Barack Hussein Obama se convirtió ayer en el cuadragésimo cuarto -que no cuarenta y cuatro, según las normas castellanas y por muy pedante que parezca- Presidente de los Estados Unidos. De América. Así, como suena, con toda su majestuosidad, su colorido, su fanfarria y las no menos importantes imploraciones al altísimo.
Si yo tuviese un periódico en mis manos el titular de hoy sería "explota la pompa, nace el líder". En efecto, ayer se acabó el Obama de campaña, el de las esperanzas y las ilusiones simplonas, el de las llamadas al cambio con un voto en la mano. Y no, no estoy diciendo que haya defraudado el nuevo personaje; al contrario, ha estado muy a la altura de lo que algunos esperábamos. Incluso por encima.
Ha nacido un Presidente de verdad; no uno demócrata, uno para el pueblo estadounidense. Uno que ha sabido por primera vez en mucho tiempo construir un discurso ordenado, valiente, que realmente mueve pilares imposibles, que como él mismo ha dicho se sacude el polvo. Obama ha conjugado grandiosamente la herencia de unos valores que nunca se debieron perder con un ansia global de cambio, para que nada vuelva a ser como antes. Ha hablado al mundo con respeto, no con autoridad; se ha dirigido a su nación con fuerza y exigencia, pero no con prepotencia.
El lunes critiqué lo excesivo del espectáculo de la toma de posesión, que ya en el Capitolio se ha convertido en algo casi insultante. Sin embargo, he pensado en ese estado primario de la inteligencia humana que es la religión. En tiempos de crisis, sean económicas, ideológicas o de valores, ¡o las tres juntas!, necesitamos más que nunca a nuestros dioses, vengan del cielo o de la tierra. Ése es Obama, el profeta al que elevar a un altar de salvación que a su vez librará al mundo de todos los males que le acechan. A él nos agarraremos, a él le imploraremos, por él serán muchos los que tengan que morir. Y tal vez sirva de algo. O tal vez de nada. Pero ateos o creyentes, confiaremos nuestros sueños a una mano zurda y negra, que podría cambiar un nefasto mundo inventado por diestros y blancos. O no. De lo que no cabe duda es de que cada vez es más difícil hablar de sociedad, de pueblos, de decisiones comunes, de participación multilateral. Es tristemente necesario el dedo que enseñe el camino a un pueblo empeñado en no pensar, en no actuar, en no inventar, en no imaginar.
Mañana Obama sabrá muchas verdades oscuras, que callará, supongamos que por nuestro bien común. Nosotros, tendremos ocasión de comprobar en cuatro años cuáles son las suyas, cuál será su gran legado a la historia: palabras o hechos, formas superficiales o verdades profundas. Sabremos si simplemente cerrará Guantánamo o si además las personas que allí se encuentran serán tratadas de acuerdo al derecho internacional allá donde vayan. Veremos si las tropas americanas salen de Iraq dejando la huella de un polvorín más, o si se retiran, una vez causada la masacre, ayudando al pueblo iraquí a decidir su destino y a reconstruir su futuro. Conoceremos unos planes económicos que pueden servir para maquillar los presentes despropósitos siguiendo el poder y el abuso en manos de los mismos, o para refundar las bases de un mundo en justicia. Nuestros ojos seguirán abriéndose ante un mundo gris, corrompido, mísero, que abusa de sí mismo y de su madre; o cantarán el asombro que produciría recuperar el espíritu y la vida de una misiva que un viejo indio escribió a otro elegido del pueblo americano, aunque no de todo él... Aquella que se tituló: "la tierra no pertenece al hombre, el hombre pertenece a la Tierra". Tal vez se olvide de Palestina, como parecía que yo iba a hacer; o tal vez no. Tal vez le recuerde a su nuevo amigo Zapatero que hay un Sáhara un poco más abajo de sus narices.
Ha dicho Obama que tenemos que cambiar porque el mundo ha cambiado. Es cierto, el cambio es inevitable y, a estas horas, un hecho visible. Lo imposible es conocer el camino que recorreremos y el destino que nos aguarda.
A este lado del Atlántico observo con tristeza a mis Estados, los que no están tan unidos como nos gustaría. El colega Barack hablaba de una nación joven que tiene que dejarse de chiquilladas; ya no es una niña. Nuestra viejecita Europa cascarrabias sigue dando lecciones sin que sus hijos, sean del norte o del sur, amaguen siquiera un poco con hacer caso de sus afirmaciones tan absurdamente chulescas como extenuadas y caducas. Hoy, el patetismo de las madres naciones era más efervescente que nunca: todos mirábamos boquiabiertos a Obama y a la luna a partes iguales, sin creernos con capacidad para emularle a él o para conquistarla a ella. Cada vez nos hacemos más pequeños, más insustanciales, más pobres de pensamiento. Presumimos de rica y plural historia que, al final, no tiene más significado que aquella expresión castellana de las hostias como panes, las que llevamos siglos creando, repartiendo y recibiendo. Toda la grandiosidad de nuestros castillos, palacios, lenguas, murales, cánticos, bailes, alfombras y leyendas se muere al ritmo que lo hace nuestra capacidad para enlazar dos letras: sí o no. Ya ni monosílabos somos capaces de susurrar a un planeta que nos empezará a dar la espalda, cansado de nuestros lloriqueos y cuentos de abuelo.
Ojalá algún día podamos levantarnos como hicieron otros, izar banderas con estrellas y sin barras, donde todos giremos iguales, bailando en círculos, orgullosos de nuestra Unión, nuestro himno y sus valores como lo hace ese que llamamos estúpido pueblo yankee. Nada peor, al fin y al cabo, que renegar de un hijo, o no querer aprender de lo poco bueno que tenga que decirnos ni tener la valentía suficiente para levantarle la voz cuando es necesario. Todo lo que emane de la Casa Blanca en negativo será nuestra responsabilidad; lo que emane en positivo, habrá ocurrido a nuestro pesar.
Dijo un tipo extraño: "lamento profundamente haber nacido español". ¡Qué razón llevaba! Aquí, ni siquiera hemos decidido todavía si somos nación, país, Estado, región o comunidad de propietarios; aunque es lo que más tiempo nos ocupa. No lo hace la salud de nuestros ancianos o la educación de nuestros hijos. Y ello, a pesar de aquella grandiosa sentencia que Don Fernando Fernán Gómez -quien tristemente no será recordado por lo que debiera, hecho habitual en estas tierras- pronunció en La lengua de las Mariposas: "En la primavera, el ánade salvaje vuelve a su tierra para las nupcias. Nada ni nadie lo podrá detener. Si le cortan las alas, irá a nado. Si le cortan las patas, se impulsará con su pico, como un remo en la corriente. Ese viaje es su razón de ser... [...] En el otoño de mi vida, yo debería ser escéptico. Y en cierto modo lo soy. El lobo nunca dormirá en la misma cama con el cordero. Pero de algo estoy seguro: si conseguimos que una generación, una sola generación crezca libre en España... [...] ...ya nadie les podrá arrancar nunca la libertad...". Y crecimos, vaya si crecimos. Pero a pocos les interesan ya una libertad y unos derechos que son tan efímeros como volátiles. Tal vez vuelen pronto, como el ánade. Eso sí, no habrá otros miles de ellos persiguiéndolos con tanto empeño.
No hablaré demasiado de mi querida España. Me da pena lo que con ella han hecho barrigas agradecidas, estómagos satisfechos y mentes planas. Y en ello siguen todos: los que nunca tuvieron más idea que su avaricia, y los que van olvidando las suyas sin pudor, obligando al más convencido a ir dejando sus carnés a la salida.
En un mundo de etiquetas, simplismos y viejas convenciones, donde todo es una mierda pero, con suerte, te toca estar del lado que más se queja y más sonríe -casi a partes iguales-, pensar es una auténtica putada. Como hace poco acordábamos un buen amigo y yo, sería más divertido haber nacido como "esos", estúpidos pero felices. Y no es que nosotros no lo seamos -estúpidos, digo- sino que complicamos demasiado nuestra propia y manifiesta estupidez.
Durante años he predicado desde los blogs la política para las personas, el periodismo humano, la fotografía de la realidad, la movilización por los principios, el pensamiento independiente... He intentado convencer a unas pocas personas que me han seguido de lo inútil que es apoyar nuestro esquema cerebral en siglas, apellidos y palabras huecas. Intenté decir: ¡eso no son ideas! He renegado de los colores y los estandartes. Y aquí estoy, sin conocer el resultado de mi empeño, pero notablemente satisfecho.
Tal como piensas, estás leyendo un largo artículo con cierto sabor a despedida. Y es largo con la esperanza de que nadie haya llegado hasta aquí, momento en que me dirijo a mis entrañas y no a mi etéreo público. No me gustaría que el planeta se contagiase de pesimismo, menos aún cuando el profeta del mañana empieza a saborear la comodidad de su alcoba. Prefiero seguir gritando que se pueden cambiar las cosas, que existe la esperanza, que hasta el amor es verdad. Prefiero convencerte de la importancia de la sonrisa de un niño, de la pelota con la que jugábamos de pequeños -aunque doliese contra la cara-, de lo mágicos que son seres que existen más allá de nuestra vista, de lo amablemente literaria que es una fotografía del recuerdo, de lo correcto que es no olvidar, de lo lícito que es llorar, de la fuerza que tiene un libro, de la mucha que pierde al cerrarlo. Que besar nunca es pecado, al semejante o al diferente, y que sí lo es matar: un sueño, una creencia de galleta y chocolate, un pálpito verde o rojo.
Os hablaré del Señor Sommer. El señor Sommer anda en silencio, deprisa, como si lo persiguieran, con su mochila vacía y un largo y extraño bastón, de pueblo en pueblo, rondando por la campiña y por los sueños y las pesadillas de un niño... El misterioso señor Sommer no desaparece hasta que el niño no ha dejado de trepar a los árboles.
Ahí, en lo alto de un árbol, están Mis Estados Unidos, guardados en una caja. Aquí, mi hasta pronto, compañeros. Ojalá, cuando nos volvamos a leer -cosa que sin duda ocurrirá- el mundo sea un mundo mejor, y Mis Estados Unidos se hayan caído de su caja.
Oh, sí, hasta pronto, compañeros.
21/01/2009
19/01/2009
Obama, en tren hacia el cielo
Viendo estos días las noticias que giran en torno al Presidente electo de Estados Unidos, los sentimientos que se despiertan tienen poca relación con el cambio, mucho menos con el cambio revolucionario que, hubo que explicar día a día, sería imposible.
Tal vez, el cambio de Obama debía haber comenzado por la caída del Presidente como Dios. Este viaje en tren, emulando a Lincoln pero, también, con aura divina a lo Faraón egipcio, es una de las demostraciones prácticas de que poco cambiará tras la toma de posesión de mañana, que también se envolverá bajo festejos poco dignos de un mortal y más propios de un enviado celestial.
Obama es una esperanza; una mejora, también. Pero no, no es la revolución; es sólo una imagen atada y con poca capacidad de maniobra. Y hasta él mismo nos ha avisado. Eso sí, los imperios siempre fueron los imperios, incluso en decadencia.
Tal vez, el cambio de Obama debía haber comenzado por la caída del Presidente como Dios. Este viaje en tren, emulando a Lincoln pero, también, con aura divina a lo Faraón egipcio, es una de las demostraciones prácticas de que poco cambiará tras la toma de posesión de mañana, que también se envolverá bajo festejos poco dignos de un mortal y más propios de un enviado celestial.
Obama es una esperanza; una mejora, también. Pero no, no es la revolución; es sólo una imagen atada y con poca capacidad de maniobra. Y hasta él mismo nos ha avisado. Eso sí, los imperios siempre fueron los imperios, incluso en decadencia.
![]() |
| Fotografía de AP publicada en Clarín.com |
Escrito por
Jorge Barraza
Clasificado en
Reflexiones políticas
18/01/2009
Cambio
“Lo que se necesita es la misma perseverancia e idealismo que demostraron nuestros padres fundadores. Una nueva Declaración de Independencia, no sólo de nuestra nación, sino de nuestras propias vidas. Independencia de ideología, de pensamiento, de prejuicios y de fanatismos”.
Barack H. Obama, Presidente electo de Estados Unidos 2009.
Escrito por
Jorge Barraza
Clasificado en
Reflexiones y reflejos
La madre policía, los energúmenos y la vaca
Ivanka y yo hemos estado esta noche en Madrid cazando vacas. Cazando en el sentido fotográfico de la palabra; y con mucho cariño, por supuesto.
Pero esta historia no tendría ningún valor de no ir acompañada por una anécdota que nos ha hecho reír pero, a mí al menos, también reflexionar.
Escena: Calle Alcalá, entre Cibeles y Gran Vía. Unos chavales se suben encima de una vaca -acera de bajada sentido Cibeles- para hacerse una foto. Justo por el lado contrario aparece un coche de la Policía Municipal de Madrid, que se detiene en seco cortando el tráfico, enciende sus luces y señales acústicas y, a través del altavoz se escucha: "¡a ver si nos vamos bajando ya de ahí, eh, a ver si nos vamos bajando que eso no está pa' subirse. Qué, ¡¡tú sabes cuánto cuesta una vaca de éstas, tú sabes cuánto cuesta!! ¡¡'Pos' si tuvieses que pagarla te arruinabas!!
Fin. Los chavales se bajan, la patrulla sigue su camino y varias personas aplauden -no sé si a la policía, a los personajes de encima de la vaca, a todos o a la situación en sí misma-.
Y no pude evitar pensar en mi madre. De hecho, la agente en cuestión no tenía voz de otra cosa más que de madre pidiéndole a su hijo que recoja la habitación, o recordándole lo mucho que cuesta llevar el dinero a casa para pagar sus caprichos. Regañina ejemplar.
Y digo yo, ¿por qué no una brigada de policía pedagógica? Entre el delincuente y el ciudadano normal, hay mucha gente que simplemente necesita una dosis de educación, o de ciudadanía. O de educación para la ciudadanía. Exactamente igual que el amargado con ganas de dar la nota que escribió encima de una de las simpáticas cornudas su frase para la posteridad, su aportación a la sociedad: "un gasto inútil". Bien. Reparar su daño será otro gasto aún más inútil. Igual, con una voz maternal a tiempo, o tal vez un diccionario abierto por la 'R' de respeto...
Para el que no sea de Madrid o simplemente no lo sepa, aclaro de qué hablo. Desde el jueves hay expuestos en la capital 105 ejemplares de este animal en fibra óptica que, al terminar la muestra, el 21 de marzo, serán subastados con fines benéficos. "A través de la subasta de vacas, se han recaudado más de 13 millones de euros para fines benéficos, y más de 10.000 artistas han diseñado y pintado 5.000 vacas en 50 ciudades de los cinco continentes". Esto último, tal vez, no lo sabía mi amigo "rebelde". En todo caso, es una bonita forma de pasar una tarde y, de paso, conocer mejor Madrid.
Escrito por
Jorge Barraza
Clasificado en
Reflexiones sociales
17/01/2009
Vuelve la izquierda... de verdad
No pensaba escribir en varios días y sin embargo he de hacer una excepción casi obligada.
Acabo de saber a través de Twitter que militantes socialistas han tenido que abandonar la concentración en la Puerta del Sol de Madrid contra la masacre en Gaza al ser increpados por personas que portaban banderas del Partido Comunista de España, que han acompañado sus acciones al grito de "Zerolo maricón".
La breve reflexión, compartida con algún otro 'tuitero', es muy evidente, a la par que obvia: ¿cuando la izquierda va a dejar de perseguir su falsa unidad? Evidentemente, poco tienen que ver ideológicamente un militante socialista con uno comunista; por simple definición, por objetivos, por causa y por maneras.
Durante mucho tiempo el PSOE ha considerado oportuno y adecuado pactar con "cualquier cosa" que esté a su izquierda, incluso con partidos nacionalistas que, en muchos casos, están sobradamente más a la derecha que su antítesis popular. Y ya se sabe lo que pienso del nacionalismo -el del centro y el de las periferias-. Y si no, no es necesario: nada menos socialista que un excluyente de bandera, nación y frontera.
Es posible, sin embargo, que haya llegado el momento de hacer una profunda reflexión en el seno del socialismo español. Creo que, en multitud de ocasiones, han sido mucho más perjudiciales para el Partido Socialista los pactos con nacionalistas o formaciones como Izquierda Unida de lo que hubiese supuesto pelear por la coherencia de las propias ideas desde la oposición. Y si bien es cierto que, por responsabilidad política y democrática hay que garantizar la gobernabilidad de todas nuestras instituciones, no lo es menos que hay que valorar más con quién se pacta y a qué precio. Algunos estamos cansados de tener que justificar y explicar ideas que no son propias y actos de los que nuestra conciencia es ajena.
No todo lo que se llame izquierda vale, ni es igual, ni merece la misma consideración. Y es seguro que el PSOE tendría la confianza de muchos más españoles de tener también el coraje de plantar cara con sus propias ideas, proyectos y mensajes. De plantar cara a "la otra izquierda", cuando sea necesario.
Desde luego, a mí me parece indigno gobernar nada con una coalición política de tinte autoritario, que defiende dictaduras allende los mares y que plantea situaciones de ambigüedad intolerable como las que existen en el País Vasco. O que utiliza el término "maricón". En lo sucesivo, antes de votar, habrá que especificar muy bien qué se va a hacer después con nuestros votos y con los programas que votamos; porque quien aquí escribe no piensa confiar uno sólo que negocie con actitudes e ideas como las anteriormente mencionadas.
Acabo de saber a través de Twitter que militantes socialistas han tenido que abandonar la concentración en la Puerta del Sol de Madrid contra la masacre en Gaza al ser increpados por personas que portaban banderas del Partido Comunista de España, que han acompañado sus acciones al grito de "Zerolo maricón".
La breve reflexión, compartida con algún otro 'tuitero', es muy evidente, a la par que obvia: ¿cuando la izquierda va a dejar de perseguir su falsa unidad? Evidentemente, poco tienen que ver ideológicamente un militante socialista con uno comunista; por simple definición, por objetivos, por causa y por maneras.
Durante mucho tiempo el PSOE ha considerado oportuno y adecuado pactar con "cualquier cosa" que esté a su izquierda, incluso con partidos nacionalistas que, en muchos casos, están sobradamente más a la derecha que su antítesis popular. Y ya se sabe lo que pienso del nacionalismo -el del centro y el de las periferias-. Y si no, no es necesario: nada menos socialista que un excluyente de bandera, nación y frontera.
Es posible, sin embargo, que haya llegado el momento de hacer una profunda reflexión en el seno del socialismo español. Creo que, en multitud de ocasiones, han sido mucho más perjudiciales para el Partido Socialista los pactos con nacionalistas o formaciones como Izquierda Unida de lo que hubiese supuesto pelear por la coherencia de las propias ideas desde la oposición. Y si bien es cierto que, por responsabilidad política y democrática hay que garantizar la gobernabilidad de todas nuestras instituciones, no lo es menos que hay que valorar más con quién se pacta y a qué precio. Algunos estamos cansados de tener que justificar y explicar ideas que no son propias y actos de los que nuestra conciencia es ajena.
No todo lo que se llame izquierda vale, ni es igual, ni merece la misma consideración. Y es seguro que el PSOE tendría la confianza de muchos más españoles de tener también el coraje de plantar cara con sus propias ideas, proyectos y mensajes. De plantar cara a "la otra izquierda", cuando sea necesario.
Desde luego, a mí me parece indigno gobernar nada con una coalición política de tinte autoritario, que defiende dictaduras allende los mares y que plantea situaciones de ambigüedad intolerable como las que existen en el País Vasco. O que utiliza el término "maricón". En lo sucesivo, antes de votar, habrá que especificar muy bien qué se va a hacer después con nuestros votos y con los programas que votamos; porque quien aquí escribe no piensa confiar uno sólo que negocie con actitudes e ideas como las anteriormente mencionadas.
Escrito por
Jorge Barraza
Clasificado en
Actualidad,
Reflexiones políticas
16/01/2009
Utopía
“Las verdaderas utopías, los sueños románticos, se hacen mirando a tiempos ilimitados. Sin magia de vivir y poesía, no hay sueños, ni visiones grandes. Hay que repensar la tecnología como un juguete, como un sueño, como era en el siglo XIX”.
Leo Bassi, bufón.
Escrito por
Jorge Barraza
Clasificado en
Reflexiones y reflejos
15/01/2009
Justicia
Los jueces anunciaban esta semana que quieren ponerse en huelga. Y mientras los expertos discuten si es o no posible constitucionalmente hablando, uno tiene que mostrar su alegría como ciudadano.
Siempre albergué la esperanza de que tarde o temprano sus señorías plantasen cara a la injusticia -nunca mejor dicho- que sufrimos los españoles. Algunas malas lenguas pretenden hacer creer que todo tiene que ver con una reclamación absolutamente secundaria sobre el salario y la jubilación. Otros, envidiosos que jamás podrán aprobar una oposición semejante, dicen que es puro corporativismo en apoyo de su compañero Tirado -que no es que lo diga yo, es que se apellida así, oiga-. Es más, todos sabemos que sus sueldos de entre 3.000 y 6.000 euros, cercanos al de cualquier español medio, son absolutamente insuficientes para un trabajo que lleva décadas realizándose con precisión, rapidez y rigor incontestable.
Los jueces sólo quieren manifestarse con coherencia -y tal vez hasta con uniforme, cual obispo orgulloso, de Orgullo, o Guardia Civil patriota-. Con coherencia en sus ideas, las que llevan décadas defendiendo y por las que han luchado hasta las últimas consecuencias. Día y noche, sin dormir.
La Justicia está desactualizada y funciona mal, muy mal. Llega tarde a todas partes y, a la pobre, se le escapan asesinos que campan atentando contra la seguridad potencial de usted, ciudadano sin escolta ni coche blindado. Pero esto no ha sido siempre exactamente así, y los jueces nunca han defendido otra cosa ni han permanecido impasibles ante semejante despropósito legislativo y administrativo. Por eso ahora hay que apoyarles: ¡que se echen a las calles, saldremos con ellos!
Lo que pasa es que en este país hay muy poca fe. Católica, sobre todo. Y esto no es una ironía, por supuesto.
Siempre albergué la esperanza de que tarde o temprano sus señorías plantasen cara a la injusticia -nunca mejor dicho- que sufrimos los españoles. Algunas malas lenguas pretenden hacer creer que todo tiene que ver con una reclamación absolutamente secundaria sobre el salario y la jubilación. Otros, envidiosos que jamás podrán aprobar una oposición semejante, dicen que es puro corporativismo en apoyo de su compañero Tirado -que no es que lo diga yo, es que se apellida así, oiga-. Es más, todos sabemos que sus sueldos de entre 3.000 y 6.000 euros, cercanos al de cualquier español medio, son absolutamente insuficientes para un trabajo que lleva décadas realizándose con precisión, rapidez y rigor incontestable.
Los jueces sólo quieren manifestarse con coherencia -y tal vez hasta con uniforme, cual obispo orgulloso, de Orgullo, o Guardia Civil patriota-. Con coherencia en sus ideas, las que llevan décadas defendiendo y por las que han luchado hasta las últimas consecuencias. Día y noche, sin dormir.
La Justicia está desactualizada y funciona mal, muy mal. Llega tarde a todas partes y, a la pobre, se le escapan asesinos que campan atentando contra la seguridad potencial de usted, ciudadano sin escolta ni coche blindado. Pero esto no ha sido siempre exactamente así, y los jueces nunca han defendido otra cosa ni han permanecido impasibles ante semejante despropósito legislativo y administrativo. Por eso ahora hay que apoyarles: ¡que se echen a las calles, saldremos con ellos!
Lo que pasa es que en este país hay muy poca fe. Católica, sobre todo. Y esto no es una ironía, por supuesto.
Escrito por
Jorge Barraza
Clasificado en
Reflexiones políticas
Quejas para los grandes de la comunicación
Voy a ser, por un día, un niño con pataletas. Y las voy a compartir con vosotros. Pataletas comunicativas, en este caso, que seguramente nunca haré llegar a los grandes del periodismo. Pero sí a ti, querido lector, si tienes la paciencia de leerme. Aquí van:
1. Al Grupo Planeta. No por existir, no, aunque pudiera ser, sino por anunciar el cierre de ADN. Vamos a ver, ¿por qué esos sustos, por qué? Teníamos un diario gratuito susceptible de ser leído, y resulta que fracasa... ¿dice esto algo de nuestra sociedad, como la comparativa de audiencia entre los documentales de La 2 y los programas del sábado noche? Pudiera ser. ¿Y qué nos quedará ahora?: el 20 Minutos con sus apasionantes noticias y titulares -y mejores lectores- o el Qué!, ese diario para quien necesita despertarse -aunque sea del susto- y hacer saltar por los aires toda legaña matutina resistente al esfuerzo. Yo también digo: ¡no al cierre de ADN!
2. Ya expresé en el momento en que se anunció el miedo que me daba la sustitución de Escolar por un hombre nacido y criado en PRISA -con todos los respetos que le tengo al Gran Grupo- al frente de Público. Mi miedo no es menor ahora.
3. Pedro J. y El Mundo nos han timado -como ya hizo El País hace tiempo-. Anunciaron para este domingo una gran revolución en su diseño y el de su web, coincidiendo con el XX aniversario del rotativo, y lo cierto es que los cambios son tan tímidos que ni se notan. El País cambió para parecerse a sí mismo y El Mundo cambia para parecerse a El País. El resultado final: ni el uno ni el otro han revolucionado nada y yo estoy decepcionado y enfadado. O les falta valentía, o no tienen ideas, o ya está todo inventado. Como la revolución de Obama sea igual, vamos apañados.
Recomendaría a los medios, en lo sucesivo, que no se empeñen en anunciar estupideces. De no haber ido acompañado de tanto márketing, el ridículo no se habría notado.
El asunto de elmundo.es ya lo cuenta Netoratón, que es un tipo que de esto sabe mucho.
4. ¿Cuándo TVE será una televisión de servicio público de verdad? Si hay que entrar en la vieja disyuntiva de si la tele pública debe apostar por la calidad o, por el contrario, debe ser rentable y solvente; apuesto sin duda por lo primero. Lo público tiene que ser siempre un servicio al ciudadano, no un negocio. De hecho, de ser así nos ahorraríamos una cadena: emitiendo calidad en La 1 podríamos cerrar La 2, que no es más que un lavado de manos, creando una tele con ánimo cultureta y guay que si bien no ve ni el Tato -el colega de Rajoy- sí sirve para contrarrestar la basura que nos tragamos por los tubos del buque insignia. Pues no cuela. Como no cuelan los millones y millones que salen del erario público para comprar derechos de emisión de dudoso interés general.
O la privatizamos, o la convertimos en decente. Una decencia que siempre ha tenido su homóloga en la Radio. Nuestra querida Radio Nacional de España funciona muy bien. Cada vez mejor, de hecho.
5. Enlazando con lo anterior, no entiendo el ERE de RTVE. No me entra en la cabeza como "la televisión de todos" se quita de enmedio de un plumazo a sus mejores profesionales. Y a casi toda la plantilla.
Lo primero: ¿no tiene valor la experiencia? Cuando yo termine la carrera -tranquilos, faltan muchos años- me gustaría aprender de aquellos que saben, de los que ya han recorrido mundo, de los que han ido aquí y allá, de los que vivieron aquello a lo que yo no llegué. Pero no, en estos tiempos el periodismo -el público también- no se ha podido salvar de lo precario: llenaremos las redacciones de mileuristas a los que explotar para producir la mierda a la que, a buen seguro, muchos de los asentados que ahora miran sentados desde el sofá de casa no se habrían prestado. Y además, quedaremos como muy modernos. Ni siquiera servirá para que los mayores se vayan a casa y llegue savia nueva a la que sacar de las listas del paro, porque...
...lo segundo: ¿no era TVE la gran locomotora de la información en España? Razones había: centros territoriales, una poblada red de corresponsales o un equipo técnico que, de cara hacia fuera, funcionaba. Ahora hemos dejado las sillas vacías y la plantilla tiritando, y el resultado es que ya no siempre llega primero la cámara de las tres siglas, que hay más fallos técnicos y humanos que nunca y, en los grandes eventos y coberturas informativas, aunque Televisión Española sigue siendo la favorita del público, lo es, objetivamente, menos que antes.
Enlazando los puntos 4 y 5, cabe preguntarse para qué queremos que sirva una televisión propiedad del Estado. Si va a ser para garantizar un correcto servicio público, la libertad de información por encima de los intereses comerciales, la objetividad y la pluralidad, la independencia del poder político de turno, el debate, la difusión cultural y de los valores democráticos, voto a favor. Si va a ser para entrar en el juego comercial y programar aquello que haga subir las cuotas de audiencia... que la privaticen, también voto a favor. Ante cualquiera de los demás supuestos, voto en contra. El Estado no es una empresa.
Eso sí, para no despedirme con tal mal sabor de boca, voy a reconocer que algo ha mejorado -y no sólo que los decorados sean más monos en la nueva etapa y el logo muy moderno y simpático-. El tiempo. La información meteorológica. Ésa que hace saltar de la silla a hombres de campo y mar. Ésa que cuando vas al pueblo provoca un silencio tenso y, curiosamente, ensordecedor. La que va después de "El Parte". La que lleva veinte años siendo patrocinada por Repsol. La que cambia la cabecera cuatro veces al año. Ésa misma. Ha mejorado. Mucho. Por fin lo entiendo todo. Por fin sé qué tiempo hará mañana porque no me quedo dormido antes de llegar al mapa de isobaras. ¡Ya era hora! Porque vale, Montesdeoca y Maldonado eran unos clásicos, pero joder qué coñ...
1. Al Grupo Planeta. No por existir, no, aunque pudiera ser, sino por anunciar el cierre de ADN. Vamos a ver, ¿por qué esos sustos, por qué? Teníamos un diario gratuito susceptible de ser leído, y resulta que fracasa... ¿dice esto algo de nuestra sociedad, como la comparativa de audiencia entre los documentales de La 2 y los programas del sábado noche? Pudiera ser. ¿Y qué nos quedará ahora?: el 20 Minutos con sus apasionantes noticias y titulares -y mejores lectores- o el Qué!, ese diario para quien necesita despertarse -aunque sea del susto- y hacer saltar por los aires toda legaña matutina resistente al esfuerzo. Yo también digo: ¡no al cierre de ADN!
2. Ya expresé en el momento en que se anunció el miedo que me daba la sustitución de Escolar por un hombre nacido y criado en PRISA -con todos los respetos que le tengo al Gran Grupo- al frente de Público. Mi miedo no es menor ahora.
3. Pedro J. y El Mundo nos han timado -como ya hizo El País hace tiempo-. Anunciaron para este domingo una gran revolución en su diseño y el de su web, coincidiendo con el XX aniversario del rotativo, y lo cierto es que los cambios son tan tímidos que ni se notan. El País cambió para parecerse a sí mismo y El Mundo cambia para parecerse a El País. El resultado final: ni el uno ni el otro han revolucionado nada y yo estoy decepcionado y enfadado. O les falta valentía, o no tienen ideas, o ya está todo inventado. Como la revolución de Obama sea igual, vamos apañados.
Recomendaría a los medios, en lo sucesivo, que no se empeñen en anunciar estupideces. De no haber ido acompañado de tanto márketing, el ridículo no se habría notado.
El asunto de elmundo.es ya lo cuenta Netoratón, que es un tipo que de esto sabe mucho.
4. ¿Cuándo TVE será una televisión de servicio público de verdad? Si hay que entrar en la vieja disyuntiva de si la tele pública debe apostar por la calidad o, por el contrario, debe ser rentable y solvente; apuesto sin duda por lo primero. Lo público tiene que ser siempre un servicio al ciudadano, no un negocio. De hecho, de ser así nos ahorraríamos una cadena: emitiendo calidad en La 1 podríamos cerrar La 2, que no es más que un lavado de manos, creando una tele con ánimo cultureta y guay que si bien no ve ni el Tato -el colega de Rajoy- sí sirve para contrarrestar la basura que nos tragamos por los tubos del buque insignia. Pues no cuela. Como no cuelan los millones y millones que salen del erario público para comprar derechos de emisión de dudoso interés general.
O la privatizamos, o la convertimos en decente. Una decencia que siempre ha tenido su homóloga en la Radio. Nuestra querida Radio Nacional de España funciona muy bien. Cada vez mejor, de hecho.
5. Enlazando con lo anterior, no entiendo el ERE de RTVE. No me entra en la cabeza como "la televisión de todos" se quita de enmedio de un plumazo a sus mejores profesionales. Y a casi toda la plantilla.
Lo primero: ¿no tiene valor la experiencia? Cuando yo termine la carrera -tranquilos, faltan muchos años- me gustaría aprender de aquellos que saben, de los que ya han recorrido mundo, de los que han ido aquí y allá, de los que vivieron aquello a lo que yo no llegué. Pero no, en estos tiempos el periodismo -el público también- no se ha podido salvar de lo precario: llenaremos las redacciones de mileuristas a los que explotar para producir la mierda a la que, a buen seguro, muchos de los asentados que ahora miran sentados desde el sofá de casa no se habrían prestado. Y además, quedaremos como muy modernos. Ni siquiera servirá para que los mayores se vayan a casa y llegue savia nueva a la que sacar de las listas del paro, porque...
...lo segundo: ¿no era TVE la gran locomotora de la información en España? Razones había: centros territoriales, una poblada red de corresponsales o un equipo técnico que, de cara hacia fuera, funcionaba. Ahora hemos dejado las sillas vacías y la plantilla tiritando, y el resultado es que ya no siempre llega primero la cámara de las tres siglas, que hay más fallos técnicos y humanos que nunca y, en los grandes eventos y coberturas informativas, aunque Televisión Española sigue siendo la favorita del público, lo es, objetivamente, menos que antes.
Enlazando los puntos 4 y 5, cabe preguntarse para qué queremos que sirva una televisión propiedad del Estado. Si va a ser para garantizar un correcto servicio público, la libertad de información por encima de los intereses comerciales, la objetividad y la pluralidad, la independencia del poder político de turno, el debate, la difusión cultural y de los valores democráticos, voto a favor. Si va a ser para entrar en el juego comercial y programar aquello que haga subir las cuotas de audiencia... que la privaticen, también voto a favor. Ante cualquiera de los demás supuestos, voto en contra. El Estado no es una empresa.
Eso sí, para no despedirme con tal mal sabor de boca, voy a reconocer que algo ha mejorado -y no sólo que los decorados sean más monos en la nueva etapa y el logo muy moderno y simpático-. El tiempo. La información meteorológica. Ésa que hace saltar de la silla a hombres de campo y mar. Ésa que cuando vas al pueblo provoca un silencio tenso y, curiosamente, ensordecedor. La que va después de "El Parte". La que lleva veinte años siendo patrocinada por Repsol. La que cambia la cabecera cuatro veces al año. Ésa misma. Ha mejorado. Mucho. Por fin lo entiendo todo. Por fin sé qué tiempo hará mañana porque no me quedo dormido antes de llegar al mapa de isobaras. ¡Ya era hora! Porque vale, Montesdeoca y Maldonado eran unos clásicos, pero joder qué coñ...
Escrito por
Jorge Barraza
Clasificado en
Comunicación y periodismo
14/01/2009
Europa para las personas
Comenzaré por una de las frases que más repito: no creo en la política para los territorios, las banderas o las siglas; sólo creo en la política para las personas.
Siendo coherente con esa máxima vital, siempre he sido también un convencido europeísta. Reniego firmemente de los rancios nacionalismos de siglos pasados y prepotentes formas. Todos: los que aspiran a la independencia, levantando barreras, y los que pretenden homogeneizar la riqueza y la pluralidad en favor de historias inventadas que sólo llevan la marca del totalitarismo, la imposición y la intolerancia.
Europa, la Unión, parecía ser la esperanza de quienes aspiramos a poner las instituciones al servicio del ciudadano, de los derechos, del progreso y de la fortaleza común, especialmente para aquellos que vivimos en países más preocupados en debates filosóficos -quiénes somos, de dónde venimos, a dónde vamos- que en resolver los problemas presentes y las aspiraciones futuras. No podemos legislar los sentimientos nacionales o patrióticos, éstos han de ser expresión máxima de libertad, pero sí podemos legislar la vida de la gente, su educación, su trabajo, sus comunicaciones, su protección social... sus derechos. Para eso ha de servir una administración, un Estado, una nación. ¿Y podemos legislar valores?
Lo hacemos, de hecho. Lo hacemos cuando afrontamos el futuro educativo de nuestros niños, cuando optamos por sanidad para todos o para el que se la pague, lo hacemos al ampliar o recortar los derechos de los trabajadores, en las relaciones con las confesiones religiosas, en la política de cooperación al desarrollo, en el reconocimiento o no de los derechos individuales... ¿Y cuáles son los valores de Europa?
Silencio.
Silencio.
Más silencio.
Hasta ahora, la Unión Europea sólo ha llegado al ciudadano en forma de noticia para dos cosas: para acrecentar su imagen mercantilista -la Unión económica funciona, a veces- y para constatar su fracaso político y social. En lo político hemos sido incapaces de aprobar una Constitución que aportase una nueva dimensión al futuro de la Unión, siquiera un exiguo Tratado; en lo social sólo hemos conseguido provocar el rechazo popular: las 65 horas semanales o el Espacio Europeo de Educación Superior son los mejores y más recientes ejemplos. Y además, como añadido, la alta política o debate cuestiones insustanciales o, cuando tiene que estar a la altura, es incapaz de dar la talla con una posición común en asuntos de tanta trascendencia como la política exterior.
¿Hay que seguir creyendo en Europa? Desde luego, pero es perfectamente lícito no creer en esta Europa. Y que nadie se confunda: conocido es que mis ideas son de izquierdas, y que la mayoría política y social europea es, ahora mismo, de derechas o de centro-derecha. Sin embargo, la carencia de valores va mucho más allá de las simples ideas. No los hay, sean unos u otros, si no estamos hablando de dinero.
Hace poco me preguntaron qué podemos hacer los ciudadanos para acercarnos a nuestras instituciones de la Unión. Y yo me pregunto: ¿seríamos capaces, con este panorama, de convencer a la mayoría de españoles -exactamente igual en el resto de Estados miembros- de que se acerquen a Europa, de explicarles Europa, para creer en Europa? Yo no. Moralmente no.
Sin embargo, sí siento altura moral para exigir a nuestros representantes nacionales que cambien Europa. Ese, tal vez, debe ser el primer paso. Y detrás vendrán todos los demás, dejando huellas no sólo económicas, sino también sociales. Humanas.
Siendo coherente con esa máxima vital, siempre he sido también un convencido europeísta. Reniego firmemente de los rancios nacionalismos de siglos pasados y prepotentes formas. Todos: los que aspiran a la independencia, levantando barreras, y los que pretenden homogeneizar la riqueza y la pluralidad en favor de historias inventadas que sólo llevan la marca del totalitarismo, la imposición y la intolerancia.
Europa, la Unión, parecía ser la esperanza de quienes aspiramos a poner las instituciones al servicio del ciudadano, de los derechos, del progreso y de la fortaleza común, especialmente para aquellos que vivimos en países más preocupados en debates filosóficos -quiénes somos, de dónde venimos, a dónde vamos- que en resolver los problemas presentes y las aspiraciones futuras. No podemos legislar los sentimientos nacionales o patrióticos, éstos han de ser expresión máxima de libertad, pero sí podemos legislar la vida de la gente, su educación, su trabajo, sus comunicaciones, su protección social... sus derechos. Para eso ha de servir una administración, un Estado, una nación. ¿Y podemos legislar valores?
Lo hacemos, de hecho. Lo hacemos cuando afrontamos el futuro educativo de nuestros niños, cuando optamos por sanidad para todos o para el que se la pague, lo hacemos al ampliar o recortar los derechos de los trabajadores, en las relaciones con las confesiones religiosas, en la política de cooperación al desarrollo, en el reconocimiento o no de los derechos individuales... ¿Y cuáles son los valores de Europa?
Silencio.
Silencio.
Más silencio.
Hasta ahora, la Unión Europea sólo ha llegado al ciudadano en forma de noticia para dos cosas: para acrecentar su imagen mercantilista -la Unión económica funciona, a veces- y para constatar su fracaso político y social. En lo político hemos sido incapaces de aprobar una Constitución que aportase una nueva dimensión al futuro de la Unión, siquiera un exiguo Tratado; en lo social sólo hemos conseguido provocar el rechazo popular: las 65 horas semanales o el Espacio Europeo de Educación Superior son los mejores y más recientes ejemplos. Y además, como añadido, la alta política o debate cuestiones insustanciales o, cuando tiene que estar a la altura, es incapaz de dar la talla con una posición común en asuntos de tanta trascendencia como la política exterior.
¿Hay que seguir creyendo en Europa? Desde luego, pero es perfectamente lícito no creer en esta Europa. Y que nadie se confunda: conocido es que mis ideas son de izquierdas, y que la mayoría política y social europea es, ahora mismo, de derechas o de centro-derecha. Sin embargo, la carencia de valores va mucho más allá de las simples ideas. No los hay, sean unos u otros, si no estamos hablando de dinero.
Hace poco me preguntaron qué podemos hacer los ciudadanos para acercarnos a nuestras instituciones de la Unión. Y yo me pregunto: ¿seríamos capaces, con este panorama, de convencer a la mayoría de españoles -exactamente igual en el resto de Estados miembros- de que se acerquen a Europa, de explicarles Europa, para creer en Europa? Yo no. Moralmente no.
Sin embargo, sí siento altura moral para exigir a nuestros representantes nacionales que cambien Europa. Ese, tal vez, debe ser el primer paso. Y detrás vendrán todos los demás, dejando huellas no sólo económicas, sino también sociales. Humanas.
Escrito por
Jorge Barraza
Clasificado en
Europa
13/01/2009
El Diario Público cambia de Director
Público aparta a Ignacio Escolar de la dirección del Diario. No hay razones conocidas, tampoco ninguna que a esta hora pueda intuirse.
Nunca he comulgado en exceso con él: sus formas, sus estilos y sobre todo sus palabras me han hecho chocar frontalmente. Pero también es justo reconocer lo que en este tiempo ha supuesto Público como aportación a la prensa nacional, sea o no por obra y gracia de su cesado Director.
En primer lugar, la aparición de un medio escrito con una línea editorial de izquierdas es en sí misma una novedad en un país en el que la derecha está ampliamente representada en cualquiera de sus orientaciones. Sin embargo, Público ha ido más allá: ha sido atrevido -en exceso en ciertas ocasiones- y original. Se ha presentado un Diario de valores, más humano que ningún otro que hasta ahora conociésemos, más cercano y mucho menos elitista, prepotente y pedante que el rotativo de los resabiados incontestables, del que en tiempos fui afanado lector. Periodismo que se entiende: para el ciudadano y no para el experto, para divulgar y no para alardear.
Si la sustitución de Escolar por un hijo de El País significa que el pequeño quiere parecerse al gigante, habrán perdido un lector. Creo que muchos más. El País ya lo tenemos. Tenemos incluso un Mundo entero que ahora quiere parecerse a ese País que tanto odia -en lo estético, al menos-. Si Público ha ganado lectores en un espacio que ya parecía imposible de cubrir ha sido gracias a la diferencia, no a la imitación. De continuar siendo así, bienvenido sea el recién llegado, y mucha suerte.
Nunca he comulgado en exceso con él: sus formas, sus estilos y sobre todo sus palabras me han hecho chocar frontalmente. Pero también es justo reconocer lo que en este tiempo ha supuesto Público como aportación a la prensa nacional, sea o no por obra y gracia de su cesado Director.
En primer lugar, la aparición de un medio escrito con una línea editorial de izquierdas es en sí misma una novedad en un país en el que la derecha está ampliamente representada en cualquiera de sus orientaciones. Sin embargo, Público ha ido más allá: ha sido atrevido -en exceso en ciertas ocasiones- y original. Se ha presentado un Diario de valores, más humano que ningún otro que hasta ahora conociésemos, más cercano y mucho menos elitista, prepotente y pedante que el rotativo de los resabiados incontestables, del que en tiempos fui afanado lector. Periodismo que se entiende: para el ciudadano y no para el experto, para divulgar y no para alardear.
Si la sustitución de Escolar por un hijo de El País significa que el pequeño quiere parecerse al gigante, habrán perdido un lector. Creo que muchos más. El País ya lo tenemos. Tenemos incluso un Mundo entero que ahora quiere parecerse a ese País que tanto odia -en lo estético, al menos-. Si Público ha ganado lectores en un espacio que ya parecía imposible de cubrir ha sido gracias a la diferencia, no a la imitación. De continuar siendo así, bienvenido sea el recién llegado, y mucha suerte.
Escrito por
Jorge Barraza
Clasificado en
Comunicación y periodismo
Europa existe

El pasado mes de diciembre un representante de la Fundación Luis Vives se ponía en contacto conmigo para pedirme la difusión en este blog de las Consultas Europeas a la Ciudadanía 2009. Por desgracia, últimamente no he tenido tiempo para atender a todo lo que hubiese deseado, pero aún llegamos a tiempo.
Las CEC son un medio para debatir y plantear ideas sobre el futuro social y económico de la Unión Europea. Se trata de una campaña de participación ciudadana que compartiremos todos los países miembros a sólo unos meses de las elecciones para elegir a nuestros representantes en el Parlamento Europeo. Además, "las propuestas más votadas en las web de cada Estado serán llevadas a las Consultas Nacionales que se celebrarán en cada uno de los 27 Estados miembro en marzo de 2009, en las que participarán alrededor de 1500 ciudadanos de diferentes procedencias y perfiles".
¿Importa Europa? Según una encuesta reciente sólo el 14% de los ciudadanos sabe que este año se celebran elecciones europeas. Lo que seguramente sabrán muchos menos es que es en las instituciones europeas en las que se decide buena parte de nuestra vida diaria, con tanto peso y tanta importancia como tienen nuestras administraciones más cercanas. Ésta es, por tanto, una buena oportunidad para conocernos como europeos y, sobre todo, para conocer Europa.
Escrito por
Jorge Barraza
Clasificado en
Europa
12/01/2009
Clase práctica sobre la libertad de información
Destacamos el término "libertad".
En efecto, hay formas muy libres de ver la realidad. El problema surge cuando la lente está tan distorsionada que el producto se parece poco a ella. Si además esa distorsión es intencionada -como ocurre en el caso que sigue- con fines poco... "cristianos", un acto aparentemente cómico se convierte en peligrosamente repulsivo y potencialmente delictivo. Moralmente hablando, claro.
Captura de la portada de Libertad Digital:
Ampliar imagen | Ver página web de LD
En efecto, hay formas muy libres de ver la realidad. El problema surge cuando la lente está tan distorsionada que el producto se parece poco a ella. Si además esa distorsión es intencionada -como ocurre en el caso que sigue- con fines poco... "cristianos", un acto aparentemente cómico se convierte en peligrosamente repulsivo y potencialmente delictivo. Moralmente hablando, claro.
Captura de la portada de Libertad Digital:
Ampliar imagen | Ver página web de LD
Escrito por
Jorge Barraza
Clasificado en
Comunicación y periodismo
09/01/2009
Ha nevado (y la culpa es de Zapatero)
Sí. Por si alguien no se había enterado todavía, y a pesar de la AEMET, que es como la Santa Madre Iglesia de la ciencia exacta de la meteorología, ha nevado.
¿Y? Pues eso, que ha nevado. Como lleva haciendo todo el invierno en infinidad de puntos de nuestra geografía. Sin embargo, como pasa habitualmente, la noticia se ha convertido en prioridad nacional cuando ha llegado a Madrid.
Soy madrileño, de nacimiento, y orgulloso me siento de serlo; pero sigo sin entender esta "capitalización de la información". Podría explicarse por la centralización de los medios de comunicación, con corresponsales territoriales que ni suelen ser suficientes ni suelen llegar a tiempo. Vale, pero que hoy, aprovechando el tirón le dediquemos 30 minutos de telediario a un fenómeno meteorológico con carácter de normalidad y no de catástrofe es, cuanto menos, excesivo.
Especialmente porque nos pone en ridículo. Y me explico. Si Madrid, la de la excelencia, la suma de todos y no sé cuántas cosas más, se colapsa por una nevada de nada -una nevada que hubiera resultado anecdótica en cualquier país algo más al norte de los Pirineos- es porque Madrid está preparada para muy poco. Para casi nada, diría yo. Y es que si la nevada hubiese sido lo suficiente como para ser portada de un informativo europeo, a esta hora tendríamos, como mínimo, al ejército en las calles, a los Gobiernos dimitiendo en pleno y a los madrileños observando impávidos el apocalipsis y lanzándose por las ventanas tras haber perdido toda esperanza de salvación.
Venga, ¿y si nos calmamos un poco? Entiendo que, al ser las nevadas en nuestra Comunidad algo ocasional y cada vez más excepcional no tengamos que estar preparados para ello como un suizo, pero tampoco es necesario montar un drama colectivo -aunque, como dije antes, asuste que una inclemencia suave colapse toda la capital-. Creo que como bien ha comentado el compañero Raúl Salgado, nos gustan mucho los sucesos. Mucho. Esto es España. Hasta una nevada vende más que los niñitos palestinos que, ¡ay!, pobrecitos, ¿no?
Del lado político, el PP madrileño se ha apresurado a explicar que las carreteras que no funcionan son las de Fomento. Bien. ¿Alguien me explica pues que hace la bandera madrileña colgada -nunca mejor dicho- de los puentes de la M50 y la M45? La M45. ¡Ay! Durante las inundaciones de Coslada y San Fernando de Henares la Comunidad no tuvo tanta prisa en buscar a los culpables -aunque algún portavoz municipal jugase al Gran Hermano-. Hoy han vuelto a derrapar, suponemos que por ir en marchas cortas. Y suponemos, también, por estar más preocupados en la imagen que en la solución de los problemas.
¿Y? Pues eso, que ha nevado. Como lleva haciendo todo el invierno en infinidad de puntos de nuestra geografía. Sin embargo, como pasa habitualmente, la noticia se ha convertido en prioridad nacional cuando ha llegado a Madrid.
Soy madrileño, de nacimiento, y orgulloso me siento de serlo; pero sigo sin entender esta "capitalización de la información". Podría explicarse por la centralización de los medios de comunicación, con corresponsales territoriales que ni suelen ser suficientes ni suelen llegar a tiempo. Vale, pero que hoy, aprovechando el tirón le dediquemos 30 minutos de telediario a un fenómeno meteorológico con carácter de normalidad y no de catástrofe es, cuanto menos, excesivo.
Especialmente porque nos pone en ridículo. Y me explico. Si Madrid, la de la excelencia, la suma de todos y no sé cuántas cosas más, se colapsa por una nevada de nada -una nevada que hubiera resultado anecdótica en cualquier país algo más al norte de los Pirineos- es porque Madrid está preparada para muy poco. Para casi nada, diría yo. Y es que si la nevada hubiese sido lo suficiente como para ser portada de un informativo europeo, a esta hora tendríamos, como mínimo, al ejército en las calles, a los Gobiernos dimitiendo en pleno y a los madrileños observando impávidos el apocalipsis y lanzándose por las ventanas tras haber perdido toda esperanza de salvación.
Venga, ¿y si nos calmamos un poco? Entiendo que, al ser las nevadas en nuestra Comunidad algo ocasional y cada vez más excepcional no tengamos que estar preparados para ello como un suizo, pero tampoco es necesario montar un drama colectivo -aunque, como dije antes, asuste que una inclemencia suave colapse toda la capital-. Creo que como bien ha comentado el compañero Raúl Salgado, nos gustan mucho los sucesos. Mucho. Esto es España. Hasta una nevada vende más que los niñitos palestinos que, ¡ay!, pobrecitos, ¿no?
Del lado político, el PP madrileño se ha apresurado a explicar que las carreteras que no funcionan son las de Fomento. Bien. ¿Alguien me explica pues que hace la bandera madrileña colgada -nunca mejor dicho- de los puentes de la M50 y la M45? La M45. ¡Ay! Durante las inundaciones de Coslada y San Fernando de Henares la Comunidad no tuvo tanta prisa en buscar a los culpables -aunque algún portavoz municipal jugase al Gran Hermano-. Hoy han vuelto a derrapar, suponemos que por ir en marchas cortas. Y suponemos, también, por estar más preocupados en la imagen que en la solución de los problemas.
Escrito por
Jorge Barraza
Clasificado en
Actualidad,
Comunicación y periodismo,
Madrid
02/01/2009
El año en 40 segundos
One year in 40 seconds from Eirik Solheim on Vimeo.
Un vídeo genial, seguramente el mejor de todos los que pretenden resumir un año, al que llegué a través de Fer, en Twitter.
Escrito por
Jorge Barraza
Clasificado en
Arte y expresión
¿Bolonia?, ¿qué?
Los estudiantes volvieron a ser actualidad en el año 2008 gracias -o a pesar- del Espacio Europeo de Educación Superior, eso que todos identificamos con la Declaración de Bolonia.
Hace algo más de un mes inicié una encuesta en mi blog preguntando si era ésta la reforma que necesita la Universidad española, y el dato era, en realidad, el que esperaba, representativo aunque la muestra sea pequeña. Entre mis lectores no abunda el sí o el no -bien es cierto que lo hace más este último, un 15% más- sino el ¿qué? El 38% considera que no tiene información suficiente para opinar, o que falta claridad y transparencia. Tal vez por eso el sí se reduzca a un 21%. Tal vez por eso, también, se hayan producido intensas manifestaciones en las que, al preguntar al manifestante en cuestión -o peor, al organizador-, poco argumento profundo podía esgrimir en defensa de su causa.
Y es que sí, tal y como yo pensaba, el gran problema de "Bolonia" no es la bondad o la maldad de su resultado final, sino que en realidad nadie, ni siquiera los propios afectados, tiene las ideas demasiado claras sobre este tema.
¿Quién es el culpable? Probablemente quien impulsa, apoya o ejecuta esta reforma sin asegurar que su implantación no va a generar incertidumbre, que la comunidad universitaria -estudiantes y profesorado- está mayoritariamente a favor y que no existe la posibilidad de generación de bulos insostenibles.
Al final, a los que queramos saber algo nos va a tocar leernos los Reales Decretos. Y no es que me moleste porque sea un coñazo -que también-. Me molesta porque alguien debería haberse molestado, valga la redundancia, en ponérmelo más fácil. Y eso a pesar de que un 3% haya contestado que los problemas de la universidad o la educación española no le interesan, a pesar.
Hace algo más de un mes inicié una encuesta en mi blog preguntando si era ésta la reforma que necesita la Universidad española, y el dato era, en realidad, el que esperaba, representativo aunque la muestra sea pequeña. Entre mis lectores no abunda el sí o el no -bien es cierto que lo hace más este último, un 15% más- sino el ¿qué? El 38% considera que no tiene información suficiente para opinar, o que falta claridad y transparencia. Tal vez por eso el sí se reduzca a un 21%. Tal vez por eso, también, se hayan producido intensas manifestaciones en las que, al preguntar al manifestante en cuestión -o peor, al organizador-, poco argumento profundo podía esgrimir en defensa de su causa.
Y es que sí, tal y como yo pensaba, el gran problema de "Bolonia" no es la bondad o la maldad de su resultado final, sino que en realidad nadie, ni siquiera los propios afectados, tiene las ideas demasiado claras sobre este tema.
¿Quién es el culpable? Probablemente quien impulsa, apoya o ejecuta esta reforma sin asegurar que su implantación no va a generar incertidumbre, que la comunidad universitaria -estudiantes y profesorado- está mayoritariamente a favor y que no existe la posibilidad de generación de bulos insostenibles.
Al final, a los que queramos saber algo nos va a tocar leernos los Reales Decretos. Y no es que me moleste porque sea un coñazo -que también-. Me molesta porque alguien debería haberse molestado, valga la redundancia, en ponérmelo más fácil. Y eso a pesar de que un 3% haya contestado que los problemas de la universidad o la educación española no le interesan, a pesar.
Escrito por
Jorge Barraza
Clasificado en
Educación y Universidad
01/01/2009
Palestina
Marwan es uno de esos cantautores que conocen quienes se mueven en reducidos círculos de locales donde algunos acuden a expresar mensajes de los que ni agitan medios ni apoyan esas siempre bienintencionadas sociedades... artísticas.
Lo que se comparte, en este caso, son historias, vidas y vivencias, palabras que hablan de hechos nunca superficiales.
Él es mi elegido para comenzar, musicalmente hablando, este 2009. Madrileño -de Aluche nada menos- es hijo de un palestino y una española. Para su padre, precisamente, escribió esta canción que aquí canta sobre el terreno... Una canción que puede ayudar unos minutos a mitigar el olvido de Palestina, el olvido y a la sucia indiferencia de nuestra sociedad en crisis, de valores también.
Lo que se comparte, en este caso, son historias, vidas y vivencias, palabras que hablan de hechos nunca superficiales.
Él es mi elegido para comenzar, musicalmente hablando, este 2009. Madrileño -de Aluche nada menos- es hijo de un palestino y una española. Para su padre, precisamente, escribió esta canción que aquí canta sobre el terreno... Una canción que puede ayudar unos minutos a mitigar el olvido de Palestina, el olvido y a la sucia indiferencia de nuestra sociedad en crisis, de valores también.
Escrito por
Jorge Barraza
Clasificado en
Arte y expresión,
Derechos Humanos e igualdad
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
