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| Fotografía del Diario Público. |
Existen muchos estudios que demuestran que las víctimas de algún tipo de abuso tienden a borrar de su mente lo ocurrido para poder sobrevivir. Hoy mismo el diario El País publica un reportaje sobre este asunto del que, algún día y con mucha paciencia, me gustaría hablar. Lo que desconozco, enlazando temas, es si existe alguna explicación psicológica para que en política esté asentada la tendencia a borrar de nuestra mente los delitos "propios" y engrandecer los de quienes están en las filas ajenas.
Desde el tópico "todos los políticos son iguales", que se suele emplear generalmente cuando nuestros afines están metidos en algún lío o con su imagen de capa caída; hasta la más pura esquizofrenia que provoca que el mismo o muy similar hecho sea reprobado o burdamente justificado en función del protagonista de la historia. Una triste fórmula que se reproduce en casi todos los grupos humanos. En política sería mucho más cómodo y sensato reprobar desde dentro al guisante negro, que puede haberlo en todas partes como en las mejores familias, y salvar el nombre del partido poniendo a su corrupto, a su delincuente en manos de la justicia y colaborando con ella; pero se opta siempre por el ridículo doble rasero.
Y lo que se consigue es lo mismo de lo que en este momento puede presumir Mariano Rajoy. Además de su descrédito como líder, incapaz en ningún caso de tomar una decisión interna que le aporte credibilidad, la mínima necesaria para dirigir un país; el presidente del PP asume como propio el destino del 'polidelincuente' Jaume Matas. No sólo ha renunciado a apartarlo de la militancia -lo ha pedido él y de forma "temporal"-, sino que además le desea suerte para demostrar su inocencia. "Si puede", dice Rajoy. Tal vez sea complicado. Y tarde. Porque en este caso no se está asumiendo la presunción de inocencia en tanto que ya el propio Matas ha reconocido haber cometido irregularidades fiscales ante un juez.
Es evidente que si el ex presidente balear fuese militante del PSOE a estas horas el ruido y los tambores se escucharían hasta en la estepa rusa; pero si Matas es formalmente acusado, esa acusación será propia no de una persona a la que en su día el PP dio la confianza y le fue retirada a la primera sospecha, sino del propio PP que acoge en su fuero de confianza y honor al citado señor, confeso delincuente. La dirección nacional del partido ha decidido que el nombre de Matas, salga como salga de ésta, será también el nombre del Partido Popular. Si nos manchamos, nos manchamos todos. Esa consecuencia deberá ser asumida en su momento con la misma ¿valentía? con la que ahora se guarda silencio.
Una cosa es cierta: ¿hasta qué punto es necesario que un juez ponga tanto de sus propias tripas? No veo que fuese necesario salir del riguroso lenguaje jurídico para desviar la atención sobre un señor que ya se ha definido públicamente a sí mismo. Entre otras cosas porque el propio instructor del caso pierde credibilidad y aire de independencia. Pero agarrarse a ese detalle para justificar a Matas es caer en el colmo del absurdo. ¿El juez es socialista?, ¿alguien lo querrá reprobar? En este caso, hasta un buen amigo como los que tiene su compañero Camps bien colocados se vería en serias dificultades para tapar tanta basura.
Hablando de Camps. ¿No empieza a ser también sospechoso que en el PP las cabezas se corten siempre por abajo y nunca al revés? Podríamos empezar a pensar que se deben demasiados favores, o que alguien, por ser muy castellano, tiene los huevos pillados en una cremallera tan oxidada que es preferible no forzar. Pero esto, por supuesto, es una simple percepción personal. Tan personal como el criterio con el que los populares aplican su famoso código ético.



