Ayer, jornada post electoral, tenía pensado publicar mi opinión sobre su desarrollo y los resultados que de ella se desprendieron. Sin embargo no lo hice por dos razones. Una es obvia y responde al cansancio del trabajo que como ciudadano me tocó desempeñar frente a la urna. La segunda la voy a explicar en este 'post'.
Los últimos cuatro años el Partido Socialista ha tenido que soportar algunas de las mayores y más graves acusaciones de la historia de nuestra democracia, relacionadas especialmente con la política antiterrorista: rendición ante ETA, agresión a las víctimas, venta de territorios, ocultación de la verdad... Todas esas pretendidas intoxicaciones han venido de parte del Partido Popular y en boca de su líder Mariano Rajoy.
El viernes, como todos conocemos, un ex concejal del Partido Socialista de Euskadi fue tiroteado a sangre fría y por la espalda por cometer el único 'delito' de la defensa de las ideas fundamentales que el socialismo moderno representa: la paz, la libertad, el diálogo, la tolerancia, el acuerdo entre diferentes para la convivencia sana. La democracia. Y así pasaba a engrosar la triste lista de víctimas de la barbarie terrorista.
Supongo que todo el mundo sabe qué día es hoy. Por si alguien no ha mirado el calendario, es 11 de marzo. 11 de marzo de 2008. Hace cuatro años se vivía en mi tierra el mayor atentado de la historia de Europa. 192 personas perdían la vida: las más humildes, trabajadores y estudiantes que viajaban en transporte público para iniciar una jornada más. Los días que comenzaron aquella mañana serán inolvidables para muchos, supongo que por distintas razones. Pero hoy no quiero hacer un nuevo repaso a la tristeza de entonces, sino a las consecuencias puramente políticas que se derivaron de aquellas intensas horas.
El 14 de marzo de 2004 se celebraron las elecciones generales más extrañas que nadie pueda recordar. La cercanía de una masacre terrorista, las mentiras continuadas y manifiestas del Gobierno presidido por José María Aznar, la jornada de reflexión anulada por la indignación y el hartazgo popular... hicieron que los españoles acudiesen a las urnas con el corazón encogido. De aquel proceso electoral resultó elegido nuestro actual Presidente, el Presidente Zapatero, al que algunas encuestas ya daban vencedor antes de la inmensa tragedia que sufrimos los madrileños y todos los españoles. No importa, fue elegido por el voto de once millones de ciudadanos.
Y de aquel proceso nació también una legislatura bronca, agitada y problemática, en la que la nueva oposición no aceptó nunca la voluntad popular y comenzó a dedicarse en cuerpo y alma a bloquear con todos los medios no sólo al Gobierno sino también a las propias instituciones del Estado. Pero lo más grave fue el paseo indecente que dieron a los muertos y a las víctimas del terrorismo. No a todas. Más de tres años después de la jornada negra que hoy recordamos con el mismo dolor la justicia nos anunciaba que quien entonces gobernaba mintió descaradamente por intereses electorales. Atrás quedaron las grandiosas frases "tengo la convicción moral de que ha sido ETA" -y otras que no procede recordar-.
Durante esa misma legislatura, la banda terrorista de mercenarios asesinos, ETA, anunciaba lo que llamaron un "alto el fuego permanente". El Gobierno, cumpliendo con un derecho y sobre todo con una obligación, abrió contactos con la banda avalados por el parlamento español y la comunidad internacional para buscar el final de una larga trayectoria de sangre, horror y muerte. Y no salió bien. No salió bien porque el Gobierno socialista sólo estaba dispuesto a negociar contrapartidas políticas con interlocutores políticos, es decir, con representantes legítimos del pueblo. ETA no lo es, y por ello rompió la tregua. Por ello voló la T4 y las esperanzas de dos inmigrantes, por ello asesinó a dos Guardias Civiles que cumplían con su labor, y por ello se llevó la vida de un militante de ese mismo partido de la forma más cruel posible. Quien no vea esa simpleza tiene un problema de miopía de la realidad. Sin embargo, el proceso tuvo otro problema: la falta de rigor y lealtad del Partido Popular. Y no digo leal al Gobierno, digo leal al Estado español. Era la primera vez que se rompían los consensos básicos, que se mentía y se manipulaba tan decididamente con un tema tan sensible. Era la primera vez que los muertos se utilizaban para erosionar la actividad y el apoyo social de un Gobierno. Me pregunto qué habría sucedido si la principal fuerza de la oposición se hubiese comportado como lo hizo el PSOE de Almunia cuando Aznar mandaba obispos y Secretarios de Estado a sentarse frente a los asesinos y ETA no era tal sino el Movimiento Vasco de Liberación Nacional. E insisto: Secretarios de Estado y obispos fueron allí a sentarse a negociar el final de la organización armada. Alguien pretenderá hacerme creer que iban "a preguntar" si la banda quería o no abandonar, pero le solicito previamente que no cuestione mi inteligencia como ciudadano. Para "preguntar" no hace falta que nadie se reúna, basta con que ETA redacte un comunicado de los suyos y se pronuncie, sin necesidad de reunirse en un chalé en Burgos escoltados por las Fuerzas de Seguridad del Estado o viajar a Suiza. Hasta tres veces se juntaron. ¡Qué persistentes en la cuestión encuestadora! Ya está bien de tomarnos por imbéciles: al PP no le valía este proceso porque no eran ellos los que lo tenían que liderar. Por ello el Presidente de la ya anterior legislatura tuvo que soportar lindezas del tipo "Zapatero vete con tu abuelo", "Zapatero al paredón", "Zapatero rompe España", "Zapatero vende España a los terroristas", "está arrodillado ante ETA" o la más reciente "usted ha agredido a las víctimas". Son solo algunos ejemplos de la sinrazón más absoluta, del desprecio a la verdad y a la democracia, a la voluntad popular y a la dignidad común. Muestras todas del tipo de política que ha empleado en los últimos años Mariano Rajoy, el que perteneció a un Gobierno que reagrupó a 43 presos -13 con delitos de sangre- en cárceles vascas porque era la exigencia terrorista para la liberación de Ortega Lara, que excarceló a más de 300 presos antes de cumplir la totalidad de sus penas -con Mayor Oreja, Rajoy y Acebes ocupando la cartera de Interior- siendo uno de ellos el asesino Iñaki Bilbao que se convertiría en el verdugo del concejal socialista de Orio Juan Priede, o que concedió beneficios penitenciaros al famoso De Juana Chaos por el "esfuerzo literario" de escribir maravillas como éstas. Son solo algunos ejemplos de lo que hicieron ellos. Y el PSOE cedió un cheque en blanco al Gobierno, aún con la muerte de los suyos, porque era obligación y competencia del Gobierno decidir qué convenía más a la política antiterrorista. A Zapatero, que no ha hecho nada de esto y sólo ha permitido sentarse a dialogar el final de la banda sin compensaciones políticas se le ha llamado "amigo de los terroristas" y hasta "asesino". ¿Qué habría pasado entonces con episodios durante la novena legislatura como los anteriormente narrados?
El Partido Socialista Obrero Español ganó las elecciones generales. José Luis Rodríguez Zapatero se convertirá en el Presidente de la décima legislatura. Y tras esa victoria su primera palabra fue "Isaías". Isaías Carrasco fue asesinado cruelmente sólo dos días antes de la cita electoral. Por desgracia no es la primera vez que los demócratas tenemos que sufrir el mazazo desgarrador del terrorismo. Éste se ha expresado en cada cita electoral sin faltar una sola. Un dato como ejemplo: en la campaña de las primeras elecciones democráticas ETA se llevó por delante a más de veinte personas. Lo que ha cambiado es otra cosa: solo en los dos últimos casos el vencedor de la contienda ha visto deslegitimada su victoria por esa presencia terrorista. A nadie se le ocurrió decir que Suárez, González o Aznar eran "presidentes por accidente" por haberse cometido atentados durante las campañas que los auparon al poder, y pasó en todos los casos. En 2004 sí ocurrió -no olvidaré a aquel senador del PP afirmando "Zapatero entró a La Moncloa con un tren de cercanías" o los gritos callejeros de "estáis en el Gobierno por cuatro muertos de mierda"- y ahora ya se afilan los cuchillos. Ayer por la mañana, el vomitador matutino de la radio episcopal decía que "Zapatero a aprendido a fingir muy bien en los entierros" y justificaba con ello la segunda victoria del dirigente socialista. Hay que tener muy poca sensibilidad, sentido común y responsabilidad para decir algo así.
El Partido Socialista es el partido que más muertos tiene en su haber por defender sus ideas políticas en libertad. Un triste récord. La última víctima la tenemos aún caliente y algunos ya despliegan toda su rabia de malos perdedores. Pero esta vez, como dijo Sandra Carrasco, la hija con más cojones de Euskadi, "no lo vamos a tolerar". Nadie tiene por qué despreciar a nuestros muertos, ni establecer víctimas de primera o de segunda según la papeleta que depositen en la urna, que es lo único que parece importar al PP. El domingo Zapatero ganó las elecciones y homenajeó en sus primeras palabras a todas las víctimas del terrorismo, esas por las que los socialistas tanto y tan fuerte hemos llorado y luchado. Rajoy, el candidato defensor de los valores de la gran nación, el Cid Campeador de la libertad... no los nombró una sola vez. Ni a Isaías ni a ningún otro. Estaba muy ocupado pensando en si la Esperanza de la extrema derecha salía o no al balcón y en qué iba a pasar con su cargo de "designación digital". Y eso seguramente ocurrió porque la vida del español que perdimos el viernes era una vida socialista. ¡Qué tristes patriotas aquellos que llaman "horror y basura" y desprecian a la mitad de un país por pensar distinto a ellos! ¡Qué tristes aquellos que no creen en la democracia y en la inteligencia y poder de los pueblos para elegir a sus líderes!
En los días anteriores hemos vivido episodios bochornosos protagonizados por el Partido Popular. Yo soy un ciudadano cualquiera que podría haber dicho lo que me viniese en gana para las pocas o muchas personas que hubiesen leído mis blogs, sin atender jornadas de reflexión o electorales. A mí me sirve que me lea una sola. Sin embargo me he limitado a pedir el voto "contra los asesinos", a animar "a votar con todas tus fuerzas, o con cabeza y corazón", como les diese la gana. No ostento ningún cargo público y podría haberme expresado y evitar ahora este extenso discurso que no sé si alguien tendrá la paciencia de atender. Pero quería marcar la diferencia. La diferencia frente a los más indecentes, los más cobardes y los más sucios, para explicar ahora, en su momento, que hay otra forma de hacer las cosas, otra forma de sentir y pensar.
Tuve que morderme la lengua cuando tras el atentado Mariano Rajoy hizo un discurso al que sólo le faltó un "vota PP". Fue su cierre de campaña personal. Tuve que morderme la lengua cuando tras la firma de todos los grupos parlamentarios de un comunicado unitario el PP se vio en la obligación de dar la nota y desmarcarse para salir en la televisión y continuar con una campaña que ellos nunca suspendieron. Tuve que morderme la lengua cuando la muy respetable María San Gil comentó a los medios unas declaraciones que el líder del PSE Patxi López le había hecho en privado para criticar así a quienes acababan de perder a uno de los suyos y sobreponerse a los deseos legítimos y comprensibles de una familia rota por el dolor. Pero hoy estoy en la obligación de denunciar cada una de estas cosas con todas mis fuerzas. Y si no lo hice entonces es porque yo sí respeto a las víctimas, porque a mí si me dolió la pérdida de un compatriota y porque tengo más clase que esa pandilla de buitres literales.
Seguramente pasará alguien por aquí que me llamará "rojo" y "sociata", tal vez hasta "untado", ahora que está de moda. A ésos les voy a contestar de forma anticipada para ahorrarme el trance. Mi padre, que suele leerme con atención -y con el que suelo mantener grandes e irreconciliables discrepancias políticas- salió de su tierra mucho más joven de lo que yo soy ahora para buscar un futuro a él, a sus tres hermanos, a su familia. Un andaluz de esos que dicen vagos que trabajaba horas y horas y que recorrió media España hasta afincarse en Madrid. Un español del "exilio interior" que ha luchado todo lo que tiene con el sudor de su frente y nada más. Su madre, mi abuela, una mujer combativa y sufridora a la que recuerdo con toda ternura y de la que aprendí en mi infancia a priorizar lo verdaderamente importante; una mujer que falleció plantando cara a una enfermedad tras haber vivido plantando cara a un sistema social injusto. Mi madre, la mujer más persona que nunca podré conocer, otra exiliada, gallega en este caso, vivió una vida completamente paralela. Lo que más le agradezco es haberme educado sin consignas políticas pese a todo el sufrimiento acumulado que brilla en sus ojos cuando nombra a su padre, mi abuelo, un hombre al que no conocí porque le tocó sufrir en sus carnes la mano más cruel de la dictadura fascista y la iglesia arrogante. Lo primero ha cambiado, lo segundo no. Olvidar todo ese pasado que algunos llaman a "enterrar" sería un acto de insensibilidad extrema al que no me muestro dispuesto.
Gracias a esos esfuerzos he crecido en un país libre, democrático, europeo, moderno, con derechos universales... ¿pretenden algunos que olvidemos como hemos llegado hasta aquí sólo porque ahora tenemos piso, coche y vacaciones pagadas? Pues lástima me dan quienes venden su memoria tan barata. Los "obreros" seguimos existiendo, aunque estemos reconfigurados. Por suerte, la mayoría ya no tenemos que luchar por el pan, como mis abuelos, o por las libertades fundamentales, como mis padres. Pero no me voy a sentir ni a comportar de aquella forma que eran otros por vivir en una sociedad acomodada. Por suerte lo somos, pero llegar hasta aquí no ha salido gratis y admirar nuestro pasado no debe avergonzarnos, como parece pasarle a muchos, sino llenarnos de un digno orgullo. Llegar hasta aquí era el objetivo de aquellos que luchaban, cada uno a su forma. Pero el apartamento de la playa... ¿tiene que convertir a la mayoría de los españoles -gran parte por cierto inmigrantes interiores- en señoritos de la derecha más rancia? Sería una lástima vivir con esos complejos, sobre todo porque nos queda mucho que avanzar en igualdad. Me hacen gracia los que critican a los que llaman "socialistas millonarios". El socialismo no persigue que todos seamos pobres, sino que todos tengamos acceso a las mismas oportunidades para avanzar y progresar en nuestras vidas, y haciéndolo siempre de manera respetuosa con los demás y con el medio. Éso, en una socialdemocracia del siglo XXI significa aprovechar las ventajas del mejor sistema económico encontrado para esta sociedad, el capitalista, para crear Estados fuertes que desarrollen un sistema social justo; y avanzar en el reconocimiento de derechos universales que sin coartar la libertad de nadie sí aumente la de las minorías más desfavorecidas, contribuyendo al tiempo al crecimiento de la mayoría.
Yo mismo he desarrollado mi opinión y opción política, que la tengo. Mi familia nunca me ha aleccionado, pero sí conozco por iniciativa propia cual ha sido su realidad. Por eso no quiero ni pretendo ser imparcial, ni tengo por qué serlo. Ya expliqué en la entrada anterior qué es y para qué sirve un blog. Y eso seguiré haciendo mientras quiera y nada me lo impida. Pero si hubiese algo que me incapacitase no serían ni amenazas ni coacciones de nadie. Si circunstancias realmente duras no impidieron que todos aquellos a los que he homenajeado en este escrito cesasen en su empeño, no lo haré yo en un Estado en el que ya, por fin, existe la libertad de expresión. Y esto no es ninguna heroicidad, es la más absoluta normalidad que a algunos todavía escuece. Dijo el poeta: "maldigo la poesía concebida como un lujo cultural por los neutrales / que lavándose las manos se desentienden y evaden. / Maldigo la poesía de quien no toma partido, / partido hasta mancharse".
Quiero, hoy por ser hoy, y siempre por estar en nuestro recuerdo y nuestra memoria, finalizar recordando a las víctimas del once de marzo, a todas las demás víctimas de la intolerancia y prometiendo mi compromiso como ciudadano a seguir dando la cara en la calle siempre que haga falta. Somos más, y más valientes.
Y quiero finalizar, también y por supuesto, felicitando a José Luis Rodríguez Zapatero por su victoria electoral; al hombre, no al Presidente. Me alegra que haya triunfado la normalidad, el sentido común y la buena educación en lo público; y durante toda la legislatura estaré vigilante y seré profundamente crítico con cada error, como lo fui en la primera, para que siga siendo igual. Eso sí, si bien podemos sentir alegría quienes estos cuatro años hemos sufrido acusaciones tan graves por, por ejemplo, creer en la posibilidad de la paz y querer que esta fuera peleada hasta el final; también deberíamos realizar una profunda reflexión si la estrategia de enfrentamiento, agitación y mentira de la oposición y sus hordas mediáticas obtiene cinco escaños más. A Izquierda Unida, suerte en su nueva etapa: Llamazares ha sido un digno líder y un gran político de altura que ha pagado las circunstancias generales y una Ley electoral caduca e intolerablemente imperfecta. Y a Rosa Díez, mi más sincera y profunda enhorabuena, porque en el fondo compartimos demasiadas cosas.
No sé si alguien habrá llegado a leer hasta aquí, pero mañana podré escribir los típicos dos párrafos cortos y directos con la tranquilidad de haber defendido honestamente aquello en lo que creo. Ya está bien de que siempre nos tengamos que esconder los mismos. Ya está bien.
Jorge Barraza Fernández.
Cien mil excusas...
Hace 2 semanas


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