30/09/2009

Sentimientos y empatía

La vehemencia y la intensidad sentimental son profundamente negativas a la hora de escribir. Por eso, desde que se hizo pública la imagen de las hijas de Zapatero he evitado pronunciarme, y así pretendía que continuara la cosa. Nada peor que avivar las llamas con fuego amigo.

Ayer, sin embargo, conocimos a través del blog de Escolar -discúlpenme por no haber querido leer directamente al personaje- la última barbaridad de Antonio Burgos, ese referente moral e ideológico de la extrema derecha española. Una columna que, por lo que me cuentan, ya ha sido retirada de la página web del diario ABC -discúlpenme también por no haber querido comprobarlo directamente, pero lo grandioso habría sido no publicarlo-.

El artículo en cuestión no es más que un burdo y cruel ataque, con ensañamiento, a dos menores de edad. Uno más, como tantos que a lo largo del fin de semana se han ido reproduciendo en la red: vídeos, correos en cadena, comentarios a través de redes sociales y foros, y chascarrillos de avispados tertulianos sin titulación conocida en todos los medios.

Más allá de las cuestiones evidentes -que esas dos niñas no representan a nadie, que pueden vestir como les de la gana y que, en todo caso, es problema de sus padres; que fue una imprudencia de ellos exponerlas al fotógrafo oficial de la Casa Blanca si querían preservar su intimidad, que los medios que han publicado la instantánea han caído en la indignidad periodística o que siempre hubo políticos de primera y segunda clase, o sin ella- lo que me preocupa es el paisaje social que se puede extraer de todo esto. De repente, un país entero se lanza a la yugular de dos menores de edad, ignorando cuál es su posición y protagonizando un ejercicio de desmesurado cinismo. Y lo que es peor: la mitad de ese país utiliza a dos niñas para atacar políticamente a su padre.

La madurez de la sociedad española, diga lo que diga la hija de John McCain, dista mucho de ser envidiada. Más bien el sentido debiera ser justo el contrario: España y Europa podrían aprender mucho de los también justamente criticados Estados Unidos. ¡Nos dan tantas vueltas en tantas cosas! Por ejemplo, en respeto a las libertades individuales; para las que nosotros tenemos leyes y ellos realidades sociales.

El bullying de Estado al que algunos cerdos han sometido a las hermanas Rodríguez Espinosa no tendría que impedir que estén satisfechas por dos razones. La primera, es que no consta que sus padres quieran objetar a su educación en valores cívicos, democráticos y constitucionales mediante la asignatura de Educación para la Ciudadanía; y por tanto es de esperar que ellas no repetirán y no permitirán que se repita lo que ahora han tenido que sufrir. Aunque para muchos, la perfecta representación ante Obama del españolito medio serían los niñatos de Pozuelo, de polo planchado y pelo Playmobil y para los que la diversión del año es agredir policías en nombre de papá; yo me siento orgulloso de las adolescentes libres de La Moncloa; y de los padres que permiten su expresión. La segunda razón es que, a esta hora, tampoco consta que su atuendo haya sido financiado mediante ninguna red mafiosa que roba dinero de los contribuyentes. Ellas se pagan sus vestimentas góticas.

Cuestiones varias al margen, si estoy aquí es porque necesito pedir a todo aquel que haya llegado a este punto que lea este artículo de Jessica Fillol. Querría haberlo escrito yo mismo, pero ya le ha puesto ella la voz perfecta a un sentimiento complicado. Demasiado complicado para quienes creen que todo vale.

21/09/2009

Guerra de torpezas

En los últimos tiempos, y de forma intensa en la última semana, se ha iniciado un camino de difícil retorno en el panorama político y mediático de este país. La supuesta guerra abierta entre el Grupo PRISA y el Gobierno del PSOE se ha convertido en el principal foco de atención social, lo que lejos de ser interesante refleja a la perfección la salud política y democrática española: un panorama de horror.

No hace mucho se trataban en este mismo blog algunos problemas de gestión que Zapatero debería asumir como una responsabilidad propia: los vaivenes, el alejamiento de las posturas socialdemócratas elegidas en las urnas, la pasividad o falta de iniciativa ante los necesarios cambios que hay que abordar con empresarios y sindicatos, la incertidumbre en la política fiscal o social y, todo ello, aderezado siempre con la nefasta comunicación que acompaña al Presidente desde el primer momento que pisó la Moncloa. Desde 2004 el Gobierno de España ha sido incapaz de marcar la agenda, explicar las medidas que toma y buscar y consensuar el imprescindible apoyo social previo a las mismas.

En esto, la nueva postura de PRISA adquiere una relevancia especial. El nuevo grupo de comunicación nacido al abrigo de Zapatero y que aglutina a La Sexta o el Diario Público es ahora fiel a las posturas del ejecutivo y su partido, pero jamás logrará tener la capacidad de influencia de medios como El País o la Cadena SER. Por eso, es evidente que el Presidente ha errado desde un primer momento en lo que a estrategia se refiere: permitir el nacimiento de un nuevo grupo afín en un campo minado por la derecha es inteligente; menospreciar al gran ente que da cobertura a la mayor parte de votantes potenciales -y reales- del Partido Socialista es un absurdo descomunal que tanto el actual líder del Partido como éste en sí mismo acabarán pagando.

Sin embargo, más allá de la manifiesta torpeza de Zapatero en la defensa de su propio sillón, provoca sorpresa la reacción derivada del cambio editorial de PRISA entre una marea de militantes del PSOE, que con su nerviosismo y estupefacción están protagonizando un ridículo espantoso, además de actitudes fácilmente reprochables desde la ética democrática.

Como bien explicaba Jessica Fillol, simpatizantes y afiliados al Partido Socialista han iniciado una pataleta infantil como a quien se le quita un chupete que tan rícamente ha saboreado durante décadas. Parece que acaban de descubrir que El País, la SER o Cuatro, siendo medios tradicionalmente afines, no pertenecen a Ferraz, y son una empresa privada con intereses perfectamente legítimos. La última chorrada -lamentable a pesar de todo- ha sido promover un boicot a los medios de PRISA, impulsado por los mismos que seguramente gritaban contra el PP cuando hace no tanto hizo lo propio. Algunos, con su abnegada dedicación, van a conseguir hacer cierta esa vieja e interesada consigna de la derecha española: "todos los políticos son iguales".

La doble vara de medir y el sectarismo que está invadiendo a los círculos cercanos al socialismo es tan llamativo como preocupante. A los que ahora protestan por la orientación informativa no les preocupaba cuando ésta favorecía al Partido Socialista. Los que murmuran rabiosos contra el ya célebre editorial de El País en el que se hablaba de "desconcierto" entre las filas socialistas porque "no cita fuentes" -a estos les hace falta una clase de periodismo- difundían compulsivamente cada nueva actualización del mismo Diario sobre la trama Gürtel de corrupción que afectaba al PP. Sin fuentes. ¡Obviamente! Y para remate, los que se quejan porque El País coloca en su portada digital noticias sobre la TDT de pago ven estupendo que el Diario Público haga lo propio con su feliz retransmisión de las batallas de su competencia y el ejecutivo, dándoles relevancia de información fundamental durante días mediante artículos más propios de quinceañeros pandilleros que de medios serios.

Hace tiempo que quien aquí escribe no cree que el periodismo deba ser imparcial y objetivo. Dijo Gabriel Celaya: "maldigo la poesía concebida como un lujo cultural por los neutrales que, lavándose las manos, se desentienden y evaden. Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse". Traducido a esta profesión, lo que todos debemos buscar en un medio es que sea veraz. A esta hora, la militancia socialista no debería estar tan preocupada por las razones que han llevado a PRISA a alterar su línea editorial, algo que puede hacer con total legitimidad, sino que sus hostiles posicionamientos estén cargados de razón. Y lo están.

Es patético y lamentable que la militancia del principal partido político de este país, el que lleva sus riendas y ha protagonizado las etapas más ejemplares de la historia nacional, esté ahora dando un espectáculo propio de regímenes populistas y autoritarios. Los medios de comunicación pueden tener ideologías, y tienen de hecho una línea editorial determinada, pero no pueden sufrir nunca en un Estado democrático la sospecha o la coacción para ser servil a determinados intereses. Y muy libres serán ellos de determinar cuáles son los suyos. ¿Es Público más independiente que El País, más honesto, más imparcial; o acaso su afinidad al proyecto gubernamental tiene que ver con los regalos legislativos de unos sobre los otros? ¿No es defender sus intereses comerciales lo que está haciendo Mediapro? ¿Por qué para la militancia socialista lo uno es legítimo y lo otro no?: por asqueroso sectarismo antidemocrático. Es probable que ningún socialista hubiese tolerado un movimiento como el protagonizado por Moncloa para favorecer a la empresa de Jaume Roures si los protagonistas hubieran sido un Gobieno del PP y su correspondiente grupo afín. La política nos ha enseñado ya que es sencillo defender valores teóricos, pero más complejo hacer que se tornen en realidades tangibles; especialmente cuando nos tocan lo nuestro -y el PSOE acaba de descubrir que PRISA nunca fue de su propiedad. ¡Milagro!-.

Por otro lado, es evidente que PRISA también se equivoca, también responde torpemente desde su trinchera en esta guerra. Su vehemencia va a provocar una desbandada de lectores hacia Público o de espectadores de Cuatro a La Sexta; además de minar su largamente trabajada credibilidad; que unido a la crisis y el cambio de modelo que vive el periodismo pueden suponer un problema. Pero, desde luego, es libertad de la empresa establecer sus posicionamientos y estrategias, y nadie tiene derecho a ejecutar o exigir medidas de presión para forzar lo contrario.

En España, etiquetar a los medios y patrimonilizarlos en favor de determinadas ideologías es no sólo una endémica enfermedad sino un constante ataque a la libertad. Cuando decir SER o COPE equivale a decir PSOE o PP, respectivamente, es porque algo estamos haciendo muy mal. Pero cuando los propios partidos asumen que, efectivamente, los medios les pertenecen por derecho; hasta nuestra Constitución tiembla y se resiente.

Lo que en estos momentos está ocurriendo es simple: el Gobierno tiene derecho a legislar, El País tiene más derecho aún a publicar lo que le plazca; y lectores y ciudadanos podrán invertir su dinero o depositar su papeleta en el sentido que consideren oportuno. Cuando este último momento llegue, algunos se van a sorprender, pero la culpa no habrá sido de PRISA, ni de los que en su momento intentamos levantar la voz sobre el amargo silencio de los que participan sólo para esperar palmaditas en la espalda y sillones que calentar con su mediocre culo.

Han hablado sobre estos temas y otros derivados Jessica Fillol, Jessica Fillol otra vez, Pablo Urbiola y Juan Pérez.

07/09/2009

Afganistán no es Irak

Un policía se refleja en un coche agujereado por las balas en Pakistán. Fotografía de Andrees Latif en soitu.es

Aún hoy, muchos siguen confundiendo pacifismo con antimilitarismo. Quienes quieren la paz y abogan por el diálogo, la diplomacia y el entendimiento como forma de resolución de conflictos, no necesariamente tienen que pedir al tiempo la desaparición de los ejércitos. Más allá de idealismos puros, que pueden tenerse y legítimos son, creer en la paz y a su vez en la defensa no es un antagonismo, sino un planteamiento de sensatez presente.

La raza humana no es un conjunto utópico de seres maravillosos dispuestos a darse amor. En un Estado democrático y de Derecho, el ejército, como las Fuerzas de Seguridad, están al servicio de los ciudadanos y su función es defender la legalidad y el orden constitucional. Una función indispensable al servicio de todos. La extrema derecha confunde estas posiciones cuando piensa que la organización y el buen funcionamiento del Estado es algo de su propiedad -justamente se defiende al otro lado-, o que la respuesta a sus totalitarismos y abusos supone una respuesta a otra cosa que no sea precisamente ésa. La izquierda del más allá -la que dice estar más a la izquierda- se carga de hipocresía cuando aquí deslegitima a sus propias instituciones y servicios del Estado y fuera de nuestras fronteras adora a sátrapas disfrazados de soldado, galones incluidos.

Ni lo uno, ni lo otro. Es tan sencillo como ser demócrata y creer en la defensa, el mantenimiento y la aseguración de la legalidad y el orden que debe imperar en cualquier Estado, cuando éste no se halla al servicio de una voluntad personalista, sino al de todos sus ciudadanos.

Todo lo anterior es lo que, para los españoles, hace que Afganistán no sea Irak. Cuando quien escribe colgó una pancarta bajo su ventana exigiendo la paralización del desbarre aznariano junto a sus colegas pandilleros, no estaba gritando por la disolución del ejército o la llegada de la anarquía: estaba reclamando que nuestras tropas sirvieran aquello para lo que son concebidas en democracia: la defensa de la legalidad. Por ello, hoy podemos discutir si es necesario o no participar en la misión de Afganistán, podemos debatir si estamos a favor o en contra; pero sin olvidar que nuestras tropas actúan bajo amparo de Naciones Unidas y cumpliendo un mandato del Parlamento español. Aquello no es esto, los ejércitos no sólo están para repartir flores, los soldados lo son por voluntad propia y asumiendo su riesgo... y demagogias las justas.

05/09/2009

La televisión de todos



Llevo unos meses dándole bastante caña al Gobierno en el blog: su política económica y social bien lo merecen, como otros aspectos en los que sin duda entraremos y que a mí, como ciudadano, me resultan imperdonables.

Pero hoy quiero darle un respiro al Presidente Zapatero y los suyos, que es en realidad una felicitación por cumplir no ya con una promesa, sino con una obligación. Por primera vez en nuestra democracia España puede presumir y disfrutar de una televisión pública estatal completamente independiente del poder gubernamental, al servicio de todos y sin afán manipulador o propagandista. Por primera vez, los ciudadanos podemos ser informados por la televisión de todos de cuestiones antes impensables. Por primera vez existen mesas donde todos caben y, por primera vez, la programación comienza a girar hacia un verdadero servicio público.

Aunque aún queda mucho camino por andar, y aunque hay aspectos muy mejorables, hoy se puede afirmar que el mejor modo de conocer la realidad en España a través de una televisión es sintonizando la pública; o que la radio de mayor calidad que existe en nuestro país es precisamente nuestra Radio Nacional.

Hoy nadie, ni desde la oposición ni desde organismos internacionales puede gritar lo contrario. Hoy no hay denuncias ni los trabajadores tienen que pasar la vergüenza de firmar dictados superiores. Puede parecer poco, y sin embargo lo es todo. La libertad del periodismo y los medios informativos es la libertad de los ciudadanos y el aseguramiento de la calidad democrática. Una sociedad informada y culta es una sociedad libre, y sólo ése debe ser el fin de Radio Televisión española.

Un vídeo como el que abre este texto es, treinta años después, posible y además creíble. Por fin, un diez.

Vídeo: en dosmanzanas.com a través del twitter de Alfonso Saborido.

03/09/2009

Mayo



"Vivir es ganarle batallas a la soledad".

Al hilo de lo que hablábamos ayer...

"Madrid tiene que ser una ciudad de emprendedores sociales y empresariales. Pero arrancar un proyecto siempre es difícil y se debe acompañar a los impulsores en su aventura. Se necesita financiación y espacios físicos.

Por otro lado innovar ya no es una posibilidad sino una necesidad. Madrid debe favorecer la creación de Centros de Innovación y el despliegue de infraestructuras de telecomunicaciones.

Y ya por último, todo el sistema debe orientarse a mejorar la vida de los vecinos. Madrid tiene un déficit en personas felices, esto es un problema político y la respuesta debe surgir de los poderes públicos".

David Cierco, en su blog.

02/09/2009

Empresarios, trabajadores y viceversa

Con la llegada del mes de septiembre vuelven las tertulias y los debates a la radio, la televisión y al centro de la efervescencia nacional: los bares.

Sin duda, las conversaciones este año girarán en torno a la crisis económica y en las oficinas de empleo se escuchará alguna que otra frase contundente. Pero... ¿seremos capaces los españoles de evolucionar el nivel ideológico más allá de los tres tópicos simplones? Véase: criticar al Gobierno, que pase lo que pase es el culpable de todos nuestros males -o a la oposición para quienes están en la trinchera de enfrente-, hacer de los empresarios un ser horrible que quiere exterminar a la oprimida clase trabajadora o -de nuevo para los atrincherados en el otro bando- empeñarse en convertir a los trabajadores en mera mercancía al servicio de las teorías del más fuerte.

Lo más probable es que no. Sin embargo, España necesita salir de sus viejas trincheras y respirar aire fresco. Nuestros pulmones están tan encharcados por el pasado que pudiera llegar a parecer que no vivieron la transición, y frente a nosotros tenemos otra imprescindible que ejecutar y que no será posible sin contar con aquel ingrediente mágico que tuvo ese otro proceso histórico que, con todas sus sombras, hoy la mayoría idolatra con mayúsculas palabras: el consenso, el concurso de todos para aportar una idea conjunta del modelo de país que queremos. En este caso, del modelo económico y de crecimiento que ha de regir nuestro desarrollo futuro, y por tanto también nuestra vida y la idea social que todo ello rodea.

Es el Gobierno, del que ya hablábamos hace unos días, el que debe liderar desde una posición de Estado; imparcial -ideológicamente implicada por mandato de las urnas, por supuesto-, técnica y solvente, este trascendental proceso. El Presidente Zapatero, según cuentan los medios, increpó en su última reunión al líder de la CEOE recordándole que no representa "a los suyos". Los suyos. ¿Disculpe?

Sería absurdo entrar en la vieja disyuntiva de si se puede ser empresario y de izquierdas -que yo digo que sí, es más, se debe- o cobrar más de 50.000 euros al año y votar al PSOE -que yo digo que también, aunque esto ya habría que explicarlo más y no quiero ser malo-. Lo que no es tan absurdo es seguir empeñados en lo malévolo y opulento del empresariado español. Por suerte o por desgracia, no todos los empresarios españoles son Díaz Ferrán, ni tener una empresa implica dirigir El Corte Inglés. En cualquier país europeo, la persona que emprende, arriesga, crea un negocio, aporta un patrimonio personal a la consecución de una idea y se pone al frente para desarrollarla, goza de una gran consideración social. En España, la nación de la envidia y la sospecha, el emprendedor pasa automáticamente a ser considerado el eje del mal.

Bien es verdad que se han producido y se producen multitud de abusos, execrables y denunciables, como también muchos trabajadores actúan deplorablemente poniendo en riesgo no ya a sus empresas, sino a sus propios compañeros, que por algo se llaman así. Pero, a estas alturas de la película, ningún sector, capa social, profesión o sensibilidad personal o pública puede estar enteramente bajo sospecha. Si un país quiere salir adelante, debe hacerlo ensamblando cada pieza para conseguir un todo común que se mueva y haga avanzar y progresar la máquina. No me gusta tener que ser obvio, pero algunos parecen olvidar que en este sistema que nos hemos dado, y con el que la mayoría -desde el neoliberalismo más radical hasta la socialdemocracia más pura- parecemos estar de acuerdo, para que existan empresas tiene que haber trabajadores, y para que haya trabajadores deben nacer y crecer las empresas. Ese viejo y estúpido argumento de "los empresarios lo que quieren es ganar dinero", me llama la atención. De momento, no conozco a ningún trabajador que se levante por las mañanas por solidaridad y amor a la patria. La posición es distinta, el objetivo es el mismo, pero más fácil de desarrollar cuando las dos partes lo entienden como un todo común.

Díaz Ferrán es, en efecto, un talibán ideológico, un peligro para la dignidad de las personas y un crápula sin complejos. Pero Díaz Ferrán no representa a todos los empresarios, como los sindicatos no representan a más trabajadores que a los que tiene afiliados y llevan en su bolsillo un carné. Ni unos ni otros tienen por qué arrogarse la voluntad de tantas personas como parecen estar a su arrope, puesto que es injusto e irreal. En todo caso, y puesto que así lo marca la racionalidad de nuestras normas, es con estos interlocutores con los que tenemos que crear país. Crear empleo. Crear futuro.

El ejecutivo, si fuera consciente de cuestiones tan básicas, tendría que seguir sentando a uno y otro lado a estos representantes de las partes afectadas para, con la vigilancia y el arbitrio de nuestro legítimo Gobierno, que sí representa a todos -a todos- llegar a una posición común. Las administraciones públicas -central y autonómicas-, si además fueran conscientes de la importancia de recuperar nuestra economía dejarían a un lado las ideas estrella de inyectar dinero a los bancos -los de los multimillonarios beneficios trimestrales-, los cheques injustos -por no progresivos- que van poco a poco ahogando a un Estado ineficaz en el reparto y con una caja limitada que ya no ingresa como antes, las medidas temporales como el Plan E, que sirven como efecto inmediato pero no contribuyen en nada al mañana y tienen una inversión exagerada para tan nimio resultado, o las ayudas, como alguna autonomía hace, a los grandes empresarios obviando y maltratando a las PYMES que crean la mayor parte de los empleos existentes -obviemos ya al sector de la construcción, al que por supuesto no se hace ni se hará referencia en ningún momento de este artículo-.

El Gobierno lo tiene aparentemente fácil: crear un sistema impositivo justo, equitativo, solidario y progresivo, garantizar la igualdad entre todos los ciudadanos vivan en el territorio en el que vivan con un sistema de financiación equilibrado y resolviendo los conflictos competenciales -vale, igual no lo tiene tan fácil- para que las administraciones dejen de solaparse entre sí, actuar de una vez y para siempre para regular los abusos del sector financiero protegiendo a ciudadanos y pequeñas y medianas empresas, definir para qué sirven las cajas de ahorros, y ya de paso acabar con esa genialidad llamada Sociedad de Inversión Colectiva de Capital Variable -vaya, el paraíso de los "pobrecitos"- u optimizar  y racionalizar los recursos de la administración pública. Atreverse a decirlo: las rentas altas pueden y deben pagar más, y sobre todo atreverse a hacerlo, sin la vieja excusa de "los que no declaran". Si el Gobierno quiere, si al Gobierno realmente le apetece... está sobrado de medios para que nadie puda huir. Igual es otra cosa (ver "no quiero ser malo").

El error es confundir renta alta con empresa. No es a ellas a las que hay que exprimir a impuestos, puesto que visto el ritmo de destrucción de empleo de poco servirá  poner impedimentos a una de las bases del desarrollo económico. Al contrario, se debe incentivar el desarrollo de nuevos empresarios. ¿Qué es un empresario? Éste sigue siendo uno de los países donde más difícil resulta ser autónomo. Tener ideas en España es un lastre, y ya se sabe: fuga de cerebros. Esto está directamente relacionado con nuestro otro gran lastre: la educación.

Un país en el que el gran -no, ¡el único!- debate educativo es si en un territorio se deben estudiar sus dos lenguas oficiales -perogrullada- cuando en los que sólo existe una no se garantiza su aprendizaje correcto al término de la etapa educativa obligatoria, es un país enfermo. Si a esto sumamos nuestro patético desconocimiento de cualquier lengua extranjera o la existencia de un sistema que no prima el desarrollo de las capacidades intelectuales, la creatividad y la superación, sino la memorización estúpida y la mediocridad, tenemos como resultado lo que hoy somos: el país con el más alto índice de fracaso escolar de Europa, que se traduce inevitablemente en el país con el más alto índice de fracaso social y económico de nuestro entorno. La educación no puede estar supeditada a intereses electoralistas o leyes con fecha de caducidad: no es un asunto político -ni mucho menos religioso, que ya está bien-, es la más alta e importante cuestión de Estado, la que hará que pasemos de nuestra caspa cañí a la vanguardia internacional.

La falta de formación es la que conduce a la existencia del clásico empresario español -que a su vez provoca el tópico nacional-: el garrulo acomplejado que necesita gritar que es el jefe, que no tiene ninguna visión de empresa ni capacidad alguna para dirigir un proyecto sensato y sostenible. Trabajadores en su área -en ocasiones tampoco- que se lanzan a dirigir un proyecto sin tener conocimientos ni medios para ello. Pero la falta de formación provoca algo mucho peor: la precariedad laboral. La derecha neoconservadora y los grandes empresarios precisan con urgencia una reforma del mercado laboral para hacer del despido una cuestión cómoda, barata y sencilla: trabajadores con menos derechos. Sin embargo, esta aberración es contestada por la izquierda de forma inexplicablemente absurda: defendiendo el modelo actual. ¿Cómo puede un sindicato defender el sistema que crea más empleos temporales y precarios del mundo occidental? Curiosamente, eso hacen dirigentes sindicales que hace tiempo que dejaron de serlo para convertirse en un poder funcionarial al servicio de intereses varios. Si hoy el sindicalismo defiende los derechos de los trabajadores en octubre se declara la III República en España. No sé si me explico. Y con ellos, el Presidente de referencia de la socialdemocracia europea. Disculpen la carcajada. Claro, que este párrafo podría completarse leyendo el currículum de los altos cargos políticos nacionales. Después de realizar esa labor, uno entiende muchas cosas.

Podríamos partir de una base: un contrato sólo debe ser temporal cuando temporal sea el puesto de trabajo que cubra. Parece que no es esto lo que hoy defiende la izquierda española, que se siente cómoda con un jaleo de legislación en el que raramente los trabajadores conocen sus derechos y sobre el que pesa la prueba de haber ayudado más a explotadores que a trabajadores -no recuerdo que Díaz Ferrán se pronunciase al respecto en época de bonanza-. Eso sí, para un modelo empresarial sensato, legal y legítimo, esta legislación tampoco sirve. La cuestión final es que es más fácil amenazar a la otra parte con el coco: en ello, tanto el Partido Socialista como el Popular se encuentran cómodos, y como la izquierda en el poder no va a hacer su trabajo, la derecha hará el suyo cuando retorne a él, veremos si con la sensatez que quiero proclamar o siguiendo los dictados de la CEOE. De ser el segundo caso, bien que haría, puesto que el camino se lo tiende el "enemigo", que ya lo ha adornado hasta con flores.

En la actual situación, es de rigor que entendamos que España no se construye enfrentando a sus partes. No sirve en el modelo territorial, no vale en el modelo social, y tampoco puede ser en el modelo económico. Hay que dejar a un lado la hipocresía, la amenaza y el frentismo que sólo interesa a quienes después han de dirigir campañas electorales. España necesita ciencia, investigación, tecnología, educación, formación, un nuevo modelo de desarrollo, reconvertir y poner en valor su tejido industrial, ayudar a las pequeñas y medianas empresas, ayudar a todas las personas que tengan una idea y quieran desarrollarla, y por supuesto, poner todos los medios para que las personas en riesgo social sean arropadas por cada una de las instituciones públicas. Pero esto no significa cheques, propaganda o improvisación que da lugar a situaciones como la que expresa esta viñeta, significa ayuda de verdad a todo aquel que la necesite. A todo aquel. Y, por supuesto, tampoco es la demagogia y el populismo de un Estado que sólo se preocupa por la ayuda pasiva. Hay una frase que necesariamente tengo que compartir: la mejor forma de ayudar a un parado es conseguir que tenga un empleo, o incluso, por qué no, conseguir que fabrique y desarrolle su propio empleo, su propio negocio. Ganar dinero, o ser empresario, no es ilegítimo ni tampoco imposible, son ilegítimas algunas formas de hacerlo. En todo caso, no hace falta, como alguien me dijo hace poco, ser millonario para montar una empresa: esta afirmación sólo puede responder a una suprema ignorancia o a una absoluta pasión por la comodidad: se puede hacer crecer un proyecto teniendo ganas, y sería mucho más fácil si el apoyo público fuese a quien lo merece, a quienes no se sientan hoy en opulentos despachos. Cosas del socialismo "moderno".

Hay que empezar a modificar enormes y endémicos problemas estructurales: ¿nos ponemos a ello? España ha perdido demasiadas generaciones y ya tiene a unas cuentas condenadas. Está en vuestras manos, que son las de todos. Está en nuestro dinero, el público, que al contrario de lo que afirmó una ministra, es el de todos. Y está también en el abandono de las viejas teorías sociales y políticas que ya no sirven en este siglo. Entre los antisistema de marca, los acomplejados ideológicos y los avariciosos sin fondo, podemos esperar sentados una solución. Pero, aún así, yo prefiero levantarme.

01/09/2009

Día del blog

Es verdad que llego tarde, pero no por ello el asunto pierde su sentido. Ayer se celebró el Día del Blog 2009, una iniciativa que consiste en recomendar o dar a conocer cinco blogs que, a ser posible, no tengan demasiado que ver con lo que uno hace. Después de comprobar ayer a través de los blogs que yo sigo que se pueden encontrar sitios verdaderamente interesantes, quiero compartir con vosotros algunos de mis blogs favoritos (el orden es absolutamente aleatorio).

Gambutzi.es. Un blog sobre marcas, imagen, diseño, televisión, medios de comunicación y, todo ello, ambientado con lo que rodea a la ciudad de Madrid. Un sitio entretenido, fácil de leer y con un estilo y variedad temática que lo hacen muy interesante.

Tercera opinión. Creo que ayer leí a alguien que ya recomendaba este sitio. No importa, porque bien lo merece. No se trata de un blog al uso, puesto que sólo actualiza los domingos; pero la forma de escribir y el acierto en la elección de los temas, a los que nunca busca un análisis superficial, general o habitual, hacen que ya se haya convertido en uno de los rincones de la red que leo con más agrado.

Ecomovilidad.net. un blog escrito por varios chicos (creo que de momento sólo son chicos) que nos anima no sólo a apostar por el transporte público, algo obvio, sino a entender que la movilidad en el entorno urbano es mucho más que eso; algo complejo, integrado -también con nosotros- y necesario. El sitio, más que reivindicativo o creador de conciencias -qué también- es sobre todo un lugar formativo y hasta informativo. Muy recomendable.

Pixel fugaz. Un fotoblog en el que su creador, Victoriano Izquierdo, nos muestra lo que parece una simple visión de la realidad, reconvertida en belleza, creatividad y originalidad. Si te gusta la fotografía, es uno de los sitios fundamentales que no te puedes perder.

Los Calvitos. Conocí este blog cuando su autor nos ilustraba cada mañana la actualidad, libremente, desde la Comunidad de la Cadena SER, forzándote a sonreir hasta cuando estás de mal humor. Ahora lo ha fichado El Plural y el estilo parece algo distinto pero, en todo caso, sigue siendo un verdadero maestro del humor gráfico, una de esas disciplinas que me parecen imprescindibles en los medios de comunicación. (En su día, tuvo la iniciativa de crear un mapa con las autonomías españolas, buscando formas en su perfil y ensamblándolas luego entre ellas. Como me dedicó el de Galicia, lo dejo aquí, que hace ilusión).

La feliz lengua: ¡Anda, si me han salido seis blogs! Pues que sean seis. Éste es uno de esos que ni son famosos, ni se actualizan regularmente siguiendo férreas disciplinas dospuntoceristas -o gilipolleces similares- pero que cuando aparece por el horizonte me encanta leer. En primer lugar porque su autor es una de las personas que conozco que mejor escribe, en segundo lugar porque su autor es una de las mejores personas que conozco. Y en tercer lugar porque, evidentemente, lo conozco.

¿No he puesto ningún blog directamente político? Bien Jorge, bien. Esto significa que, digan lo que digan, tu vida es variada, plena y enriquecedora.