14/06/2009

Crisis diversas, y el enemigo en casa

Este blog obvió el paso obligatorio y ya se ha demostrado que no era necesario escribir un sesudo análisis electoral tras la derrota socialista en las elecciones del siete de junio. La magia de la política reside en lo transparente que resultan las razones ciudadanas, al tiempo que opaco es su desarrollo institucional.

El Gobierno que sustenta el PSOE no ha tardado más de una semana en anular en su militancia todo tipo de pretensión por buscar la dulce derrota -por terco que a veces resulte el sectarismo-. El mismo día que el Diario Público convocaba a supuestos intelectuales para explicar una evidencia, que la izquierda pierde cuando pretende parecerse a la derecha; la Vicepresidenta Salgado ofrecía un paso más en la solución del Gobierno a la crisis: subir los impuestos indirectos sobre los hidrocarburos y las labores del tabaco. Si relacionan lo anterior con lo siguiente, tienen la respuesta al motivo del desencanto de la ciudadanía con el proyecto socialdemócrata: que no existe.

Cuando el capitalismo ha entrado en crisis, Europa ha confiado su salida a quienes la provocaron, a quienes montaron el sistema y se enriquecieron con él. Y no, pese a quien pese, la responsabilidad no es de los ciudadanos: en democracia, arrojar la culpa sobre las espaldas del pueblo es de una mediocridad y una cobardía infame.

La responsabilidad exclusiva es de quien ha pretendido alejarse de los valores que provocaban la distinción entre izquierda y derecha. Hoy, más allá de la defensa de los derechos sociales -matrimonio homosexual, aborto, igualdad de sexos, eutana... no, eso aún no; laicism... vale, tampoco- los votantes no perciben la diferencia entre la política económica de los partidos socialdemócratas y los liberales. En el caso español, nos hemos llenado la boca criticando que el PP iniciara la fiebre por la economía especulativa y el 'ladrillazo', cosa absolutamente cierta, mientras ninguna autonomía o gran ayuntamiento socialista puede decir que no se haya apuntado. Todos recordamos también la infame venta de las grandes empresas del Estado a los amigos de Aznar, pero pocos en la izquierda se atreven a reconocer que fue Felipe González quien inició ese proceso: memoria selectiva. ¿Seguimos?

Hoy, cuando más se necesita una política activa, valiente y crítica, que anime a los ciudadanos a salir a las urnas y a sentirse defendidos por sus representantes políticos, la solución del Gobierno son los cheques injustos, los euros repartidos de dos mil en dos mil, a partes iguales para los residentes en el Barrio de Salamanca de Madrid o en la población de menor renta de Extremadura; y ahora la subida de los impuestos indirectos, a los que también se enfrentan igual -que no de manera igualitaria- todos los ciudadanos con independencia de su poder adquisitivo. Es de suponer que en aquellas tres tardes de clases económicas que el defenestrado Jordi Sevilla impartió a Zapatero no se incluyó una lección básica: subir los impuestos directos es justo y de izquierdas, subir los impuestos indirectos es injusto y de derechas.

A este Gobierno le queda la hipocresía: si se suben los impuestos sobre el tabaco para velar por nuestra salud hay que cerrar el Ministerio de Sanidad que permite que esta sustancia sea legal. No cuela, de la misma manera que no es creíble que pretenda vender un plan seguro, firme y coherente contra la crisis el mismo ejecutivo que aprueba ayudar a la compra de automóviles y un mes después afirma subir los impuestos sobre la gasolina para favorecer el medio ambiente y potenciar que no se use el transporte privado: váyanse ustedes a la mierda.

Ni los ciudadanos son estúpidos, ni la socialdemocracia está en crisis: son sus dirigentes, sus equipos errados y sus proyectos de giro al centro-derecha. Es la improvisación, el márketing llevado a la política y la falta de formación para ocupar puestos de responsabilidad. Hace falta una izquierda potente, sin cuotas ni descuentos -tampoco del 14%-. Una izquierda fiel a su ideología más básica. El día que ésta aparezca, las urnas rebosarán votos rojos.

"La realidad es sarcástica" -decía hace unos días Escolar- "la gran crisis del capitalismo ha llegado a deshora. La historia le ha dado la razón a la izquierda justo después de que ella misma se autoconvenciese de que el mundo era inexorablemente de derechas". ¿Vamos a convencernos de lo contrario?

* Fotografía de Reuters en soitu.es
Cuando ayer los partidarios de Mousavi en Irán se manifestaban ante unas elecciones claramente manipuladas, los medios españoles guardaban durante horas cómplice silencio. ¿A ésto se referían con la crisis del periodismo? Si dejamos que esta profesión deje de ser social, dejaremos que esta profesión deje de ser. Hoy, en el país del radical Amadinejad no se permite la presencia de medios internacionales, ni tampoco la utilización de redes sociales como Facebook o Twitter. Ésta es la libertad que nos queda a nosotros para gritar: el periodista tradicional calla y se acomoda, y su silencio cava la tumba de su credibilidad. Cabe preguntarse si el protagonista de la imagen se tapa con una mascarilla por evitar ser reconocido o como respuesta al hedor internacional acomodado en su entorno. De momento, no tendremos ocasión de trasladarle personalmente esta cuestión.

2 comentarios:

FRANESCO dijo...

Ya lo decían GOLPES BAJOS hace 25 años: "Malos tiempos para la lírica"...

Jorge Barraza dijo...

¿Lo de resaltar GOLPES BAJOS es por algo? ;)

Es lo que tenemos... ¡Un saludo!

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