30/04/2009

Tres propuestas musicales



Es Päjaro Sunrise, grupo que he descubierto a través del blog de Patxi López. Es suavecito (mucho), pero da un buen rollo curioso y especial.

Por otro lado, hoy Público.es ha reconocido por fin en un gran medio a un cantautor del que llevamos hablando mucho tiempo pero que no está al abrigo de la SGAE. Marwan, el hijo de las piedras, las de Palestina, ha sido entrevistado por este Diario.

Y por último, tenéis que votar a The Bärds en el concurso PopyRock de Zaragoza. No porque lo diga yo, sino porque objetivamente son los mejores. Y para quien no los conozca, ya os avisaré de los próximos conciertos :)

28/04/2009

Formas de dar una noticia


Lo que ves arriba es una captura de pantalla de hace unos minutos en cadenaser.com. ¿Qué me llama la atención?

Primero: ¿es realmente importante la nacionalidad del bebé? Globalización, inmigración, y su llegada al periodismo. Eso sí, el interés por la procedencia patriótica sólo aflora cuando se trata de actos delictivos y siempre y cuando quienes los cometen no sean nativos.

Segundo: tanto se ha alterado el orden jerárquico de las cosas que lo menos importante, ahora, es el propio hecho noticioso. Hay un cadáver, pero saber por qué y cómo llegó hasta allí es secundario; ahora lo realmente prioritario es la configuración del titular que sucederá a éste. Supongamos: "una mujer ecuatoriana arroja a su hijo..."

Y luego decimos que el periodismo está en crisis. Y es verdad. Pero a ésta le acompaña la crisis de valores que recorre todos los sustratos sociales, bastante más grave.

Los cerdos y la comunicación

Fotografía de elmundo.es

El Partido Popular ha ofrecido al gobierno "su experiencia" en la lucha contra la gripe porcina. Es verdad que el Partido de Rajoy sabe mucho de mocos y cerdos, pero no estaría de más que mostrase la misma disposición a colaborar en todos los virus, algunos ya endémicos, que asolan nuestro país. A pesar de todo, es imposible reprobar esta actitud de leal oposición, no sea que sirva de excusa para no repetirla.

Trinidad Jiménez, por su parte, ha llegado al Ministerio de Sanidad a tiempo de gestionar la única situación entretenida -digamos- que le ha caído a este departamento en años, desde aquellos tiempos en los que Celia Villalobos nos ilustraba en los recovecos de la gastronomía popular. Esta oportunidad puede servir para demostrar que ser Ministro, técnico y experto ni es lo mismo, ni deja de ser complementario. En este caso, y en todos, a Jiménez le toca gestionar, organizar y comunicar; tres actividades aparentemente simples para las que, sin embargo, no han sido preparados muchos de los que hoy vuelan en las altas esferas políticas.

La importancia de la comunicación es tal, que todos los colectivos deberían valorar las consecuencias de aquello que propagan; y es que más letal que un virus es un virus mal nombrado. Ahora sabemos que el cerdo, al que tan mala prensa han creado en unos días, no tiene demasiado que ver con esta gripe -como España no tuvo nada que ver con la famosa "gripe española"-. Los ganaderos y las industrias que viven de ellos estarán dando saltos de alegría ante la ocurrencia nominal, y lo peor es que ellos no tendrán derecho a reclamar. Crisis sobre crisis, que en este caso se llama "carencia de solidaridad". O falta de inteligencia, que diría el también porcino Sarkozy.

24/04/2009

Los días "de"

Fotografía: campaña del PSE por el cambio en Euskadi.

Uno de los efectos de la evolución social de las últimas décadas ha sido la proliferación de los días "de". Tenemos para todo: para el libro, para la Tierra, para la mujer, para el niño, para los Derechos Humanos o para el orgullo gay.

Es necesario estar comprometido con todo lo anterior, por supuesto. Yo mismo he tratado de potenciar siempre el lado positivo de unos días que deberían servir no para ver nacer y morir en nosotros una actitud, sino para mantenerla presente, renovarla y rendirle homenaje. Sin embargo, la forma en que la mayoría lo ponemos en práctica no hace más que mostrar y demostrar la hipocresía mercantilista que recubre lo que hacemos.

Ayer, en la mañana del Día Internacional del Libro, comprendí con toda su dureza en qué consistía al leer en una red social a alguien que escribía, en un acto de pretendida espontaneidad, las "ganas" que tenía "de leer". Qué originalidad. Posiblemente, el día anterior plantara un árbol y ya esté preparando la bandera multicolor para lucirla por las calles de Madrid el 28 de junio.

¿Y? Y nada. Lo que diferencia a un 'progre' de una persona progresista, con todas sus letras, es el nivel de compromiso. El 'progre' ha de parecer bueno, moderno, y apoyar todo lo que tenga visos de parecer rompedor, bien sea una idea genial o una soplapollez tan grande como la catedral de Burgos, en tiempos en que la reflexión y la propia capacidad de decisión no tienen la más mínima importancia. Por el contrario, el progresista tiene ideas para, claro, ver progresar y evolucionar a la sociedad de la que es... partícipe.

Por ello, no parece que comprometerse con los libros que leo a diario, el planeta en el que vivo, las mujeres, los niños, la defensa de los Derechos Humanos o la comunidad LGTB a la que defiendo con orgullo, sea igual a lucir bonitas frases una vez al año o colgar enlaces estupendos con grandes colores en un blog. Las jornadas temáticas, por haber perdido su esencia, ya sólo sirven para lucimiento de algunos e, incluso, para aprovechamiento económico y comercial de otros.

Asumiendo que la mayoría de los que participamos en este humilde blog hemos superado ya la adolescencia colorista e irracional, y somos capaces de mucho más que colgarnos chapas en la mochila -como las que yo llevo-... ¿qué tal si pasamos de la superficie al fondo?, ¿de la apariencia a la acción? Al fin y al cabo, si ninguno vamos a ser candidato a las elecciones no veo la necesidad de comportarnos como tal.

Hace meses que no escucho a nadie hablar del Tibet o el Sáhara, se me ocurren cientos de libros que recomendar un 24 de abril y muchas ideas para mejorar las condiciones medioambientales de mi ciudad. Por eso, adquiero con vosotros un compromiso: no volver a celebrar los Días "de" e intentar que todos lo sean. Más cuando no hay, en efecto, mucho que celebrar y sí mucho que conseguir.

21/04/2009

Aznar y yo: casi amigos (II)

Fotografía del Fotolog 'Diario de un jabalí'.

Tal y como he publicado esta mañana, las palabras que pronuncié hace unos días en mi blog y las que ayer hicieron saltar a las portadas al ex Presidente José María Aznar podían contener profundas similitudes. Por ello, he pedido una reflexión para localizar el punto de diferencia, y también el parecido. En vista de que los comentarios se han limitado a criticar la postura del líder del PP, voy a profundizar yo mismo en mi propia evidencia.

Aznar acusó a Europa de preferir subsidiar al desempleado antes que animarle a buscar trabajo. Estoy de acuerdo. Las políticas activas de empleo no sólo tienen menos trascendencia que las pasivas, sino que a menudo desaparecen sobre ellas por comodidad, populismo o falta de ideas. Cuando un ciudadano pierde un trabajo resulta electoralmente o mediáticamente más eficaz -o, como digo, más sencillo- prometerle doscientas ayudas al desempleo antes que asegurarle un nuevo puesto de trabajo o facilitarle la formación necesaria para hallar uno en el menor tiempo posible.

La Secretaria de Organización del PSOE, Leire Pajín, ha replicado que "aquellos que han construido un modelo que nos ha traído esta crisis, un modelo neoliberal, cuyos platos rotos pagan hoy los trabajadores, proponen más de lo mismo y que los trabajadores tengan menos derechos”. Estoy de acuerdo. La derecha política y los defensores del liberalismo económico están desfasados y fuera de juego. Sus recetas contra la situación actual no pasan por lo evidente: reformar un sistema fracasado, sino por darle gas a costa de los de siempre y en beneficio de los de siempre. No comparto por tanto ni un sólo recorte social, sino, al contrario, reformar nuestro sistema económico para hacerlo más justo y menos agresivo con los más desfavorecidos. Y para ello, de entrada, es necesario un Estado fuerte y con gran participación en la economía.

¿Y qué quiero defender entonces? Muy sencillo. Si la única propuesta del PP es como siempre el recorte de derechos laborales y la defensa de los intereses de las grandes empresas -que no de las PYMES, verdaderas generadoras de empleo y riqueza social-, ni me vale, ni tiene mi confianza.

Ahora bien, si el único argumento del PSOE es escudarse en su actitud de defensa de la clase trabajadora y las medidas de protección social para los desempleados -que comparto-, sin plantear por otro lado una reforma de la economía y el modelo productivo, junto a la incentivación del crecimiento industrial o la innovación y el desarrollo tecnológico que aseguren la creación futura de empleo y, con ello, la sostenibilidad de nuestra economía, sin posibilidad de dar alas de nuevo a la especulación y el salvajismo cortoplacista e injusto... tampoco me valen, y tampoco tienen mi confianza. Las cajas se vacían, y necesitan propuestas -socialdemócratas, en este caso- para llenarse.

¿Y ahora qué hacemos? Hay dos opciones: o conjugar lo racional, o cerrar el chiringuito y volver a las cavernas.

Aznar y yo: casi amigos

Fotografía: elpais.com

Hace unos días yo mismo escribía en este blog: "Estoy cansado de que hablar de políticas de empleo sea hablar de paro y parados. No: el paro se elimina creando empleo, y para crear empleo éste debe favorecerse en perfecta coordinación con el Ministerio de Economía, el mundo empresarial y las demás administraciones; contando por supuesto con los sindicatos. Esta cartera y la de Elena Salgado deben funcionar juntas, unidas como una sola. Facilitar el desarrollo de las empresas, promover un crecimiento económico sostenible, garantizar los derechos laborales y contribuir a la formación de los trabajadores creará un país con futuro. Un Ministerio que se limite a pagar subsidios de desempleo sólo servirá para llevar al país a la ruina. Todo tiene un límite, y en política éste es más pequeño cuando se trabaja en negativo. Hay que invertir el camino hacia el lado positivo".

De izquierdas no es sostener el paro, sino el empleo. Que la mayor cantidad posible de personas tengan acceso a un trabajo digno y contribuyan al crecimiento del Estado y al desarrollo social, recibiendo todas las garantías y recursos formativos y educativos de las Administraciones para que esto sea posible.

Bien. Ayer, el psicópata que tenemos por ex Presidente criticó que Europa prefiera "subsidiar" al desempleado en vez de animarle a buscar un trabajo cuando, en su opinión, el camino "acertado" es la reforma del sistema laboral para hacerlo más flexible y dinámico.

Evidentemente, Aznar y yo no pensamos igual. Evidentemente, no hemos dicho lo mismo. Evidentemente. Y sin embargo, coincidimos en algo, aunque no sea populista decirlo. O Popular. O sí.

Busquen los cinco parecidos y las cinco diferencias. Un, dos, tres...

20/04/2009

Política económica y progresismo

[...] "Una política progresista necesita algo más que una mera ruptura con los supuestos económicos y morales de los últimos 30 años. Necesita una vuelta a la convicción de que el crecimiento económico y el bienestar son un medio y no un fin. El fin es qué hacer con las vidas, las oportunidades de la vida y las esperanzas de la gente. Mirad a Londres. Por supuesto que nos importa a todos que la economía de Londres prospere. Pero la prueba de la enorme riqueza generada en algunas partes de la capital no es su contribución al 20 o 30% del PIB británico sino cómo afecta a las vidas de los millones que viven y trabajan ahí. ¿Qué tipos de vida están disponibles para ellos? ¿Pueden permitirse vivir ahí? Si no pueden, no compensa que Londres sea también un paraíso para los ultra-ricos. ¿Pueden obtener trabajos decentemente pagados o simplemente trabajos de algún tipo? Si no pueden, no fanfarroneemos con todos estos restaurantes con estrellas Michelin y sus chefs estelares pagados de sí mismos. ¿O escuelas para niños y niñas? Las escuelas inadecuadas no se compensan por el hecho de que las universidades de Londres pudieran alinear un equipo de futbol de ganadores de premios Nobel.

La prueba de una política progresista no es privada sino pública, y no se trata solamente de un incremento de renta y del consumo para los individuos, sino de ensanchar las oportunidades y lo que Amartya Sen llama las “capacidades” de todos a través de la acción colectiva. Pero esto significa, tiene que significar, la iniciativa pública sin ánimo de lucro". [...]
Eric Hobsbawm.

19/04/2009

Los monclovitas hablan con Dios

Dos días después de la publicación de mi propuesta de reparto ministerial, en la que Ramón Jáuregui era nombrado portavoz del Gobierno; Zapatero, abrumado por la capacidad de influencia de este blog, se acuerda de su secretario general en el Congreso para, tras años de olvido, darle una patada hacia arriba y mandarlo a Europa. Lejos, donde no moleste pero, eso sí, encargándole el marrón de ganar unas elecciones que a día de hoy las encuestas, muchos socialistas y la práctica totalidad de la oposición dan por perdidas para el PSOE. Mismo marrón que tendrá que comerse el genial Juan Fernando López Aguilar, con el agravante de ser el cabeza de cartel.

Desde que José Luis Rodríguez Zapatero asumió la Secretaría General socialista ha conseguido lo que muchos reivindicábamos entonces: iniciar y finalizar una renovación generacional. Y no ha estado del todo mal. Lo que parece extraño, curioso e incluso extravagante, es la forma que ha tenido de hacerlo. Para cargarse a cada uno de los "barones" o a las grandes fieras de Partido, los ha hecho Ministros. A su vez, y como consecuencia de lo anterior, a sus buenos Ministros los ha enviado de excursión y aventura territorial, obligándoles a suicidarse en la mayor parte de los casos. Y así estamos.

Ramón Jáuregui es un hombre formado, curtido en política, con gran experiencia, ideas claras y una respetable imagen, tanto parlamentaria como mediática y social. Es decir, reúne todas las cualidades que el Presidente parece rehuir de su equipo en los últimos tiempos. En lugar de atraer a los puestos de responsabilidad a quienes están preparados para ocuparlos, se ha preferido llenar Moncloa de Ministerios floreros, amigos personales y portavoces insulsos sin titulación conocida y detestados con más ganas en la propia casa socialista que entre las filas contrarias -por razones evidentes-.

Felipe González perdió el poder, muy probablemente, por no saber rodearse bien, obviando algunos errores propios de diversa magnitud. El caso de Aznar está claro: patologías psicológicas que pueden diagnosticarse a simple vista. Todo parece ahora indicar que Zapatero se verá arrastrado al abismo por una mezcla de los dos casos anteriores -sin querer comparar a este genial Presidente con su insuperable predecesor-. Y los tres residieron -alguno todavía lo hace hoy desde fuera- en la misma burbuja monclovita que les hace alejarse de la realidad y convertirse en seres huraños e iluminados que pasean por los jardines de palacio cual bohemio en coloquio con Dios. Hasta que dejan de escucharlo, asumen como única verdad su propia voz suprema y se alzan a los cielos reconvertidos en divinidad presidencial. Y claro, ya sabemos que Dios nunca se entera de nada.

Mamá, de mayor no quiero ser Presidente.

La fotografía es de elpais.com

14/04/2009

República


Hoy, día 14, se conmemora la proclamación de la frustrada II República española. Son muchas las cosas que han ocurrido desde aquel abril de 1931, y de nada serviría una recopilación de historias, recuerdos, nostalgias y lamentos por la España que pudo ser y se ahogó en un mar de confrontación, que tropezó en el camino perdido de la cordura.

Banderas tricolor, canciones de sabores lentos y la portada de algún libro servirían hoy para alargar la ensoñación de una libertad que fue tan corta y efímera que pudiera parecer incluso irreal, pero que aguarda como la historia escrita de una posibilidad futura, de un futuro posible.

Otro hecho, paralelo e innegable, choca con esas ansias: la pasividad del pueblo español por hacerse a sí mismo. Más allá de mitos, convenientemente creados para honrar a los que merecidamente pasarán a la historia como luchadores por las libertades y la democracia, y sin querer desmerecer a mis generaciones mayores, sería sano reconocer el fracaso de los españoles como ciudadanos en movimiento. La sociedad española siempre ha tenido un profundo carácter tradicionalista, beato y conservador, que sería fácil de explicar atendiendo a razones puramente sociales, junto a nuestra propia historia escrita y reescrita según el interés de la época pero objetiva en lo sustancial. Ni siquiera es necesario mirar atrás: la actualidad demuestra el duro peso de esta afirmación.

España nunca se ha caracterizado por emprender desde la calle grandes reformas, luchas o revoluciones. Incluso guardamos en nuestro haber, y para vergüenza propia y ajena, alguna en contra de los intereses del pueblo llano. En cuanto a lo más reciente, al final las generaciones venideras tendrán que estudiar que Franco murió en la cama, con toda su oposición y resistencia en el exilio -o fusilada-, y que la transición democrática no fue dirigida en la calle, sólo apoyada. Al contrario, fue un proceso nacido, acordado y con los tiempos marcados en los despachos, por políticos de uno y otro signo sentados alrededor de mesas sin banderas, color ni sustancia. Un regalo, al fin y al cabo; un detalle condescendiente de los altos gobernantes para con su sufrido pueblo.

Atendiendo a estos principios, que podrían desarrollarse ampliamente, se puede afirmar que la República volverá a ser forma de Gobierno en este país cuando de nuevo los políticos vuelvan a sentarse alrededor de la mesa de los regalos y decidan que es un buen momento para dar ese paso. No antes, tampoco después. Y ese paso se producirá, en todo caso, cuando sea inevitable y no dañe excesivamente el cómodo conservadurismo que a todos acompaña, a derecha e izquierda.

Entre tanto, el falsamente llamado "movimiento" republicano se limitará a vestirse de tricolor cada 14 de abril, a llenar sus vidas de lágrimas y nostalgias y a contar y escuchar las historias del abuelo que se fue entre canciones labradas por poetas a partir de la profundidad más abominable de nuestra historia; a gritar ¡vivas! burgueses a una República por la que nadie moverá un sólo dedo, y que nacerá de otra Constitución que se mitificará, se mareará y se utilizará como sólo puede hacerse en los países controlados, manejados por hilos superiores que ningún puño cerrado cortará. Y si alguno lo pretende, será fustigado por la osadía de querer girar nuestro absurdo alineamiento popular, nuestro particular y colectivo síndrome de Estocolmo.

Ninguna otra cosa se espera de un país en que no se distinguen derechas e izquierdas, en que las sillas políticas no están ocupadas por quienes representan ideas sino por los defensores de intereses varios y los grandes términos están prostituidos y a merced de la ignorancia pretendida. Ni siquiera hemos aprendido que ser republicano no significa ser de izquierdas, que esto no significa sólo ser antimonárquico y que, en todo caso, ser de izquierdas representa mucho más que ser antifranquista y votar a unas determinadas siglas.

Somos presa de nuestra propia historia y víctimas de nosotros mismos. Somos España y nunca seremos el pueblo español. Somos parte de Europa y nunca seremos europeos. Nunca quisimos serlo, y de intentarlo, volverían los dueños de la patria a derramar cuanta sangre fuese necesaria para mantener sus marchas por encima de nuestra música. Música de libertad que es hoy el único rincón en que esconder las líneas que nos separan de la decencia, de "la cosa pública" que tendrá que esperar.

12/04/2009

Una recomendación

En el Centro Cultural Conde Duque (Madrid) hay una pequeña pero interesantísima exposición con carteles, papeletas, recortes de periódico y 'merchandising' vario de las primeras elecciones municipales de la historia de Madrid, en las que el socialista Tierno Galván se hizo con el poder en coalición con el Partido Comunista.

Una forma de recordar para quienes vivieron aquellas primeras andanzas de la segunda etapa democrática española y, para cualquiera, un medio para descubrir cómo -y cómo no- ha evolucionado nuestra vida política y la comunicación partidista en estos años. Un viaje por nuestra historia reciente que tan sólo requiere diez minutos y que es, además, gratuito.

Si pasas por allí cerca no evites entrar.

De una urna con pegatinas y panfletos he extraído esta imagen. Móstoles sí que ha cambiado...

07/04/2009

Crisis informativa del Gobierno

Fotografía: Cadena SER.

Parece ser que estos días los medios de comunicación, los blogs y la gente en los bares hablan de un rumor tan potente que ha sido capaz de eclipsar las noticias reales y volcar, para desgracia presidencial, las que hubiesen sido portadas naturales de los periódicos.

Es cierto que muchos estamos preocupados por la terrible posibilidad de que José Blanco sea Ministro, pero esa idea no es nueva; ilusionados por la necesaria renovación en Andalucía, aunque no fuese el momento; y convencidos de que algún cambio en el equipo de Gobierno será bueno para todos. Pero también y al mismo tiempo sería bueno que contásemos con una posibilidad: la de poder estar haciendo el ridículo hablando, opinando y haciendo cábalas sobre un mero rumor, que es eso y no es más.

Hace tiempo que en las redacciones cuesta distinguir el rumor de la noticia, el deseo de la verdad y lo interesante de lo importante. Otro ejemplo lo encontramos en la que sí tendría que haber sido la instantánea inmortal del pasado fin de semana: Zapatero y Obama juntos, felices y comiendo perdices. En efecto, la información al respecto llenó los huecos informativos que quedaron tras la publicación de la no-noticia ministerial; pero los llenó mal: lo importante no es una foto de mierda, eso es periodismo cutre. Lo importante es lo que esa foto significa y que debería modelar el auténtico titular: la posición de España en el mundo, el cambio en su orientación, la buena salud diplomática de nuestro país y el triunfo definitivo de la política exterior de Zapatero, una apuesta larga pero de final seguro -aunque, como siempre, la nula comunicación gubernamental sea incapaz de vender, siquiera, la foto-. Sin embargo, nada de esto importa cuando la vida política y social se basa en grandes frases y recursos fáciles, que nos animen a trabajar menos y, ya de paso, a pensar lo mínimo indispensable. La profundidad y la sustancia no son características de este siglo.

A pesar de todo lo dicho anteriormente hace falta dejar clara una cosa indispensable: el derecho de todo medio a publicar lo que le parezca oportuno. Parece que en las últimas horas se ha iniciado una campaña para recordar el supremo deber de PRISA de responder a los intereses de Gobierno, como si fuese una obligada franquicia del Partido Socialista. Y no. Podemos discutir sobre si el modo de lanzar los titulares fue adecuado -tal vez pecaron de exceso de contundencia, tanta que la remodelación del Gobierno parecía un hecho y había que leerla entera para saber que era una filtración o rumor- o sobre la forma de priorizar la información; pero no podemos poner en cuestión el derecho al tanto mediático de tener una exclusiva entre manos y utilizarla para beneficio propio. No podemos poner en cuestión el deber a informar y el derecho a ser informado.

Siempre que ocurren cosas como ésta a algunos les sale la urticaria de la independencia periodística. Qué le vamos a hacer. El verdadero debate, para quien le interese, es por qué Zapatero tiene tanto enemigo en casa que le mete puñaladas traperas cuando menos falta le hacen o cuando peor le vienen mediáticamente hablando. Algo pasa en Moncloa, y eso sí que se llama crisis. González cayó por errores propios, pero sobre todo por no saber rodearse bien. ¿Seguirá Zapatero el mismo camino?