La sensación que se tiene al despegarse un tiempo de los medios de comunicación y los blogs, a la vuelta, es equivalente a la estupefacción que provoca comprobar que no ha cambiado nada. La vida política y social de nuestro país evoluciona tan despacio que podría seguirse como las telenovelas venezolanas: basta con ver el capítulo final para enterarse de toda una trama sin sustancia.
La retirada de las tropas de Kosovo, que ha sido una de las bases de la actualidad, ha vuelto a demostrar dos cosas: la obsesión del Partido Popular por atizar la bronca antes de pararse a defender sus principios, los que dice tener; y la incapacidad del Gobierno para ejecutar cualquier proyecto, idea, compromiso, o actuación con una mínima organización que permita, en primer lugar, cosechar el apoyo social necesario y reafirmar un liderazgo que nació muerto, y en segundo lugar, no causar conflictos con cualquiera que se vaya a ver afectado, en positivo o en negativo, con la medida tomada. Hay dos ejemplos especialmente escandalosos en la actualidad -otros ya pasaron-: una reforma de la Ley del aborto liderada mediáticamente por la Iglesia y los antiabortistas, de la que el Gobierno va a salir a todas luces debilitado; y estudiantes que ni conocen ni entienden el Plan Bolonia -nadie se ha preocupado en ello- y que protagonizan protestas que no se están viviendo, a este nivel, en ningún otro país de aquellos en los que se implanta el Espacio Europeo de Educación Superior.
Sin duda, el endémico problema de liderazgo social y comunicación de Zapatero da para un análisis mucho más profundo. Sin embargo, también es digno de comentario el hecho mismo, compartido por PSOE y PP a partes iguales, de la retirada de tropas en Kosovo. Los dos partidos parten de una base insostenible: la política internacional puede -y además debe- responder al arreglo de las comedias internas.
Cuando gran parte de la manoseada comunidad internacional -aunque nadie sepa muy bien qué es y para qué sirve- ha aceptado la independencia de esta región -al menos sí lo han hecho gran parte de la Unión Europea y Estados Unidos-, la postura española solo puede entenderse como un infantilismo hábil y, a la par, temeroso de sí mismo. Desde luego, nadie pide que se infle innecesariamente al nacionalismo vasco o catalán; y sin embargo es necesario preguntarse si con un gobierno que sí supiese explicar qué y por qué hace cada cosa se podrían mantener posturas coherentes en cada contexto. Los líderes socialistas y populares se afanan en explicar a los 'nacionalistas periféricos' que ni Irlanda del Norte ni Kosovo tienen nada que ver con su situación, cuando por otro lado actúan en ambos conflictos desde la lectura interna. ¿En qué quedamos?
Una política internacional propia de la octava potencia mundial, la que predicó Zapatero, es mucho más que dar palos de ciego, pensando en hoy, en efectos mediáticos o en resoluciones de conflictos propios que, seguramente, no tendrán en cuenta nuestros aliados exteriores cuando lean titulares clarificadores como "España retira sus tropas de Kosovo". Tal vez deberíamos invertir el proceso: convencernos primero de cuáles son nuestros planteamientos como país antes de querer contribuir al progreso de los demás, para los que tampoco tenemos una postura reflexionada y consecuente con sus circunstancias. Empecemos, si nuestros parlamentarios quieren, por releer y democratizar aún más nuestra Constitución.
Hay cosas que no deberían cambiar cuando se alternan los gobiernos. Tal como han demostrado los sucesivos presidentes norteamericanos, la alta política de Estado, con mayúsculas, debe existir en una nación que se quiera llamar seria. Uno de esos ejes básicos es la política Internacional, en la que no vale la improvisación; máxime cuando España debería ser especialmente influyente en varias cuestiones fundamentales, como el futuro de Cuba, el Sáhara o la construcción europea. Eso sí: antes de llegar tan lejos muchos nos conformaríamos con que algún partido tuviese clara cuál debe ser esa política exterior. Como siempre, fallamos desde la base para que nada se sostenga en las nubladas alturas.
28/03/2009
25/03/2009
La moral en la democracia
"En la política española más de uno, en los grandes partidos que nos gobiernan, debería recuperar los principios y huir de las malas prácticas. Es necesaria una gran renovación moral.
La política democrática o es moral o no será".
La política democrática o es moral o no será".
Gregorio Peces-Barba, Catedrático de Filosofía del Derecho.
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Jorge Barraza
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Reflexiones y reflejos
20/03/2009
Desproporción policial y mediática
El vídeo, sin ningún tipo de comentario, sin inducir a nada, habla por sí sólo de la desproporción en la actuación de los Mossos de Cuadra -permitidme el juego de palabras, aunque normalmente no me gusten cuando generalizan profesiones-.
Quien escribe aquí es un estudiante a favor del Plan Bolonia, pero también un ciudadano comprometido con varias causas fundamentales:
1. El derecho a la protesta pacífica en cualquiera de sus términos.
2. El derecho de los ciudadanos a ser informados -así como el de la prensa a informar con libertad e independencia-, y el respeto absoluto a los profesionales que garantizan ese derecho en cualquier situación. (La diferencia entre la historia de este enlace y la de José Couso estriba en el resultado final y en el contexto global; y sin embargo es sustancialmente idéntica).
3. El respeto de las autoridades por quienes ejercen los dos derechos anteriores.
Que en Barcelona hubo desproporción policial es evidente. Que no se puede seguir socialmente criminalizando a los jóvenes que protestan, también -¿la letra con sangre entra?-. Que Gobierno y empresas de comunicación parecen conjurados para acabar con las protestas a Bolonia por cualquier vía, manipulando minuciosamente cada información y conduciendo tendenciosamente sus debates -especialmente llamativo en el caso de RTVE-, es la más asquerosa de todas las circunstancias.
Cuando las imágenes que vemos arriba se producen bajo el paraguas de una administración de izquierdas, resultan mucho menos agradables y desesperanzadoras hasta el extremo.
Difícil nos ponen a los estudiantes favorables -aunque con matices- a Bolonia difundir el mensaje oficial. Las protestas, ahora, irán en aumento; y no os extrañe verme en alguna. Al menos, con una cámara en la mano.
Por cierto: el vídeo lo he encontrado en el blog Periodismo + Derechos Humanos, que hace un interesante análisis sobre el tratamiento informativo de las protestas de Barcelona.
Por cierto (2): los titulares a los que nos tiene acostumbrados la policía autonómica catalana deberían llevar a la Generalitat y la clase política de Cataluña a iniciar algo más que una profunda reflexión.
Escrito por
Jorge Barraza
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Comunicación y periodismo,
Derechos Humanos e igualdad
18/03/2009
Cucarachas
Esta noche -muy inquieta, la verdad- la he pasado despertándome, con taquicardias y sin respirar. He dormido lo suficiente, eso sí. Lo suficiente para llegar al amanecer con un sueño francamente desagradable: cucarachas que invaden mi cuerpo, que me hacen quitarme la ropa para sacudirlas, que están por todas partes.
Hay gente que cree que los sueños tienen algún significado muy trascendental. Yo no, pero he preguntado a mi hermana, muy disciplinado, qué cojones significará soñar con cucarachas. Y su respuesta ha sido este enlace en el que comentan: "Soñar cucarachas no sólo es desagradable, sino de riesgos diversos y de enfermedades nerviosas. Soñar unas pocas cucarachas insinúa que pronto pasará momentos de vergüenza y tristeza. Cuando son muchas las cucarachas indica que algo grave está por suceder y contra lo cual debe estar preparado o sea, que debe ejercitar su autocontrol nervioso".
Pues fíjate, que no me extrañaría.
Hay gente que cree que los sueños tienen algún significado muy trascendental. Yo no, pero he preguntado a mi hermana, muy disciplinado, qué cojones significará soñar con cucarachas. Y su respuesta ha sido este enlace en el que comentan: "Soñar cucarachas no sólo es desagradable, sino de riesgos diversos y de enfermedades nerviosas. Soñar unas pocas cucarachas insinúa que pronto pasará momentos de vergüenza y tristeza. Cuando son muchas las cucarachas indica que algo grave está por suceder y contra lo cual debe estar preparado o sea, que debe ejercitar su autocontrol nervioso".
Pues fíjate, que no me extrañaría.
Escrito por
Jorge Barraza
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Diario personal
17/03/2009
La SGAE denuncia a una vaca
Podría parecer que es broma... y sin embargo se trata de un serio ridículo. La SGAE, en su cruzada por la defensa de los ¿derechos de autor? ha denunciado a una de las vacas de la Cow Parade de Madrid porque en ella se podía leer un fragmento de la partitura de la popular canción 'Tengo una vaca lechera'.(Risas).
Éste es un tema en el que, supongo, todos tendremos clara nuestra postura y sobre el que ya hemos profundizado alguna vez -y más ocasiones tendremos de hacerlo-. Ahora, para ser breve, dos cosas:
1. Me sumo a la convocatoria de la autora para manifestarnos enfrente de la sede de la SGAE "cantando todos a coro la puta canción". Si se lleva a término, os aviso.
2: Le recuerdo al Gobierno que apoyar mafias extorsionadoras con dinero público no es ni la mejor manera de apoyar el arte -el de verdad- ni mucho menos de ganar votantes de izquierdas comprometidos con la música y sus gentes -de verdad-.
Actualización:
Mantengo el fondo del artículo anterior -que la SGAE no es más que una mafia de extorsionadores cuya actuación va en detrimento de los intereses culturales- pero corrijo la noticia igual que lo ha hecho mi fuente: al parecer no fue la SGAE a título propio quien realizó la denuncia, sino los herederos del autor de la canción, que tras un acuerdo económico -por supuesto no es eso lo que les interesaba, sino la defensa del buen nombre de su antepasado- permitirán la reposición de la vaca en la Plaza de la Independencia de Madrid.
La fotografía es de Público.es
Escrito por
Jorge Barraza
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Arte y expresión
16/03/2009
No sobra el amor
“Y muere a todas horas gente dentro de mi televisor, quiero oir alguna canción que no hable de sandeces y que diga que no sobra el amor“.
De la canción ‘La vereda de la puerta de atrás’, Extremoduro.
Escrito por
Jorge Barraza
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Reflexiones y reflejos
13/03/2009
Fotolibre
Me encanta y no he podido evitar ponerlo en el blog. Son las fotografías ganadoras del primer concurso de fotografía de Público.
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Jorge Barraza
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Arte y expresión
12/03/2009
Preguntas de un madrileño que recuerda
Un día después del quinto aniversario del atentado terrorista del once de marzo de 2004, quiero lanzar al aire unas ideas en forma de pregunta, con absoluto respeto y con toda la sensibilidad posible:
- ¿Cuándo dejaremos, año tras año, de obligar a las víctimas directas, o a los padres, hermanos o amigos de los que lo fueron, a esconderse de los medios y la sociedad?, ¿cuándo dejaremos de hacer un falso ejercicio de limpieza de conciencia que se convierta en un restriegue constante de lo que en aquellos días hubo que sufrir?
- ¿Los medios de comunicación entenderán algún día la diferencia entre morbo e información?, ¿son de verdad necesarios los resúmenes, los recuerdos horarios y las lamentables competencias de heroicidad?, ¿obviamos que las víctimas reales también son espectadores, como lo son los chicos con síndrome de down cuando se habla de ellos, o como lo son las mujeres maltratadas cuando se ofrecen informaciones en ese ámbito?
- Y nuestra "clase" política... ¿devolverá su camino al de la altura institucional, al del sentido de Estado, al de la búsqueda del bien común, al de la coherencia con las ideas en el campo de la responsabilidad social?
- Los actos para rememorar este tipo de sucesos y a sus víctimas, ¿se convertirán alguna vez en eso, o seguirán siendo escaparate de lucimiento para políticos de cámara y maquillaje?
Lo triste es que de todo lo anterior también cargamos la culpa una gran parte de ciudadanos que, muchas veces con intenciones positivas, nos convertimos en verdugos de aquellos a los que queremos defender.
Quería expresar algo más y sin embargo ya lo han escrito y dicho por mí, con estas palabras que suscribo punto por punto, desde la primera, hasta la última:
Ya está bien, de tanta hipocresía, falsedad, mezquindad y crueldad por parte de todos. Quien de verdad siente sus lágrimas, no las convierte en espectáculo. Quien de verdad guarda el cariño del recuerdo, no necesita un día de homenaje, sino 365 de respeto.
- ¿Cuándo dejaremos, año tras año, de obligar a las víctimas directas, o a los padres, hermanos o amigos de los que lo fueron, a esconderse de los medios y la sociedad?, ¿cuándo dejaremos de hacer un falso ejercicio de limpieza de conciencia que se convierta en un restriegue constante de lo que en aquellos días hubo que sufrir?
- ¿Los medios de comunicación entenderán algún día la diferencia entre morbo e información?, ¿son de verdad necesarios los resúmenes, los recuerdos horarios y las lamentables competencias de heroicidad?, ¿obviamos que las víctimas reales también son espectadores, como lo son los chicos con síndrome de down cuando se habla de ellos, o como lo son las mujeres maltratadas cuando se ofrecen informaciones en ese ámbito?
- Y nuestra "clase" política... ¿devolverá su camino al de la altura institucional, al del sentido de Estado, al de la búsqueda del bien común, al de la coherencia con las ideas en el campo de la responsabilidad social?
- Los actos para rememorar este tipo de sucesos y a sus víctimas, ¿se convertirán alguna vez en eso, o seguirán siendo escaparate de lucimiento para políticos de cámara y maquillaje?
Lo triste es que de todo lo anterior también cargamos la culpa una gran parte de ciudadanos que, muchas veces con intenciones positivas, nos convertimos en verdugos de aquellos a los que queremos defender.
Quería expresar algo más y sin embargo ya lo han escrito y dicho por mí, con estas palabras que suscribo punto por punto, desde la primera, hasta la última:
Ya está bien, de tanta hipocresía, falsedad, mezquindad y crueldad por parte de todos. Quien de verdad siente sus lágrimas, no las convierte en espectáculo. Quien de verdad guarda el cariño del recuerdo, no necesita un día de homenaje, sino 365 de respeto.
Escrito por
Jorge Barraza
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Reflexiones sociales
11/03/2009
Comisiones de investigación
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| Esperanza Aguirre lee la noticia sobre el cierre de la comisión. Fotografía de Público.es |
Si los Parlamentos, sean nacionales o autonómicos, suelen contener en su sentido y actividad diaria insultos suficientes a la ciudadanía, el mejor ejemplo son las "comisiones de investigación", el colmo de los esperpentos políticos.
Los desencantados con su clase gobernante suelen esgrimir entre sus mejores argumentos la cantidad de teatro que destila la vida política diaria: discursos prefabricados, montajes infumables y espectáculos desternillantes, unas veces, e indignantes las que más. En el fondo, es posible que falle entero un sistema preparado para desencantar masivamente al tiempo que asegura la perpetuación en el poder de quienes provocan ese desencanto.
Llegamos, en fin, al fin de uno de esos teatros con financiación pública: la comisión de investigación en la Asamblea de Madrid en torno al escándalo del espionaje político. Por supuesto, nada nuevo sabremos y, si acaso, podremos apuntar nuevas dudas y sospechas a nuestra lista particular. Un ejemplo perfecto de cómo poner a las instituciones al servicio personal y corporativo de unos pocos, haciendo parecer justo lo contrario -sí, habrá muchos que creerán que el resultado es una gloria de justicia y democracia-.
En un día como hoy, en que el dolor del recuerdo nos lleva a lamentarnos por otra amarga comisión que sólo sirvió para echar a volar la mierda partidista y mediática, dejándola caer sobre la cabeza de alguna madre indignada que dio buenas lecciones; permitidme solicitar la supresión de ese extraño concepto llamado "comisión de investigación". Y es que, si bien es cierto que nuestra justicia es deplorable, el colmo es poner directamente al zorro a cuidar de las gallinas. O por seguir con el refranero: no se puede ser juez y parte. ¿O sí?
Escrito por
Jorge Barraza
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Madrid,
Reflexiones políticas
09/03/2009
Sobre el futuro del periodismo
“Las empresas informativas son tiburones sin escrúpulos que juegan con ideologías, vocaciones e intereses. Eso ya lo sabemos. Pero hagamos lo que esté en nuestra mano para que la profesión pueda refundarse después de esta doble crisis. Con ellos o sin ellos. Probablemente sea una de las últimas oportunidades”.
“Si los periodistas no somos capaces de luchar por hacer un periodismo más útil, de preguntarnos por qué y para qué somos periodistas y empeñarnos en perseguir unos objetivos sociales que tengan valor, la sociedad va a decidir que somos absolutamente prescindibles, sutituibles por un algoritmo o por lo que la tecnología sea capaz de desarrollar”.
“Nos cuesta asumir pública y colectivamente que la mayoría de los periodistas son mileuristas explotados intelectualmente que se pasan el día interactuando con los centros de poder culpables de esa situación. Por mucho que resulte desgarrador cubrir ruedas de prensa donde bomberos, pilotos o funcionarios son noticia por protestas mucho menos ‘justificadas’ que las que podríamos emprender nosotros, hay algo que ejerce de freno”.
“Si los periodistas no somos capaces de luchar por hacer un periodismo más útil, de preguntarnos por qué y para qué somos periodistas y empeñarnos en perseguir unos objetivos sociales que tengan valor, la sociedad va a decidir que somos absolutamente prescindibles, sutituibles por un algoritmo o por lo que la tecnología sea capaz de desarrollar”.
“Nos cuesta asumir pública y colectivamente que la mayoría de los periodistas son mileuristas explotados intelectualmente que se pasan el día interactuando con los centros de poder culpables de esa situación. Por mucho que resulte desgarrador cubrir ruedas de prensa donde bomberos, pilotos o funcionarios son noticia por protestas mucho menos ‘justificadas’ que las que podríamos emprender nosotros, hay algo que ejerce de freno”.
Juan Luis Sánchez, periodista.
Escrito por
Jorge Barraza
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Reflexiones y reflejos
06/03/2009
Para ti, que soy yo
Nunca supe qué quería contarte, ni tampoco si hoy me escuchas.
Tengo presentes aquellos paseos a la sombra de un viernes, alguna canción en inglés y una caja llena de recuerdos vacíos. He vuelto a abrazar mil veces aquel árbol del que caía el agua que saciaba mi sed infantil. He pintado con siete colores diferentes cada trazo de aquellas palabras huecas que escondíamos de los que nunca quisieron quererme. He deseado con todas mis fuerzas repetir aquel beso inexperto en el que se clavaron para siempre sus miradas de odio. A ti sólo llegué a rozarte los labios, cuestión de cobardía. Sigo sin ver aquella película que me prestaste y no he abierto el libro que debía contarme el porqué de tu utópica estupidez. Sigo odiando el chirrío de tus ojos al cerrarse para siempre, y no he cumplido mi sueño de aprender a tocar el piano. Tú sabías, pero hubiese preferido hacerte el amor encima de cada nota desafinada. Notas que pegabas en cuadernos viejos con olor a chocolate con leche. La miel no está hecha para el asno, aunque tú simplemente eras una gilipollas. No así tú, de quien guardo un laborioso cariño, que costó más construir que deshacer. Hilos entrelazados me recuerdan una luna sin brillo y aquellos pantalones rotos que enterré junto al corazón de la histeria. Permíteme que te confiese algo: esa música es una mierda. Esta mañana ladraban voces rotas; escucha, no oigas. Fíjate en este recorte de periódico amarillo: ¿se cae el puente o no se cae? En el armario hay una pelusa que quiere hablarte, dice que un día te dio de comer. Posiblemente sea una ilusión perdida, tal vez una promesa cumplida de muerte segura. Lamer las heridas siempre es mejor que hacerlo con tu oreja. No le veía más sentido a aquel camino bacheado que tu compañía de fuego y falsedad, aunque me encantaría repetirlo mil veces más. Llama cuando quieras. Tú no me mires así y gira tu cuerpo, sabes que siempre me gustó más verte de espaldas. Es mejor cuando los azules no existen. Voy a subir de nuevo esas escaleras, y tal vez cuando llegue arriba vuelvas a estar tú, con los brazos abiertos... para cerrar después un cuento de animales y sentimientos.
Triste comienzo, el de un triste final, si el silencio tiene sentido.
Tengo presentes aquellos paseos a la sombra de un viernes, alguna canción en inglés y una caja llena de recuerdos vacíos. He vuelto a abrazar mil veces aquel árbol del que caía el agua que saciaba mi sed infantil. He pintado con siete colores diferentes cada trazo de aquellas palabras huecas que escondíamos de los que nunca quisieron quererme. He deseado con todas mis fuerzas repetir aquel beso inexperto en el que se clavaron para siempre sus miradas de odio. A ti sólo llegué a rozarte los labios, cuestión de cobardía. Sigo sin ver aquella película que me prestaste y no he abierto el libro que debía contarme el porqué de tu utópica estupidez. Sigo odiando el chirrío de tus ojos al cerrarse para siempre, y no he cumplido mi sueño de aprender a tocar el piano. Tú sabías, pero hubiese preferido hacerte el amor encima de cada nota desafinada. Notas que pegabas en cuadernos viejos con olor a chocolate con leche. La miel no está hecha para el asno, aunque tú simplemente eras una gilipollas. No así tú, de quien guardo un laborioso cariño, que costó más construir que deshacer. Hilos entrelazados me recuerdan una luna sin brillo y aquellos pantalones rotos que enterré junto al corazón de la histeria. Permíteme que te confiese algo: esa música es una mierda. Esta mañana ladraban voces rotas; escucha, no oigas. Fíjate en este recorte de periódico amarillo: ¿se cae el puente o no se cae? En el armario hay una pelusa que quiere hablarte, dice que un día te dio de comer. Posiblemente sea una ilusión perdida, tal vez una promesa cumplida de muerte segura. Lamer las heridas siempre es mejor que hacerlo con tu oreja. No le veía más sentido a aquel camino bacheado que tu compañía de fuego y falsedad, aunque me encantaría repetirlo mil veces más. Llama cuando quieras. Tú no me mires así y gira tu cuerpo, sabes que siempre me gustó más verte de espaldas. Es mejor cuando los azules no existen. Voy a subir de nuevo esas escaleras, y tal vez cuando llegue arriba vuelvas a estar tú, con los brazos abiertos... para cerrar después un cuento de animales y sentimientos.
Triste comienzo, el de un triste final, si el silencio tiene sentido.
Escrito por
Jorge Barraza
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Diario personal
05/03/2009
A la escuela, sin armarios

Para el próximo 7 de marzo hay convocadas dos manifestaciones, una en Madrid y otra en Vigo, en repulsa contra la sentencia -ya recurrida al Tribunal Superior de Justicia de Galicia- de un jurado popular que absuelve al asesino confeso de dos homosexuales en la ciudad gallega.
Teniendo en cuenta la cantidad de pruebas recabadas, los informes periciales y las características del crimen es imposible buscar otra justificación para la absolución que no sea una profunda homofobia. Afirmar que 57 puñaladas a una persona y 22 a otra y un posterior incendio en la vivienda -rociando los cadáveres con alcohol- son un acto en defensa propia es un grave insulto a la inteligencia de cualquiera. Teniendo en cuenta que ambos chicos eran notablemente menos voluminosos que su agresor, el ensañamiento es inevitable.
El acusado afirmó además estar bajo los efectos de la bebida y la cocaína, lo que nos podría conducir a otro interesante debate: ¿el consumo de estupefacientes debe ser tratado judicialmente como atenuante o como agravante?
Sin embargo, y a pesar de la escena dantesca que todos podemos dibujar en nuestra mente, los miembros del jurado han considerado que, simplemente, tenía miedo y pánico. A ello, sumad esta apasionada defensa: "es culpa de cómo soy".
Cada día parece más evidente que en nuestra sociedad perviven miedos a lo desconocido, tópicos y odios que hacen imposible la convivencia armoniosa que sería esperable en un mundo plural. Cuando hay personas que aún en el siglo XXI se creen con derecho a imponer su moral y estilo de vida a los demás, por mucho que ni unas ni otras conductas afecten a la libertad del resto de la población y sólo respondan a la individual de cada cual a construir su vida, es necesario implementar un gran enriquecimiento en valores a nuestro sistema educativo. Cuando esta persecución supone un insoportable sufrimiento a chicos, chicas, hombres y mujeres que viven en situaciones de exclusión, marginación y llanto, la necesidad se convierte en urgencia.
Dicho de otra forma: la Educación para la Ciudadanía es una herramienta imprescindible para el desarrollo de un futuro libre, democrático, tolerante y justo. En lo concerniente al mundo homosexual debe servir para que exista una información no intoxicada con basuras ideológicas al alcance de los jóvenes, que elimine prejuicios, rompa barreras y silencie los odios, esos que matan el amor.
Escrito por
Jorge Barraza
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Derechos Humanos e igualdad,
Educación y Universidad
03/03/2009
Euskadi: policía, justicia y ¿palabra?

El cambio en la situación política vasca también afectará, sin duda alguna, al grave y endémico problema del terrorismo en Euskadi.
El nacionalismo que representa el PNV ha sido a lo largo de sus tres décadas de Gobierno condescendiente en exceso con el mundo abertzale, también con el más radical; y poco activo y vehemente en la lucha contra ETA, que no ha sido claramente deslegitimada en la red de nacionalismo institucional y público erguida por los sucesivos lehendakaris. Si finalmente se produce un cambio en el ejecutivo vasco, será interesante ver cómo evoluciona el llamado "conflicto".
De estas elecciones, sin embargo, se puede desprender otro cambio: el crecimiento del abertzalismo pacifista, el que como Aralar cree que se puede defender la independencia de Euskadi desde el diálogo y sin el uso de bombas y pistolas. Queda también por saber si es un voto "prestado" para evitar el crecimiento de los partidos de ámbito estatal o si se trata de un verdadero cambio de conciencia.
A lo largo del periodo democrático los diferentes presidentes de España han explorado todas las vías posibles para el fin de ETA. Las legítimas: el funcionamiento del Estado de Derecho, la aplicación de la justicia y el trabajo de las fuerzas de seguridad, que han operado en todos los casos; y la extensión de puentes y vías para una salida dialogada al conflicto, con cesiones políticas penitenciarias -como fue el caso de Aznar- o sin ellas -como fue el de Zapatero-. Por otro lado, las ilegítimas, que todos recordamos con el caso GAL y que, esperamos, nunca vuelvan a estar en mente de nadie.
Vemos por tanto que hay tres vías: la aplicación única de la acción policial, la aplicación única de la vía del diálogo -y esta sería imposible porque supondría permitir la ejecución de delitos en caso de estarse produciendo: la justicia no debe parar- o... la combinación de ambas: buscar siempre el cumplimiento de la Ley sin dejar que la política muera en un cajón.
En este país, donde un par de grupos de comunicación lo tienen todo muy bien atado, se ha convencido a la mayoría de que la primera es la única solución posible. ¿Por qué? Hasta el momento, las tres han fracasado por igual, lo ha hecho incluso el juego de la guerra sucia. Siendo objetivos, ni los que defienden una salida dialogada ni los que defienden la acción policial como único método están en la posesión de la verdad absoluta, puesto que ni unos ni otros, de momento, han conseguido acabar con ETA.
Decir que la banda de odiosos asesinos sólo puede ser fulminada con detenciones, o decir lo contrario, es engañar burdamente a la población: de momento ambos métodos han caído en saco roto, y la oposición a la salida negociada no responde más que al miedo al rechazo público, a la utilización partidista que algunos pretenden hacer del dolor de las víctimas, y a la comodidad de lo sencillo cuando se está en el poder: cobardía y miedo al fracaso. Pero, en ningún caso responde a la seguridad de que no se puede conseguir: toda la experiencia internacional nos dice que, para alcanzar la paz, para llegar a acuerdos entre diferentes, hay que hablar; quede más bonito, o quede más feo.
Si algún día España se quita la boina y guarda el puñal, vistiéndose a una con el traje de gran Estado, sin miedos, complejos ni cuentos, podremos hacer grandes cosas. Tal vez el próximo Gobierno vasco pueda avanzar en esa dirección.
En un Estado de Derecho, en una democracia, no pueden dejar de funcionar ni la policía, ni la justicia, ni la palabra; y ninguna de las anteriores circunstancias son incompatibles entre sí.
Escrito por
Jorge Barraza
Clasificado en
Reflexiones políticas
Una de pactos y lehendakaris
Tras la experiencia propia de ayer y mi lectura incansable de artículos a lo largo de decenas de blogs en los que se niega la mínima autocrítica de los socialistas en cuanto a la derrota gallega se refiere -ya se ha concluido que la culpa es de Touriño, sólo de Touriño y nada más que de Touriño-, quiero hacer una última consideración: atribuir el resultado al simple hecho de no haber adelantado las elecciones al otoño me parece infantil y, además, de un sectarismo odioso. Las legislaturas, salvo causa mayor, deben agotarse hasta el final siendo el mandato ciudadano de cuatro años. Jugar tácticamente con las fechas electorales y comentarlo sin pudor me parece, incluso, antidemocrático.
Hecho este último comentario, vamos al otro frente abierto: Euskadi. De ser yo Zapatero y pensando al estilo José Blanco -con simpleza- habría preferido que la mayoría del Parlamento Vasco fuese nacionalista para quitarme un marrón de encima. Visto que el Presidente tuvo mala suerte, y que por el bien de todos creo que el resultado final es una gran noticia, ¿qué hacer ahora?
Las situaciones las conocemos: desalojar al PNV -utilizando cualquiera de las modalidades posibles- y dando ya por perdido el apoyo del BNG, abriría un frente complicado en Madrid para esta legislatura. Ahora bien, las dos opciones inversas que son a) facilitar un Gobierno del PNV o b) gobernar en coalición con el PNV -sea con Presidencia de Ibarretxe, de López o de Urkullu- solucionaría el problema de Zapatero a corto plazo pero le garantizaría al Partido Socialista no tener un Presidente del Gobierno en España en al menos veinte años desde las próximas generales -y con razón- y seguramente desinflarse en el propio País Vasco en sus próximos comicios autonómicos, no pudiendo ya postularse como alternativa a algo de lo que se forma parte.
¿Y yo que pienso? Pues no le importará a nadie, pero ahí lo dejo caer. Mi primera posibilidad pasa por lograr la investidura de Patxi López con el apoyo momentáneo del PP -y de UPyD en caso de ser necesario si no se logra el escaño 25- para dar paso a un gobierno en minoría con acuerdos puntuales, entendiendo que sólo esta opción puede suponer un cambio en una sociedad infectada durante décadas por el nacionalismo más frentista y más insultante contra el socialismo que ahora -desde algún sector- se quiere echar a sus brazos. Si el PNV participa en el Gobierno, no habrá habido cambio ni regeneración. Esto último es tan de perogrullo que hasta me da vergüenza tener que escribirlo. Siempre me ha sorprendido que el PSE sea más proclive a entenderse con los nacionalistas que con el PP, obviando la evidencia de que los jetzales son mucho más de derechas y de una derecha mucho más rancia y peligrosa que los populares; aunque sorprenda a partes iguales que para los partidos de corte estatal Euskadi no sea ya merecedora de una digna y alta política de Estado.
Y existe otra posibilidad. Sí, otra: seguir cuatro años más en la oposición, contribuir desde ella al cambio en Euskadi y seguir creciendo para dentro de cuatro años poder tomar con mayor holgura y determinación las riendas de la sociedad vasca. Sí, he dicho en la oposición, eso que algunos piensan que hay que abandonar cuanto antes sea cual sea el barco al que haya que subirse. Desde que llegó el lumbreras de Pepiño a Ferraz la militancia socialista está convencida de que gobernar a cualquier precio, con quien sea y a costa de lo que sea es siempre más beneficioso para el partido que calentar los sillones de la oposición, pero mi tozudez me obliga a insistir en el profundo error que ello supone. También -y más en esta situación abierta el domingo- se puede modificar el planteamiento de un país con una labor constructiva y positiva de leal alternativa por el interés de todos.
Sea cual sea la solución por la que opte el PSE, sí espero que se explique correctamente a la sociedad vasca y a todos los españoles: quién lo ha decidido, por qué lo ha decidido así y cuáles pretenden ser los resultados. Si una vez más falla la comunicación, y lo hace para algo tan sensible como la política vasca, el socialismo puede despedirse de hacer grandes cosas en España por muchos años. Y no me extrañaría, viendo el percal, que ese fuese el destino final del camino que ahora empieza... hecho especialmente innegable cuando la venda tras el hostiazo en Galicia se quiere poner no para curar la herida, sino para ocultarla.
Hecho este último comentario, vamos al otro frente abierto: Euskadi. De ser yo Zapatero y pensando al estilo José Blanco -con simpleza- habría preferido que la mayoría del Parlamento Vasco fuese nacionalista para quitarme un marrón de encima. Visto que el Presidente tuvo mala suerte, y que por el bien de todos creo que el resultado final es una gran noticia, ¿qué hacer ahora?
Las situaciones las conocemos: desalojar al PNV -utilizando cualquiera de las modalidades posibles- y dando ya por perdido el apoyo del BNG, abriría un frente complicado en Madrid para esta legislatura. Ahora bien, las dos opciones inversas que son a) facilitar un Gobierno del PNV o b) gobernar en coalición con el PNV -sea con Presidencia de Ibarretxe, de López o de Urkullu- solucionaría el problema de Zapatero a corto plazo pero le garantizaría al Partido Socialista no tener un Presidente del Gobierno en España en al menos veinte años desde las próximas generales -y con razón- y seguramente desinflarse en el propio País Vasco en sus próximos comicios autonómicos, no pudiendo ya postularse como alternativa a algo de lo que se forma parte.
¿Y yo que pienso? Pues no le importará a nadie, pero ahí lo dejo caer. Mi primera posibilidad pasa por lograr la investidura de Patxi López con el apoyo momentáneo del PP -y de UPyD en caso de ser necesario si no se logra el escaño 25- para dar paso a un gobierno en minoría con acuerdos puntuales, entendiendo que sólo esta opción puede suponer un cambio en una sociedad infectada durante décadas por el nacionalismo más frentista y más insultante contra el socialismo que ahora -desde algún sector- se quiere echar a sus brazos. Si el PNV participa en el Gobierno, no habrá habido cambio ni regeneración. Esto último es tan de perogrullo que hasta me da vergüenza tener que escribirlo. Siempre me ha sorprendido que el PSE sea más proclive a entenderse con los nacionalistas que con el PP, obviando la evidencia de que los jetzales son mucho más de derechas y de una derecha mucho más rancia y peligrosa que los populares; aunque sorprenda a partes iguales que para los partidos de corte estatal Euskadi no sea ya merecedora de una digna y alta política de Estado.
Y existe otra posibilidad. Sí, otra: seguir cuatro años más en la oposición, contribuir desde ella al cambio en Euskadi y seguir creciendo para dentro de cuatro años poder tomar con mayor holgura y determinación las riendas de la sociedad vasca. Sí, he dicho en la oposición, eso que algunos piensan que hay que abandonar cuanto antes sea cual sea el barco al que haya que subirse. Desde que llegó el lumbreras de Pepiño a Ferraz la militancia socialista está convencida de que gobernar a cualquier precio, con quien sea y a costa de lo que sea es siempre más beneficioso para el partido que calentar los sillones de la oposición, pero mi tozudez me obliga a insistir en el profundo error que ello supone. También -y más en esta situación abierta el domingo- se puede modificar el planteamiento de un país con una labor constructiva y positiva de leal alternativa por el interés de todos.
Sea cual sea la solución por la que opte el PSE, sí espero que se explique correctamente a la sociedad vasca y a todos los españoles: quién lo ha decidido, por qué lo ha decidido así y cuáles pretenden ser los resultados. Si una vez más falla la comunicación, y lo hace para algo tan sensible como la política vasca, el socialismo puede despedirse de hacer grandes cosas en España por muchos años. Y no me extrañaría, viendo el percal, que ese fuese el destino final del camino que ahora empieza... hecho especialmente innegable cuando la venda tras el hostiazo en Galicia se quiere poner no para curar la herida, sino para ocultarla.
Escrito por
Jorge Barraza
Clasificado en
Reflexiones políticas
02/03/2009
¿Por qué ha perdido el bipartito?
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| Fotografía de La Voz de Galicia. |
Después de mi... "extenso" artículo de esta mañana reflexionando sobre la jornada electoral gallega, quiero publicar uno mucho más sencillo y esquemático que invite más a esa necesaria reflexión. Hay errores que nunca se deberían haber cometido pero que, ahora que ya es inevitable, deben tenerse en cuenta y ser enmendados.
Lo intolerable es, como sigo viendo a lo largo del día, que la militancia socialista se empeñe en responsabilizar a la sociedad gallega que ha votado libremente de la pérdida del poder. Las elecciones las ganan quienes se presentan y las pierden quienes gobiernan. Los ciudadanos sólo eligen lo que consideran mejor para su tierra. El que quiera cerrar los ojos y arrogarse una estúpida e inexistente superioridad moral o intelectual volverá a encontrarse dentro de cuatro años con la lección de las urnas.
¿Y por qué creo yo que ha perdido el bipartito?
La primera razón es el incumplimiento absoluto de los tres ejes del cambio prometido: desmontaje del chiringuito caciquil franquista del PP, transparencia en la acción de gestión y en la información (incluyendo a la TVG) y modificación de los métodos de Gobierno y acuerdo. Los socios del Gobierno se las vieron muy felices gobernando y se olvidaron de lo sustancial.
Pero, sobre todo, una de las claves ha sido la incapacidad del PSdG para liderar el proyecto de la Xunta, entregándose a los brazos de un Bloque que sigue sin entender que Galicia es como es, y no como él la sueña. El afán de protagonismo de Quintana y las constantes peleas entre ambos grupos han dado una imagen pésima y muy poco seria como para que los gallegos, en plena época de crisis, pudieran renovar su confianza en ellos.
Esa supremacía del Bloque, que pretendía imponer sus ideales identitarios e impositivos -valga la redundancia- extendiendo su minoritaria forma de ver Galicia a toda la sociedad y haciendo que, por vez primera en la historia, la lengua se convirtiese en asunto de discusión entre gallegos, ha sido el colofón. Galicia, si algo no es, es nacionalista.
Por último, y para no extenderme demasiado en concreciones que ya no interesan, el PSOE sigue sufriendo su talón de Aquiles particular: la lamentable política de comunicación, que en los últimos años se ha convertido en política de márketing simplón. A la Galicia rural, envejecida y tradicional sólo la ha entendido el PP, con sus campañas puerta a puerta y sus 'pateos' de calle, camino y carretera, se la sigue metiendo en el bolsillo. Esa población gallega precisa de cercanía y conocimiento de sus realidades y problemas. La otra Galicia, la urbana, necesitaba también algo más que un par de vídeos bonitos y carteles con aires de grandeza.
A lo anterior, podríamos sumar el ridículo que ha hecho Touriño en plena campaña negándose a la legítima defensa por las acusaciones de despilfarro del PP, en ocasiones tremendamente injustas.
Sea como sea, y como he leído esta mañana a no recuerdo quién, el PSOE merecía perder y el PP no merecía ganar. Unos por otros, la casa sin barrer. El Presidente saliente, que tiene a pesar de estos años una acreditada solvencia política, puede marcharse en cierto modo satisfecho por haber contribuido al comienzo de una modernización de Galicia que no ha sabido conducir o concluir; y con la cabeza alta por su noble decisión de dejar el camino libre a los que vengan -Quintana anda a sus cosas-. Al Presidente entrante sólo cabe desearle suerte por el bien de los gallegos, darle cien días para obrar y cuatro años para gestionar.
Y entonces, los que queremos a Galicia, volveremos a comentar cómo vemos "nuestra" tierra. Yo, que no tengo aficiones partidistas ni revanchistas, espero sinceramente que sea mejor.
Escrito por
Jorge Barraza
Clasificado en
Galicia,
Reflexiones políticas
El día después de cuatro años después
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| Fotografía de 'La Voz de Galicia'. |
El Partido Popular de Galicia ha arrasado, contra todo pronóstico y demostrando una vez más el absurdo demoscópico, en la cita electoral del día de ayer.
La primera conclusión que podemos extraer del resultado es la caída de un mito: ¿la abstención perjudica a la izquierda, o viceversa? Feijóo será el Presidente de la Xunta salido de los comicios con más votantes porcentuales de la historia de las autonómicas gallegas, con lo que esta afirmación que algunos pretendidos "analistas" llevan por bandera pierde toda su consistencia. Mi análisis es mucho menos interesado: la participación beneficia a la democracia. Esperemos que los partidos dejen de jugar con lo básico y empiecen a alegrarse cuando la ciudadanía se expresa masivamente, sea en uno u otro sentido. Esperemos que de aquí a poco los candidatos puedan animar al voto crítico, razonado y positivo; o simplemente al voto.
El PP, en fin, vuelve a la Xunta. Y lo primero que se me viene a la mente, con tristeza y desgana, cuando pretendo contar mi parecer, es la reacción de muchos socialistas, ya sean militantes o simples simpatizantes, en los comentarios en grupo, en los medios de comunicación o en las redes sociales: el desprecio al pueblo gallego que, libremente, ha elegido.
Si Galicia hubiese votado la posible reelección del bipartito, sería para ellos una demostración maravillosa del progresismo y el avance que invaden a las capas sociales gallegas. Al no haber sido así, hoy se habla de "la incultura de los gallegos", de que "los gallegos son unos fachas" o de que "no son más que cuatro viejos herederos del franquismo". Estos profundos comentarios se han repetido en mil versiones diferentes a lo largo de toda la geografía española en las últimas horas. Y permitidme responder que sólo pueden partir, en lo primero, de quien no cree en la democracia; en lo segundo, de quien no cree en el futuro y el diálogo y vive anclado en los viejos frentes del 36; y en lo tercero, de quien no conoce la historia de Galicia. Diría, es más, que ésta última afirmación es un sucio insulto a uno de los pueblos que más vivió la persecución, el oscurantismo y la olvidadiza represión de la dictadura. Espero, en todo caso, que los socialistas andaluces tomen buena nota de las anteriores consideraciones, a los efectos oportunos.
Hace cuatro años los gallegos dieron, por primera vez en mucho tiempo, la posibilidad a la izquierda de gobernar su país. El PSdG formó coalición con el Bloque Nacionalista Galego y Touriño accedió a una Presidencia que se convirtió en la esperanza de muchos. Cuatro años después, unos y otros se van a su casa con la triste medalla de haber desaprovechado la primera y única oportunidad que les dará la historia en años.
Touriño no fue un Presidente con un perfil demasiado diferente al de su inmediato predecesor. Mayor, conservador y tradicionalista en lo aparente, podría ser el candidato perfecto para una sociedad que en su mayoría también lo es. Pero, ¿no querían un cambio los gallegos? Las urnas han demostrado, por segunda vez consecutiva, que sí, que buscaban dar la vuelta a esa Galicia de la Telegaita, del caciquismo clientelar, del chapapote, de la pobreza rural y la desidia en lo urbano, de la agresión impositiva, la burda manipulación y la imparable emigración. Está claro, sin embargo, que los gallegos no querían hacerlo montando un chiringuito nacionalista equiparable al de otras Comunidades y repitiendo, paso por paso pero con distintos protagonistas, los viejos estilos de la vieja administración fraguista. La política de Fraga consistía en sacar a sus colegas ancianos a bailar muñeiras y comer pulpo, y Quintana aspiraba a perpetuarse con la misma actividad.
Por ello, la ciudadanía gallega ha votado cambio de nuevo, seguramente esperanzada en que esta vez sí, alguien escuche su proclama. Feijóo será el primer Presidente de aspecto joven y renovador que tendrá la Xunta, y caciques baltares a un lado, tiene una gran oportunidad, la segunda consecutiva que otorgan las urnas a un político gallego, para cambiar el atraso y el subdesarrollismo económico y estructural de Galicia.
De estas elecciones se debe desprender un mensaje claro al Partido Socialista, no sólo en aquella tierra sino en el conjunto de España: no vale cualquier cosa. No vale sólo ganar, hay que transformar. Y sobre todo: no vale tampoco gobernar a cualquier precio. Para quienes me leen no es una sorpresa que no creo en los pactos de Gobierno que llevan a la administración pública a engendros como los que estos años han sufrido mis paisanos de origen: ¿tienen sentido dos Xuntas, una presidida por Touriño y otra por Quintana?, ¿son beneficiosos para la ciudadanía los acuerdos de Gobierno -autonómicos o municipales- entre PSOE y otras formaciones en los que cada parte le pone la zancadilla a la otra?, ¿no debería huir un socialista, siempre y por definición, del nacionalismo que se presupone contrario a sus más básicos principios?
En el PSOE se ha instalado con fuerza una política de estúpido cortoplacismo y nula visión de Estado que ya empieza a dar sus últimos coletazos. Pasada la euforia antiPP, que murió tras las generales del 9 de marzo, la sociedad española empieza a darse cuenta del estrepitoso fracaso que ha supuesto la política pactista de la era Zapatero, que sólo pensaba en el hoy pero que olvidó un mañana en que el partido pagará no sólo sus propios errores sino también los de sus compañeros de viaje. Si tuviese que apostarme algo, y a pesar de que ambos partidos bajan su rendimiento electoral, afirmaría hoy con total rotundidad que el PSdG ha perdido la Xunta más por mérito del BNG que por desgracia propia, así como empezarán a caer Gobiernos municipales y autonómicos y, no sería extraño, el propio Gobierno central en las próximas citas. Los ciudadanos, y me incluyo con orgullo, muestran un creciente hartazgo por los ridículos frentismos, los pactos a toda costa para alcanzar un par de concejalías o un gobierno inestable, las renuncias a la ejecución de los ya de por sí irrealizables programas electorales y el olvido de los principios básicos que todo líder y todo partido deben firmar y respetar con sus votantes... y sus militantes, desdibujando la imagen pública y confundiendo y desilusionando al que antes era el mayor de los convencidos. El hartazgo, en fin, de la política pensada para niños con pataletas rabiosas y estúpidos con papeletas compradas.
No valen las excusas ni las trasnochadas superioridades morales. No vale ya el "no nos entienden" o el más torpe "no nos escuchan". Los partidos, sean grandes o pequeños, dependen de sí mismos para convencer a los ciudadanos de su propio proyecto... pero sobre todo, para convencer a los ciudadanos de que tienen un proyecto propio. Esto último es lo más complicado para un PSOE que cada vez extiende más el sistema de franquicias que tanto critica a IU.
De las tres citas electorales inmediatamente recientes se desprende la misma lectura. En 2008 el Congreso de los Diputados quedó constituido casi como un sistema bicameral, con los nacionalismos excluyentes arrastrados al peor resultado global de la historia. Ayer, el PP ganó la Xunta galega a un gobierno con marcado carácter y participación nacionalista y en Euskadi, también por primera vez, los partidos de ámbito estatal superan en número de escaños a los nacionalistas. Y un cuarto dato, que debería ser especialmente significativo para los avezados estrategas de Ferraz: su odiada UPyD sube y va afianzando un interesante espacio electoral sin que sea incompatible con las subidas del Partido Popular (ocurrió en las generales y ocurrió ayer en las gallegas).
De lo anterior, quiero desprender una última reflexión, tal vez la más importante de las que tenía reservadas. El socialismo español tiene dos claras opciones de futuro. La primera pasa por defender la riqueza, la pluralidad y la variedad de España, potenciándola, pero asumiendo a la vez el sentido unitario y la defensa de la igualdad entre españoles -como individuos, no como seres subyugados a banderas-, así como de los mismos principios básicos sea cual sea el territorio a tratar. Respetar lo que nos diferencia y potenciar lo que nos une para, utilizando todas las herramientas, cumplir con los ideales sociales que se presuponen a este partido. Y sobre todo, y de una vez, cambiar la política del burdo márketing por la verdadera comunicación política. Esta opción es el equivalente a ocupar un espacio político que ha quedado huérfano en la política nacional.
La segunda alternativa consiste en seguir como hoy: vendiendo el proyecto a otros, abandonando el sentido de Estado, prefiriendo la ocupación inmediata de alguna cartera que la espera digna en la oposición que asegure una clara victoria en el mañana -y por tanto el afianzamiento público y la seguridad de la permanencia futura de los logros de gestión-, y potenciando más el odio hacia el partido de enfrente que la defensa de unos ideales que debieran estar por encima de las victorias o las derrotas. Esta opción es el equivalente a entregarle el partido a grupos de interesados, oportunistas y mediocres sin ideales; y el futuro de España al obsesivo, esquizofrénico y sucio PP, a un partido como UPyD que no ha nacido con más pasión y proyecto que el enfrentamiento entre españoles en aras de una supuesta unidad homogénica que sólo existe en los sueños de algunos -algunos que daban golpes de Estado, también-, o a los partidos nacionalistas que viven pidiendo derechos históricos -derechos para las personas, ¿para qué?- y se niegan a saltar al tiempo presente, a las necesidades de hoy y los retos del mañana. Algunos, incluso, justifican a los que llevan sus "ideales" al asesinato por la espalda y coquetean con ellos sin pudor.
De elegir esta última -lo que a la vista de los acontecimientos parece más probable- muchos españoles, que aumentan su descontento y empiezan a notar el carácter gallego que está tomando el PSOE -no se sabe si va o viene, o si por el camino se entretiene- se quedarán sin representación política, lo que conducirá al descontento general del pueblo con sus líderes, a la defenestración de un socialismo español que ya no va a poder justificarse demasiado tiempo en una historia reciente que los españoles empiezan a nublar, y el ascenso de partidos que han olvidado la defensa de los valores sociales y que están más preocupados por el porcentaje, la planilla del despacho o los análisis políticos de supuestos entendidos que en realidad no pasan de ser unos 'enteraos'. Vaya, lo mismo que ese extraño híbrido en que se está convirtiendo el Partido Socialista de hoy, que ha ascendido un peldaño para estar más cerca del cielo que de la calle.
Y a pesar de todo, y a pesar de mi aparente descontento, enfado, escepticismo, rabia, impotencia y creciente confusión -y de todo ello tengo mucho- sigo creyendo en la política. Esa maravilla de la que ya Enrique Tierno Galván se lamentaba con esta afirmación: "la política ha dejado de ser una política de ideales para convertirse en una política de programas". Sin embargo, para el futuro tomaremos como referencia a Napoleón -sólo en esta frase, por supuesto-: "en política hay que sanar los males, jamás vengarlos", y teniendo siempre en cuenta a Edwar Kennedy: "en política pasa como en las matemáticas: todo lo que no es totalmente correcto, está mal".
Escrito por
Jorge Barraza
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Galicia,
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