviano Evo Morales; augurando al tiempo, o más bien dando por hecho sin creerme con capacidad de errar, que 'cienes y cienes' de izquierdistas españoles -los puros, los de verdad- acudirían en tromba a justificar al héroe boliviano. Y así fue.

En el centro de la intervención de Morales quedaron estas palabras: "cuando hablamos del pollo, el pollo que comemos, está cargado de hormonas femeninas, por eso los hombres cuando comen este pollo tienen desviaciones en su ser como hombre". Y siguió, como se aclara en el blog que enlazo, afirmando que "por culpa de los pollos y del ganado vacuno criado con hormonas las niñas también tienen un desarrollo prematuro del busto. Por eso, aseguró que, desde que conoce esa información, rechaza los pollos de granja para alimentarse exclusivamente con animales "criollos", libres de los transgénicos". La cita está íntegramente extraída de esa prensa afín al colonialismo y al imperialismo que pretende intoxicar la verdad del presidente boliviano y que leemos la mayor parte de indocumentados occidentales. Por tanto, todos hemos tenido la oportunidad de valorar en primera persona las palabras que sobre Tiquipaya resonaron.

El argumento en defensa del Presidente sale sin embargo de aquí. Porque es verdad que Morales nunca pronunció la palabra "homosexualidad", de la misma manera que el obispo de Tenerife no dijo "me gusta follarme a niños" o Franco no confesó jamás lo cachondo que le ponían los fusilamientos al amanecer. A pesar de todo, no son pocos los que intuyen de las palabras o actos de ambos que no serían desacertadas semejantes conclusiones y nos bombardean día a día con premura y humorístico acierto para que ninguno de estos hechos caiga en el olvido. Pero vale, así expresamente, es verdad que Morales no dijo "si coméis pollos transgénicos os volveréis maricones perdidos". Nunca jamás. Y sin embargo, muy preocupado por instruir a su pueblo de manera seria, científica y solvente sobre los males que vienen de occidente, que sin duda era la única y respetable intención; incluyó entre sus comentarios que comer pollo de granja provoca que los hombres sufran "desviaciones en su ser como hombre". Y al parecer, el centro de la cuestión es la palabra "también", pronunciada con posterioridad. ¡También! También es el adverbio que sirve al Presidente boliviano para enlazar un conjunto sintáctico con otro anterior.

Y la clave está, por tanto, en qué nos interese o nos guste creernos que quiso decir con ese "también". Porque puede significar que "las mujeres también sufren desviaciones a causa de las hormonas, o se ven afectadas por ellas" a su manera -que ha especificado y explicado-; o puede querer decir si le damos la vuelta que "a los hombres también les crece el busto" sin que por ello dejen plantada a su señora. Pues bien, allá les dejo a ustedes, más letrados que yo, en este debate literario y sintáctico. Pero, efectivamente, se trata de una mera cuestión de preferencias. Algunos persiguen y desean que Evo Morales no haya dicho lo que a todas luces parece que dice, y ante la imposibilidad de la negación trabajan incansablemente en una doble vuelta que estéticamente queda muy bonita. Una coreografía preciosa.

Pero verán: Evo Morales no es un señor anónimo, es el Presidente de Bolivia. Presidente al que además, como a su también internacionalmente querido homólogo Hugo Chávez, concedo en primera persona legitimidad y reconocimiento democrático. No pongo en duda -yo no- que su pueblo viva encantado con él y lo haya elegido en pleno ejercicio de sus libertades. Otra cosa es que al tiempo pueda pensar que ha dicho una retahíla de soplapolleces de incomparable calibre y así lo haga saber; algo que puedo hacer en este blog o que incluso podría plantear en una radio o una televisión española porque curiosamente aquí nadie las cierra. Pero vale, dejaremos esto a un lado. El señor Morales, como digo, volverá a los medios. Y es ahí donde reside su oportunidad para aclararme a mí, cruel occidental capitalista que él, amante de la libertad, lo es también de la que corresponde a las prácticas u orientaciones sexuales de cualquier ciudadano. Tiene Evo Morales ocasión de deleitarnos con un discurso que remueva la conciencia de su pueblo, como a buen seguro suele hacer, para convencer también de la importancia del respeto a los demás por su forma de amar. Sería precioso. Ya incluso por pedir, y presuponiendo desde mi supina ignorancia que no tendría coste económico alguno, puede iniciar una reforma legislativa para que dos hombres o dos mujeres puedan contraer matrimonio en Bolivia. ¿No sería precioso? Todo un mazazo a nuestra ignorancia y prepotente actitud hacia su pueblo colonizado.

Señor Morales: le emplazo a que me deje en ridículo como hoy ridículo me parece usted a mí. Rectificaré encantado, porque mi prioridad, a diferencia de lo que le ocurre a los malabaristas políticos, no es usted. Ni para defenderle, ni tampoco para atacarle. Mi prioridad es la defensa racional de mis ideas, que planteo siempre de manera coherente y sin buscar excepciones nominales. Ya me entiende.

21/04/2010

Elisa y el pollo


Hace unos días algún desalmado publicó que la autoría de la mítica obra 'Para Elisa' podría no pertenecer a Beethoven, o al menos no del todo. Nuestra educación musical de primaria hecha añicos. ¿Qué niño no se ha colocado delante de un piano en el mejor de los casos o ante una estruendosa flauta en el peor a destrozar esta magna obra? Pues nada, para una cosita que habíamos aprendido llega el listo de la clase y la tira por tierra. Lo próximo será que El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha -así se llama- no era una obra de Cervantes. O peor, que Cervantes nunca fue manco -está claro que la casquería es lo que nos pone en España-.

Pero esto no es nada ante el gran descubrimiento científico que ha presentado ante el mundo el Presidente de Bolivia, Evo Morales. Y digo ante el mundo porque la puesta en escena llevaba el rimbombante nombre de Conferencia Mundial sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra. Casi nada. El caso es que esta mañana, mientras me despegaba una legaña del ojo y lamentaba la inminente llegada de mi menstruación leo que el señor Morales ha afirmado que la causa de la homosexualidad no es ni mucho menos congénita, sino que tiene que ver... con "el pollo de granja". Efectivamente amigos, el pollo de granja que comemos "está cargado de hormonas femeninas. Por eso, cuando los hombres comen esos pollos, tienen desviaciones en su ser como hombres". Lo dice el Presidente de Bolivia, que no es un cualquiera. Lo que no sabemos es si el hecho íntimamente relacionado, que es hacerle cositas malas a nenes de cuna, viene antes o después; pero ese aspecto lo trataremos con la Santa Madre Iglesia, que es la letrada en asuntos de faldas. Sotanas, creo que se llaman sotanas.

Por lo demás, sabed que el cruel invento capitalista llamado Coca Cola se comerá a vuestros hijos, que además serán calvos y aumentarán el paro cerrando todas las peluquerías del mundo mundial y dejando los logros de Zapatero a la altura de la nada. Pero vamos a lo realmente importante: todo esto me lleva a concluir que las dudas sobre Elisa podrían surgir de su ambigüedad como persona. Tal vez comenzase llamándose Antonio y se le quedase cara de amable señorita tras pegarse un atracón a nuggets -de época, por supuesto-. Así, es normal que ningún autor quiera responsabilizarse de ella y anden bajo tierra sembrando dudas y pasándose el muerto. El muerto, sí.

Es verdad, ya fuera de bromas y como me aclaran por aquí, que lo que pretende Evo Morales es proteger a la industria ganadera boliviana. Genial. Es evidente. Pero estoy seguro de que podría encontrar formas mejores que dirigirse al mundo en representación de su país con un discurso primario, ridículo e infantil. Y estoy seguro, también, de que la izquierda no justificaría su pasada de frenada si su apellido político fuese distinto. Pensaba además que una de las bases de toda política de izquierdas era educar al pueblo y promover la seria cultura, pero al parecer también esa pata de mis presunciones ideológicas cojea.

En fin, hay quien dice que todo pueblo tiene el gobierno que se merece. Pues no, cuando vivimos en democracia -como es el caso de Bolivia- tenemos el que queremos y votamos, que es distinto. Esta noche en Intereconomía dirán que el de España no se ha quejado ante Morales por mezclar pollos con poll... Bueno, eso; y que sin embargo "sí mandan" a los gallis a manifestarse frente a su sede por decir cosas tan sensatas como que están enfermos -que no es lo mismo que tener una intoxicación alimentaria-. Lo cierto es que no les faltará razón: cierta parte de nuestra izquierda sigue pensando que enfrentarse al populismo latinoamericano no es sensato ni progresista; igual que cierta derecha sigue empeñada en que la memoria histórica es cosa de rojos y malnacidos. Los malditos complejos que siguen provocando que esta orquesta desafine.

19/04/2010

El turismo es colonialismo


El sábado encontré en el concello lucense de Barreiros una pintada que rezaba: "turismo = colonialismo". Digo que rezaba porque la lograda reflexión tiene mucho de plegaria y acto de fe. Eso sí, creemos firmemente en ella e imploraremos al cielo para que no caiga en saco roto. Era, más o menos, algo parecido a lo que se puede ver en la fotografía adjunta; versión reivindicativa en la que además han tenido a bien añadir el detalle de la lengua y la cultura, que sirve para afinar el objetivo que queremos alcanzar. Queda claro que no es un posible urbanismo especulador y agresivo lo que nos preocupa, no. Es nuestra esencia y carácter distintivo.

Aunque no sepamos que existen las diéresis y exploremos con ansia la creación de una sucursal lingüística de Portugal -natural y espontánea- con el loable objetivo de contrarrestar al comarcalmente variado galego -esa mentira influenciada por las hordas castellanistas al pie de la montaña-, sabemos perfectamente que la resistencia es necesaria. ¡Hasta la última aldea! Recluídos cual galaicos reconvertidos en galos enfadados podremos seguir preservando la esencia misma de nuestro pasado; nuestra historia céltica, pura, casi diría aria, ¡por qué no! De hecho ya tuvimos a un señor bajito -siempre son bajitos- que representaba fielmente el espíritu de la gaiteirada y la empanada para todos. Nadie entendía lo que decía, vale; pero disfrutábamos del pulpo y 'los del Río' en ingentes cantidades -y a partes iguales-. Luego llegó el tipo que nos iba a convertir en nación -o nazón-, que bien supo mantener de pueblo en pueblo e de festa en festa aquella esencia inmutable de la carrexada, ahora reconvertida en excursión mitinera. No acabó cuajando el objetivo democrático, es verdad, pero permanecerá siempre en nuestro recuerdo como una de las últimas representaciones vivas del galeguismo que queremos defender.

Esto y labrar patacas es lo que nos identifica como nación al noroeste del malvado imperio colonialista. Imperio que ahora nos envía programados a cientos de seres que esquilmarán nuestros mares comiendo mariscadas al pie de nuestras limpias playas -lo del alquitrán subvencionado no importa- y acabarán con nuestros bosques mientras una señora, impasible, cose tras el postigo de su casa, enfrentada en solitario a las naturales llamas del mañana. Nos sentimos orgullosos de la tierra que durante siglos ha sido representación misma del conservadurismo férreo -en su estricto sentido- y la emigración constante. Eso sí, no emigramos por pobreza ni por falta de recursos económicos propios, emigramos simplemente porque nos sale de los cojones. Los de Bilbao a nuestro lado son simples aprendices.

Hay algo inevitable: ya que la esencia independentista es de poco viajar se convierte también en urgente sellar nuestras fronteras al bárbaro invasor, ¡no sea que se nos pegue algo! Por ejemplo, la peligrosa sensación de aprender, disfrutar, crecer o entender. Nada peor para la cultura, ¿verdad? Y si mi madre se dedica al marisqueo y mi padre tiene un bar, entonces me afilio al BNG.

La pena es que todo esto parta de una falsa premisa, porque el catetismo es apátrida y atemporal. Por suerte, el progreso también.

16/04/2010

Hoy es viernes



Un buen día para construir caminos... o desviarse de los que ya existen.

12/04/2010

Responsabilidad política y Trinidad Rollán


La pasada semana, con el levantamiento del secreto sumarial del caso Gürtel y el pago de la fianza impuesta a Jaume Matas volvía a ponerse de actualidad el asunto de la corrupción y la actitud, a menudo dispar, que los partidos políticos muestran ante ella.

Pero no sólo de corrupción vive el hombre. Errar es humano, amigos. Y saltarse las normas, una falta inasumible por un representante público. La noticia que desencajó al Partido Socialista de Madrid mientras el PP chapoteaba en su propio fango y Aguirre se deslizaba por las portadas con su habitual humor fue la imputación de la Secretaria de Organización, Trinidad Rollán, por un presunto delito de prevaricación administrativa que habría cometido siendo alcaldesa de Torrejón de Ardoz.

Obviamente, el asunto le sirvió al PP, encantado, para vociferar un rato desde sus escaños. La solución de Tomás Gómez es la del habitual malabarismo político: decidir qué se hace por el sistema de comparación. Es decir, no tomar decisión alguna sobre el asunto porque en nada se parecen el caso Gürtel y el que ahora afecta a Rollán.

La pregunta es: ¿y qué? Si Gómez cree que esa respuesta le sirve a algún ciudadano vive en otra esfera política, humana y universal. Porque aunque el punto de partida sea irreprochable -hay diferencias sustanciales entre llevarse unos milloncitos de euros a las islas Caimán después de comprar a cargos públicos a cambio de contratos... con obviar un informe técnico, caso éste último que afecta a Rollán-, lo cierto es que ningún ciudadano se va a poner a distinguir al más malo. Más cierto es que el argumento resulta infantil; algo así: "yo soy malo pero tú lo eres más, y en conclusión yo no soy malo".

Esto sólo nos puede conducir al habitual "todos los políticos son iguales". Pero nos quejamos de la injusticia, ¿verdad? En política no basta con ser honrado; hay que parecerlo. Por eso es ilógico que Tomás Gómez se escude ahora en la comparación para no pedir el cese inmediato de su número dos; que podría ser condenada si prospera la petición de la fiscalía a ocho años de inhabilitación para el ejercicio de cargo público. No se trata de ser menos malos que el enemigo, se trata de aplicar en el interior las medidas que se exigen fuera. No se puede además obviar que la justicia va por su lado, pero cosa distinta es la responsabilidad política que corresponde al PSM -si Rollán cometió un delito o no lo decidirá un juez, no su jefe de filas-.

Pero no pasa nada. Dice Gómez que "es como comparar un atraco a un banco con una multa de tráfico. En el caso de Rollán no hay una apropiación de dinero público". Esta extraña doctrina supondría la inmediata restauración a Ignacio Uriarte de su cargo de vocal en la comisión de seguridad vial. Total, sólo había bebido unas copas, y se las pagó él. Total, Rollán sólo ignoró un informe técnico pasándose la ley por su bastón de mando. Total, si son de los nuestros, qué importa.

En todo caso, llevo mascando una reflexión durante los últimos días. Nos están engañando. El PP está muy contento porque Luis Bárcenas ya no es el tesorero del Partido -porque se ha ido-. Y ahora aquí me veo yo, incrédulo, pidiendo que Rollán haga lo mismo -o quien corresponda le abra la puerta-. Pero lo cierto es que tanto el PP como el PSM son muy libres de contratar al tesorero o elegir a la secretaria de organización que convenga a su criterio e intereses. Serán los ciudadanos los que libremente decidan en las urnas sobre ellos y, claro, sus partidos. Lo que me parece realmente importante es que el primero es senador por Cantabria y la segunda concejal del ayuntamiento de Torrejón de Ardoz. ¿Estamos dejando a las instituciones en un nivel inferior al de los partidos? Primero delinquen, pero luego pagamos su defensa. Dicho de otra forma: encima de putas, ponemos la cama.

09/04/2010

Sociedad civil


Sí, he salido del armario. Y no me refiero a mi sexualidad. Hace tiempo -más del que pudiera recordar- colaboro con dos organizaciones sospechosas -da igual de qué-: Amnistía Internacional y Greenpeace España. Los primeros se dedican, básicamente, a hacer publicidad en torno a la situación de los Derechos Humanos en el mundo. Los segundos hacen lo propio con el medio ambiente y el manido y vacuo concepto del desarrollo sostenible.

Y ayer una persona que bien me conoce me preguntó cómo era esto posible. Es decir: a santo de qué mi colaboración con dos organizaciones -especialmente la ecologista- con las que no necesariamente comparto siempre su labor o ideario y a las que además he criticado públicamente en más de cinco, diez y cincuenta ocasiones.

Pues respondo. Sé que después de semejante bobada mi imagen caerá otros diez puntos más, incluso por debajo del Presidente en crisis. No importa. Mi altruismo colaborativo con ambas las dos organizaciones tiene que ver con una extraña paja mental que ha crecido en mi cabeza: la pasión por ese concepto sociológico conocido como "sociedad civil".

Hacen cosas bien, sí. Pero efectivamente Greenpeace parece una organización absolutamente dogmática y encerrada en un mundo paralelo e irreal que a menudo sorprende con cuestiones difícilmente justificables. Vale. Y Amnistía Internacional y sus comparaciones España-Irán mediante sospechosos criterios de medición de los Derechos Humanos en el mundo va muy a su rollo. Bien. Pero me parece imprescindible que existan.

Tanto es así, que lo que me animó a unirme a AI no fueron sus loables, decentes y necesarios objetivos, sino el reconocimiento de que la mayor parte de su presupuesto no se invierte en ayudas a los niños pobres del mundo, que para eso es fácil convencer a las nobles almas caritativas con un par de fotos tiernas, sino en hacer publicidad, informes, propaganda o acciones reivindicativas. Dicho en castellano: en tocar los huevos. Con Greenpeace ocurre exactamente lo mismo.

Una de las bases de nuestra democracia, para que funcione, es que los ciudadanos tengamos distintas perspectivas de lo que ocurre a nuestro alrededor. Por eso me aterra que los partidos políticos lleven cierto tiempo pregonando encantados el final del periodismo y el advenimiento de lo que ellos llaman "el contacto sin intermediarios". Ya, amigos, pero la propaganda no es información. De la misma manera, son necesarias organizaciones que den la batalla llevando de cuando en vez a las portadas asuntos que en los partidos políticos suelen entrar, si entran, para hacer propaganda electoral. Esto por no decir, para quien no se haya enterado, que la democracia no es una realidad palpable en todos los rincones del planeta.

Por tanto, es verdad, no comparto todo lo que hacen o dicen. Sí mucho de lo que piensan. Pero, en cualquier caso, me parece imprescindible que lo hagan. Por eso colaboro con ellos.

08/04/2010

Garzón, leyes y tiempo


De nuevo voy a asumir mis limitaciones personales. Me gusta hacerlo cada día para superarme a mí mismo. Yo, al contrario que la mayoría de los españoles -y sea cual sea el caso a tratar- no soy experto en derecho. Sé algo más de este campo que de los de fútbol -lo que se convierte en pesadilla cuando entro en un bar- pero a pesar de todo estoy algo verde. Que te quiero, verde.

Por todo lo anterior no tengo ni la más remota idea de si Garzón ha prevaricado o no. Desconozco de arriba a abajo si este juez, asiduo en los medios de comunicación, se ha excedido o no en sus funciones.

De historia sé algo más. De civismo y democracia también. Por eso, pase lo que pase, resulta impresentable en cuanto a estética, decoro, elegancia y limpieza social que varias organizaciones fascistas representantes en herencia de una dictadura, y de todo lo que de ella pervive, lleve a un juez a los tribunales por abrir una causa contra ella. Contra ella, la dictadura. Y todo lo que de ella pervive. Ocurre que lo englobado en este punto no es pequeño.

Si Garzón era consciente de estar extralimitándose en sus funciones no me parece mal que la justicia actúe. Siempre he creído en la Ley -cuando emana de principios democráticos- en su aplicación más estricta. Y para todos. Ahora bien, a nadie se le escapa que la Ley no son dos moléculas de hidrógeno y una de oxígeno, sino un producto que el hombre se ha dado a sí mismo.

Por eso lo más impresentable no es que en este país se siente a un juez ante los tribunales por querer remover los huesos de un régimen totalitario aún caliente; que también. Lo más impresentable es que en ese mismo país haya aprobada una Ley llamada "de amnistía", que contenga apartados como el siguiente: [serán comprendidos en la amnistía] "los delitos cometidos por los funcionarios y agentes del orden público contra el ejercicio de los derechos de las personas". 15 de octubre de 1977.

Con dos cojones. Porque, como ayer sabiamente me indicó un buen amigo, si esto es constitucional "yo soy el Pato Donald". Probablemente ése sea el problema de los españoles, que demasiadas cosas nos hacen cojear, y andamos de manera más parecida a un pato mareado que al serio y digno ser en que queremos convertirnos. O que queremos aparentar ser. El anterior era sólo un ejemplo. Si las cosas se hacen mal en origen acaban estallando por el camino. Eso es, ni más ni menos, lo que hoy estamos viviendo.

Pero las leyes nunca son una excusa. Ahora las decidimos nosotros. ¿No? A mí me haría una irracional pero seria ilusión que los españoles dejáramos a un lado las disquisiciones filosóficas sobre de dónde venimos y a dónde vamos y nos pusiéramos a pensar en cómo arreglamos esto -entre todos era, ¿no?-. Por eso no estaría de más pensar en cerrar esa cicatriz que vamos arrastrando en el pie y que de vez en cuando nos pega un rebote colectivo. Con mercromina, esa cosita roja que me ponía mi abuela cuando me caía de la bici... o con un buen tajo por el tobillo. Eso habrá que verlo.

Al final, es muy indicativo que los únicos acomplejados con nuestra bandera seamos nosotros mismos. Y estas tonterías -las nuestras- con las banderas, los territorios, las lenguas, la historia -pasada y reciente- y los complejos de crío empiezan a hincharme la vena. Para arreglar nuestro problema estructural con la economía deberíamos tener solucionado el ingente y absurdo tiempo que dedicamos a nuestro problema estructural como nación. Empezar por los huesos, como dije, no estaría mal.

07/04/2010

Momentos musicales



Como hoy estamos algo pesados con esto del caso Gürtel y he soltado una chapa tremenda que habrán leído mis cinco fans habituales, me voy a dignar a prestar este blog de manera excepcional a la noble causa musical.

Es una versión de una canción que me encanta, 'The Scientist', que ayer me descubrió mi amiga -y compañera en esto de la pasión periodística- Silvia.

Y ya que me pongo a compartir música de Youtube así, gratuitamente, aprovecho para recomendar un artículo de @Egocrata sobre el manido asunto de la propiedad intelectual. No digo que esté a favor o en contra, que me lo tengo que pensar; pero sí puedo afirmar que es una manera diferente, inteligente e inusualmente seria de tratar este asunto en los blogs. Al menos, al contrario que en el famoso manifiesto, se propone algo; y eso en este mundo empieza a ser noticia.

Lo que separa Gürtel del PP

La corrupción es apartidista y apolítica. La gente no -especialmente aquella que lo afirma con orgullo-, pero la corrupción sí. Todos los partidos que han tocado poder han sufrido ovejas negras. Creer que las ganas de llevárselo doblado son patrimonio de una ideología o de unas siglas en función de las convicciones personales es tanto como poner en cuestión la inteligencia propia. De forma natural, ni la gente de izquierdas ni la de derechas se afilia a un partido para robar.

Dicha la obviedad que decenas de fanáticos tirarán por tierra en cuestión de minutos vomitando parciales o interesadas verdades en 'sus' medios o en los del 'enemigo', intentaremos una vez más repetir esa otra obviedad seca de tanto rascarla por otras tantas decenas de capitanes obvio que, como yo, invaden el mundo con la firme intención -no hay otra- de causarle un extremo sopor hasta provocar la muerte por aburrimiento emocional y sensitivo. Así la he bautizado. Es exactamente lo mismo que ocurre cuando en el Telediario te ponen siete veces la foto del niño negrito que tiene hambre: la primera vez te quejas porque estás cenando -que hay que ser hijo de puta- aunque llegas a sentir una cierta lástima redentora contigo mismo y tu conciencia; luego no, luego te da exactamente igual que venga con moscas o sin ellas. El atrezzo es lo de menos. Con la corrupción y los políticos que entran y salen del juzgado nos pasa exactamente igual: son de la familia, forman parte de nuestras vidas, los esposen o no -que hasta eso hemos llegado a discutir, ¡Jesús!- Y ése es el primer paso para que el problema se convierta en endémico.

La obviedad. El PSOE conoció la corrupción, sí. Como algunas cabeceras se empeñan en recordar en intervalos casi diarios existió FILESA, existieron los GAL y existieron y existen infinitos casos menores más abiertos -algunos cerrados sin mayor consecuencia, también- en los juzgados españoles. El PP ha tenido sus correspondientes e infinitos casos menores y soporta ahora el peso del gran caso con mayúsculas: el Gürtel -que por si alguien tiene curiosidad significa 'correa' en alemán-. Pues pobrecitos todos.

No es que yo me crea muy listo -o sí-, pero empieza a resultarme "incómodo" que la gente hable del PSOE como "el partido de FILESA" o "el partido de los GAL". Si creen ustedes que soy gilipollas pónganse a la cola. Hasta donde yo sé, ni FILESA ni los GAL fueron aprobados en un Congreso extraordinario del Partido, ni la militancia participó, ni se detuvo o vio implicación alguna en la entonces dirección ideológica y máxima de los socialistas. Felipe González, que sepamos, no aparece en ningún sumario. Demagogia barata vale; pero con quien tenga el gusto de soportarla. La justicia juzgó, el pueblo condenó y todos fueron a la cárcel. El Partido cumplió su parte. Tema cerrado. Y si por otro lado alguien conoce a algún militante del PSOE que sea fan de Roldán me lo puede ir presentando.

De la misma manera, habría estado encantado de aterrizar hoy en mi portátil para escribir que el PP no es el Partido de los 'Gürtel'. Lo prometo: yo sería feliz. Me encantaría decirle a todos esos rojos de mierda que cuelgan enlaces compulsivamente en su facebook relacionando las siglas del PP con la corrupción que no se pasen, que éste es un problema de todos, que en cualquier lado puede salir mierda y que la gentuza pringa y deslegitima a todos los políticos. Me habría encantado, sí. Entre otras cosas porque me encanta atizar a la militancia del PSOE y a su líder para luego poder apoyar al ídem cuando lo hace bien sin que nadie me mire con sospechas de parcialidad; las cosas como son. Me habría encantado, pero no puedo.

Y no puedo porque Rajoy es el ser más bobo, simple y absurdo que ha dado la política española desde que Antonio Ozores interpretó a aquel estupendo personaje de "¡No hija, no!". Pero el de barba supera la caricatura. O eso, o está de mierda hasta las cejas. De no ser así, invito a cualquier fanático del PP a que, amablemente, me explique ¡¡qué cojones!! hace un señor como Bárcenas con despacho en Génova y abogado pagado por el Partido Popular. Y sólo caben estas dos posibilidades, mi lado intelectual no da para más: o Rajoy es -parafraseando al neurótico Neira- un tonto de babarse, o es el propio Presidente popular quien tiene un cilicio puesto a modo de correa. De correa he dicho, sí.

Yo soy una buena persona, piensen lo que piensen. Y como lo soy creo que la opción es la primera. Pienso y creo, convencido de ello, que Rajoy tiene una innata incapacidad para ejercer un puesto de liderazgo que le tocó en la tómbola del cuaderno azul. Y las cosas que te caen en gracia son así: que te pueden venir grandes. Para Rajoy dirigir el PP es como para mi sobrino de nueve años dirigir en Real Madrid: le pondría mucha ilusión y aún más fe, pero no pasaría de ahí. Sin embargo existen sólo dos opciones. La primera, y deseable, es que el Partido Popular aplique su código ético, ése que dice que no se permitirán comportamientos indecorosos -a menos que repartir fajos de billetes en hoteles sea ahora una loable actividad, entonces me lo expliquen- y decida darle a Bárcenas -y los demás- una patada en el culo que se oiga hasta en Siberia. Rajoy demostraría que al menos, si algún día se sienta en Moncloa sería capaz de decidir algo. Ya no digo bien o mal, digo algo. Yo como ciudadano estaría más tranquilo. La segunda opción consiste en que el PP asuma que este es un caso propio y, al más puro estilo Titanic, decidan hundirse unidos y con la orquesta de célebres gallitos tocando hasta el final.

La cosa es simple: si alguien paga un abogado es porque tiene algo de lo que defenderse. FILESA fueron trece condenados con nombre y apellidos. Muy bien condenados están. Los GAL fueron otros tantos condenados con nombres y apellidos, desde un Ministro hasta un policía. Eran ellos, y ellos cumplieron la condena que los tribunales impusieron -allí andaba el héroe Garzón, por cierto-. Muy bien condenados están. El ridículo y patético Luis Roldán también fue condenado por lo suyo. E igual de estupendo resulta que la justicia se pronuncie.

Gürtel, sin embargo, no es Luis Bárcenas, senador y ex tesorero del PP; ni es Francisco Correa, sobornador mayor del reino; ni son los cargos públicos del PP que se dejaron querer con relojes, coches y viajes; ni es Pablo Crespo, antiguo número tres del PP gallego. Gürtel es el propio Partido Popular. Es el PP quien pone despachos, dinero y abogados. Luego es el PP quien se está defendiendo. Luego es el PP quien será o no acusado. Así lo ha decidido Rajoy. El inefable Rajoy que considera que sobornar, dejarse sobornar o repartir billetes por favorcitos urbanísticos no merece un cese de militancia, sino que aún más, debe ser defendido en los tribunales. Es Rajoy quien reparte suerte y buenos deseos para quienes van apareciendo por el engorroso y tedioso sumario. Algo me dice que es él quien la va a necesitar. Especialmente si piensa presentarse a las próximas elecciones.